Ir al contenido principal
photologuephotos2025-08andreas_schleicher_director_de_educacion_y_competencias_de_la_ocdejpg
Educación

Expectativas altas, mejores maestros, niños extraordinarios: el plan de la OCDE para acelerar a Colombia

Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE.

Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, y creador de las pruebas PISA, asegura que Colombia ha avanzado en equidad, pero advierte que el futuro depende de fortalecer a sus docentes. Una conversación clave para entender qué necesita el país para dar el salto en calidad educativa.

Por: Carlos Enrique Cavelier

Hablar con Andreas Schleicher es escuchar al arquitecto de uno de los termómetros más importantes de la educación en el mundo: las pruebas PISA. Estos exámenes, aplicados a jóvenes de 15 años en más de 80 países, no miden la repetición de contenidos, sino la capacidad de aplicar el conocimiento para resolver problemas, pensar críticamente y aprender de manera creativa. Para un país como Colombia, que busca su desarrollo económico y social a partir de la equidad, PISA es más que un ranking: es una brújula que señala dónde estamos y hacia dónde debemos caminar.

Colombia, que en la última medición obtuvo puntajes por debajo del promedio de la OCDE, pero con avances significativos frente a décadas anteriores, ha demostrado que es posible mejorar la calidad sin que la pobreza sea un destino inevitable. Schleicher destaca que el país redujo la influencia del origen social en los aprendizajes, pero insiste en que el reto no es solo cerrar brechas, sino elevar la calidad de todo el sistema. Y allí los docentes son clave: para lograrlo, se necesitan entornos de trabajo más competitivos, innovadores y colaborativos que dignifiquen su rol y conviertan la enseñanza en la profesión más inspiradora de Colombia.
Aprovechamos su presencia en Bogotá, en el encuentro de la Fundación Empresarios por la Educación, y le hicimos estas preguntas.

Carlos Enrique Cavelier: No todo el mundo sabe qué son las pruebas PISA y cómo se miden. ¿Nos puedes dar un resumen muy breve?

Andreas Schleicher: Las pruebas PISA se enfocan en estudiantes de 15 años, los que están cerca del final de su escolaridad obligatoria. Este examen es diferente con respecto de muchos porque no nos interesa tanto si los estudiantes pueden simplemente reproducir lo que han aprendido. Nuestro interés principal es si pueden usar y aplicar de manera creativa lo que han aprendido. ¿Pueden resolver problemas complejos? ¿Pueden pensar por sí mismos? ¿Pueden no solo repetir conocimientos de física y química, sino pensar como un científico y diseñar un experimento? Así que el enfoque de la evaluación está muy centrado en el uso creativo y la aplicación del conocimiento.

Y hacemos esto en todos los contextos sociodemográficos de los países, de modo que podemos comparar escuelas según la geografía, el origen social, el género y elaborar un diagnóstico para los países. Además, no solo miramos los resultados; también medimos los factores que los predicen. Les preguntamos a los estudiantes por su propio contexto, sus intereses, su involucramiento; encuestamos a los padres; a los docentes sobre cómo implementan sus pedagogías. Al final tenemos una buena imagen de cómo aprenden los estudiantes, cómo enseñan los docentes y cómo operan las escuelas dentro del sistema educativo.

C.E.C.: Usted ha dicho a menudo que la educación es la mejor política social. En un país como Colombia, donde la educación es una puerta de entrada a la equidad —como quizá lo demostró la tesis doctoral de Juan Luis Londoño en Harvard en 1990—, ¿cómo deberíamos interpretar nuestros resultados PISA más allá del ranking?

A.S.: Nuestras escuelas de hoy serán nuestra economía, sociedad y democracia de mañana.
Creo que ese vínculo es muy fuerte. Y si hoy ves polarización en los resultados de aprendizaje en las escuelas —grandes brechas entre regiones, entre grupos de estudiantes—, vas a ver una sociedad polarizada mañana, porque la polarización económica, educativa y social siempre van de la mano. Así que la educación es nuestro futuro.

También funciona bien a nivel individual. Si miras a los estudiantes colombianos, los ingresos de quienes tienen buenas calificaciones, que obtienen buenos títulos, simplemente tienen muchas mejores oportunidades en la vida que los estudiantes que no alcanzan una buena base en educación.

Desafortunadamente, no funciona al revés: gastar más dinero no te consigue automáticamente una mejor educación. Pero lo que sí está claro es que una mejor educación te va a conseguir más ingresos, tanto a nivel individual como para la economía. Y en esto no hay atajos. No hay economías de clase mundial que se hayan creado sin construir primero las bases en términos de las capacidades de las personas. El talento humano, al final, es el único que puede predecir el éxito sostenible a largo plazo en nuestras sociedades.

dsc05878.jpg
De acuerdo con Andreas Schleicher, las pruebas PISA se enfocan en estudiantes de 15 años, los que están cerca del final de su escolaridad obligatoria. Crédito: Pablo David G - CAMBIO.

