
¿El ocaso de las hilanderías? la encrucijada de Colombia para reindustrializar sus textiles
Durante los años 70 fue la era dorada de las textileras colombianas. Hoy la industria busca como competir contra las confecciones asiáticas. Crédito imagen: Fotoilustración Yamith Mariño.
Un proyecto de decreto que reduce los aranceles a los hilos tocó fibras sensibles en el sector textil y abrió un debate sobre qué rumbó debería tomar Colombia para fortalecer su industria en el futuro. ¿Es incompatible la reindustrialización con los insumos baratos que se necesitan para competir en el mercado internacional?
Hace 50 años, en la década de los setenta, los textiles colombianos vivían su época dorada. Era una industria pujante, con grandes fábricas localizadas especialmente en Antioquia que abastecían de hilos y telas a todo el país. Las hilanderías generaban miles de empleos y era tal el auge de la industria y la calidad de los productos que grandes marcas internacionales, como Levi Strauss o Patagonia, maquilaban en el país, mientras que las prendas de vestir confeccionadas en Colombia se vendían en Estados Unidos y Europa.
Sin embargo, desde los años noventa, con la apertura económica, las hilanderías y otras empresas tradicionales notaron cómo el negocio se deshilvanaba. Aunque las ferias textiles estaban consolidándose en el país y la moda colombiana se destacaba como un referente regional, grandes fábricas como Coltejer y Fabricato, y empresas tradicionales como Everfit o Paños Vicuña, vieron cómo sus negocios colgaban de un hilo ante la nueva competencia: las confecciones e insumos importados.
Esos años dorados de las hilanderías colombianas, con historias de grandes fábricas, producción de hilos y telares, y cientos o incluso miles de empleos parecen cosa del pasado. De las casi 30 grandes hilanderías que llegó a haber en su momento hoy solo quedan tres, según Conalgodón, el gremio que agrupa a los pequeños y medianos productores de algodón: Fabricato, Colhilados (perteneciente al Grupo Crystal) e Hilanderías Universal. Conalgodón advierte que la producción nacional de hilos podría estar cerca de su ocaso, tras un nuevo proyecto de decreto del Gobierno de Gustavo Petro que hoy tiene enfrentadas a varias voces de la industria y abrió un debate sobre si el futuro del sector va de la mano con la reindustrialización de los hilos, o con insumos importados más baratos que favorezcan a los confeccionistas.

El arancel de la discordia
La semana pasada un proyecto de decreto del Ministerio de Comercio y el Ministerio de Hacienda enfrentó a varias voces de la cadena y puso en el centro del público la situación del sector textil. El presidente Petro sacó pecho por la medida en sus redes sociales y dijo que le había pedido a la ministra de Comercio e Industria, Diana Marcela Morales, que “quite todos los aranceles a telas y cueros para proteger y expandir las confecciones textiles y con cuero”. Según el mandatario, la idea del Gobierno es reducir los costos a los confeccionistas y que así sean más competitivos para exportar.
He pedido a la ministra de comercio e industria que quite todos los aranceles a telas y cueros para proteger y expandir las confecciones textiles y con cuero que dan más riqueza más valor agregado y más trabajo.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) October 12, 2025
Si la confección colombiana que tiene calidad, puede reducir costos… https://t.co/mxByR8rijw
Aunque el presidente habló de telas y cueros, realmente el contenido del borrador de decreto apunta a reducir a 0 por ciento el arancel que pagan diez subpartidas arancelarias de hilados, o hilos, de algodón de poliéster y otras fibras artificiales. En el documento, el Gobierno reconoce que, si bien a nivel nacional se producen todas estas fibras, hay un desabastecimiento de este tipo de insumos y materias primas para las confecciones y el calzado.
Esta noticia no le sentó bien a los algodoneros, un cultivo que, como las hilanderías, vivió sus mejores tiempos en el siglo pasado.
“No nos oponemos a que se elimine un arancel a insumos que no se producen en Colombia, pero el fortalecimiento de las confecciones no se puede hacer sobre el debilitamiento o la destrucción de otros sectores como las hilanderías y el cultivo de algodón”, le dijo a CAMBIO César Pardo Villalba, presidente de Conalgodón.
Según datos del gremio, las tres hilanderías del país pueden procesar hasta 40.000 toneladas de fibra de algodón, pero solo están operando a la mitad de su capacidad, es decir, 20.000 toneladas.
Esto se explica, según Villada, porque el cultivo dejó de ser rentable hace varios años, y aunque hoy hay esfuerzos para fomentar la producción en varios departamentos, no ha logrado recuperarse al nivel de hace un par de décadas.
