
Ana Ibáñez: la neurocientífica que pone a ‘sudar’ los cerebros
La ingeniera química, escritora, piloto de helicóptero y conferencista estuvo en Bogotá y habló con CAMBIO sobre sus hallazgos más esperanzadores y los gimnasios cerebrales que traerá a Colombia. “De ninguna manera somos presas de nuestras circunstancias. Ni siquiera de nuestro cerebro, pues lo podemos cambiar”, dice.
Ana Ibáñez empezó su conferencia en Bogotá hablando de Jim Hines, el primer atleta en correr la prueba reina del atletismo de los 100 metros en menos de 10 segundos –en los Juegos Olímpicos de México de 1968, con un registro de 9,95 segundos–. Más allá de la impresión inicial que le generó el hito alcanzado por el corredor negro de Arkansas, la neurocientífica contó que su asombro se exacerbó con lo que pasó después, gracias a que Heines le reveló a la humanidad que sí era posible correr la prueba en menos de 10 segundos. Y en un periodo de tiempo relativamente corto, muchos corredores le secundaron. Uno a uno bajó así la marca que, durante décadas se consideró, simple y llanamente, un imposible.
14 October 1968. Jim Hines (USA) became 1st man to break the “10 second barrier” in an Olympic 100 metres Final, in Mexico City, with a time of 9:95, which was also a world record that would stand for 15 years. pic.twitter.com/tXo33zN18D
— Prof. Frank McDonough (@FXMC1957) October 14, 2024
El oficio de Ibáñez podría describirse como el arte de ayudar a los seres humanos a transitar de lo imposible a lo posible. Ingeniera química, exnadadora de alto rendimiento, piloto de helicóptero, escritora y conferencista, por 16 años se ha dedicado a la neurociencia aplicada. Además de viajar por el mundo compartiendo sus esperanzadores hallazgos, la científica es la cabeza de Mindstudio, un grupo de gimnasios con sedes en Barcelona, Madrid y Valencia destinados a mejorar las conexiones neuronales en tiempo real.
Así como en los gimnasios tradicionales se entrena la resistencia, la fuerza, el equilibrio y la elasticidad muscular, en los gimnasios cerebrales que inventó la española, junto a su equipo de trabajo, valiéndose de la tecnología de última generación, los asistentes siguen rutinas personalizadas, y científicamente medidas, para mejorar su rendimiento. Insomnio, migraña, ansiedad, trastornos de atención, pérdida y mejoría de la memoria, gestión emocional, rendimiento deportivo y optimización de la energía son algunas de las cualidades cerebrales que se atienden, y entrenan, en los centros.
Después de tomarse fotos con los asistentes que, conmovidos, la esperaron a la salida de la conferencia, patrocinada por el banco BBVA, CAMBIO conversó con Ibáñez sobre la aplicabilidad de su modelo en un país signado por la violencia como Colombia. Y también sobre la libertad, el trauma, la plasticidad cerebral, el poder del error y las ondas alfa y beta.

CAMBIO: Técnicamente, pero para el público general, ¿qué es exactamente lo que ocurre para el cerebro en sus gimnasios?
Ana Ibáñez: En nuestros gimnasios entrenamos las áreas cerebrales en función de lo que cada persona necesita. En ese sentido, es muy apropiada la analogía con un gimnasio tradicional en el que te hacen levantar ciertas pesas en función de ciertos músculos; pues en Mindstudio hacemos eso, pero con el cerebro: leemos las frecuencias cerebrales de las distintas áreas cerebrales con electrodos y en función de lo que queremos conseguir y de la lectura que hacemos ponemos en marcha ejercicios para mejorar esas frecuencias.
Te pongo un ejemplo para que sea más claro: hay un tipo de frecuencias que nos ayudan a dormir que se llaman las frecuencias delta. Entonces, si alguien quiere dormir mejor o no puede dormir, nosotros leemos esas frecuencias delta en las áreas del cerebro que desencadenan y mantienen el sueño para forzar a esa persona a que genere más frecuencias delta. Literalmente logramos que un cerebro que no sabía dormir aprenda a hacerlo.
