
El regreso de los Mena: la primera entrega anticipada de tierras en Colombia
La historia de la familia Mena es una de lucha, despojo y resistencia. Durante más de dos décadas, fueron víctimas del desplazamiento y la violencia en los Montes de María. Sin embargo, el pasado 13 de diciembre su destino cambió con la primera entrega anticipada de tierras en Colombia, un acto que marca un precedente en la reparación de las víctimas.
Por: Iván Serrano
La sonrisa de Yelitza Mena parece a prueba de todo, o al menos así lo parecía la mañana del 13 de diciembre. “Yo siempre, siempre soy así de sonriente”, dijo, con un brillo en los ojos que era imposible de ignorar.
Yelitza es la menor de los Mena, una de las cinco familias que, tras años de espera, vieron por fin restituidas sus tierras. En total, fueron 260 hectáreas, distribuidas en cinco predios ubicados en las veredas Borrachera, Barroco, Morrocoy y El Salado, en el municipio de El Carmen de Bolívar.
El último municipio, El Salado, fue el escenario de uno de los episodios más sangrientos de la historia reciente de la violencia en Colombia.
## La masacre
Desde la mañana del 16 de febrero de 2000, paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) sitiaron El Salado durante seis días. Intimidaron, torturaron y asesinaron a decenas de sus habitantes.
Aproximadamente 450 hombres armados de los bloques Norte y Héroes de los Montes de María, de las AUC, ingresaron al poblado, arrasando con todo a su paso. La masacre fue comandada por Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, y Edwar Cobo Téllez, alias Diego Vecino. Durante 144 horas, la violencia se apoderó del pueblo sin que la fuerza pública hiciera presencia.
Testigos recuerdan que, entre burlas, los paramilitares jugaron con las vidas de sus víctimas, utilizando machetes, armas de fuego y otros métodos brutales para sembrar el terror.
Las cifras exactas de muertos varían, pero se estima que al menos 60 personas fueron asesinadas. La sevicia de los criminales dejó más de 4.000 desplazados, obligados a huir y abandonar sus tierras, hogares y pertenencias.
El Salado se convirtió en un pueblo fantasma. El miedo y el dolor hicieron imposible, por muchos años, el regreso de los sobrevivientes.
Por eso, antes de iniciar la conversación, Yelitza Mena pidió no hablar de lo ocurrido en el año 2000. Pero era imposible evitar el tema.
Cuando lo mencionamos, su poderosa sonrisa se desvaneció. Tenía 25 años cuando ocurrió la masacre. Antes de la tragedia, los rumores sobre la llegada de los paramilitares ya se esparcían de casa en casa.
“Se decía que venían, que los habían visto en los caminos, que estaban subiendo por las veredas. Pero en esos días uno aprendía a vivir con el miedo, a ignorarlo para seguir adelante. Hasta que la guerra entró a nuestra casa”.
Días antes de la tragedia, Yelitza había quedado con su hermano, el profesor de la escuela, en verse para tomar unas cervezas y hablar de la vida. Dicho encuentro nunca ocurrió.
“A mi hermano lo tomaron sin explicaciones. Él era maestro, enseñaba a los niños del pueblo, ¿por qué lo iban a llevar?”.
Lo asesinaron. Su cuerpo quedó tirado en el camino. Su padre tuvo que velarlo toda la noche para que no se lo comieran los perros. Al día siguiente, lo enterraron como pudieron y huyeron de su finca.
El dolor consumió a su padre. Entre el desarraigo y la tristeza, murió un año después. Luego del desplazamiento, vinieron los compradores de tierras baratas, los cambios de dueño y la venta de terrenos a empresas privadas.

La compra de tierras por el Grupo Argos
Entre 2008 y 2012, el Grupo Argos compró más de 6.600 hectáreas en municipios como El Carmen de Bolívar, San Jacinto y Ovejas. Estas tierras fueron adquiridas a través de intermediarios que previamente las habían comprado a campesinos desplazados por la violencia.
La historia se repite en muchas zonas azotadas por el paramilitarismo: personas vulnerables venden sus tierras a precios irrisorios, terceros las revenden a grandes empresas.
Con los años, el Grupo Argos enfrentó múltiples controversias relacionadas con la restitución de tierras en los Montes de María. Fallos judiciales determinaron que la empresa adquirió predios previamente despojados. Es en ese contexto que surge la Fundación Crecer en Paz.
Crecer en Paz y la entrega anticipada de tierras
En 2015, en respuesta a las demandas judiciales, el Grupo Argos creó la Fundación Crecer en Paz, una entidad que recibió en donación las 6.600 hectáreas adquiridas en los Montes de María. Su misión era gestionar estos terrenos y facilitar el proceso de restitución.
Desde su creación, la Fundación Crecer en Paz ha donado más de 2.160 hectáreas a la Agencia Nacional de Tierras y otras 1.700 hectáreas a asociaciones campesinas. La reciente decisión de realizar la primera entrega anticipada de tierras en Colombia marca un antes y un después en la historia de la restitución y reparación a las víctimas.
Predios restituidos
Predio La Feria
Área: 24 hectáreas y 8.215 metros cuadrados.
Personas beneficiadas: 8.
Ubicación: Vereda La Borrachera.
Predio Santa Helena
Área: 70 hectáreas y 7.479 metros cuadrados.
Personas beneficiadas: 14.
Ubicación: Vereda El Salado.
Predio El Zafiro
Área: 136 hectáreas y 3.567 metros cuadrados.
Personas beneficiadas: 3.
Ubicación: Vereda El Barroco.
Predio Cascajo – La Lucha
Área: 6 hectáreas y 9.602 metros cuadrados.
Personas beneficiadas: 14.
Ubicación: Vereda Morrocoy.
Predio Bonanza
Área: 21 hectáreas y 7.248 metros cuadrados.
Personas beneficiadas: 12.
Ubicación: Vereda La Borrachera.
### El retorno al hogar
El hijo menor de Yelitza se crio en Cartagena y no sabe de labores del campo, pero su madre cuenta que está ilusionado, que quiere aprender a trabajar la tierra y honrar la memoria de sus abuelos, para los cuales la finca Santa Helena era casi todo en su vida.
Si todo va como está previsto, la sonrisa de Yelitza no volverá a apagarse. Al final, para los campesinos, la tierra no es solo una propiedad: es identidad, memoria, hogar y familia.
Después de 25 años, gracias a la voluntad de la fundación y el seguimiento y buenos oficios de la Unidad de Restitución de Tierras, los Mena y las demás familias por fin pueden decir: “Estamos de vuelta en casa”.
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