C.E.C.: Colombia ha ampliado la cobertura, pero persisten enormes brechas en calidad. ¿Cómo podemos convertir la información en una ruta hacia una equidad real?

A.S.: Es una pregunta muy importante. Primero, creo que Colombia va por un buen camino. Si miras los últimos 20 años, el desempeño general ha mejorado, y hemos visto que disminuye la relación entre el origen social y los resultados de aprendizaje. Colombia ha avanzado en esa senda hacia una mayor equidad.

El otro punto que quiero plantear es que, cuando miras las brechas —por ejemplo, por grupos sociales en Colombia o entre áreas geográficas—, estas existen, son significativas, pero no son excepcionales si las comparas con otros países de la región o del mundo.

No creo que el desafío de Colombia sean solo los niños pobres de barrios pobres. A veces me han decepcionado más los resultados mediocres de niños de contextos muy acomodados en Colombia, que los resultados de estudiantes de los contextos más pobres.

De hecho, sí podemos encontrar escuelas que, a pesar de las condiciones más adversas, logran resultados bastante buenos, al menos en la evaluación PISA. Así que no vería que la pobreza sea destino en este país. Colombia ha mostrado que puede superar ese tipo de disparidades. Y creo que el desafío está a lo largo de todo el espectro del desempeño: cerrar brechas, pero también elevar el desempeño general.

C.E.C.: Considerando nuestro vecindario de países con un gasto en educación similar, ¿qué factores sociales, culturales o institucionales diferencian a los países que tienen mejor desempeño que el nuestro?

A.S.: Lo que vemos de manera consistente en otros países es la expectativa de que todo niño puede aprender y todo niño puede tener éxito. En Colombia, a menudo, las expectativas se nivelan hacia abajo: la pobreza se ve como destino, las ambiciones curriculares se ajustan a la baja para los estudiantes de contextos menos privilegiados, y ese es realmente el punto de partida.

Cuando miras sistemas educativos de alto desempeño, los docentes sienten la responsabilidad de que todos tengan éxito; el sistema alinea los recursos con las necesidades y atrae a los docentes más talentosos para enseñar a los estudiantes más desafiantes. Creo que ese es el primer punto: expectativas altas y consistentes.

Y eso me parece algo relativamente directo y fácil de hacer: crear un currículo exigente, crear buenas herramientas para evaluar periódicamente los resultados de aprendizaje.

Lo más difícil es el desafío de capacidades: garantizar que la calidad de la educación nunca supere la calidad de los docentes y de la enseñanza, y asegurar primero que los docentes estén bien preparados, que Colombia atraiga a los mejores y más brillantes a la profesión docente, los desarrolle como excelentes maestros y garantice que todo estudiante tenga acceso a una enseñanza excelente.

Por ejemplo, si tienes que elegir entre invertir dinero en clases más pequeñas o invertir dinero en un mejor docente, la opción menos popular —el mejor docente— te dará mejores resultados. Hasta ahora, Colombia no ha invertido como es necesario en ese aspecto de capacidades.

Y el tercer es alinear mejor los recursos con las necesidades. Si vienes de un contexto acomodado, siempre tendrás puertas abiertas en la vida, incluso si no te va tan bien en la escuela. Si vienes de un contexto pobre, solo tienes una oportunidad en tu vida, y es encontrarte con un gran maestro y una buena escuela. Si pierdes esa oportunidad, todo se te pone en contra. Garantizar las bases —la educación inicial— es absolutamente crítico: asegurarse de que los niños, desde temprano, tengan un entorno lingüístico que los estimule, y luego una educación escolar de alta calidad.

dsc05868.jpg
"Creo que el apoyo profesional continuo que las personas necesitan es más importante, particularmente en este mundo que cambia rápidamente", director de Educación y Competencias de la OCDE. Crédito: Pablo David G - CAMBIO.

C.E.C.: En Colombia, los estudiantes que se convierten en docentes suelen tener los puntajes más bajos en nuestros programas de educación superior. A veces, programas como el pedagógico de Minuto de Dios forman excelentes maestros. ¿Se puede 'rehacer' a los docentes dentro de sus carreras, después de esa formación inicial?

