
La pobreza multidimensional en Colombia bajó al 9,9 por ciento en 2025: por primera vez el indicador es de un solo dígito
El Dane publicó los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida 2025. Entre 2024 y 2025, 793.000 colombianos salieron de la condición de pobreza multidimensional.
Por: Juan David Cano
Colombia alcanzó en 2025 el nivel más bajo de pobreza multidimensional desde que el país comenzó a medir ese indicador. Según los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida que publicó este martes 14 de abril el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el 9,9 por ciento de la población vivía en esa condición el año pasado, lo que representa una caída de 1,6 puntos porcentuales frente al 11,5 por ciento registrado en 2024.
Es la primera vez que el Índice de Pobreza Multidimensional se sitúa por debajo del 10 por ciento desde que se mide el indicador. En términos de cantidad, entre 2024 y 2025 salieron de esa situación de pobreza 793.000 personas.
La cifra marca el punto más bajo de una tendencia descendente que se aceleró tras la pandemia. En 2020, cuando el covid-19 golpeó la economía y los servicios básicos, el indicador había llegado al 18,1 por ciento. Desde entonces bajó de manera sostenida: 16 por ciento en 2021, 12,9 por ciento en 2022, 12,1 por ciento en 2023, 11,5 por ciento en 2024 y ahora 9,9 por ciento en 2025.

El Índice de Pobreza Multidimensional no mide ingresos sino privaciones concretas en 15 indicadores agrupados en cinco dimensiones: condiciones educativas del hogar, condiciones de la niñez y la juventud, trabajo, salud, y acceso a servicios públicos y vivienda. Un hogar se clasifica como pobre cuando acumula privaciones que superan un umbral determinado en esos componentes.
La mayor mejora entre los 15 indicadores correspondió al rezago escolar, que pasó del 22 por ciento en 2024 al 19,7 por ciento en 2025, una reducción de 2,3 puntos porcentuales que el Dane califica como estadísticamente significativa. El bajo logro educativo también retrocedió, del 38,3 al 36,8 por ciento. El analfabetismo cayó de 7,1 a 6,4 por ciento, y la proporción de personas sin aseguramiento en salud disminuyó 1,3 puntos, del 6 al 4,7 por ciento. Finalmente, el hacinamiento crítico pasó de 6,1 a 5,4 por ciento.
Pero no todo fue positivo. Tres indicadores registraron pequeños aumentos a nivel nacional: trabajo infantil (estaba en 1,1 subió a 1,2 por ciento), inadecuada eliminación de excretas (de 9,1 a 9,2 por ciento) y material inadecuado de paredes exteriores (de 2,1 a 2,2 por ciento), aunque ninguno de esos cambios fue estadísticamente significativo. En las zonas rurales, sin embargo, la barrera de acceso a servicios de salud sí aumentó de manera significativa, al pasar del 2,8 al 3,4 por ciento.
Las diferencias entre la ruralidad y la urbanización colombiana
La brecha entre las ciudades y el campo sigue siendo uno de los rasgos más persistentes del indicador. En las cabeceras municipales la pobreza multidimensional fue del 6,3 por ciento en 2025, mientras que en los centros poblados y zonas rurales dispersas llegó al 22,4 por ciento. Aunque esa diferencia se ha reducido en los últimos años, los colombianos que viven en el campo siguen siendo más del triple de propensos a estar en condición de pobreza multidimensional que quienes viven en zonas urbanas.

A nivel regional, Bogotá registró la mayor caída del país: 3,2 puntos porcentuales, al pasar del 5,4 al 2,2 por ciento. También bajaron de forma significativa las regiones Pacífica y Amazonia-Orinoquia, con descensos de 2,1 puntos cada una, y la Región Oriental, con una reducción de 1,4 puntos. Las regiones con mayores índices de pobreza multidimensional siguen siendo Amazonia-Orinoquia, con el 18,2, y Caribe, con el 17,9 por ciento. La Región Central cerró el año en 9,3 y la Pacífica en 9,7 por ciento.
¿Cómo les va a los hogares con jefatura femenina y masculina?
El informe del Dane incluye este año un análisis con enfoque diferencial que revela desigualdades estructurales que el promedio nacional tiende a ocultar.
Los hogares con jefatura femenina presentaron una incidencia de pobreza multidimensional del 9,9 por ciento en 2025, frente al 5,8 por ciento de los hogares encabezados por hombres a nivel nacional.
La diferencia se repite en todas las regiones del país, con la única excepción de Amazonia-Orinoquia, donde los hogares con jefe masculino (19,6 por ciento) tienen mayor pobreza multidimensional que los de jefatura femenina (16,3 por ciento).
La pobreza multidimensional en comunidades étnicas, campesina y venezolanos
Las comunidades étnicas también muestran niveles de privación muy superiores al promedio.
Los hogares cuyo jefe se reconoce como indígena tuvieron en 2025 una incidencia del 37,9 por ciento, casi cuatro veces el promedio nacional, aunque esto representa una leve reducción frente al 38,4 por ciento de 2024.
Los hogares con jefatura afrodescendiente, mulata o afrocolombiana registraron una incidencia del 17,4 por ciento, con una caída de 2,4 puntos si se compara con el 19,8 por ciento de 2024, mientras que los hogares sin autorreconocimiento étnico se ubicaron en el 7,9 por ciento: en 2024 era de 9,6 por ciento

La identidad campesina es otro eje de desigualdad. Los hogares cuyo jefe se identifica como campesino tuvieron en 2025 una pobreza multidimensional del 17,4 por ciento, frente al 4,5 por ciento de quienes no se reconocen como tales. En las zonas rurales esa brecha es igualmente marcada: 20,9 por ciento para hogares campesinos contra 15,4 por ciento para los no campesinos.
La situación de los migrantes provenientes de Venezuela completa el mapa de las poblaciones más vulnerables. En los hogares con al menos un miembro venezolano con un año de residencia en el municipio, la incidencia de pobreza multidimensional fue del 32,9 por ciento en 2025, más de tres veces el promedio nacional. Incluso entre quienes llevan cinco años en el mismo municipio, el indicador fue del 26,2 por ciento, todavía muy por encima del resto de la población.
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