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"El Pacto Histórico debe deconstruirse": Lalis, de creadora de contenido a congresista
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"El Pacto Histórico debe deconstruirse": Lalis, de creadora de contenido a congresista

Laura Daniel Beltrán, representante a la Cámara.

A las puertas de la instalación del nuevo Congreso, la representante electa por Bogotá Laura Daniela Beltrán, conocida en redes como Lalis, habla con CAMBIO sobre el tránsito de creadora de contenido a legisladora, la reinvención que le espera al Pacto Histórico como oposición, las amenazas que ha recibido desde que hace política y la deuda pendiente de su partido con el feminismo.

Por: Mateo Muñoz

El 20 de julio de 2026 el país estrena Congreso, y en la bancada que más curules ganó, el Pacto Histórico, se consolida también un fenómeno que hasta hace poco era impensable: la llegada de creadores de contenido a una curul gracias, casi exclusivamente, al alcance que construyeron en redes sociales. 

Laura Daniela Beltrán es uno de esos casos, junto con el senador electo Wally Rodríguez. Antes de ser Lalis, la nueva representante a la Cámara por Bogotá, fue una joven de un barrio popular del sur de la ciudad que hizo carrera en video y opinión política digital, y hoy llega al Capitolio en un momento en el que su colectividad deja de ser gobierno para convertirse en oposición, con Gustavo Petro fuera de la Presidencia y una campaña presidencial, la de Iván Cepeda, que perdió terreno frente a la narrativa digital de Abelardo de la Espriella.

En esta conversación con CAMBIO, Lalis analiza esa derrota comunicacional del petrismo, hace autocrítica sobre el paso de su partido por el gobierno, habla del futuro liderazgo del Pacto Histórico más allá de Petro, y entra sin rodeos en una discusión que atraviesa a su propia bancada: la de la violencia y la equidad de género, con nombres propios como Holman Morris y Armando Benedetti de por medio. También cuenta, por primera vez con este nivel de detalle, el episodio de amenazas que vivió tras un video de un concejal de Medellín que la señaló de guerrillera.

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CAMBIO: Su llegada a la Cámara, como la de Wally al Senado, muestra el éxito de las redes sociales en la política. Pero la campaña de Iván Cepeda recibió muchas críticas por su estrategia digital. ¿Por qué esa brecha entre el éxito en redes de la campaña al Congreso del Pacto Histórico y lo que le faltó a la campaña presidencial?

Laura Beltrán: Aunque nosotros hayamos ganado a punta de votos por un trabajo digital y esas nuevas formas de hacer política electoral, tal vez no todo el mundo las entiende, y es normal: algunos nos quedamos en lo partidista, en las teorías organizativas, en las asambleas barriales, y desconocemos un poco el espectro comunicacional. Lo digo también con una mea culpa del partido: ya hicimos ese ejercicio de reflexión. Se habló del asunto, creo que en segunda vuelta lo entendimos un poco, pero ya era tarde, ya había un cúmulo de narrativas digitales instauradas desde la otra campaña. Es una culpa que hay que asumir, y también una reflexión hacia la izquierda sobre las nuevas formas de hacer política que la derecha en el mundo ha entendido de una manera increíble: ahí están Bukele, ahí está Trump como el mejor ejemplo de esto.

CAMBIO: ¿Cómo fue ese proceso de mea culpa y qué lecciones quedaron?

L.B: Perdimos la Presidencia. Con las críticas que podamos tener, con las dudas sobre la legitimidad del presidente electo Abelardo de la Espriella, sí creo que el auge de la ultraderecha en el mundo no se explica solo por el uso de las redes, sino por unas narrativas que ni siquiera tienen peso sobre las ideas de un modelo de país. Que me digan que Abelardo es un outsider, bueno, pero esa diferencia no viene con un modelo de país pensado en el respeto a los derechos ni en algo nuevo. Sigue siendo un modelo neoliberal, sigue siendo un modelo oligárquico, solo que cambia de cara. La narrativa terminó siendo más emocional, más nacionalista, más simbólica, y ahí ganó. Ese análisis lo tenemos que hacer los movimientos de izquierda, los socialdemócratas, quienes construimos la Alianza por la Vida: repensar incluso la política nacional y las formas en que la hacemos.