A.S.: Creo que sí. Ponemos demasiado énfasis en la preparación inicial de los docentes y muy poco en lo que pasa con ellos cuando están en el sistema escolar. Imagina que recibiste la mejor formación docente hace diez años: ¿quién te preparó para la Inteligencia Artificial? ¿Para afrontar la pandemia?

Creo que invertir en los docentes y en su desarrollo profesional continuo —que los docentes observen las clases de otros, que participen en prácticas profesionales colaborativas, que participen en proyectos de investigación— es donde ocurre el aprendizaje docente, y hay muy poco de eso.

Creo que el apoyo profesional continuo que las personas necesitan es más importante, particularmente en este mundo que cambia rápidamente. Como docente, tienes que ser bastante ágil y adaptarte a nuevas prácticas.

C.E.C.: En países que han transformado su educación en una década, ¿qué papel han desempeñado la sociedad y la empresa privada en relación con el Estado, en casos como Vietnam?

A.S.: En primer lugar, ser el catalizador de ideas, ser el innovador y el que cambia el juego. La sociedad civil y el sector privado a menudo pueden aportar esa chispa inicial: que los gobiernos hagan todo para todos es un proceso lento. Pero el sector privado, en el caso de Vietnam, ha sido parte de esa innovación del país. Allí, la formación de docentes se basa completamente en el aprendizaje, en la práctica.
Si eres la persona más lista del pueblo, no te ponen en un programa universitario: te ponen en una escuela para convertirte en un docente y aprender de quienes te rodean, incluido el sector privado. Creo que es algo que deberíamos pensar más: cómo crear una cultura de lo público con lo privado al servicio del bien común, en lugar de público versus privado, con escuelas públicas y escuelas privadas enfrentadas.
Si miras India, muchos de los ejemplos más interesantes son alianzas público-privadas. Por ejemplo, el gobierno otorga licencias a escuelas privadas, les da montos similares a los que invierte en escuelas públicas, e invierte en empresas privadas de tecnología —por ejemplo, en el estado de Guyarat (India)—.

Y esas empresas ofrecen servicios pagos a escuelas privadas y servicios gratuitos a escuelas públicas.

C.E.C.: Muchos critican que la opción múltiple inhibe la creatividad. Por ejemplo, tienes el Abitur o el Baccalauréat en Francia, donde hay que desarrollar ensayos largos y respuestas extensas. ¿PISA es capaz de replicar exactamente lo mismo para medir el aprendizaje de aquellos países que tienen sistemas diferentes y exámenes de opción múltiple?

A.S.: Creo que las evaluaciones de opción múltiple tienen limitaciones severas porque estrechan nuestra perspectiva. Para algunas tareas, ese formato es aceptable, pero muchas tareas deben ser realmente abiertas y exigentes, como cuando evalúas, por ejemplo, el pensamiento creativo.

Como diseñador de pruebas no sabes qué respuestas aparecerán. El propósito es precisamente evaluar hasta qué punto los jóvenes aportan respuestas innovadoras. Creo que hoy tenemos tecnologías para hacerlo. De hecho, la inteligencia artificial se ha vuelto bastante buena calificando respuestas abiertas. E incluso si no podemos —aunque se necesiten evaluadores humanos—, a veces ese es el precio para pagar por una evaluación válida.

En las pruebas siempre hay que hacer compensaciones entre validez y eficiencia. Si quieres una prueba altamente eficiente, recurres a la opción múltiple: es barata. Si quieres una prueba que realmente mida lo que valoras, necesitas métodos de medición más complejos y debes hacer compensaciones entre pertinencia y fiabilidad. Una prueba fiable es la que usa formatos simples, te hace las mismas preguntas; una prueba pertinente es aquella que es auténtica.

Creo que PISA ha hecho mucho por dar prioridad a la validez; por eso no puedes 'entrenar' fácilmente para las pruebas. PISA realmente evalúa las habilidades de pensamiento de los estudiantes, su capacidad de aplicar y pensar creativamente. Y eso ha tenido un costo, pero creo que es una inversión muy valiosa.
Si reducimos la inversión en evaluación, a largo plazo dañaremos la enseñanza y el aprendizaje.

C.E.C.: Si tuvieras que darle a Colombia una hoja de ruta a diez años para transformar sus resultados en PISA, ¿cuáles serían los tres pilares centrales de esa hoja de ruta?

A.S.: Colombia ha sido un caso muy impresionante de avance sistemático. Cuando vine por primera vez a este país, en 2006, era un sistema educativo muy diferente. No tenía nada parecido a un marco curricular nacional, nada parecido a una ruta de preparación docente.

