
Más educación, pero menos empleos: las brechas laborales con las mujeres que Colombia no ha cerrado
En Colombia, una mujer tarda en promedio más tiempo en encontrar trabajo que un hombre, gana menos aunque tenga más estudios, y con frecuencia debe elegir entre su carrera y su familia. Los datos más recientes del Dane, la Andi y el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario muestran que las brechas laborales de género siguen siendo una realidad estructural.
Por: Juan David Cano
Este 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Cada año, más allá de los discursos, los datos y las estadísticas revelan una realidad persistente: las brechas de género siguen presentes y la lucha por la equidad continúa siendo necesaria.
En 2026, de hecho, tres fuentes coinciden en ese diagnóstico: el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario y la ANDI. Sus cifras muestran que, aunque Colombia ha registrado avances, las desigualdades laborales entre hombres y mujeres siguen siendo profundas, medibles y, en varios frentes, prácticamente inalteradas.

La brecha más visible: el desempleo y el cuidado del hogar como trabajo no remunerado
Una de las brechas que cada mes está presente entre los colombianos, dados los informes periódicos que saca el Dane, es la del desempleo. En enero de 2026, la tasa de los hombres en Colombia fue del 8,7 por ciento y la de las mujeres, del 13,8 por ciento. Esto representó una diferencia de más de cinco puntos porcentuales (p.p.).
La tasa de desempleo cuenta cuántas personas están buscando trabajo activamente pero no lo encuentran. En total, 1,5 millones de mujeres no tenían trabajo y, en contraste, 1,2 millones de hombres estaban desocupados en enero.
Esta diferencia es una tendencia que se ha mantenido en los últimos años y los datos del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario lo confirman. En 2025, por ejemplo, se registró un 11,4 por ciento de desempleo entre mujeres frente a un 6,99 por ciento entre hombres. En 2024, el comportamiento fue similar: 11,2 por ciento en mujeres y 7 por ciento en hombres.
Pero más allá de este dato, dentro del análisis del desempleo hay un indicador más relevante: la Tasa Global de Participación, que mide qué proporción de los adultos está trabajando o buscando trabajo. Según el Observatorio de la Universidad del Rosario, esa tasa fue de 24 puntos porcentuales más baja en mujeres que en hombres en 2025. Eso no significa que esas mujeres estén desempleadas: significa que directamente no están buscando trabajo. Y eso tiene una razón concreta.

Según el Observatorio, entre las mujeres que quieren trabajar, pero no han buscado empleo, el 35 por ciento dice que no lo hace por responsabilidades familiares. Es la razón más citada, por encima de la falta de trabajo disponible, la edad o la falta de experiencia.
Ese 35 por ciento habla de algo que no aparece en ninguna estadística de empleo: el trabajo de cuidado. Cuidar a los hijos, a los adultos mayores enfermos, encargarse de las tareas del hogar. Es trabajo real, que toma tiempo y energía, pero no es remunerado y no cuenta como empleo formal. Y en Colombia, como en casi toda América Latina, ese trabajo recae mayoritariamente sobre las mujeres.
Los datos regionales de la CEPAL muestran que en América Latina el 30 por ciento de las mujeres jóvenes está fuera de la fuerza laboral por labores domésticas, y que 3 de cada 4 mujeres entre los 25 y 64 años que están inactivas lo están por trabajo no remunerado, una proporción que no cambió mucho entre 2000 y 2021.
Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al comparar 2021 con 2019, las mujeres en la región frente a los hombres tenían un 3 por ciento menos de probabilidades de trabajar como asalariadas, un 15 por ciento menos de probabilidades de ser empleadoras y un 8 por ciento más de probabilidades de trabajar por cuenta propia, frecuentemente en condiciones informales, sin contrato ni prestaciones sociales.
Más educación para mujeres, pero peores pagos
Aunque hay un dato que extraña más que los anteriores. Según el Observatorio con datos de la GEIH 2025, el 18,41 por ciento de las mujeres ocupadas en Colombia tiene título universitario como máximo nivel educativo. Entre los hombres ocupados, ese porcentaje es del 12,72 por ciento. Ellas están más educadas.
Pero eso no se traduce en mejores salarios. Según el mismo informe, por cada peso que gana un hombre con título universitario, una mujer con el mismo nivel recibe en promedio 82 centavos. Entre quienes tienen educación secundaria, la diferencia es mayor: las mujeres reciben cerca de 70 centavos apenas por cada peso masculino.
Esto quiere decir que dos personas con el mismo título, haciendo el mismo trabajo, pueden estar cobrando salarios distintos simplemente por su género.

Otro factor que contribuye a la diferencia de ingresos es el sector donde trabajan. Según el Observatorio, el 32 por ciento de las mujeres empleadas en 2025 trabajaba en el sector servicios, donde muchos cargos, ventas, cuidado, atención al cliente suelen ser más inestables, con menor remuneración y menos posibilidades de ascenso.
En los puestos directivos de empresas hay avances
Ahora bien, lo anterior fueron cifras de todo el mercado laboral del país, pero específicamente en el mundo empresarial parece haber noticias mejores. La ANDI presentó los resultados de su Encuesta de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) 2026, respondida por 204 empresas afiliadas de distintos tamaños y regiones del país.
Los resultados muestran cambios concretos desde 2019: la proporción de mujeres en cargos de primer nivel, es decir, presidencias y gerencias, pasó del 33 al 39 por ciento. En juntas directivas, pasó del 25 al 38 por ciento.
Son avances reales. Pero también dejan en claro que en 2026 más del 60 por ciento de los cargos más altos todavía los ocupan hombres. Además, hay empresas que aún no adoptan las políticas de inclusión y entre las razones que dan están la cultura organizacional (28,7 por ciento), la falta de personal dedicado al tema (22 por ciento) y el presupuesto insuficiente (21,3 por ciento). El problema, en esos casos, no siempre es falta de voluntad: es que el tema no tiene quien lo impulse ni dinero asignado.
A pesar de esto, la ANDI aclara que el 80,4 por ciento de las empresas ya tiene alguna estrategia de diversidad, equidad e inclusión, frente al 65,2 por ciento que reportaba lo mismo en 2025. En otras palabras, las cifras podrían mejorar el siguiente año, pero aún es muy temprano para definir cuánto exactamente.

“Esta encuesta refleja las acciones que promueven la diversidad, equidad y la inclusión, al incidir en la generación de cambios en la sociedad, en la cultura y en que se puedan lograr mejores condiciones para todos”, explica Bruce Mac Master, presidente de la ANDI.
En América Latina, la situación tampoco es alentadora
Ahora bien, como ya se mencionó previamente, Colombia no es un caso aislado. En América Latina, la participación laboral femenina ha crecido: según la CEPAL, la tasa de participación de las mujeres mayores de 15 años pasó del 41,3 en los años 90 al 53,3 por ciento en 2022. Un avance de 12 puntos en 30 años.
Pero ese crecimiento convive con problemas que no ceden. Según la CEPAL y el BID, en 2021 había en la región 116 mujeres en situación de pobreza o 118 en pobreza extrema por cada 100 hombres en la misma situación. La pandemia de 2020 profundizó esa diferencia y la pobreza femenina llegó al nivel más alto registrado en dos décadas.
En cuanto a cuánto tiempo va a tomar cerrar estas brechas, el Foro Económico Mundial estimó en 2025 que, al ritmo actual, el mundo tardará 123 años en alcanzar la plena igualdad de género. Es decir, esto no se resuelve solo: requiere decisiones activas, políticas concretas y cambios culturales que todavía están pendientes.
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