
Estudiantes bolivianas desarrollan innovador anticonceptivo masculino a base de papaya: ¿cómo funciona?
El proyecto, llamado Carispermex, busca convertirse en una alternativa natural y reversible para la planificación familiar masculina. Aunque sigue en fase experimental, en entrevista con CAMBIO, las investigadoras dijeron que tiene potencial para redistribuir la responsabilidad anticonceptiva. Conozca los detalles.
Por: Nataly Ríos
Un grupo de estudiantes de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), en El Alto, Bolivia, desarrolló un producto que tiene potencial efecto anticonceptivo masculino reversible a partir de semillas de papaya. Una propuesta que busca ofrecer alternativas frente a los efectos hormonales que generan algunos métodos anticonceptivos femeninos.
El producto, denominado Carispermex, es un granulado efervescente elaborado a partir de extracto de semillas de papaya (Carica papaya L.), una planta conocida por sus propiedades bioactivas. Además, tiene sabor similar al café, aunque no contiene cafeína y está diseñado para administrarse durante diez días, con un efecto potencial anticonceptivo de aproximadamente un mes.
La iniciativa fue desarrollada por Jovita Baltazar, Nadia Gisela Janco Acarapi y Cristyane Laura, estudiantes de octavo semestre de Bioquímica y Farmacia de Unifranz El Alto, bajo la tutoría del docente Cervando Gutiérrez, quienes señalaron que el proyecto busca abrir nuevas posibilidades de planificación familiar para los hombres mediante métodos accesibles y basados en recursos naturales.
De acuerdo con las investigadoras, el desarrollo del anticonceptivo se apoyó en estudios científicos previos y en investigaciones realizadas en animales, adaptando las dosis para explorar una posible aplicación en humanos. Sin embargo, aclararon que el producto aún se encuentra en fase experimental y no cuenta con pruebas clínicas.

Las estudiantes sostienen que el tratamiento farmacéutico de la semilla de papaya podría generar un efecto de azoospermia, es decir, una reducción o anulación temporal de los espermatozoides, sin afectar permanentemente la fertilidad masculina. Según explicaron, la función reproductiva se restablecería una vez se suspenda el consumo.
“Pensamos este producto como un aporte real a la sociedad. Queremos que los hombres también tengan opciones responsables para la planificación familiar, y que estas sean accesibles, seguras y basadas en recursos naturales”, le explicó a CAMBIO Jovita Baltazar, una de las creadoras del proyecto.
Una investigación basada en evidencia científica
Las semillas de papaya han despertado interés científico desde hace años por sus posibles efectos sobre la fertilidad masculina. Según explicaron las investigadoras a CAMBIO, distintos estudios realizados en laboratorio y modelos animales muestran que algunos compuestos presentes en la planta, como la carpaína y los isotiocianatos, pueden disminuir la movilidad, viabilidad y concentración de los espermatozoides.

De acuerdo con las estudiantes, los extractos administrados por vía oral en animales generaron alteraciones espermáticas reversibles, es decir, que la fertilidad tendía a recuperarse después de suspender el tratamiento.
En cuanto a la metodología, la mayor parte de la evidencia disponible proviene de estudios preclínicos y ensayos realizados en laboratorio, generalmente con muestras pequeñas y diferentes métodos de extracción. Hasta el momento no se han realizado estudios clínicos controlados en humanos que permitan definir parámetros estandarizados ni conocer con precisión su comportamiento en hombres adultos. Por ello, aunque son resultados alentadores todavía son preliminares.
El reto de demostrar seguridad y eficacia
Según las estudiantes, las pruebas realizadas hasta ahora sugieren que el margen de seguridad es amplio, ya que se necesitarían dosis muy elevadas para causar daño. Sin embargo, los posibles efectos secundarios a corto y largo plazo en hombres todavía no han sido estudiados en ensayos clínicos formales. Además, el hecho de que la reversibilidad haya sido comprobada en animales no garantiza que ocurra exactamente igual en el organismo humano.
Además, las investigadoras explicaron que uno de los mayores desafíos será evaluar cómo podría impactar el producto en funciones hepáticas, renales, cardiovasculares y endocrinas antes de avanzar hacia ensayos clínicos.