CAMBIO: Usted es representante por Bogotá, y la ciudad tuvo una dinámica muy pareja en la que la izquierda pareció ceder terreno. ¿Qué pasó en la capital?

L.B: Varias cosas. Lo primero es que nuestra relación con las alcaldías durante el gobierno Petro no fue buena: varios de los proyectos que el gobierno nacional intentó instaurar en Bogotá siempre tuvieron una barrera en la Alcaldía, y por eso beneficios que sí llegaron en otras regiones acá no fueron tan claros. Lo segundo es que nos disputamos el escenario de la clase media, y ahí perdimos una lectura política y comunicacional. Hay una clase media aspiracional: la gente votó por Abelardo porque "hay que proteger las empresas", aunque no tenga empresa, porque aspira a tenerla algún día. Esa clase media, que habita Bogotá y que tiene un auge prominente, es la que le da la espalda al progresismo, así muchos de ellos hayan salido de un estrato bajo a uno medio durante la alcaldía de Petro. Perdimos la narrativa de que el debate no es sobre lo aspiracional, sino sobre las políticas públicas de fondo: usted no es empresario hoy, y puede que no lo sea nunca, pero hay derechos que hay que garantizarle.

CAMBIO: Usted va a ser una de las congresistas más jóvenes. ¿Qué representa eso y qué mensaje le envía a una juventud que ya no es automáticamente de izquierda?

L.B: El Pacto, gracias al presidente Gustavo Petro, abrió el escenario democrático con las consultas. Así no se quiera reconocer, las izquierdas también tienen sus lugares tradicionales, sus apellidos y sus formas, igual que la derecha. Si no se hubieran hecho esas consultas, Lalis hoy no sería representante a la Cámara, porque me lo gané legítima y democráticamente. Eso nos permite entender que uno ya no tiene que ser hijo de nadie para ocupar este lugar. Yo soy una mujer de un barrio popular, viví toda mi vida en el sur de la ciudad, en Soacha, y esa muchacha que no aspiraba sino a ser cajera de supermercado, sin desmerecer ese trabajo que es durísimo, hoy está acá. El mensaje a los jóvenes es: entendamos juntos cómo funciona el Congreso, porque no es tan utópico como uno desearía. Hay partidos en el país que se alían siempre con quien gana, no importan los principios, importan los resultados. Por eso hay que acercarles el Congreso a la gente, desescalar el lenguaje para que se entienda. Si uno no ha hecho nada, no tiene que tener miedo a que le hagan veeduría.

CAMBIO: La juventud tiene también el peso de la inexperiencia. ¿Cómo compensar la falta de conocimiento de la tramitología del Congreso con la fuerza de una curul joven?

L.B: La gente dice "usted por ser joven no conoce la ley quinta", y no es cierto. Yo fui de la Unidad de Trabajo Legislativo de un congresista, toda mi vida he hablado de política, me he visto los debates que uno quiera. La juventud no es igual a desconocimiento ni a falta de experiencia. Hay que desescalar esos prejuicios, y la gente lo va a poder comprobar en plenaria y en la Comisión Primera.

CAMBIO: ¿Tiene algún referente que haya pasado por el Congreso?

L.B: El presidente Petro. Soy una fiel seguidora del líder natural de este proyecto político. Aida Avella es una gran parlamentaria, y Alirio Uribe daba unos debates maravillosos; es una pérdida enorme para el Congreso que ya no esté. En el mundo, sigo a Ofelia Fernández en Argentina, que fue diputada muy joven, recibió las mismas críticas sobre la falta de experiencia y terminó diciendo que no quería reelegirse, que quería seguir con su vida.

CAMBIO: ¿Qué autocrítica hace del paso del Pacto como partido de gobierno?

L.B: Hubo esfuerzos enormes, destaco el trabajo de varios colegas. Pero el funcionamiento del Congreso es muy difícil: al presidente Petro le dieron seis meses de luna de miel, y después el Congreso se aparta del gobierno porque dejó de moverse por ideales y empezó a moverse por intereses. Nosotros tampoco éramos mayoría. Ahí hay derrotas importantes que reconocer, por la conformación misma del Congreso. Nos faltó un mea culpa en términos de comunicación: si a la gente no se le cuenta lo que uno hace, es como si no lo hiciera. Uno puede dar debates maravillosos, pero si nadie los vio, no hizo nada.

