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País

“En educación nuestra cultura política se queda en ideas superficiales y debates esporádicos”: Oscar Sánchez, exviceministro de educación

Oscar Sánchez, exviceministro de educación y actual director del Programa Computadores para Educar.

¿Cuál es el balance de estos tres años en materia de educación? Santiago Espinosa, escritor y rector del Gimnasio Sabio Caldas, entrevistó a Óscar Sánchez, exviceministro de educación y actual director del Programa Computadores para Educar.

Por: Santiago Espinosa

Oscar Sánchez fue el secretario de educación de la Bogotá Humana. Cuando Gustavo Petro llegó a la presidencia muchos pensaron que el ministro sería él, tenía la trayectoría y la confianza del presidente. Finalmente Oscar Sánchez estuvo unos meses en el viceministerio, pero con la llegada de Daniel Rojas salió de la cartera, para liderar el programa Computadores para Educar. Después de tres años de gobierno de Petro, el balance en educación tiene más detractores que defensores. ¿Cuál es el legado de este gobierno en esta materia, cuáles son sus mayores pendientes? Nadie más autorizado que Óscar Sánchez para hablar desde la orilla del progresismo.

Santiago Espinosa: Hablemos de la ley de educación socioemocional, aprobada recientemente por el congreso. En medio de tanta polarización parece haber un consenso en esta norma, que obliga a los colegios a desarrollar una propuesta transversal. ¿Cuáles son los alcances de esta ley, qué podrían hacer los colegios para iniciar su implementación?

Óscar Sánchez: Sí, esta nueva Ley de 2024 se suma a las leyes de Convivencia Escolar de 2013, de la Cátedra de la Paz de 2014, y a un enorme cúmulo de normas de todos los niveles orientadas a que aprendamos ciudadanía, democracia, derechos humanos, a luchar contra el racismo y el machismo, etc. Colombia es un país que tiene herramientas de educación para la paz. Pero mientras la cultura de la violencia cede en algunos territorios y grupos sociales, en otros se mantiene y se reproduce. En realidad, no necesitamos más leyes, sino acciones integrales que prioricen una educación para convivir en la cotidianidad. Pero es bueno que el Congreso de la República se interese por la formación integral de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

S. E.: Esta ley coincide con una situación muy preocupante en los colegios. Los estudios hablan de un aumento en los reportes sobre abusos y violencias, los suicidios consumados aumentaron drásticamente, el bullying y las riñas entre compañeros de curso ¿Cuál es su lectura de esta situación? ¿Qué nos está pasando como sociedad?

O. S.: En todo el mundo los efectos duraderos de la pandemia, y la menor interacción personal que conlleva la tecnología, han generado desafíos muy grandes para la educación. En Colombia, además, somos sociedades donde la violencia, la indolencia y la desconfianza se han naturalizado en la cultura. Pero la buena noticia es que hay colegios e incluso territorios que han manejado la crisis mejor que otros, y de ellos podemos aprender. Yo veo resultados positivos si coinciden varios elementos: uno, cuando los colegios trabajan en asocio con las familias y juntos confían en sus estudiantes, y antes de ver a unos niños como víctimas y señalar a otros como agresores, ven una comunidad en la que todos ayudamos a los chicos, comenzando por un autoexamen entre los adultos. Dos, cuando la educación, la prevención y la protección hacen cada una su parte, en una estrategia integral liderada por el Estado, lo que implica que los actores institucionales se coordinen y respeten entre sí. Y, sobre todo, tres, cuando las comunidades educativas priorizan la educación CRESE (ciudadana, para la reconciliación y socioemocional), entendiendo que lo académico no puede lograrse si no se da espacio para gestionar el conflicto, para aprender a sentir.

S. E.: Durante muchos años usted lideró Educapaz, una propuesta muy innovadora para trabajar en los colegios la Cátedra de Paz. ¿Qué pasó con estas Cátedras de Paz? ¿Cuál es su opinión sobre la educación para la paz de los últimos gobiernos?

O. S.: Conquistar la paz, la ciudadanía democrática y la salud mental en los estudiantes sí es posible. Lo que la gente no sabe es que las evaluaciones sobre clima escolar, capacidades ciudadanas y victimización en los colegios, han mostrado resultados positivos en varios lugares de Colombia cuando se ha implementado programas integrales durante un tiempo razonable, bien financiados, y que sean acordes a los contextos. Eso es lo que ha logrado la educación CRESE, que se creó en un consenso de 20 años entre colegios. Esa experiencia fue consolidada en Educapaz entre 2016 y 2022 y ya lleva 3 años siendo implementada como política nacional y territorial, está contemplada en el Plan Nacional de Desarrollo, en planes de desarrollo departamentales y municipales y en asociaciones de colegios. Por ejemplo, al fin han llegado orientadoras escolares (las psicólogas de los colegios públicos) a los colegios rurales de los municipios afectados por el conflicto armado, y se ha multiplicado por 40 el presupuesto para el tema.