Literalmente logramos que un cerebro que no sabía dormir aprenda a hacerlo.
Y eso lo hacemos con todo. Con la concentración y las frecuencias beta, con la calma y las frecuencias alfa… Al final lo que ofrecemos es un entrenamiento personalizado basado en objetivos que quieras conseguir.
CAMBIO: He visitado la página de Mindstudio y veo que detrás de usted hay un gran equipo de profesionales muy capacitados. ¿Han pensado en expandir su modelo a otras partes del mundo? ¿Qué tan lejos estamos de tenerlo en Colombia?
Ana Ibáñez: En realidad estamos muy cerca de tener los centros en Colombia. Estoy creando una nueva tecnología de entrenamiento con un equipo muy grande atrás –ahí es donde sale mi parte más ingenieril– para lograr que a finales de año podamos traer a este país nuestros entrenamientos controlando toda la información desde España.
Abriremos un centro en el que habrá entrenamientos presenciales, pero con la certeza tecnológica –una de nuestras grandes apuestas– de que yo pueda monitorear con la mayor precisión y estar muy presente en el proceso.
Si me preguntas, podríamos tener 50 centros más de los que tenemos, pero no lo hemos hecho porque la expansión tiene que hacerse realmente bien y de forma responsable.
CAMBIO: Saliéndonos un poco de las habilidades duras y más tangibles como la memoria y la atención me interesa preguntarte sobre la dimensión espiritual. ¿Se entrena el amor? ¿Se entrena la compasión? ¿Se entrena la esperanza?
Ana Ibáñez: Qué buena pregunta. En efecto, estas emociones se entrenan porque son una buena mezcla entre lo que está produciendo nuestro cerebro límbico a nivel de la amígdala y del hipocampo, de cómo nos conectamos con nuestras memorias, vivencias y con las emociones más elevadas que hemos tenido; pero también tiene mucho que ver con cómo se conecta una zona de nuestro cerebro, específicamente en el hemisferio derecho: nuestra parte frontal y prefrontal derecha.
En estas partes del cerebro hay unas frecuencias, que son más lentas y que se llaman Alfa y Teta y que le permiten al cerebro fundirse con el entorno y sobre todo conectarse profundamente con el subconsciente. Es muy curioso, pero después de cumplir este tipo de sesiones sales sintiendo que estás conectado con una energía mucho más amorosa hacia ti y hacia los demás. Hay personas que salen diciendo que están en otra dimensión, mucho más amorosa, con ellos mismos como primeros benefactores. Me encanta pensar esto como un vínculo con esa sabiduría interna que todos tenemos, que en términos más técnicos podemos nombrar como la ventana o la frecuencia Alfa-Teta, en la que realmente te conectas con tus emociones y vienen imágenes y sensaciones de quién quieres ser.
CAMBIO: Como sabrá, Colombia es un país que en muchas partes está signado por la violencia o por entornos muy hostiles. ¿Cómo ha sido su trabajo de entrenamiento cerebral en lugares atravesados por el trauma?
Ana Ibáñez: Definitivamente, a nivel cerebral, el trauma deja una huella. Sabemos que nosotros estamos en la capacidad de que esa huella se borre del cerebro y que las personas no tengan que vivir secuestradas por el trauma. Que logren dar un paso adelante y cambiar su vida. Va a ser muy interesante, a partir de la tecnología que estamos desarrollando, poder llegar a lugares de bajos recursos que no tienen acceso a este tipo de entrenamientos. Lo que haremos es llegar con nuestro equipamiento y equipo de entrenamiento para abordar lo que más se necesita en estos tipos de lugares: saber perdonar, quitar traumas, poder soñar con una vida mejor.
Sabemos que nosotros estamos en la capacidad de que esa huella se borre del cerebro y que las personas no tengan que vivir secuestradas por el trauma, puedan dar un paso adelante y cambiar su vida.
