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Salario mínimo regional
El salario mínimo por regiones ya existió en Colombia a mediados del siglo XX. Crédito imagen: CAMBIO / Fotoilustración Yamith Mariño.
Economía

Salario mínimo por regiones: ¿qué tan viable es esta idea para mejorar la situación laboral en Colombia?

El aumento salarial de este año ha levantado toda una polémica sobre cómo se debería calcular el mínimo en Colombia, lo que abre paso a otras alternativas, como un monto diferencial por regiones, o incluso por sectores. Varios expertos defienden esta propuesta que, en la teoría, podría reducir los indicadores de informalidad. ¿Está listo el país para esa discusión?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

El aumento del salario mínimo en Colombia se volvió un dolor de cabeza. El atípico incremento de 23 por ciento para 2026 — motivado más por una intención política que por factores técnicos— ha sumido al país en los últimos dos meses en un debate sobre su impacto y en cuestionamientos sobre si el salario mínimo actual “alcanza para vivir”.

El presidente Gustavo Petro ha defendido la idea del ‘salario mínimo vital’ y, recientemente, tras la decisión del Consejo de Estado de suspender el decreto del mínimo de 2026, propuso también un ‘salario mínimo móvil’, que pueda ajustarse según las condiciones macroeconómicas y no solo año a año. Por su parte, las voces técnicas defienden la fórmula tradicional de inflación sumada a la productividad.

Todo esto ha abierto la puerta a discusiones sobre cómo se calcula el salario mínimo, qué variables deberían tenerse en cuenta, e incluso, si deberían considerarse otras formas de fijar este salario con el fin de mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

Una propuesta que cada cierto tiempo aparece en las discusiones de expertos y académicos es la creación de un salario mínimo diferencial, lo que implica tener salarios mínimos diferentes por regiones, o incluso por sectores. Esta es una idea que no se ha materializado en los últimos años pero que cada tanto revive, pues algunos estudios señalan que este modelo puede mejorar las condiciones de informalidad en el país, que alcanza al 55,7 por ciento de los trabajadores.

Este tipo de sueldo no es algo ajeno a Colombia. En 1945 la Ley 6 estipuló que el Gobierno podía decretar “los salarios mínimos para cualquier región económica o cualquier actividad profesional, industrial, comercial, ganadera o agrícola de una región determinada, de conformidad con el costo de la vida, las modalidades del trabajo, la aptitud relativa de los trabajadores”. Estos decretos funcionaban por el tiempo que el mandatario de turno lo considerara.

Histórico salario mínimo con dato 2026
Crédito imagen: CAMBIO / Elaboración Kim Vega.

El país tuvo por varios años un amplio abanico de salarios por zonas, tamaños de empresa, sectores económicos e incluso por la edad de los trabajadores. Ese sistema operó hasta 1963, cuando el salario mínimo se comenzó a fijar solamente por actividad económica, y diferenciando entre sector rural y urbano, criterios que se utilizaron por dos décadas hasta que en 1983 se unificó el salario mínimo para todos los trabajadores.

En la actualidad el salario mínimo se define en el corazón de la mesa de concertación de políticas laborales y salariales, ese organismo conformado por empresarios, sindicatos y el gobierno. En esa mesa, en los últimos 20 años han sido más las veces en que no hay acuerdo y el gobierno termina decretando el incremento salarial.

Pero si este sistema de salarios diferenciados ya se descartó en el pasado, ¿por qué algunos expertos consideran que debería volver?

La relación entre la productividad, el salario y la informalidad

Esa suma de inflación más productividad con la que técnicamente se empieza la negociación del salario mínimo todos los años no es una fórmula caprichosa. Son los parámetros económicos que quedaron consignados en el artículo 8 Ley 278 de 1996, la ley que define cómo funciona esa comisión y cómo se mide el salario mínimo.

El índice de precios al consumidor (IPC) del año causado y su proyección para el siguiente año; el PIB del año causado y su proyección para el siguiente año; el aporte de la Productividad al crecimiento de la economía (tanto la productividad total de los factores como la productividad laboral, así como la contribución de los salarios al ingreso nacional, son los elementos técnicos que se evalúan cada vez.

“El salario mínimo se supone que debe construirse con la inflación causada y el crecimiento de la productividad. Pero si nos vamos a la definición microeconómica, el salario mínimo es la productividad de los trabajadores y se incluye la inflación para preservar ese ingreso año a año”, explica Luz Magdalena Salas, vicepresidenta del centro de estudios económicos Anif.