“Los agricultores compiten con las importaciones de hilos de precios muy bajos, incluso por debajo del costo de producción, provenientes de países de Asia, donde los cultivadores reciben subsidios para su infraestructura, para la energía, y tienen menores costos laborales”, cuestionó el representante de los algodoneros.

Conalgodón le envió una carta a la ministra de Agricultura proponiendo establecer un cupo, es decir, que primero se adquiera toda la producción nacional y luego de eso sí se pueda importar hilos sin arancel. “Los algodoneros somos los primeros que apoyamos a los confeccionistas, mal estaría que no lo hiciéramos”, propuso.
Los beneficiados directos. si se aprueba el arancel. serían los confeccionistas, quienes han celebrado la propuesta del Gobierno. En 2022 el Gobierno de Petro también tomó otra medida para defenderlos, un 40 por ciento a las prendas terminadas que vienen de países con los que Colombia no tiene un TLC, como China.
“Hay que aclarar que lo que se busca es que el confeccionista y el textilero colombiano bajen sus costos. Nuestro problema estructural es que competimos contra el mundo, especialmente contra las importaciones de países asiáticos que vienen creciendo y contra plataformas como Temu, Shein y Aliexpress, que venden sus productos, pero no generan empleo ni pagan salarios en Colombia”, explicó Guillermo Criado, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección y también gerente de Pat Primo.
La competencia con estos países es difícil y costosa. Según datos del Gobierno, durante el año 2024 el sector de hilados, textiles y confecciones empleó 490.000 personas. De estos empleos, 406.000 se concentraron en las actividades de confección de vestuario y otras 17.000 personas se dedicaron a la confección de artículos con materiales textiles. Según la Cámara Colombiana de la Confección, además, hay cerca de 950 tejedurías (empresas que compran hilo y tejen tela) en el país.
“Realmente la hilandería, que son solo dos o tres empresas, genera solo 1 por ciento del empleo”, dijo Criado. Para él, el problema de la industria de las hilanderías y el porqué no ha logrado sobrevivir es que “se sigue manejando el negocio de los hilos y el algodón con la lógica de hace 40 años, solo basándonos en el consumo interno, y no pensando en exportar”.
Inexmoda, instituto dedicado al análisis del sector y a impulsar su competitividad, comentó que el decreto rompe con la tradicional “escalera arancelaria” que protegía la producción local de insumos, pues las fibras e hilos hoy tienen arancel promedio de 10 por ciento, frente a 40 por ciento en prendas terminadas.
La entidad reconoce que, aunque la propuesta del Gobierno podría reducir costos a corto plazo para la confección, también debilita la protección de las hilanderías y del sector algodonero. “En síntesis, la propuesta introduce un punto de inflexión: busca dinamizar la confección y preservar empleo, pero a costa de exponer los eslabones primarios de la cadena a una mayor competencia asiática”, indicó Inexmoda.

La norma de origen
Que los hilos con que se confecciona una prenda sean nacionales o no tiene implicaciones en el producto final. Un punto en el que coinciden todos los actores de la cadena es en la necesidad de que se mantengan las fibras colombianas para mantener la “norma de origen” en los tratados de libre comercio. Esta es una de las condiciones con las que los productos pueden librarse de aranceles al llegar a otros países, pero para ello deben certificar su origen nacional.
Este es uno de los argumentos que ha puesto sobre la mesa el presidente de Conalgodón y con el que también coincide Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex).
“Nos preocupa particularmente el cero arancel en la hilatura porque eso puede significar la desaparición de las pocas hilanderías que quedan en Colombia”, alertó Díaz.
Díaz considera que eliminando el arancel sí hay un riesgo de que el país se quede sin hilos de origen nacional y, por lo tanto, podríamos incumplir con la norma de origen para exportar nuestras confecciones al mercado de Estados Unidos. “La preocupación es que podríamos perder la posibilidad de exportar nuestras confecciones como colombianas”, aseguró.
Criado reconoce la necesidad del algodón e hilo colombiano para aprovechar los TLC con Estados Unidos, o para exportar a países como Brasil y México, pero cuestiona por qué no se está exportando.
“El problema es que tenemos una pereza exportadora y hay que salir a buscar negocios. Hay que poner a funcionar los encadenamientos entre algodoneros, hilanderos, confeccionistas y diseñadores. Hoy tenemos más oportunidades que nunca”, aseguró.
El reto de mantener vivas las hilanderías
Hace dos años, en enero de 2023, Coltejer, una de las empresas más icónicas del sector, despidió a sus últimos cinco empleados y su fábrica quedó vacía. Aunque por años trataron de mantenerse a flote, en 2021 suspendieron sus operaciones durante la pandemia y los telares nunca volvieron a operar.
