
La esquiva revolución doméstica: ¿por qué las mujeres han avanzado fuera del hogar, pero persisten las cargas en casa?
Un documento elaborado por un grupo de investigadoras del Banco de la República analiza cómo, a lo largo de cinco generaciones, se han dado cambios sustanciales en la educación y el mercado laboral de las mujeres, pero las dinámicas domésticas están rezagadas. ¿Qué hay detrás de esto?
La realidad de las mujeres hoy en día dista en muchas dimensiones de lo que era la vida de las madres o las abuelas de la generación actual. En las últimas décadas se han dado transformaciones profundas en dimensiones como la educación, el acceso al mercado laboral, la autonomía económica y los derechos reproductivos.
Sin embargo, un estudio elaborado por cuatro investigadoras y publicado por el Banco de la República encontró que la redistribución de las responsabilidades de cuidado doméstico no solo avanza a un ritmo lento, sino que se ha dado una especie de reversión tras la pandemia.
El documento académico, titulado ‘La esquiva revolución doméstica: uso del tiempo y roles de género en Colombia’ detalló que, si bien las mujeres han aumentado su presencia en la esfera pública, en los hogares persiste una distribución desigual del tiempo y de las responsabilidades de cuidado.
Las investigadoras Juliana Jaramillo Echeverri, Andrea Otero Cortés, Ana María Tribín y Marta Juanita Villaveces analizaron las transformaciones históricas en el uso del tiempo y los roles de género en Colombia a lo largo del siglo XX, así como su persistencia hoy en día a través del análisis de cinco generaciones de hombres y mujeres.
El documento menciona cómo a lo largo del siglo pasado las mujeres en Colombia experimentaron una transformación social significativa, con una transición entre un régimen de alta fecundidad, bajas tasas de acceso a educación y poca participación en el mercado laboral, hacia un escenario actual con bajas tasas de fecundidad en el que el acceso a educación superior es mayor al de los hombres y su participación en el mercado de trabajo sigue aumentando.
Esas transformaciones socioeconómicas, explican las investigadoras, afectaron el tiempo destinado a la familia, por lo que los servicios del cuidado comenzaron a pasar hacia cuidadores remunerados y las horas dirigidas al trabajo doméstico de las mujeres comenzaron a disminuir.
A pesar del rápido avance de las mujeres en la educación y la fuerza laboral, advierten las expertas, la participación de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado se mantiene rezagada, “lo que genera un desequilibrio significativo en la distribución de las responsabilidades del hogar y el uso del tiempo”.

Los cambios generacionales
Para identificar mejor cómo han cambiado la participación de las mujeres en diferentes ámbitos socioeconómicos, la investigación analiza cinco generaciones, según sus años de nacimiento. En cada una se presentan diferentes contextos demográficos, educativos y laborales:
- Generación silenciosa (nacidas entre 1900 y 1935): Caracterizadas por tasas muy altas de fecundidad y mortalidad infantil y materna, bajas tasas de matriculación en educación primaria y secundaria y falta de acceso a la educación superior.
- Generación de alta fecundidad y baja participación laboral (nacidas entre 1936 y 1964): En esta generación persisten las altas tasas de fecundidad y matrimonios a edades tempranas mientras que la participación femenina se mantiene limitada. En esta generación las mujeres lograron el derecho al voto y a ser elegidas.
- Generación X (nacidas entre 1965 y 1980): En esta generación disminuyen las tasas de fertilidad, lo que se acompaña de una menor mortalidad infantil y un mayor acceso a métodos anticonceptivos. Aumenta la educación para las mujeres y su participación en el mercado laboral.
- Millennials (nacidas entre 1981 y 1996): Se presenta un aumento sostenido de las matrículas femeninas en educación superior, que supera el de los hombres. Las tasas de mortalidad y fecundidad continúan en descenso mientras que la participación laboral de las mujeres sigue aumentando.
- Generación Z (nacidas entre 1997 y 2010): Las tasas de fecundidad se reducen. El nivel laboral de las mujeres es mayor de que el de los hombres, pero se estanca la participación laboral. Persisten las brechas en el ingreso y formalidad entre hombres y mujeres
Según el estudio, si bien el porcentaje de mujeres con títulos universitarios aumentó de menos del 1 por ciento para la generación silenciosa a casi el 24 por ciento para los millennials. Y ese aumento en la educación se correlaciona con la reducción en la fecundidad de las mujeres a lo largo del tiempo, En promedio, una mujer de la generación silenciosa tenía más de seis hijos al llegar a los 30 años cuando, en las mujeres millennials, ese ratio es de dos en promedio.

El uso del tiempo y estereotipos de género
En contraste con esos cambios sociodemográficos, ha sido poco el cambio en el uso del tiempo para las labores no remuneradas del hogar. Los datos de la ‘Encuesta nacional de uso del tiempo’ muestran que, en promedio, las mujeres trabajadoras aún dedican entre 4 y 6 horas diarias al trabajo no remunerado, mientras que los hombres contribuyen con la mitad.
“La redistribución del trabajo doméstico no remunerado no ha seguido el ritmo del empoderamiento económico”, dicen las economistas.
Otro de los hallazgos del estudio es que existe una “penalidad por maternidad” que amplía esas diferencias. Esto implica que cuando las mujeres se convierten en madres se reduce el empleo formal y aumentan las brechas salariales no sólo en relación con los hombres, sino también frente a las mujeres que no son madres.
Uno de los elementos que llama la atención es que, a pesar de las mejoras en términos educativos y laborales, las mujeres continúan asumiendo una mayor porción de las labores de cuidado, relacionados con estereotipos y creencias de género que se mantienen en todas las generaciones.
“La mayoría de las mujeres de todas las generaciones siguen coincidiendo en que ‘las mujeres son mejores en las tareas del hogar que los hombres’, pero existe una marcada diferencia en el nivel educativo que refleja que las mujeres con mayor nivel educativo son menos propensas a estar de acuerdo con dicha afirmación”, concluye el documento.
Según las expertas, esto demuestra la persistencia de las normas de género, pero también el papel de la educación en la ruptura de dichas creencias.

Otros hallazgos
Pero el estudio no se limita a la distribución del tiempo en las labores del hogar, sino que también analiza otros elementos como las normas sociales, o retrocesos de algunos avances en los últimos años.
El documento reconoce, por ejemplo, que incluso cuando las mujeres aportan más de la mitad del ingreso del hogar, su carga doméstica no disminuye. La investigación establece que, en algunos casos, por el contrario, aumenta.
“Este patrón coincide con la hipótesis de gender deviance, según la cual las mujeres que superan a sus parejas en ingresos tienden a compensar esa desviación asumiendo más tareas no remuneradas. El ingreso por sí solo no corrige las desigualdades porque las normas sociales frenan la redistribución del cuidado”, dicen las investigadoras.
Además, también señalan una serie de “vulnerabilidades” que afectan los avances en equidad de uso del tiempo. “La pandemia expuso la fragilidad de los logros recientes en los cambios en las percepciones de los roles de género y distribución del uso del tiempo, ya que el cierre de escuelas y rutinas extendidas en casa obligó a muchas mujeres a abandonar el mercado laboral y dedicar más tiempo al cuidado no remunerado”, advierten también.
Estos retrocesos, según las investigadoras, muestran que, sin una infraestructura de cuidado sólida, los choques externos refuerzan patrones tradicionales.
El camino para alcanzar una paridad de género en las labores de cuidado y trabajo doméstico no remuneradas aún es largo y aunque durante las últimas décadas se han dado avances importantes, esa “revolución” aún es esquiva.
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