CAMBIO: ¿Cómo se ve la figura de Gustavo Petro después del 7 de agosto?

L.B: Eso habrá que preguntárselo a él. Lo que digo es que es el líder natural de este proyecto político. Quien desconozca que el presidente nos ha dado grandes victorias, y que gracias a él hoy todos hacemos parte del Pacto Histórico, miente, y yo diría que es un traidor. Después del 7 de agosto, Petro tiene la responsabilidad de seguir liderando este asunto, aunque eso lo digo yo como Lalis, a título personal; lo que decida el partido habrá que verlo. Pero si uno escucha a la mayoría de mis compañeros, coincidimos en que el líder natural sigue siendo el presidente Gustavo Petro.

CAMBIO: ¿Lo ven como director o presidente del partido sin problema?

L.B: Seguramente, ojalá. 

CAMBIO: En algún momento sonó el nombre de Roy Barreras...

L.B: Eso fue un chisme: yo estuve en esa reunión y ese nombre nunca se puso sobre la mesa. Todos sabemos cómo funciona la prensa, se filtra algo para hacer ruido. El líder natural es Petro.

CAMBIO: Muchos analistas dicen que Petro terminó restándole votos a Cepeda, sobre todo en el centro que había que conquistar. Además, sigue sosteniendo la tesis del fraude. ¿Qué opina de eso?

L.B: Dos cosas. Primero, no creo que se puedan condenar las formas del presidente Petro, porque esas formas son las que lo llevaron a donde está; guste o no, es el presidente. Cuestionar eso me parece hasta bajo. En la disputa de fondo, decir que el presidente le hizo daño a un proyecto que buscaba proteger la vida, cuando del otro lado hay alguien que dice que hay que "destripar" a la izquierda, es una amenaza directa a una forma de pensar. Si eso no conmueve, tampoco es culpa de Petro; en este país todo lo que pasa, incluso del lado de la derecha, se le termina cobrando a él. Segundo, frente a las dudas legítimas del presidente, hemos recibido denuncias importantes, pero eso lo tiene que aclarar la institucionalidad. Son dos conceptos distintos: la legitimidad con la que se eligió a Abelardo de la Espriella es una discusión, y la institucionalidad es que hoy él tiene la certificación de presidente electo y el siete de agosto será presidente en ejercicio. Cuestionar eso y decir que el presidente "está loco" me parece ingenuo; llegará el momento en que se sepa si algo se probó o no.

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CAMBIO: Y si la institucionalidad dice que no hubo fraude, ¿ustedes lo aceptan?

L.B: Sí, claro.

CAMBIO: ¿Qué papel debería jugar Iván Cepeda de aquí en adelante, sin competirle a la figura de Petro?

L.B: Eso es fácil de ver. Iván fue nuestro candidato y, por estatuto, es el líder de la oposición desde la institucionalidad; eso es un debate distinto al de la dirigencia del partido, que es un trabajo complicado, porque varios de los que hoy componen el Pacto Histórico renunciaron a su nombre histórico para sumarse. Son cosas distintas.

CAMBIO: Usted insiste mucho en el tema de comunicaciones. ¿Hay algo que aprenderle a la campaña de Abelardo de la Espriella?

L.B: Profesionalmente, el estratega lo entendió perfectamente, aunque no es nada nuevo: lo hizo Bukele, lo hizo Trump, es una tendencia mundial. Yo no duplicaría esas formas, porque se quedaron en lo emocional. Todavía no resolvemos como país si vamos a discutir sobre ideas o sobre emociones, y ellos entendieron que era más fácil vender emoción, vender al superhombre. En términos académicos hay un concepto nuevo para eso, que podría llamarse neofascismo: el tránsito hacia la simbología del superhombre, ir a posicionarse en una base militar, el mensaje de fuerza y de los "superguerreros" que nos van a rescatar. Eso es comunicacional y político, y lo entendieron. Yo no entraría a copiarlo, sino a pensar cómo disputarnos ese espacio para que vuelvan a brillar las ideas y no las emociones.

CAMBIO: En otra entrevista usted dijo que había aprendido a ser menos visceral. ¿Cómo concilia eso con un escenario tan visceral como el Congreso?