S. E.: Ojalá estas experiencias hubieran llegado a más colegios. Antes de su salida del Ministerio de Educación, hace unos meses, usted escribió un artículo en el que planteaba un gran acuerdo nacional alrededor de la educación. ¿En qué consiste esta propuesta, la sigue defendiendo?

O. S.: Colombia no ha querido asumir que en todo el mundo solo se ha alcanzado bienestar general con buena educación pública universal. Los gobiernos hablan de revoluciones y del mayor presupuesto, cuando en realidad lo destinado a educación siempre ha sido mediocre y aberrantemente desigual. Aunque en estos cuatro años pasamos de 4,5% al 5,0% del PIB del gasto público en educación, ese gasto sigue concentrado en las principales ciudades, y la educación privada aumenta el fenómeno al hacer más inversión en las clases medias altas. También fue muy triste ver hundir la Ley Estatutaria para garantizar el Derecho Fundamental a la Educación por sectarismo en el Senado, cuando la Cámara ya la había aprobado por consenso y ese acuerdo nacional podía servir de base en otros temas. En todo caso, lo que está en el fondo de esta cuestión es que la opinión pública es poco exigente para consumir información sobre educación. En educación nuestra cultura política se queda en ideas superficiales y debates esporádicos, incluso entre las elites bienintencionadas. Falta mucho para un acuerdo.

S. E.: Pasemos a la calidad educativa. Cuando salieron los resultados de las Pruebas Pisa el presidente señaló que el sistema educativo había fracasado en Colombia. ¿Por qué Colombia no mejora en sus aprendizajes a pesar de un aumento considerable en la inversión?

O. S.: En Pisa Colombia se mantiene abajo, con el promedio latinoamericano. Es decir, somos mediocres en el mundo y atrasados entre los países de la OCDE. A eso se refería el presidente. Pero, sobre todo, somos desiguales, y por eso en la misma presentación el presidente mostró el caso colombiano, comparando con la gráfica siguiente al país, su zona rural y Bogotá y con la OCDE y América Latina.

Es evidente que el “fracaso” no es igual entre territorios, y eso tiene que ver con políticas de formación y empoderamiento docente, entre otras.

S. E.: Usted ha hecho un énfasis en la educación pública, pero también ha mencionado a los privados. En Bogotá, por ejemplo, los mejores resultados de calidad los obtienen los buenos colegios privados e incluso los colegios en administración, que trabajan en territorios vulnerables. ¿Cuál sería, para usted, el aporte de las instituciones privadas, o mixtas, en esta transformación educativa?

O. S.: La educación antes que nada es buena, regular, mala, o la peor: ninguna. En ese sentido, debemos aprender de los buenos colegios públicos y privados. Eso enriquece el sistema. Necesitamos que los colegios privados ofrezcan su experiencia al sistema; y para eso se pueden hacer programas de colaboración entre lo privado y lo público. Pero hay muchos mitos a vencer, como que la educación privada es mejor o los maestros oficiales son menos capaces. No, la educación privada tiene desde la peor hasta la mejor oferta, dependiendo de los costos, y los tipos de familias extremadamente diferentes; y hay todo tipo de profesores en lo público y en lo privado. El otro es que se puede reemplazar la educación pública por colegios contratados anualmente con recursos públicos. En realidad no existe ninguna sociedad en el mundo, desde que existe la escuela moderna, que haya logrado resultados de equidad, estabilidad institucional, productividad y convivencia, que no haya tenido un sistema público universal que integre a los estudiantes de todos los orígenes (aunque existan educación privada y de contratación, respetadas pero excepcionales). Las buenas facultades de educación públicas y privadas en las que hacen posgrados los docentes cumplen un papel muy importante en la mejora del sistema público. Lo que sí sostengo es que la educación, cuando se vuelve negocio a gran escala, deja de ser formación genuina de seres humanos en una comunidad.

S. E.: Usted es una persona analítica, sus respuestas siempre están apoyadas en los datos. ¿Cuál sería su balance del gobierno de Gustavo Petro en materia de educación? ¿Qué rescataría?, ¿cuáles serían sus mayores deudas?

