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Rudolf Hommes
Puntos de vista

Elecciones y valores

A muchos nos llamó la atención que Sergio Fajardo nombrara a Edna Bonilla como su candidata a vicepresidente. Nos gustó mucho la selección, pero no entendíamos cuál era el propósito y el mensaje que Fajardo quería enviar con ese nombramiento. 

El misterio vino a aclararlo el jueves en la mañana un ilustrativo estudio de valores de nuestros ciudadanos, titulado ‘¿Cómo somos los colombianos?’, que repartieron directamente el presidente del Grupo SURA, Ricardo Jaramillo Mejía, y David Escobar Arango, director de CONFAMA, a un amplio número de personas para divulgar los resultados de la octava medición de la Encuesta Mundial de Valores. 

Allí aparece en primer lugar que la mayor aspiración de los colombianos es educarse, por encima de tener vivienda propia, trabajo, carro o viajar. Edna Bonilla fue muy exitosa como secretaria de Educación del Distrito de Bogotá en la alcaldía de Claudia López, a quien reemplazó varias veces. Ella fue una reformadora y promotora de importantes transformaciones de la educación pública en Bogotá. El día cuando anunciaron su candidatura a la Vicepresidencia dijo que la educación va a ser la prioridad del gobierno al que aspira pertenecer. Sergio la nombró para ir cumpliendo las promesas contenidas en su programa y para mandar una señal de que él sigue personalmente interesado en mantener muy buenas relaciones con su opositora Claudia López, tal vez pensando que, pasada la primera vuelta, podrán aliarse.

Aclarado este asunto, el estudio del documento sobre los valores de los colombianos contiene además un buen número de posibles relaciones entre dichos valores y los votos de colombianos en las elecciones presidenciales. Por ejemplo, el 79 por ciento de los colombianos considera mala idea que el Ejército gobierne el país, el 83 por ciento considera bueno que Colombia tenga un sistema político democrático y el 70 por ciento desaprueba que lideres políticos decidan sin contar con la voluntad del pueblo. 

Me imagino que esta información le hará reconsiderar a Abelardo de la Espriella su faux militarismo y los uniformes bélicos con los que se viste e hizo vestir a su recién nombrado candidato a vicepresidente, que parecía mosco en leche saludando como militar y luciendo esas prendas. En la universidad que dirige seguramente desconocieron a su rector. 

También deberá tener en cuenta Iván Cepeda la manifiesta aversión popular al autoritarismo. La dictadura “del proletariado” no es un gobierno del pueblo, sino controlado por otra élite abusadora y privilegiada. 

A Iván y a Aída les tiene que preocupar que un 80 por viento de los entrevistados en la encuesta de valores creen en la democracia liberal para gobernarnos. Imponer un gobierno autoritario como los de Cuba, Nicaragua o Venezuela va a disgustar a la mayoría de la población. 

Los colombianos valoran el crecimiento económico, el respeto por la autoridad, mantener el orden, darle a la gente mayor participación tanto en lo político a nivel nacional y local, “tratar que nuestras ciudades sean bellas”, preservar el medioambiente y respetar los derechos humanos. Estos son valores democráticos liberales.

Llama la atención que a los más pobres (estratos 1 y 2), y en la región Caribe, les interesa menos el crecimiento económico, y que a las mujeres les importa más que a los hombres. Esta jerarquía de prioridades parece contraria a los extremos en la elección presidencial y le debería dar mayor respaldo a los candidatos más liberales, que serían la ‘nueva’ Paloma, menos autoritaria que en la versión anterior, lo mismo que a Sergio Fajardo, a Claudia López y a Roy.

La encuesta de valores también ha detectado que la gente en Colombia va en camino de ser más tolerante y menos discriminatoria de minorías, inmigrantes o “gente diferente”. La manera como educan a sus hijos hace esto evidente, pues promueve la tolerancia y la imaginación como elementos claves en la crianza. 

También es muy estimulante que la clase media impulse la confianza y la participación ciudadana, así como que confíe más en las universidades que en el resto de las instituciones, pero no lo es que desconfíe más de los funcionarios públicos, sindicatos, del Congreso y, en general, del gobierno. Estas últimas desconfianzas obrarían en estas elecciones a favor de los candidatos liberales, de derecha moderada o social demócratas, y estarían en contra de los extremos. Esto es importante porque la clase media es la que más vota y el 83 por ciento de ella está a favor de un sistema político democrático para gobernar al país. 

Los cinco objetivos más valorados por los jóvenes son, en su orden, un mayor crecimiento económico, mantener el orden, dar a la gente mayor participación a las personas en el trabajo y en las comunidades, proteger la libertad de expresión y las decisiones importantes del gobierno. Los jóvenes son más escépticos sobre la democracia que el resto de los colombianos, pero el 82 por ciento de ellos afirma que es bueno o bastante bueno tener un sistema político democrático y el 81 por ciento rechaza la posibilidad de un gobierno militar. Son relativamente más de izquierda que de derecha en lo económico. Marginalmente son más partidarios de subsidios y ayudas y menos aversos a las empresas públicas y a el estatismo que el resto de la población.

Es interesante concluir que si la sociedad es como la describen los resultados de esta encuesta, no deberían ir los dos extremos adelante en voluntad de votos para las próximas elecciones presidenciales. Los dos son autoritarios e intolerantes, limitarían la libertad individual y no descartan la violencia. ¿Cómo evitar entonces que prevalezcan el odio y el revanchismo? Los candidatos democráticos deberían convocar a la clase media y a los jóvenes para conservar la libertad y generar prosperidad incluyente.

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