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Pequeña central hidroeléctrica Aures
Vista aérea de las instalaciones de la Pequeña Central Hidroeléctrica (PCH) del Río Aures
Empresas

'Las hidroeléctricas no inundaron a Colombia': generadores y expertos responden a las acusaciones de Gustavo Petro

El presidente de la república señaló a las hidroeléctricas de haber dejado sus embalses llenos a propósito para después vender energía a precios de gas, agravando las inundaciones en varios departamentos del país. Gerentes de pequeñas generadoras y el CEERA explican por qué el fenómeno desbordó la capacidad de previsión y control.

Por: Juan David Cano

En la tarde del 7 de febrero, mientras el agua seguía inundando varios municipios de Córdoba y Sucre, el presidente Gustavo Petro publicó un mensaje en su cuenta en X, en donde hablaba en contra de las empresas generadoras de energía. “Las represas estaban superllenas, Urrá irregularmente e Hidroituango y las demás al límite”, escribió. Además, habló de un posible delito ambiental, exigió la renuncia del gerente de Urrá, ordenó investigaciones a las superintendencias y preguntó: “¿Dejaron las represas llenas para hacer contratos de venta de energía a precios de costos de gas para los próximos meses?”.

La acusación del mandatario, en resumen, era que las hidroeléctricas habrían guardado agua intencionalmente. Según él, esa decisión habría desbordado los embalses cuando llegaron las lluvias del frente frío ártico, y que detrás de todo había un interés económico con el incremento de precio de la energía. Sin embargo, para quienes llevan años operando centrales de generación en Colombia, esa versión es incorrecta y revela, según ellos, una confusión sobre el funcionamiento físico de una represa y el papel que cumple en el sistema eléctrico nacional.

Un frente frío que ni el Ideam vio venir

El fenómeno climático que desencadenó las inundaciones fue un frente frío de origen ártico que, al encontrarse con el aire cálido y húmedo de las costas caribeñas colombianas, generó fuertes lluvias en cuestión de días.

Eduardo Álvarez, actual presidente de la junta directiva de la hidroeléctrica del río Aures, conoce esas tierras desde hace 50 años. En conversación con CAMBIO, Álvarez aseguró que “allí cayeron durante esos tres días más de 600 milímetros de lluvia” y agrega que lo que hace este episodio verdaderamente inusual no es solo la cantidad, sino la extensión geográfica del fenómeno: “No fue solamente en ese puntito, sino que, desde las costas de Turbo, Arboletes, Coveñas, porque todo eso sufrió. Cayó tanta agua, y en una zona tan extensa, que fue desde la costa hasta la parte central de Antioquia, desbordando los pronósticos. Eso que cayó ni siquiera cae en un mes cuando hay lluvias y cuando hay La Niña. Eso excede cualquier cantidad y previsión”.

Febrero suele ser de los meses más secos que tiene el país. En un fenómeno climático atípico como el de fuertes lluvias que se registraron en este febrero de 2026, las empresas habrían tenido que recibir información de las entidades estatales para prepararse ante las eventualidades; sin embargo, Rodrigo Arenas, gerente de la Generadora Alejandría, le contó a CAMBIO que ni siquiera el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) pudo predecir la magnitud del fenómeno.

“El Ideam dejó de ser una fuente de control de información. El Ideam se desmanteló casi en su totalidad. Usted se mete a la página y todo está desactualizado desde hace, creo, año y medio. Dejaron morir el Ideam. Nadie avisó que iba a llegar ese fenómeno tan fuerte al país, que ese frente frío iba a ser de esa magnitud. Nadie lo vio, absolutamente nadie lo vio”, afirmó Arenas.

Concluyó que “si no lo vio la entidad más importante del país (Ideam), ¿quién lo iba a ver? Este evento no lo estaba viendo ninguno de los embalses del país”.

Por su parte, Catalina Rueda, directora ejecutiva del Centro de Estudios de la Energía Renovable y el Agua (CEERA), la organización que representa al sector de las pequeñas centrales hidroeléctricas en Colombia y una de las personas con más conocimiento del sector, coincide en este punto desde una perspectiva más institucional: “Esta situación superó cualquier tipo de planeación, tanto de los agentes de energía, hablando específicamente de Urrá, como de las autoridades ambientales e incluso del sistema de gestión de riesgos encargado de supervisar y prevenir este tipo de situaciones”.

Catalina Rueda Callejas
Catalina Rueda Callejas, directora Ejecutiva de Centro de Estudios de la Energía Renovable y el Agua (CEERA).

El embalse como regulador y sus límites físicos inevitables

Ahora bien, entendiendo que fue un evento que superó las expectativas de todos, incluso del Estado, el presidente de igual forma insinuó que las hidroeléctricas habrían guardado agua deliberadamente para después vender energía a precios altos. Pero para los expertos, ese argumento del jefe de Estado también es problemático.