Salas considera razonable pensar en un salario mínimo diferencial dado que Colombia es un país muy heterogéneo en términos de productividad e ingresos laborales, tanto por sectores como por regiones, y que, dejando de lado el incremento desmesurado de este año y sus impactos, se podría aprovechar la ocasión para analizar este tipo de mecanismos.

Histórico salario mínimo porcentaje 2026
Histórico del salario mínimo en porcentaje. Crédito imagen: CAMBIO / Elaboración Kim Vega.

“Si lo que se quiere es mejorar el empleo formal, deberían los salarios reflejar esa productividad. Si nos pegamos a esa definición estricta, la compensación debería ser distinta porque hay sectores y regiones que son más productivas”, comenta la experta.

La economista explica que si se analizan las regiones del país, el Caribe y el Pacífico tienen “un salario mediano muy inferior al promedio nacional”, mientras que en Bogotá o Antioquia la productividad es mayor, solo por citar algunos ejemplos.

En Colombia hay cerca de 11,3 millones de personas que si bien trabajan no llegan a recibir siquiera un salario mínimo, lo que les impide acceder a los beneficios de un empleo formal, como las cotizaciones a salud y pensión. De hecho, solo el 10,1 por ciento de los trabajadores, alrededor de 2,4 millones de personas, reciben un salario mínimo.

Salas enfatiza en que el salario mínimo no debería ser una barrera para la formalidad. “El salario mínimo diferenciado no es bajarle el salario a las ciudades o regiones menos productivas, porque eso genera incentivos perversos para la contratación, sino pensar en un piso de protección y a partir de ahí definir una prima productividad”, propone la economista.

En palabras sencillas, lo ideal sería tener un salario mínimo general y ‘premiar’ a las regiones más productivas, con compensaciones adicionales salariales para los trabajadores de las regiones económicas más productivas. La experta explica que hay regiones con una informalidad “altísima” porque la productividad de los trabajadores es inferior a la realidad y con un salario mínimo diferenciado eso se podría corregir y generar más empleo formal.

“Lo que vemos con los incrementos abruptos del salario mínimo y fuera de la fórmula es que como hay sectores y empresas que no son tan productivas y no crecen al mismo ritmo, empiezan a empujar a esos empleados que tenían bajo un mínimo a la informalidad. Tener ese diferencial podría llevar a un mayor empleo formal en las regiones”, concluye Salas.

En 2017, los economistas Luis Arango y Luz Flórez, investigadores del Banco de la República, publicaron el estudio ‘Informalidad laboral y elementos para un salario mínimo diferencial por regiones en Colombia’, en el que analizaron cómo este esquema podría incidir en mejorar el empleo formal en el país.  

Los expertos analizaron la relación del salario mínimo con la incidencia de la informalidad en diferentes ciudades del país y concluyeron que su efecto es diferencial. Colombia es un país heterogéneo, tanto en sus regiones, como en el mercado laboral y la productividad de cada una. Por eso, proponen los investigadores, los salarios mínimos por regiones representan una oportunidad para reducir la informalidad.

“Tener un salario mínimo para todo el país con el propósito de mitigar la desigualdad puede dificultar esta tarea, si no se tienen en cuenta los niveles de productividad y otras características de cada región”, indica el estudio.

El documento académico concluye también que entre las consecuencias previsibles de un salario mínimo diferencial están la mayor visibilidad de las zonas de baja productividad laboral, lo que permite enfocar los esfuerzos institucionales en educación y capacitación de la mano de obra, así como el fomento de concursos vinculados a administraciones departamentales y municipales y de programas de capacitación, lo que puede generar la atracción de firmas a zonas de menor salario mínimo.

Microempresas y salario mínimo
Los micro, pequeños y medianos empresarios son los que más sentirán el impacto del salario mínimo. Crédito imagen: Fotoilustración CAMBIO.

Una ‘receta’ internacional: ¿es viable en Colombia?

El salario mínimo diferencial no es un invento colombiano. En realidad, muchos países operan con estos sistemas. En Estados Unidos, por ejemplo, el salario mínimo federal se ha mantenido en 7,25 dólares por hora desde 2009, el cual funciona como referencia, pero algunos estados tienen tarifas superiores.