L.B: Uno puede dar el debate sobre las ideas sin humillar al otro. Ahí hay que empezar a cambiar, porque los escenarios viscerales se prestan para eso. Yo puedo escuchar, podemos conversar, y te puedo demostrar con argumentos técnicos que represento un modelo de país diferente; quien lo dude no me ha seguido en esta carrera. Cuando uno tiene convicciones que le mueven el alma, se las toma en serio, y eso te lo cobra la vida. Aprendí a no hacer lo que no me gustaría que me hicieran. De más joven era más emocional; los últimos años decidí estudiar, prepararme, convertir mis ideas en propuestas tangibles que no me lleven a humillar a nadie, porque tampoco me gustaría que me humillaran. El psicólogo ha sido fundamental en ese proceso, y en el Congreso lo va a ser todavía más.

CAMBIO: La relación entre los sectores feministas y este gobierno que termina no quedó en la mejor forma. ¿Cuál es su balance?

L.B: En la última reunión de bancada dije que había que tener un protocolo de violencias basadas en género, y que todos los hombres del partido debían tomar un curso para deconstruir su machismo interiorizado. Estuvieron de acuerdo, Iván Cepeda estuvo de acuerdo, y me pareció un mensaje hermoso, aunque necesario: la izquierda no es perfecta y le hace falta estudiar. Una de las palabras que más le agradezco al presidente Petro es que me dijo que había que estudiar, prepararse para todo tipo de espacios. El Pacto necesita hacer un análisis real de lo que representan las mujeres en los proyectos y el feminismo como movimiento político; ya no basta con decir "cumplimos la cuota de género" cuando puertas adentro siguen pasando micromachismos, como que si una compañera está hablando, un hombre sube más la voz para ganarle el debate. No creo que la relación del presidente Petro y el feminismo haya terminado rota por completo. Ha habido avances, como la política feminista de política exterior que firmó este gobierno. Pero las izquierdas tenemos que hacer ese análisis, y no me da miedo decirlo: se lo he dicho a la bancada y lo he dicho públicamente.

CAMBIO: Entonces, ¿el Pacto Histórico debe deconstruirse?

L.B: Sí, hay que hacer esos ejercicios, incluso las mujeres, porque a veces también tenemos comentarios de machismo interiorizado, producto de la cultura y de la formación que uno recibe. Hay que dar esos debates en escuelas de formación, y no hablo solo de las feministas con academia, sino de las madres comunitarias y las feministas de los barrios, que hacen un trabajo indispensable. El Pacto está avanzando en eso, y me alegra que lo hayamos entendido.

CAMBIO: Hay nombres controvertidos que se mantuvieron durante buena parte del gobierno por decisión del presidente Petro, como HolLman Morris Y Armando Benedetti. ¿Cómo se concilia eso con la idea de un Pacto que se quiere deconstruir?

L.B: Yo fui muy crítica de HolLman Morris y no tengo problema en decirlo; hice un video al respecto y me costó que un par de personas dejaran de saludarme. No me importa, porque hay que ser coherente. Yo soy una mujer que ha sufrido violencias muy complicadas, y no lo digo para victimizarme, sino porque entiendo lo que es estar del lado de "no te creo". Dije que Hollman debía renunciar hasta que se le resolvieran todos los casos. Las decisiones del señor presidente son las decisiones del señor presidente, pero eso no quiere decir que puertas adentro no exista un debate constante sobre el protocolo de violencias basadas en género, que además debe estar escrito por mujeres que entiendan el tema, no solo por hombres. Esas reflexiones nos van a llevar a no quedarnos calladas, aunque nos ha costado mucho hablar de esto.

CAMBIO: ¿Se imagina a futuro que el Pacto Histórico esté liderado por una mujer, y no necesariamente por Petro?

L.B: Claro. El presidente Petro es el líder natural del proyecto, y eso no es porque sea hombre, sino porque ha sido él quien ha dado estas iniciativas; eso no quiere decir que las mujeres no tengamos otros espacios en el trayecto político. No ha sido fácil para ninguna de nosotras. Admiro profundamente a Carolina Corcho, que ha tolerado de todo, no solo afuera sino adentro del partido; es un ejemplo de lo que las mujeres deberíamos hacer en la izquierda. 