Lo que es muy claro es que nada va a cambiar si las personas siguen ancladas en la amargura, en el no creer, en la creencia de cero posibilidades. Por muy duras que sean las circunstancias –que no tengo duda de que lo son–, cuando tu cerebro se conecta con lo bueno que albergas, eres capaz de ver la luz, por más oscuridad que se experimente. Será una de las prioridades cuando contemos con la nueva tecnología.
CAMBIO: Quisiera que nos hablara sobre el valor que le da al temor y al error a la hora de hablar de cambio y plasticidad cerebral.
Ana Ibáñez: Se ha demostrado –y es una cosa que estamos estudiando e investigando ahora mismo y que veo en mi práctica diaria– que la circunstancia en la que el cerebro tiene más ganas de cambiar, más posibilidad de cambiar; es decir, más plasticidad cerebral, es cuando enfrenta una situación incómoda.
Cuando incomodas a tu cerebro le exiges a cambiar. Entonces los errores, los temores, las crisis, los momentos difíciles son un caldo de cultivo buenísimo para el cerebro. Cuando un cerebro está ahí, incómodo, es cuando más posibilidades tenemos de trabajar con él. Cuando más ganas y necesidad de cambio presenta.
CAMBIO: ¿Podrías profundizar entre la distinción entre estrés positivo y estrés negativo para entender mejor cómo los mismos síntomas en un caso afectan nuestra salud y en otro empoderan el sistema cognitivo y nervioso?
Ana Ibáñez: Efectivamente, hay síntomas que te hacen mal o bien en función del significado que les da tu cerebro. Hay estudios que demuestran que la actividad cerebral es muy distinta cuando la persona interioriza que los síntomas que está sintiendo son necesarios para lograr lo que sea que está intentando, a cuando la persona está padeciendo estos mismos síntomas.
Cuando logramos poner el estrés a jugar a favor, con un objetivo claro y por un tiempo determinado, la actividad cerebral no involucra a la amígdala y, por ende, no hay riesgos cardiovasculares, como sí pasa cuando lo que experimentamos es un estrés negativo en el que el cuerpo está siendo machacado por los síntomas.

CAMBIO: Has dicho que la personalidad misma es un invento y un relato. Cuál es tu postura sobre el libre albedrío, ¿somos más o menos libres de lo que pensamos?
Ana Ibáñez: Creo que cuando una persona defiende su libertad y la pone en un sitio predominante de su vida, se empieza a dar cuenta de que es mucho más libre de lo que piensa. Porque se pone por delante y no se mete en situaciones que no elige y que no tienen algún propósito. ¿Que es inevitable incomodarse y atravesar situaciones duras? Por supuesto, pero ya estas se hacen desde la claridad de que obedecen a algo y no desde esa resignación a ser solo un producto de las circunstancias que vivo.
Estoy totalmente en contra de que somos un producto de las circunstancias que nos toca vivir. De hecho, por eso digo, ni siquiera nuestro cerebro es una circunstancia que tengamos que aceptar: lo podemos cambiar.
Estoy totalmente en contra de que somos un producto de las circunstancias que nos toca vivir. De hecho, ni siquiera nuestro cerebro es una circunstancia que tengamos que aceptar: lo podemos cambiar.
CAMBIO: Una última, filosófica, para cerrar como se debe: ¿cómo sería nuestro cerebro si hubiera evolucionado a la velocidad que lo hizo la vida moderna?
Ana Ibáñez: Si nuestro cerebro funcionara a la perfección para los tiempos que corren, en vez de tener una vocecilla que se resiste a cualquier cambio y que nos moviliza desde el miedo, esa misma voz nos diría que sí que es posible: “venga, que ya lo has hecho muchas veces”. El gran problema con nuestro cerebro es que en vez de animarnos nos machaca, metiéndonos miedos que son innecesarios. Nuestra sociedad está movilizada todo el tiempo por el miedo, y en vez de ilusionarnos, le echamos más leña al fuego. Las circunstancias son lo que son, pero tenemos una participación activa en la que podemos decidir –o no– a llevar nuestra mente a ver lo positivo, lo constructivo. El gran antídoto está en la ilusión y en el deseo.
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