En Italia, Alemania y Finlandia hay convenios colectivos que fijan el salario mínimo según varios criterios. En Italia aplica por sector, nivel profesional y región; en Alemania por sectores y tipos de contrato; y en Finlandia por sectores.  

En otros países la diferenciación es por edad, como en Inglaterra, donde el salario por hora es es diferente para los mayores de 21 años frente a los trabajadores entre 18 y 20 años o los aprendices. Algo similar sucede en Francia. En Latinoamérica, Chile tiene un esquema de salarios mínimos por edades, con una tarifa diferente para los mayores de 65 años.

México tiene un mínimo general y otro para la zona libre de la frontera norte, donde es más alto, y también maneja rangos distintos por el tipo de ocupación. Guatemala y Ecuador tienen una estructura salarial en la que el salario mínimo se diferencia por actividades económicas, mientras que en Costa Rica es solo por ocupación.

Otras naciones tienen sistemas de diferenciación más complejos. Honduras, por ejemplo, tiene un salario mínimo diferencial que se negocia según las ramas de actividad y los tamaños de las empresas, al igual que República Dominicana. Panamá ajusta su salario cada dos años, pero combina elementos como la actividad económica, región, ocupación y tamaño de empresa. 

Negociación Salario mínimo
Los sindicatos y los empresarios negocian el incremento del salario mínimo en la mesa de concertación todos los años. Si no hay acuerdo, el gobierno lo decreta. Crédito imagen: CAMBIO/ Fotoilustración Yamith Mariño.

César Tamayo, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de la Universidad Eafit, considera que “cualquier cosa que nos ayude a flexibilizar el mercado laboral es bienvenida y deberíamos implementarla, y este es el caso del salario mínimo diferencial por regiones”.

El economista asegura que contar con salarios mínimos por regiones en Colombia “definitivamente” mejoraría las condiciones del mercado laboral, puesto que se ha implementado con éxito en países con regiones muy dispares y donde hay grandes diferencias en la actividad económica y el nivel de precios, entre otras variables.

Este es el caso de Estados Unidos. Tamayo pone como ejemplo que en los estados de California o Colorado el salario mínimo es de 15 a 17 dólares por hora, mientras que estados como Kentucky, Kansas, Indiana o Idaho, el salario mínimo es de 7,25 dólares por hora.

“Otra buena práctica que de paso deberíamos adoptar es la de salarios mínimos por hora trabajada, no el salario mínimo mensual que hoy se discute y decreta”, sugiere también el académico.

La discusión sobre este tema es amplia. De hecho, el economista Stefanó Farné, director del Observatorio del Mercado de Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Externado de Colombia comenta que no tiene una posición definida sobre ese tema. Farné considera que los salarios diferenciados “tienen mucho sentido” y que teóricamente y desde el punto de vista económico “entre más diferenciados sean, mejor”, pero también reconoce las complicaciones en la implementación de estos sistemas.  

“Siempre me ha parecido un sistema difícil de manejar en la práctica. ¿Qué pasa si una persona trabaja y lo trasladan a otra región? ¿Le bajan el salario?, o, ¿Cómo funcionaría el sistema pensional, dado que la pensión de salario mínimo es una sola?”, cuestiona el experto.

En Colombia la discusión se ha centrado por ahora en la idea de un salario mínimo regional, más que por sectores, algo que Farné considera es más lógico en principio para el país. “Pero dudo que algún gobierno lo haga. Hace años se habla de salarios mínimos regionalizados y nadie ha hecho nada”, dice.

La vicepresidenta de Anif, Luz Magdalena Salas, también ve difícil que se implemente este esquema en el país. “Es difícil políticamente, pero ante lo que ha sucedido en los últimos años y si realmente queremos un mercado laboral más formal hay que poner en la mesa esta discusión, y traer al debate público la posibilidad de tener salarios mínimos diferenciados”, dice.

Colombia tiene un salario unificado desde hace más de cuarenta años, y en varias ocasiones se ha hablado de cambiarlo sin éxito. Para algunos mandatarios puede ser un proceso tedioso, o también impopular. El nuevo decreto que emitió el gobierno hace unos días mantuvo el porcentaje de 23 por ciento que había fijado año pasado, y es posible que nuevamente sea demandado ante el Consejo de Estado por no respetar los parámetros técnicos que están estipulados por ley. Cambiar a un salario por regiones, o por otros criterios de diferenciación no parece estar en la agenda cercana, pero falta ver qué tanto incide la experiencia internacional en los salarios colombianos hacia el futuro.

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