
Las verdades incómodas de la Selección Colombia
Néstor Lorenzo, director técnico de la Selección Colombia. Créditos: Colprensa
Para ahorrarnos falsas expectativas sobre el potencial rendimiento de Colombia en la Copa del Mundo que se jugará entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, el periodista de CAMBIO Juan Francisco García propone tener en cuenta estas tres verdades incómodas.
Faltan 78 días para que empiece el mundial. La lista de convocados de Néstor Lorenzo para los amistosos contra Croacia (el 26 de marzo) y Francia (el 29 de marzo), a estas alturas, anuncia ser definitiva y, de cara al debut, contra Uzbekistán el 17 de junio, en el Estadio Azteca, no tendrá grandes variaciones. Como se dice: “estamos los que estamos y somos los que somos”.
Por esto, para ahorrarnos falsas expectativas sobre el potencial rendimiento de Colombia en la Copa del Mundo que se jugará entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, CAMBIO hizo una lista de tres verdades incómodas del llamado “equipo de todos”.
Colombia y la nostalgia del 10 clásico
Lorenzo ha sido obstinado en mantener a James Rodríguez como marcapasos del fútbol de la Selección Colombia. Y, hay que decirlo, casi siempre el zurdo le ha respondido. En las últimas eliminatorias participó en las 18 fechas y fue, por encima de Messi y de Rapinha, el volante con más pases clave. Siete goles y tres asistencias sellaron su camino al Mundial 2026. Hoy, con 54 partidos en eliminatorias, es el colombiano con más participaciones en la historia. Su importancia es innegable.
Pero James llega al Mundial con la depresiva rúbrica de haber jugado 41 minutos en los últimos cinco meses. Un total de 117 días estuvo sin jugar desde que salió del León de México en noviembre de 2025 hasta que firmó por el lánguido Minnesota United en febrero de 2026. Así, todo parece indicar que nuestro mejor jugador, que cumplirá 35 años durante el mundial, tiene altas probabilidades de ser una sombra de lo que necesitamos que sea en la gran fiesta. Y que, en todo caso, por su falta de competencia y el nivel del equipo con el que firmó el contrato, ponerlo de titular implicara renunciar –casi que con descaro– a la intensidad que el fútbol moderno exige. Hoy, pensar que nuestro 10 podrá estar, a tope, 90 minutos seguidos es fantasear.

La nostalgia de un equipo sostenido en un 10 de vieja escuela. con ideas insondables y una zurda imposible, se termina de deshacer al revisar el presente de Juan Fernando Quintero. El zurdo que volvió a River para revivirlo futbolísticamente con la confianza plena de Marcelo Gallardo es hoy un jugador de 20 minutos por partido para ‘El Chacho’ Coudet, el nuevo entrenador del equipo. Por más exquisito que ‘Juanfer’ ha probado ser, la otra cara de la moneda es que es un hecho que su genio es intempestivo e irregular. Y que en Colombia, como en River, su destino son los raticos mágicos y no el concierto completo.
Veremos si Lorenzo tiene entre sus consideraciones un plan B para darle la vuelta a la nostalgia del 10. La mejor opción es Carrascal, flamante figura del Flamengo que, por los pocos minutos que ha tenido en la selección, no ha podido probarnos si tiene o no el fuego interno para ser el hombre de las ideas, el peaje y el faro.
La fragilidad del arco
Camilo Vargas y Álvaro Montero son arqueros correctos. El primero, desde hace siete años, es el dueño absoluto del arco del Atlas, un club con relevancia en el fútbol mexicano en el que se le mira con respeto y admiración por su liderazgo, repentismo y consistencia.
Montero, por su parte, se hizo famoso por su imbatibilidad con el Deportes Tolima, de donde saltó a Millonarios, con sus altos y bajos, hasta terminar en su club actual, Vélez Sarfield, de Argentina, en el que es habitual titular.
Ambos son, decimos, arqueros correctos con el nivel suficiente para sobresalir en clubes de mediana importancia en Latinoamérica. Vargas gracias a su velocidad debajo de los tres palos y a su agresividad para achicar y cerrar espacios; y Montero en razón de su biotipo imponente que le permite, sin mucho esfuerzo, tocar los palos y llegar a rincones inverosímiles. Sin embargo, es evidente que ninguno de los dos cumple con el perfil de arquero impenetrable que nos permita respirar tranquilos cuando en frente estén goleadores del talante de Mbappé, Haaland o Julián Álvarez.

Los equipos que han podido soñar en grande en los mundiales, casi sin excepción, han tenido en su portería arqueros de la élite que, semana a semana, se enfrentan a los mejores y que, como el ‘Dibu ’Martínez en el mundial pasado, negaron goles imposibles que doblaron la historia. Vargas y Montero son arqueros correctos con carreras respetables; pero ninguno de los dos ataja con el manto sagrado de los hombres milagro que convierten ilusiones en proezas. En los mundiales, tristemente, para jugar más de cuatro partidos, lo correcto no es suficiente.
En la mitad, donde empieza todo, miramos de atrás
En Argentina están Macallister (Liverpool), De Paul (Inter de Miami), Enzo Fernández (Chelsea), Leandro Paredes (Boca Juniors), Exequiel Fernández (Bayern Leverkusen), Guido Rodríguez (Betis). En Francia, las opciones son Rabiot (AC Milan), Tchoaméni (Real Madrid), Camevinga (Real Madrid), Warren Zaire Emery (PSG). En Croacia, el juego lo empiezan Luka Modric (Real Madrid) y Mateo Kovacic (Manchester City). En Portugal la primera idea va por cuenta de Joao Neves (PSG), Vitinha (PSG), Bruno Fernandes (Manchester United). En Inglaterra, los elegidos son Declan Rice (Arsenal), Jude Bellingham (Real Madrid) y Kobbie Mainoo (Manchester United). En Brasil, Ancelotti tiene a Bruno Guimaraes (Newcastle United) y Casemiro (Manchester United).
Las selecciones que están por encima de Colombia en el Ranking FIFA, y que son las que seguramente deberemos vencer para superar nuestra mejor participación en un mundial, casi sin excepción, tienen un mediocampo mejor que el nuestro. Que en fútbol es sinónimo de decir que tienen en sus barajas ases, comodines y figuras que nosotros no. El fútbol, incluso en estas épocas de Big Data y sofisticación táctica y estratégica, sigue siendo un deporte en el que está vigente el axioma que reza “controla el mediocampo y controlarás el partido”. El cuarto de máquinas, como se le conoce a los jugadores que sirven de puente entre la defensa y el ataque, sigue siendo un piñón indispensable para determinar la suerte de los equipos. Argentina, la vigente campeona del mundo, alzó la copa en Catar porque logró que De Paul, Fernández y Macallister se erigieran como uno de los mejores mediocentros de esta década. La final de la Copa América que perdimos contra ellos, acuérdense, se decidió por un pase de Paredes, que entró para el extratiempo. La fórmula se repite en cada una de las selecciones favoritas.

Y no es que Jefferson Lerma (Crystal Palace), Richard Ríos (Benfica), Gustavo Puerta (Real Racing Club de Santander), Kevin Castaño (River Plate), nuestros pivotes y los encargados de imponer la cadencia de nuestro juego, sean ‘cojos’ con los que no sea posible competir, no. Cada uno de ellos se ha forjado un espacio en clubes importantes y en posiciones muy competidas. Pero siendo crudos y sinceros, no es un secreto para nadie que están varios escalones por debajo de los magos que le dan forma a las ideas de las selecciones a vencer. Y que, aunque el fútbol es un juego colectivo, se decide en los detalles: es decir, en la individualidad.
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