CAMBIO: ¿No era mejor opción presidencial que Cepeda?

L.B: No sé si pudo ser mejor candidata que Iván Cepeda, eso solo lo sabe una bola mágica, pero sin duda la veo presidenciable, tal vez no en 2030, pero es una mujer maravillosa para este proyecto y tiene el país en la cabeza.

CAMBIO: Hablando de simbolismos, están las discusiones sobre las camionetas y el salario de los congreistas. ¿Qué va a hacer sobre eso?

L.B: En mi vida nunca me he ganado más de 15 millones de pesos al mes, así que la rebaja del salario no me afecta; cuando se discutió bajarlo, para mí daba igual, además de que siento que tengo un nivel de vida muy tranquilo. En seguridad, siempre me rehusé a tener esquema de protección, porque me parece una violación a la intimidad. Pero un concejal de Medellín (Andrés Gury Rodríguez) bastante responsable subió un video terrible asegurando que yo era guerrillera de las FARC y del ELN; estoy en proceso con él ante la Fiscalía y no quise conciliar. No tienes idea de la cantidad de amenazas, gritos e insultos en la calle que me gané gracias a ese señor. Todo está documentado, lo puedo probar ante la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo; me llegaron a llamar para avisarme el supuesto día de mi funeral. Ahora estoy en estudios de seguridad, y si la institucionalidad determina que necesito un esquema, así será; si no, no pasa nada.

CAMBIO: ¿Extraña la vida sin tanta exposición?

L.B: Antes yo era, como quien dice, una ratón de laboratorio: uno hace contenido desde la casa, ve prensa, escribe guiones, graba y edita ahí mismo. Ahora uno sale, tiene reuniones, y también hay lugares donde la gente se pone muy hostil. Una vez un señor me sacó un cuchillo, como si nada. Otro día, en plena segunda vuelta, estaba haciendo una vuelta en la EPS, y un señor en un café empezó a gritarme con una cara de odio total, sin que yo le hubiera hecho nada. Son las narrativas de volver al otro menos humano que uno.

CAMBIO: Se ha tejido la teoría de que el Pacto Histórico podría votar con el Centro Democrático el 20 de julio, sobre todo para la presidencia del Congreso. ¿Eso tiene algún sustento?

L.B: No. Si a Daniel Briceño lo traicionó su propio partido, no es culpa de Petro; eso es una disputa que se tiene que dar al interior de ese partido, y también es un debate técnico. Yo, al menos, no siento que él pueda ser un buen presidente de la Cámara, porque el presidente da garantías, y él me ha destruido moralmente hasta donde ha podido, me ha intentado quitar el derecho al trabajo públicamente. Eso no me asegura que vaya a ser un buen presidente de la Cámara, pero es un pensamiento mío. Si su propio partido le dio la espalda, ese es un problema de él y de su partido con Abelardo; nosotros no tenemos nada que ver ahí. 

Seguimos siendo una bancada grande, pero seguimos siendo minoría, porque los partidos de siempre se van a aliar con los de siempre para darle gobernabilidad al gobierno de turno, hasta que haya una ruptura; no sé cuál, habrá que esperar. Así funciona el Congreso: hay partidos que se alinean con el gobierno de turno porque así es el sistema. Por eso hay que escuchar las ideas y mirar quién se mantiene firme en las suyas; esa teoría de la alianza me parece, la verdad, un poco floja.

CAMBIO: Para cerrar: ¿cuál es su mayor temor de cara al último día de estos cuatro años, cuando tenga que entregar su curul?

L.B: No cumplirle a la gente. Le debo a los vendedores informales una reforma al artículo del Código de Policía para que se les respete; le debo a los muchachos del paro, de donde yo salí, una reforma a la Policía; les debo blindar sus derechos; le debo a los señores y señoras de las plazas de mercado, los vivanderos, la protección de esos espacios públicos en Bogotá. Eso es lo que más miedo me da no cumplir. Es utópico, porque siendo oposición no vamos a pasar reformas, eso normalmente lo logra el gobierno de turno, pero voy a intentar conciliar lo que más pueda con mis compañeros para devolverle esos derechos a la gente. Voy a estar ahí para mostrarle a la gente todo el proceso, para que sepan que al menos se hizo el trabajo. Lo espero de todo corazón.
 

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