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Macho protector
Ciencia

¿Por qué algunos machos mamíferos cuidan y otros atacan a sus crías?

Los machos de la gran mayoría de especies de mamíferos no se caracterizan por ser unos padres cuidadores. ¿Qué determina que en casos más bien excepcionales esto sí suceda?

Por: María Fernanda Gutiérrez

En el mundo de los mamíferos, el cuidado paternal es poco frecuente. En las casi 6.000 especies conocidas, menos del 5 por ciento de los padres permanecen para criar a su propia descendencia: la gran mayoría muestra una indiferencia instintiva o incluso una hostilidad abierta. Sin embargo, entre las especies que sí colaboran en la crianza —entre ellos los humanos y diversos roedores— existe un abanico desconcertante en la calidad del cuidado: desde candidatos al ‘Padre del Año’ hasta, en el peor de los casos, individuos maltratadores.

Para entender este comportamiento, Forrest Rogers, investigador posdoctoral de la Universidad de Princeton, centró su estudio en el ratón rayado africano. Tanto en su hábitat natural como en el laboratorio, estos machos exhiben tendencias paternales opuestas: los más afectuosos lamen, acicalan y cobijan a sus crías bajo el vientre para darles calor, mientras que los más negligentes las ignoran o, incluso, las atacan.

Al mapear la actividad neuronal de estos roedores, los investigadores identificaron un “centro de control de la paternidad”, región donde las neuronas se activan significativamente al interactuar con una cría, aunque no con la misma intensidad en todos los individuos: a mayor despliegue de afecto, mayor es la actividad registrada en esta zona.

A diferencia de las hembras, cuyo cerebro se reconfigura fisiológicamente durante el embarazo, el cambio en los machos no depende de la experiencia previa sino de un factor determinante: el gen Agouti. El equipo descubrió que los niveles bajos de este gen se asocian con machos protectores y abnegados, mientras que los niveles altos actúan como un “interruptor de apagado” para el instinto de cuidado, induciendo conductas negligentes o agresivas.

Lo más sorprendente es que la expresión de este gen es sensible al entorno social. Los machos que viven en soledad presentan una baja actividad de Agouti y, por ende, mayor instinto protector. En contraste, la vida en grupo eleva la expresión del gen, reduciendo el tiempo dedicado a la prole. Para confirmar este hallazgo, los científicos utilizaron terapia génica para aumentar artificialmente el gen en machos protectores, quienes inmediatamente perdieron el interés en sus crías.

“Nuestros hallazgos señalan al gen Agouti como un potencial mecanismo evolutivo que permite a los animales integrar información ambiental, como la competencia social o la densidad de población, y ajustar el equilibrio entre la autopreservación y la inversión en la descendencia”, explica el profesor Ricardo Mallarino, codirector del grupo de investigación del estudio en Princeton.

Aunque el gen Agouti también está presente en los seres humanos, el equipo advierte que aún es prematuro afirmar que estos mismos mecanismos regulen nuestra conducta. No obstante, estudiar estos modelos biológicos permite arrojar luz sobre los factores neuroquímicos que podrían poner a ciertas figuras paternas en mayor riesgo de negligencia o abuso infantil, abriendo la puerta a una comprensión más profunda de nuestra propia naturaleza.

Fuente:
The making of doting dads
Princeton University

María Fernanda Gutierrez
Viróloga, divulgadora científica.
Directora general de INNCISO SAS
Innovación, Ciencia y Sociedad
maria.fernanda.gutierrez@innciso.org.

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