Existe un marco regulatorio que les ordena a los generadores con embalse mantener ciertos niveles mínimos de almacenamiento a lo largo del año, precisamente, para garantizar que el país no se quede sin energía en los períodos secos. Esa curva se llama senda de referencia y es de obligatorio cumplimiento. Dado que no esperaban un febrero tan atípico, los expertos intuyen que en casos como el de Urrá se estaba cumpliendo con esa directriz, con el fin de tener volúmenes de agua necesarios para afrontar una eventual temporada seca que no llegó.

“La senda de referencia es un camino que le dice a lo largo de los 12 meses del año, en porcentaje de llenitud de los embalses, como una curva histórica. Dice, por ejemplo: en noviembre, diciembre, enero, ustedes tienen que entrar con X porcentaje de embalsamiento para poder asegurar que a febrero no vayamos a tener racionamiento. Es una curva legal y de obligatorio cumplimiento. Si me bajo de ahí, el mercado eléctrico me penaliza. ¿Entonces yo qué hago para tener ese mínimo? Guardo agua. El río me está entrando con más agua; tengo mis turbinas, pero tengo que guardar una cantidad porque el mismo Estado me lo está exigiendo”, explicó Arenas.

Para Arenas, la acusación presidencial encierra una contradicción: “Entonces eso es lo que él dice: 'Ah, es que ustedes, los generadores, estaban guardando agua.' Sí, señor, porque usted mismo mete una senda de referencia. Pues si la cumplo es malo y si no la cumplo también”. 

Dicho de otra manera: si los embalses estaban con un buen nivel de agua al inicio de febrero de 2026, era en parte porque el mismo Estado colombiano lo había ordenado a través de su marco regulatorio, en previsión de un período seco que históricamente corresponde a esos meses. Sin embargo, en lugar de verano, en los primeros meses del año llegaron lluvias sin precedentes, lo que habría desbordado el sistema.

Álvarez aporta el ángulo empresarial de esta misma ecuación: “Cualquier hombre de negocios que maneje bien su tema tendría la central con el embalse con una buena capacidad de agua. Si no tiene el embalse con una buena capacidad de agua, llega este verano, el verano que se suponía que llegaba, y no tiene cómo generar, no tiene cómo producir energía. Eso hubiera empeorado la situación energética del país”. 

“Una crisis multifactor que nos desbordó a todos”: CEERA

Por ahora, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) presentó evidencia técnica que confirmó que el embalse de Urrá había superado sistemáticamente los niveles máximos permitidos desde 2020 hasta la fecha de la emergencia. En 2025, el 20 por ciento de las mediciones incumplieron la Curva Guía Máxima. Como resultado, la Anla inició un procedimiento sancionatorio ambiental contra la empresa.

Catalina Rueda, desde CEERA, propone un encuadre más amplio del problema: “Realmente es una situación compleja y nunca va a ser responsabilidad de un solo actor. Efectivamente, es una crisis derivada de múltiples factores. Desde nuestra visión es un problema multifactorial y así debería ser abordado”. Para Rueda, la pregunta no debe ser ¿quién tuvo la culpa?, sino ¿qué capacidades le faltaron al país para enfrentarlo?

En su análisis, los embalses como Urrá tienen un rol limitado y específico: “Los embalses son reguladores naturales de los cauces de los ríos. Sin embargo, no es su responsabilidad llegar al punto de controlar situaciones que se nos desbordan a todos. Esta situación desbordó tanto a las autoridades ambientales que están supervisando la situación en territorio como a las autoridades de gestión de riesgos”, dijo.

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Catalina Rueda Callejas, directora ejecutiva de CEERA. Crédito: Julián Bermúdez - CEERA

Rueda aseguró que la lección de fondo de esta emergencia no es sobre la codicia de los generadores, sino sobre la fragilidad de los ecosistemas y de las instituciones llamadas a protegerlos. Además, planteó una serie de factores estructurales que, según ella, el país necesita abordar con seriedad: “Tenemos que analizar qué está pasando con nuestros distintos ecosistemas. Fenómenos como los cultivos ilícitos, la extracción ilícita de minerales, la expansión de frontera agrícola sin control, todo esto para ver qué está pasando con nuestros ecosistemas, que en principio tienen una capacidad natural de absorción que podría ayudar a mitigar este tipo de coyunturas”.

El incumplimiento de Urrá frente a su Curva Guía Máxima es un problema real que merece sanción y corrección. Pero entre ese incumplimiento y la afirmación de que los generadores dejaron inundar pueblos enteros para vender energía más cara hay una distancia enorme para los expertos.

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