
Daniel Zea revela claves del éxito detrás del festival de luces Brilla Bogotá 2025
El cofundador de Brilla, uno de los festivales más concurridos de la capital durante la temporada navideña, habló con CAMBIO sobre el modelo de negocio detrás, sus retos financieros, la proyección de llegar a 300.000 asistentes este año y la expansión internacional del proyecto.
Por: Juan David Cano
Bogotá tendrá nuevamente una gran apuesta de entretenimiento decembrino con Brilla Sueños, la edición 2025–2026 del festival de luces y experiencias inmersivas que opera entre el 27 de noviembre y el 12 de enero en Sencia, junto al estadio El Campín. Para esta temporada, el proyecto busca superar los 200.000 asistentes del año pasado y alcanzar una nueva cifra: 300.000 visitantes.
El recorrido incluye más de 22 espacios interactivos, atracciones mecánicas tematizadas y una pista de hielo. El horario será de 6:00 a 11:00 de la noche. Los precios varían según la fecha y la demanda, pero en la venta digital oscilan alrededor de 35.900 pesos para adultos y 25.000 para niños; los menores de dos años ingresan sin costo.
Aunque el público suele ver este evento como un espectáculo de luces, detrás hay un modelo empresarial que cada año requiere nuevas inversiones, alianzas internacionales y una operación que emplea a más de 180 personas de forma directa y cerca de 500 de forma indirecta. En entrevista con CAMBIO, Daniel Zea, cofundador de Brilla, habla de los desafíos financieros, creativos y logísticos de un festival de origen bogotano que ya se plantea expandirse en el territorio nacional e incluso otros países.

CAMBIO: ¿cómo nació la idea de crear Brilla?
Daniel Zea: Toda la historia comienza en 2019, aunque nosotros llevamos más de 15 años dedicados a la Navidad, a las iluminaciones y a experiencias de fin de año. Entre 2017 y 2018 la oferta navideña de la ciudad empezó a recortarse mucho. Los presupuestos bajaron, había menos ofertas, pero el apetito de la gente seguía igual o incluso crecía. Ahí decidimos dar el paso y crear Brilla, no como proveedores de otros eventos, sino como un proyecto propio. La idea era abrir un espacio de unión familiar, de entretenimiento y de ciudad. Y aunque la gente lo asocia con luces, para nosotros siempre ha sido mucho más: una experiencia completa que mezcla arte, educación y conexión emocional.
CAMBIO: Este año eligieron la temática de los sueños. ¿Qué propósito hay detrás de ese concepto?
D.Z.: Brilla siempre lleva un mensaje: naturaleza, conexión, cuidado, reflexión. Cada edición ha tenido un contenido pedagógico. Ahora, con los sueños, queríamos unir esa línea educativa con mucha fantasía. Dormir y soñar tiene un sentido fisiológico y emocional: limpia el cerebro, libera toxinas, permite descansar y ser productivo. La idea es transmitir mensajes útiles dentro de la experiencia, mientras la gente se divierte. Siempre buscamos que quien visite Brilla salga con algo más de lo que trajo.

CAMBIO: ¿Qué puede esperar el visitante en 2025?
D.Z.: Cada año ampliamos la interacción. Sabemos que la gente no quiere solo contemplar, también quiere participar. Por eso ahora hay más escenarios donde pueden entrar, tocar, jugar o ser parte de la escena. Tendremos atracciones mecánicas tematizadas, una pista de hielo y varios espacios inmersivos diseñados para generar emociones diferentes. Nuestra meta es que no “vengan a ver” Brilla, sino que hagan Brilla. Ese vínculo emocional nos ha permitido crecer y tener visitantes fieles que regresan cada año.
CAMBIO: Desde la perspectiva empresarial, ¿cómo define que una edición es exitosa y cómo se sostiene financieramente el evento?
D.Z.: Brilla es un esfuerzo privado muy grande. Cada año implica diseñar algo completamente nuevo, y eso es costoso. Nuestras ediciones anteriores tienen un promedio de 250.000 visitantes, y queremos llegar a más gente sin sacrificar calidad. El modelo es claro: vivimos de las visitas y de la venta de boletas. Por eso cuidamos tanto la experiencia. Nuestro margen en general no supera el 20 por ciento, porque lo reinvertimos prácticamente todo en desarrollar la siguiente edición y en fortalecer el posicionamiento del festival tanto en Bogotá como en el país.
CAMBIO: ¿Cuál es la proyección de asistentes para este año?
D.Z.: Queremos pasar los 300.000 asistentes. Las instalaciones en las que funcionamos tienen capacidad para recibir más de 450.000 personas en total, así que el reto no es de infraestructura, sino que más gente nos conozca.
CAMBIO: Montar una experiencia de este tamaño debe tener retos importantes. ¿Cuáles fueron los más grandes?
D.Z.: El reto principal siempre es financiero. Brilla es una iniciativa privada hecha por una empresa pequeña, literalmente somos dos socios —Carlos Pinzón y yo— con un equipo base de unas cinco a siete personas. Una vez entramos en producción, eso se multiplica a más de 150 trabajadores. Pero financiar cada edición, asumir los riesgos y mantener la calidad es lo más complejo.

CAMBIO: Este año dicen que generarán más de 180 empleos directos y 500 indirectos. ¿Qué tipo de talento requieren y qué brechas han identificado?
D.Z.: El corazón de Brilla es el talento artístico: música, producción sonora, diseño gráfico, ilustración, programación de iluminación. Luego vienen los equipos técnicos: redes eléctricas, montajes seguros, operación, logística, nunca se nos ha caído nada. También el componente gastronómico y de servicios. Todo esto requiere perfiles muy especializados, y sí, hay brechas: falta más formación técnica para montajes seguros y más apoyo a las artes aplicadas. Pero hemos construido un equipo que entiende el festival como un proyecto artístico, no solo técnico.

CAMBIO: ¿cómo se proyectan los próximos años? ¿Van a llevar el festival a otras ciudades?
D.Z.: Sí. Una parte de la alianza con Fever es justamente escalar Brilla a otros lugares. Ya hemos hecho eventos en España y estamos preparando movimientos hacia Brasil para el próximo año. En Colombia lo estamos evaluando, pero ha sido clave consolidarnos en Bogotá, que es nuestra casa. Para expandirnos necesitamos una entrada amigable en cada ciudad, respetando sus propias tradiciones navideñas. El paso natural es crecer, pero hacerlo bien.
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