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El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno
El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno
Deportes

“Me tocó sacar de mi bolsillo”: Brayan Carreño, el colombiano que se coronó por sexta vez en el mundial de patinaje artístico

Brayan Carreño, un patinador caleño de 23 años, conquistó su sexto título mundial en patinaje artístico. Detrás de su éxito hay años de sacrificios, entrenamientos agotadores y una historia de disciplina que lo mantiene en la élite del deporte. CAMBIO habló con él.

Por: Gabriela Casanova

Este año, el patinador caleño Brayan Carreño, de 23 años, se coronó campeón mundial de Solo Danza Sénior en el Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre Ruedas, realizado en Pekín, tras obtener una puntuación total de 161.22. No es una sorpresa este nuevo triunfo: Carreño ya ha dejado en alto el nombre de Colombia al ganar la medalla de oro en otras cinco ediciones del certamen, en diferentes categorías.

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Brayan hace parte de los miles de deportistas colombianos que se forman en el alto rendimiento desde temprana edad no solo para alejarse de entornos de violencia, sino también para buscar mejores oportunidades y metas como el reconocimiento internacional. Su trayectoria ha estado marcada por sacrificios constantes: dejó las clases de salsa que tanto disfrutaba, logró equilibrar el colegio con sus entrenamientos y hoy adelanta la exigente carrera de Medicina sin abandonar su disciplina deportiva.

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El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno

CAMBIO habló con Brayan sobre su recorrido deportivo, los esfuerzos económicos y físicos que ha debido asumir para mantenerse en la élite, las frustraciones que ha enfrentado, los logros que lo impulsan y la perseverancia que lo ha llevado a convertirse en uno de los grandes referentes del patinaje artístico colombiano.

CAMBIO: ¿Cuál fue el inicio de su carrera deportiva?

Brayan Carreño: A los ocho años fue cuando empecé. Antes de patinaje hacía baile. Estaba en una academia de salsa, pero mi familia estaba en busca de un deporte más formal, que tuviera respaldo de una entidad pública. De casualidad llegamos al patinaje porque mi hermano, en ese entonces, estaba empezando a practicar BMX, y la pista de BMX está en el mismo complejo donde se entrena patinaje. Entré ahí y vi que había una muchacha del colegio que era muy reconocida porque practicaba patinaje artístico. Dio la casualidad de que estaba en una competencia departamental y ahí fue cuando me enamoré del deporte.

CAMBIO: ¿Su primera competencia…?

B.C.: Mi primera competencia fue a los tres meses de haber aprendido a patinar, en Manizales. Como hacía muchas coreografías de bachata en mis presentaciones de baile, entonces adapté una de ellas al patinaje. Me fue bastante bien. Muchas personas vieron ese futuro en mí.

CAMBIO: ¿Qué tipo de rutinas y horarios exige su preparación?

B.C.: Durante mis tres primeros años, mis entrenamientos eran de lunes a viernes. Baile era de 2 a 6 de la tarde y patinaje de 6 a 9 de la noche. Necesitaban que mejorara mi nivel y para eso eran más clases y más horas, por lo que dejé el baile. Empecé a entrenar de 3 de la tarde a 9 de la noche todos los días y así me mantuve por mucho tiempo. Para el mundial de este año entrené un promedio de cinco horas diarias, pero mis horarios varían por la universidad y por temas del espacio en el velódromo.

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El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno

CAMBIO: ¿Tiene rituales antes de competir?

B.C.: Muchísimos. Unos son más privados que otros. Uno de esos es que siempre me pongo el patín izquierdo primero. Eso es rarísimo. Yo me di cuenta de ello porque me lo dijo mi entrenador: “¿Vos por qué siempre te pones el patín izquierdo?”. No me había dado cuenta de eso. Y después, me di cuenta de que si me ponía el patín derecho primero, me iba mal en las competencias. Entonces, ya me quedé con el patín izquierdo.

También hay pistas internacionales hechas con un material distinto al que nosotros tenemos aquí en Colombia. Lo que hago es tocar ese piso porque de las cosas que más le tememos los de patinaje es caernos. Me gusta hacerlo antes de que me llamen a competir. Lo toco y digo: “Esto es mío”, apropiándome de la situación y del lugar. Entonces, son esas dos, aparte de otras miles que tengo.

CAMBIO: ¿Ha pensado en renunciar?

B.C.: Un montón de veces. Te diría que casi todos los años realmente. La carga es muy alta porque ven en uno la obligación de ganar o, como saben que uno le ha ido muy bien, suponen que a uno le va ir así todas las veces. Eso pesa un montón. También he pensado dejarlo para dedicarme a otras cosas, para oxigenarme, pero a mí me ata muchísimo el tema competitivo. A mí me encanta: yo amo la pista, los jueces, el público… es lo que realmente me ata.

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El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno

CAMBIO: ¿Cómo logra equilibrar las exigencias del alto rendimiento deportivo con los compromisos de una carrera universitaria que demanda tiempo?

B.C.: Es bastante difícil para mí pensar sobre qué quiero hacer en el futuro. Voy un día a la vez. De hecho, yo pensaba que no iba a poder estudiar y patinar al mismo tiempo, pero ya llevo dos años en la carrera. Tengo muy buen apoyo de parte de mi familia, que sabe adaptar sus horarios. No tengo que preocuparme por cocinar o por arreglar nada. Mi familia me evita todas esas tareas de la casa, y tengo más tiempo para estudiar. También mi equipo de trabajo de la universidad me ayuda. Si tengo que viajar, ellos me dicen: “Tranquilo, que nosotros resolvemos”.