O. S.: No quiero juzgar la obra de gobierno en educación cuando no ha terminado. Prefiero ayudar hasta el último minuto y después revisar evidencias. Los mayores logros, aún inconclusos en mi campo, han sido la formación integral, incluyendo CRESE, capacidades artísticas, bienestar físico y emocional y tecnología; la ampliación de la oferta de educación media y de preescolar de tres grados en regiones apartadas del país; y trasladar nuevos recursos del sistema general de participaciones a los colegios. Me preocupa que la tecnología está produciendo transformaciones estructurales en la manera como aprendemos las personas, y el país no tiene un sistema educativo preparado para aprovechar las oportunidades o mitigar los riesgos de esas transformaciones. En un sistema tan desigual, para ponerlo en una metáfora, sino actuamos rápido los niños de familias con recursos tendrán maestros y maestras con todas las capacidades para que la tecnología ayude a sus estudiantes a tener pensamiento crítico y dominar las máquinas, mientras los niños de familias pobres serán educados cada vez más por máquinas que les dominen mientras sus maestros pierden el control su proceso de aprendizaje. Si no se aprovechan estas oportunidades para mejorar la formación integral, en un futuro cercano un grupo pequeño de personas con poca formación tendrán que sostenernos a un montón de personas viejas que ya no podremos trabajar.

S. E.: Una de las promesas más populares de este gobierno fue el aumento de los cupos para la universidad pública. El presidente incluso les pidió a los gobernadores y alcaldes que dispusieron de los terrenos necesarios para construir más de 100 instituciones universitarias, motivando una enorme expectativa entre los jóvenes y las familias de estratos populares. ¿Cuál es su balance sobre este punto?

O. S.: El presidente ha enfatizado el acceso a la universidad para jóvenes sin oportunidades. En ello los colegios universidad son una gran opción: las Escuelas Normales, colegios técnicos y colegios emblemáticos, de muchas regiones apartadas del país, que pueden ser 100 o más, pueden ofrecer educación superior desde los grados 10 y 11 en asocio con las universidades y el SENA. Esa idea del presidente se demoró mucho en arrancar, lamentablemente, pero se alcanzarán a hacer obras físicas y a aprobar programas nuevos. Ojalá, en perspectiva de futuro, lo que no se haya alcanzado a terminar en este gobierno se consolide en los próximos cuatro años. Lo menos conveniente sería que venga alguien a desechar la estrategia y a comenzar de cero.

S. E.: Este es un ciclo de entrevistas sobre educación. ¿Cuáles son esos maestros o maestras que recuerda con especial gratitud, y por qué?

O. S.: Recuerdo a mis maestros de primaria en Santa Marta y en Bogotá. La Seño Nancy Medina en el Divino Niño, que en primero de primaria me defendía de un entorno de discriminación, y el maestro Fausto Romo, en quinto, cuando estudiaba en el Claustro Moderno, un arquetipo del pedagogo. En la universidad quisiera mencionar al profesor Pierre Gilhodes, que me enseñó que existen las ciencias sociales, y a Robert Chambers en IDS, con quien aprendí ya maduro, que el poder ciega y que la verdadera democracia está en entender eso y saberlo enseñar.

S.E.: Si pudiera cambiar algo del sistema educativo, ¿qué cambiaría?

O. S.: La segregación. Solamente cuando los colegios y universidades sean los lugares donde nos encontremos todos, independientemente de nuestro origen cultural y la capacidad económica de nuestras familias, será posible una sociedad justa, productiva y pacífica. Y eso significa educación pública universal con la misma calidad en todos los territorios, con interculturalidad.

S. E.: Cuando Gustavo Petro llegó al poder, pero sobre todo después de la salida de Alejandro Gaviria, muchos pensamos, por su trayectoria y por cercanía con el presidente, que usted sería el Ministro de Educación. ¿Cómo es su relación actual con el presidente? Si pudiera darle un consejo al actual Ministro de Educación, ¿cuál sería?

O. S.: Yo creo que el presidente confía en mi capacidad técnica y en lo que hicimos en la Bogotá Humana, y por eso me ofreció en su gobierno el Viceministerio de Educación Básica y luego la dirección de Computadores para Educar, dos tareas importantes. En mi labor actual en CPE queremos avanzar considerablemente en capacidades de pensamiento computacional, programación e inteligencia artificial para estudiantes y docentes de colegios que han tenido acceso limitado a la tecnología. Para eso hemos tenido que recuperar la confianza en la entidad, y necesitamos que los ministerios de educación, tecnología, ciencia y el SENA trabajen en equipo, más allá de consideraciones políticas. Ese es el reto.

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