Para lograrlo, el proyecto deberá atravesar las distintas fases regulatorias exigidas internacionalmente para el desarrollo de medicamentos, incluyendo pruebas de seguridad, tolerabilidad, reversibilidad y eficacia anticonceptiva en voluntarios humanos.
El equipo aseguró que espera establecer alianzas con instituciones académicas, centros de investigación y entidades regulatorias para avanzar en futuras etapas del desarrollo científico.
Una alternativa distinta a los anticonceptivos hormonales
Actualmente, la investigación sobre anticoncepción masculina se divide en dos grandes grupos. Por un lado están los métodos hormonales, que modifican la producción de espermatozoides, aunque pueden causar efectos secundarios como acné, cambios de ánimo, alteraciones de la libido y cambios en los lípidos.
Por otro lado, los métodos no hormonales sintéticos que actúan sobre mecanismos específicos del espermatozoide sin alterar el equilibrio hormonal y se encuentran en etapas avanzadas de estudio clínico, explicaron las estudiantes.

Asimismo, Carispermex se diferencia de estas alternativas porque es una propuesta de origen natural basada en compuestos bioactivos de la papaya: “Su posible mecanismo de acción estaría relacionado con la alteración de la función mitocondrial del espermatozoide, disminuyendo su motilidad y reduciendo su capacidad fecundante, sin necesariamente bloquear por completo la producción espermática. Además, al plantearse como un granulado efervescente de administración oral, podría facilitar su uso cotidiano y mejorar la adherencia. Sin embargo, estas posibles ventajas todavía deben confirmarse mediante estudios clínicos rigurosos”, afirmaron las investigadoras.
El paso de una investigación universitaria a un producto disponible en farmacias implica un proceso extenso y altamente regulado. Antes de llegar al mercado, Carispermex deberá comprobar ante las autoridades sanitarias que es eficaz, seguro y que sus efectos anticonceptivos desaparecen completamente al suspender su uso. Para ello, será necesario desarrollar ensayos clínicos rigurosos con una amplia cantidad de participantes.
Además, el proyecto enfrenta retos éticos importantes. Las personas que participen en futuras pruebas deberán conocer con claridad los posibles efectos del tratamiento, contar con acompañamiento médico permanente y tener la posibilidad de abandonar el estudio en cualquier momento. Al tratarse de un método que interviene en la fertilidad, las investigadoras consideran fundamental que su uso sea una decisión libre, informada y consensuada en pareja.
Más allá del laboratorio: el debate sobre la responsabilidad
El desarrollo de Carispermex también abrió una discusión sobre el rol de los hombres en la planificación familiar y la distribución de responsabilidades dentro de las relaciones de pareja: “Ella es quien toma la pastilla, se coloca el dispositivo intrauterino, soporta los cambios de humor, el aumento de peso o los dolores de cabeza que pueden traer los anticonceptivos hormonales, y quien además destina parte de su ingreso mensual a costear estos métodos. El hombre, en la mayoría de los casos, solo tiene dos opciones: el condón o la vasectomía”.
Para las investigadoras, contar con un anticonceptivo masculino natural y reversible podría representar un avance hacia una planificación más compartida. Sin embargo, reconocen que el desafío no es únicamente científico.

“En muchos países latinoamericanos persisten ideas muy arraigadas sobre lo que significa ser hombre, y asumir la responsabilidad anticonceptiva aún puede verse como algo ajeno a esa imagen. La comunicación dentro de la pareja, la educación sexual que recibimos desde jóvenes y las políticas de salud pública juegan un papel igual de importante que el medicamento en sí”, explicaron las jóvenes.
Por ello, consideran que el verdadero impacto de iniciativas como esta dependerá no solo de su efectividad médica, sino también de cambios culturales, educativos y sociales que permitan entender la planificación familiar como una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres.
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