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James Rodríguez enfrenta a Bolivia.
Deportes

Colombia vs. Bolivia: clasificación o vergüenza

Colombia recibe a Bolivia en el Metropolitano con la ineludible obligación de ganarle para asegurar su clasificación al Mundial de 2026. Cualquier otra cosa sabría a vergüenza.

Por: Juan Francisco García

El partido contra Bolivia en el Metropolitano, con la urgencia y la coyuntura de la tabla, no resiste matiz alguno. Es cierto que el visitante viene a Barranquilla con la utopía de clasificar a su segundo Mundial en la historia pintada en la frente. Los cupos extras para Suramérica en esta edición, así como los inéditos 17 puntos que ha cosechado, le permiten a Bolivia soñar con sacar un buen resultado en Barranquilla para luego, contra Brasil –ya clasificada– en El Alto, meterse al menos al repechaje.

Es verdad que la cenicienta futbolística por antonomasia de nuestro continente ha ido mejorando su nivel –a paso de tortuga– y tiene todo el derecho de fantasear con lo improbable. La posibilidad de desafiar la lógica y la costumbre es uno de los misterios insondables que encumbran a este juego.

Pero hasta ahí.

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Luis Díaz, luchando contra Bolivia. Créditos: Colprensa.

La obligación absoluta y sin dobleces de que Colombia tiene de ganarle a Bolivia se cae por su propio peso. Por historia, localía, materia prima, clima, estadística, probabilidad, capacidad goleadora... **¡Y porque simple y llanamente es inconcebible que el equipo que un año atrás estuvo en boca del mundo y parecía imbatible, no pueda rearmar sus piezas, afinar, reconciliarse con el balón, el don, el resultado y la gente! Es obvio que Bolivia vendrá a parquear el bus y a vender caro cada metro; como lo es que, si no somos capaces de descifrar y deshacer su trampa, mejor sería no ir a pasar vergüenzas al Mundial del próximo año.

No basta, pues, ceñirse a los adagios futboleros de las últimas fechas. Contra Bolivia no debiera ser suficiente “ganar por medio a cero”. La coyuntura de la última fecha en casa, la despedida, es una buena oportunidad para que Colombia deje la sensación, goleando y gustando, de haber superado el virus de la infertilidad que no nos ha dejado en paz desde que Argentina nos ganó la final de la última Copa América.

El reto es interesante en cuanto a que se volverá a medir cómo les responden las piernas, las ideas y el espíritu a los mejores jugadores de esta tierra cuando ya no hay revancha, excusas, ni paciencia. La Selección Colombia, que está lejos de ser una superpotencia, sí es mucho más que un equipo de la medianía al que le tiembla la inspiración y la eficacia ante los rivales radicalmente más débiles. Volver a los años del “tilín tilín” y el “pan que se quema en la puerta del horno”, como nos pasó en las eliminatorias pasadas, sería una desgracia demasiado grande para este país que ya no sabe dónde más buscar alivio.

Y por si hace falta decirlo: si los que salten mañana al campo no son capaces de cosechar los tres puntos, Néstor Lorenzo tendrá que aceptar, sin miramientos ni matices, que le quedó grande salir del desierto en el que hoy estamos metidos. Partidos como este miden también la lealtad y el apoyo de los que juegan con respecto a quien los elige. Será ganar, gustar y clasificar o la más cruda vergüenza.

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