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Pulpos y el amor
Ciencia

El largo brazo del amor de los pulpos

Un estudio reciente revela cómo estos animales tantean su camino hacia parejas potenciales mediante un sistema sensorial de “gusto por contacto” e incluso pueden aparearse a la distancia de un brazo sin necesidad de llegar a verse.

Por: María Fernanda Gutiérrez

Biólogos de la Universidad de Harvard descifraron cómo un apéndice masculino de los pulpos sirve como órgano polivalente para buscar, sentir y sembrar, e incluso continúa respondiendo a las hormonas sexuales femeninas después de ser separado del cuerpo. El estudio de los investigadores se publicó en la revista Science.

“El brazo especializado para el apareamiento se había documentado hace mucho tiempo, pero no se sabía que también fuera un órgano sensorial”, afirmó Nicholas Bellono, profesor de Biología Molecular y Celular. “Este es el mecanismo por el cual los pulpos reconocen a sus parejas y facilitan la fertilización”.

En los cefalópodos machos, uno de los ocho brazos, conocido como hectocótilo, está dedicado a la reproducción. Durante el apareamiento, este se abre paso hasta el manto de la hembra (la cavidad del cuerpo principal que contiene los órganos vitales), encuentra el oviducto y deposita un paquete que contiene esperma llamado “espermatóforo”. El hectocótilo también contiene un surco especial para pasar el paquete de esperma desde los testículos hasta la punta de la extremidad.

Aunque su existencia se conoce desde Aristóteles, poco se sabía de sus capacidades sensoriales. El laboratorio de Bellono descubrió que mientras los brazos normales exploran el lecho marino, el hectocótilo posee sensores específicos que los machos mantienen enrollados y protegidos, usándolos exclusivamente para la detección de la pareja.

Para demostrarlo los científicos colocaron pulpos machos y hembras a ambos lados de una barrera negra con pequeñas aberturas. Incluso sin señales visuales, el macho podía alcanzar el otro compartimento, encontrar a la hembra e insertar la punta del hectocótilo en su manto. Los machos reconocieron a las hembras incluso en oscuridad total, pero no intentaron aparearse cuando se les emparejó con otros machos. A este fenómeno lo llamaron quimiosensación. También descubrieron que los órganos reproductores femeninos son ricos en precursores de la progesterona. En experimentos con brazos amputados, el hectocótilo se movía vigorosamente al ser expuesto a esta hormona.

Mediante microscopía electrónica y secuenciación de células individuales, el equipo identificó que la punta del hectocótilo está densamente entrelazada con nervios y células sensoriales. Identificaron un receptor específico llamado CRT1 como el encargado de detectar la hormona sexual femenina.

Curiosamente, el CRT1 se utilizaba originalmente para detectar microbios en la superficie de las presas pero evolucionó para desempeñar un papel en el apareamiento. Esta señalización química es un ejemplo de lo que los biólogos llaman “selección diversificadora”, que ayuda a los animales a reconocer a individuos de su propia especie y evitar el apareamiento con especies estrechamente relacionadas, manteniendo así las barreras reproductivas.

Fuente:
These arms are for loving
Study discovers how octopus uses “taste by touch” sensory system to feel out potential mates
By Kermit Pattison / Harvard Staff Writer

María Fernanda Gutiérrez
Viróloga, divulgadora científica.
Directora general de INNCISO SAS
Innovación, Ciencia y Sociedad
maria.fernanda.gutierrez@innciso.org.

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