
Elegiremos a quien rija nuestros destinos y no lo vimos debatir ni una sola vez. No lo vimos discutir con su oponente sobre la crisis fiscal, sobre política internacional, sobre el fracaso de la Paz Total, sobre la efectiva reducción de la pobreza, sobre las pensiones, sobre las cargas tributarias, sobre la entrega de tierras a los desposeídos, sobre la reducción del Estado, nada de eso.
No tuvimos la fortuna de que —a través del televisor— nos mirara a la cara y nos dijera por qué deberíamos votar por él, a qué se comprometía, cómo mejorará nuestros vidas. No, nada de eso fue posible. Lo elegiremos sin medirle su talante, sin conocerle su capacidad de autocontrol mientras busca una respuesta para millones de televidentes que lo estaríamos escrutando para decidir nuestro voto. Nos gobernará sin ponernos la cara.
Después, no lloremos.
No sabemos nada, o casi nada de su plan de gobierno, no porque no lo tenga, o porque no esté publicado. Es porque no se ha discutido, porque no se ha analizado, porque no se ha socializado. Y eso no ha pasado porque, hay que decirlo, eso no le interesa al público colombiano. No se digan mentiras: no le interesa, esa no es la prioridad, no es lo que quiere oír, no es lo que quiere ver, esos reels (videos cortos) sobre alguna política pública no son los que más vistas tienen en las redes sociales, esos tuits de propuestas de gobierno no son los que más se comparten en los grupos de chats. Ustedes saben que es así.
Lo que le encanta al público colombiano (sí, del que somos parte Usted y yo, no se haga el desentendido) es escuchar a su candidato insultar al otro, sin piedad, sin miramiento alguno, sin pelos en la lengua. Sin asco, dicen por ahí. Lo que le priva es compartir falsa información (fake news) que denigre al contrario, que acabe con la dignidad del rival, que incluya alguna grosería, alguna denuncia penal, alguna burla malsana, alguna ofensa explícita, algo sucio, algo que sacie esa inagotable sed de sangre del enemigo, verlo llorar, verlo derrotado, verlo arrastrarse, verlo hundirse, verlo hasta ya no verlo, que se desaparezca, que se borre de la faz de esta tierra, mi tierra, estéril por cuenta del otro, que sólo florecerá gracias a las desconocidas propuestas de mi candidato, que incluyen Cielo y Tierra, oro y moro, pan y circo. Y ya. Con eso tengo.
Lo que importa es ganar.
Nuestro nuevo presidente de la República será amo y señor de este país que no hemos podido acabar en más de 200 años de intentos, a pesar de los ingentes esfuerzos que hemos hecho Ustedes y yo, queridos compatriotas; Ustedes y yo, que hemos elegido a nuestros gobernantes; Ustedes y yo, todos hijos de nuestros antecesores que escogieron a esos líderes del pasado; Ustedes y yo, que estamos arando en el mar la tierra prometida donde vivirán nuestros hijos, y nietos, y de ahí para adelante. O de donde seremos expulsados, ya veremos.
Nuestro nuevo presidente de la República dirigirá un país de alrededor de 50 millones de habitantes y no ha manejado una tienda de barrio. Con todos mis respetos por los tenderos de este país. Es demasiado brusco decirlo, pero así es.
Señor Nuevo Presidente, por favor, rodéese bien. Ponga gente bien diferente a Usted, con experiencia, con sabiduría, con sentido común, con carácter, con humildad, con mucha humildad.
No le dé oportunidad a ese medio país que no lo votó de justificarse. No vaya a gobernar sólo para los que lo idolatran. No vaya a ser como sus antecesores. Por favor, no.
Ya que maneja nuestros destinos, déjese llevar por la sensatez. No es difícil. Se lo digo porque Colombia toda está al borde de la locura y ya no aguanta otra decepción más.
Aunque me temo lo peor.
@JaimeHonorio
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