Pero muchas veces he tenido que parar, porque sí cruzo muchos de los límites de lo que se considera el estilo de vida que debe tener un deportista. He seguido derecho algunas veces, he dormido muy poco previo a un parcial. Mis entrenadores han sido bastante colaborativos con eso. Si ven que estoy muy mal, prefieren que, en vez de seguir entrenando, me vaya a descansar. Trato de llevarlo lo mejor que puedo, y lo compenso en cierta forma: por ejemplo, cuando termino competencias, descanso; ahí es cuando ya me empiezo a poner al día con la universidad y así es como lo voy llevando.

CAMBIO: ¿Cómo se sintió en el Mundial de 2025 comparado con el primero que participó?

B.C.:  En el primer Mundial no tenía la expectativa ni la presión de ir a conseguir nada: era ir a disfrutarlo. También era bastante pequeño, y no dimensionaba la magnitud del evento. Simplemente iba a ser feliz. En este Mundial la situación cambia muchísimo porque ya tengo toda una trayectoria, un bagaje y experiencia. Para este campeonato, la diferencia fue construir esa confianza y la seguridad en mí mismo, lo que me ayudó a pesar de estar en una situación tan crítica: quien quedó en segundo lugar tuvo un nuevo récord en una de las pruebas y yo lo vi antes de salir a presentarme. Entonces, para mí fue muy impactante porque justamente el que estaba rompiendo los récords era yo. Supe aterrizar, darme esas palabras de aliento y de seguridad previas a la competencia. Siento que la experiencia me ayudó muchísimo para este campeonato.

CAMBIO: ¿Qué consejo daría a las personas que quieren ser deportistas de alto rendimiento?

B.C.: Que el deporte es una herramienta de transformación social. Te ayuda no solamente en lo que quieres lograr en su vida, como llevar un estilo de vida saludable o tener unos resultados físicos, sino que también te ayuda en la parte social, como reunirte con amigos para hacer deporte. También, si vienes de comunidades vulnerables, de barrios en donde hay demasiada violencia, pues también te ayuda a alejarte un poco de eso, como ha sido mi caso. Yo vivo en el barrio San Judas y pues se sabe que este barrio no es que sea un referente en seguridad en Cali. El deporte para mí siempre fue ese refugio, ese escape de esta realidad que no es del todo agradable.

CAMBIO: ¿Y a los que ya son de alto rendimiento?

B.C.: Siento que nos agobia mucho el tema de los resultados, de siempre ir a buscar la mejor marca y es muy frustrante cuando uno no lo consigue. Ahora, en esta posición, siendo campeón, es más fácil hablarlo, pero también yo he estado en el otro lado, en donde no he conseguido lo que yo he querido. Entonces, es aferrarse a eso que a uno tanto lo hizo enamorarse del deporte, como siempre buscar ese niño que estaba construyendo lo que quería hacer actualmente y reconectar con todas esas ideas del porqué uno comenzó. Es centrarse en lo que uno de verdad ama, el deporte.

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El patinador caleño Brayan Carreño. Créditos: Instagram @bracarreno

CAMBIO: ¿Ha tenido apoyo económico por parte del Gobierno como deportista?

B.C.: No… ¡cómo nos gustaría! Este año ha sido muy complejo por el presupuesto nacional para el deporte. Nos afecta más a los deportes que no estamos en los Juegos Olímpicos. En los eventos previos al mundial me tocó sacar de mi bolsillo, y realmente ni siquiera tenía la plata, sino que me la prestaron mis entrenadores. Entonces, aún sigo debiendo plata. Pero son cosas que uno pensaría que no deberían pasar. Yo sí recibo unos incentivos mensuales, que es el apoyo por los logros que voy consiguiendo, pero son para uno invertir en el propio deporte. Para el Mundial no se sabía si iba a estar el apoyo, pero el presidente de la Federación Colombiana de Patinaje, Alberto Herrera, sí tomó esa responsabilidad conmigo. Y a él se lo agradezco profundamente.

CAMBIO: ¿Y cuenta también con buenos escenarios de entrenamiento para prepararse adecuadamente?

B.C.: No tenemos un escenario propio. Nosotros entrenamos en un velódromo público y nos sacan constantemente del escenario. No tenemos una pista fija para entrenar y prepararnos para un campeonato del mundo. Previo al Mundial nos sacaron de la pista unas tres veces en un mes. No teníamos dónde entrenar y debíamos correr a otras pistas. Tuvimos que ir a Jamundí a pagar pista para poder patinar. Eso lo hace todo muy complejo.

Por eso invito a las empresas, al sector privado, a que crean en el deporte también como una oportunidad de negocio. Que crean en nosotros. Cada vez contamos con menos apoyo del Gobierno. Va a haber otro recorte el año que viene y, si fue muy difícil este año, el que viene va a ser peor. Me gustaría mucho conseguir sponsors para mí, para el deporte, para los que vienen, para las futuras generaciones, porque si no, nos vamos a quedar sin relevo generacional.

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