Pero si miro hacia adelante, tienes toda la razón: el vaso está lleno, pero no del todo. Si no puedes definir qué es un buen aprendizaje, nunca vas a obtener un buen aprendizaje. Creo que esa es la parte fácil de la próxima década: garantizar que haya sistemas instruccionales coherentes, rigurosos y focalizados. Y el reto para Colombia es enseñar menos cosas con mayor profundidad.

La segunda clave es la capacidad: crear un sistema para no confiar enteramente en la selección o la preparación inicial de docentes. No creo que eso sea fácil de cambiar. Creo que puedes pensar en un entorno para los docentes que sea más competitivo, intelectualmente más interesante, con carreras más móviles y diversas; que sea inspirador ser docente, ser un contribuyente; que los lugares de trabajo de los docentes sean intelectualmente atractivos, no solo financieramente atractivos.

Por eso, Colombia tiene un entorno bastante arriesgado. No estoy en contra de la autonomía, pero sí creo que la capacidad debe estar mejor alineada con los sistemas, de modo que los docentes trabajen con un alto grado de autonomía profesional, pero también en una cultura fuertemente colaborativa.

C.E.C.: Después de tantos años siguiendo sistemas educativos en el mundo, ¿qué te ha sorprendido más de los países que logran cambios profundos?

AS: Pues el cambio cultural que lo ha acompañado. Si piensas en Corea en la década de 1960, tenía el nivel de desarrollo económico de lo que hoy es Afganistán, y no tenía expectativas sobre la educación. Corea ha logrado cambiar la mentalidad de la sociedad: que valora no solo sus recursos naturales, sino que vive de su talento. Creo que ese cambio ha alimentado toda la transformación. Ha creado una dinámica increíble. Si miro la región de Shanghái, en China, hace 10 o 15 años, ¿quién habría mirado allí?

Era un sistema educativo muy tradicional, con medios pedagógicos muy tradicionales. Hoy es el espacio más innovador y un gran usuario de tecnología. Y, de nuevo, esta transformación ha cambiado la cultura. Antes los docentes eran receptores de sabiduría recibida; se les decía cómo enseñar y qué enseñar. Eran como piezas en una línea de montaje. Hoy son emprendedores, se les recompensa y se les reconoce por la investigación que realizan, son altamente innovadores, tienen un alto grado de autonomía profesional.

De nuevo, es una transformación de la profesión, y se pueden lograr. Cuando empecé mi trabajo también creía que quizá la educación era demasiado compleja, demasiado atravesada por intereses creados y demasiado difícil de cambiar en las democracias en las que vivimos; pero hoy puedo ver ese cambio positivo.

dsc06287.jpg
El creador de las pruebas PISA, además, considera que las evaluaciones de opción múltiple tienen limitaciones severas porque estrechan nuestra perspectiva. Crédito: Pablo David G - CAMBIO.

C.E.C.: Si estuvieras cara a cara con un colombiano de 15 años que se esfuerza, pero siente que sus oportunidades son limitadas, ¿qué le dirías?

A.S.: Lo primero es descubrir cuáles son tus pasiones, qué contribución quieres hacer en este mundo. Eso es lo realmente importante: no es preguntarles si obtuvo buenas notas, buenas calificaciones y buenos en exámenes, sino tener muy claro qué es eso que quiere aportar a este mundo.

La segunda cosa es encontrar un buen guía y mentor entre tus docentes que te ayude a descubrir en qué puedes volverte realmente bueno. Descubrir el talento es, en realidad, algo para lo que necesitas tener uno o dos muy buenos docentes en tu escuela que puedan ayudarte en ese camino. Y piensa en lo que puedes aportar a este mundo, dónde puedes marcar la diferencia. Eso significa mirar más allá de la escolaridad y obtener tanta experiencia en el mundo real como sea posible.

Demasiados jóvenes hoy van a la escuela como en una especie de piloto automático, “solo sigo el camino”, pero no se apropian de lo que aprenden, de cómo aprenden y de dónde aprenden. Creo que eso es porque la escuela es un entorno cautivo, todo es bastante lineal, pero la prueba para ti, como joven de 15 años, llegará cuando salgas de la escuela. ¿Seguirás siendo curioso? ¿Seguirás ampliando tu horizonte? ¿Seguirás aprendiendo, desaprendiendo y reaprendiendo cuando cambie el contexto? Eso será lo que decida tu éxito a largo plazo. Y creo que sentamos las bases muy temprano en nuestras vidas, no el día en que nos graduamos, cuando ya estamos en la calle.

C.E.C.: Andreas, muchas gracias por estos minutos. Esta entrevista, para muchos profesores, estudiantes, niños, padres de familia y rectores, fue una clase de aprendizaje en cada palabra.

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir artículo en redes sociales