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El 17 de diciembre quedó registrada la nueva marca en la Unión Europea por parte de la empresa Frisby España
Empresas

El nuevo capítulo en la pelea entre Frisby Colombia y Frisby España por la marca en Europa

La cadena de pollo colombiana y la compañía española que copió su nombre rompieron definitivamente el diálogo. Ambas anunciaron que continuarán con medidas legales y comerciales para quedarse con la titularidad de Frisby en Europa.

Por: Juan David Cano

La disputa por el nombre Frisby acaba de entrar en una fase decisiva. Tras semanas de conversaciones, las empresas de Colombia y España anunciaron, casi al mismo tiempo, que las negociaciones habían fracasado. El intento de llegar a un acuerdo “amistoso” terminó en ruptura definitiva y en el inicio de una estrategia de fuego cruzado: demandas, solicitudes de registro y planes de expansión paralelos.

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Frisby cuenta con registros de marca vigentes en Chile, México, República Dominicana, Costa Rica, Estados Unidos y España | Crédito: Redes sociales de Frisby España

El choque de comunicados

Frisby Colombia, fundada en Pereira en 1977 y convertida en un símbolo del pollo apanado en el país, informó que la etapa prejudicial prevista en la legislación española había terminado sin resultados. De la mano de la firma Garrigues, ahora prepara acciones legales en Europa y en Colombia para defender tanto la marca como a su personaje icónico, el Pollo Frisby.

Desde Bilbao, Frisby España replicó con un mensaje completamente opuesto: anunciaron la creación de una nueva sociedad llamada Frisby S.A., el despliegue de capital para abrir 12 puntos de venta en Europa y, quizás el golpe más fuerte: la presentación de una solicitud ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) en Colombia para que se reconozca su marca con protección local.

El argumento europeo: uso versus bloqueo de la marca Frisby

La ofensiva española se basa en un punto débil: el uso real de la marca en territorio europeo. Según Frisby España, la empresa colombiana nunca ha operado allí, y en consecuencia no puede alegar un derecho efectivo. Incluso recordó que la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea le dio plazo hasta septiembre de 2025 para demostrar un uso continuo durante cinco años, algo que —aseguran— jamás existió.

La narrativa española insiste en que la contraparte colombiana mantiene una “estrategia de bloqueo”, sin voluntad de atender al consumidor europeo, y que lo único que busca es impedir que otro lo haga. “En ningún momento la empresa colombiana ha manifestado intención alguna de servir a los consumidores europeos. Su estrategia parece centrarse exclusivamente en impedir que un tercero lo haga”, dijeron en un comunicado.

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Crédito: Redes sociales

Colombia responde con su historia

La versión colombiana, en contraste, se apoya en la tradición y el peso simbólico de su marca. En su comunicado, Frisby S.A. BIC agradeció a los más de 5.600 colaboradores que trabajan bajo su identidad, e insistió en que no permitirá que un tercero capitalice su trayectoria sin autorización. Aunque evita dar detalles del litigio, adelantó que activará todas las instancias legales disponibles para proteger lo que considera un activo histórico.

Lo que está en juego

El caso ya no es solo un pleito de propiedad intelectual. En España, Frisby anuncia inversiones millonarias, un plan de expansión de restaurantes y hasta cifras de impacto mediático que, según ellos, superan los 55 millones de dólares en valor publicitario en apenas tres meses. En Colombia, la marca es parte del imaginario popular y un referente del negocio de comida rápida con identidad local.

Con la ruptura definitiva de las negociaciones, el tablero se mueve en dos direcciones: en Europa, con un reloj jurídico que corre en contra de la compañía pereirana y, en Colombia, con el riesgo de que una autoridad nacional se vea obligada a decidir sobre la titularidad del nombre que, hasta ahora, parecía incuestionable.

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Créditos: tomado de Frisby Colombia

Lo cierto es que el pollo más famoso de Colombia enfrenta hoy su desafío más grande: probar que el peso de su historia alcanza para defender su marca en un mercado que nunca ha explorado, mientras su contraparte europea acelera para consolidar un imperio copiando el nombre de una marca que construyeron con esfuerzo una pareja de esposos colombianos, Alfredo Hoyos Mazuera y Liliana Restrepo Arenas.

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