La compañía con más de 100 años de historia empezó produciendo camisas de franela y durante todo el siglo XX fue una de las protagonistas de la industria colombiana. A finales de los ochenta tenía cerca de 3.000 trabajadores y llegó a tener 5.000 telares automáticos y dos plantas por esos años. Pero la apertura económica y los retos del nuevo milenio hicieron inviable su operación en los últimos años.
La otra grande del sector, Fabricato, entró en proceso de reorganización en julio del año pasado. Las razones: el aumento de los costos, el desabastecimiento de la materia prima y la disminución de las ventas.

“La falta de coherencia de varios gobiernos ha llevado al sector textil a donde está. Hay pocas fábricas y muy pocas hilanderías. Lo mejor que se puede hacer es sentarse con toda la cadena, desde los algodoneros hasta las prendas o el _retail_”, le dijo a CAMBIO Gustavo Alberto Lenis, presidente de Fabricato.
Lenis destaca la calidad del algodón colombiano, que, por ejemplo, tiene fibras más largas que el algodón estadounidense. Este factor permite fabricar telas de buena calidad. Según el empresario, lo que necesita Colombia es analizar cuáles son sus oportunidades y tomar medidas para ver cómo se reconstruye el sector.
“No es tan difícil, hay que mirar a países como Brasil, México o incluso Ecuador, que tienen protecciones para sus fábricas. Hay mucho que aprender. En Colombia somos inmediatistas y tomamos medidas sin mucho estudio. Hoy, por ejemplo, el Gobierno está tomando una decisión sin saber su impacto y el tema se ha manejado desde un punto de vista más político”, cuestionó.
Según el presidente de Fabricato, la pelea actual se centra en un arancel de 10 por ciento sobre los hilos para que los confeccionistas mejoren en la competitividad, pero esa reducción en los insumos impacta el precio de las prendas en solo 0,6 por ciento del precio, pero sí tiene un impacto “tremendo” en las hilanderías.
Fabricato hace sus propios hilos y sus telas y también confecciona. Por los mismos costos dejaron de fabricar tela de denim, o jean el año pasado, y recientemente la compañía se ha concentrado en reprocesar –o reciclar – telas, una tendencia que cada vez crece más a nivel internacional por el impacto contaminante de la industria de la moda.
Lenis cree que Colombia tiene oportunidades y que sí puede reconstruir su industria textil, pero para eso, dice, hay que analizar dónde están los problemas y ser constantes en el tiempo. Prueba de ello es cómo varios países centroamericanos han comenzado a maquilar para grandes marcas internacionales, algo que Colombia podría volver a hacer.
“Acá no planeamos, ponemos y quitamos aranceles pero no pensamos a largo plazo. El Gobierno debería concentrarse más bien en hacer que las plataformas digitales paguen impuestos en el país, como el IVA. Es imposible que sin ninguna clase de ayuda los fabricantes de China vendan las telas al precio que las venden. Yo creo que hay _dumping_”, aseguró.
Todos los gobiernos hablan de proteger la industria nacional. Es una política atractiva, pero también necesaria. La administración de Gustavo Petro lanzó una gran política de reindustrialización, pero los balances de este proyecto no son claros.
La economista, exministra de Agricultura y exdirectora del Departamento de Planeación Nacional, Cecilia López, considera que, si bien Colombia debe buscar reindustrializarse en el sector textil, esto es algo que no se logra solo con una buena intención. “Hay que mirar mercados, el volumen de producción y temas como los limitantes que tenemos en nuestras exportaciones. Es un tema muy complejo para que simplemente para dar gusto a un sector se tomen decisiones sin mirar que todo es una cadena”, comentó.
Según López, cuando se toman decisiones que afectan a más de un eslabón de un sector hay que analizar si el impacto amerita sacrificar alguna parte de la industria nacional, si estamos compitiendo con precios a los que vale la pena competir, los costos y los impactos en el sector.
“Por alguna razón, todas esas grandes empresas que le dieron tanto empleo y prestigio al país no pudieron sobrevivir. Si no competimos en el mercado mundial, ¿por qué no miramos el mercado regional? Es algo que no se ha hecho, y es una de las decisiones que hay que mirar si se pueden lograr”, propuso la experta que aseguró que Colombia no tiene actualmente, ni ha tenido, una política para conquistar el mercado textil.
La era dorada de las hilanderías, las textileras y algunas empresas tradicionales colombianas puede estar cerca a su ocaso, pero también puede ser una oportunidad para que el país ponga sobre la mesa una discusión incómoda y analice por qué muchas de esas empresas tradicionales no han podido competir en el mercado globalizado, cuáles son las oportunidades de Colombia y en qué se tiene que enfocar y realmente qué tiene que hacer el país para sacar adelante la industria. La tarea está en aprovechar las fibras que quedan de la industria e hilar una estrategia a largo plazo.
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