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Cultura

“Estamos obligados a cuestionar a la Colección Quimbaya como un obsequio”: Pierre Losson

Pierre Losson, especialista en restitución cultural y autor del libro ‘The Return of Cultural Heritage to Latin America’, es uno de los invitados al Simposio Rescatando nuestro origen Quimbaya, que se hará a finales de mes en Armenia, Quindío. Hablamos con él.

Por: Lorena Machado Fiorillo

El penacho de Moctezuma y la colección de frescos de Teotihuacán, en México. La colección de objetos de Machu Picchu y los tejidos de Paracas, en Perú. Las Estatuas de San Agustín y la Colección Quimbaya, en Colombia. Estos reclamos por la devolución de objetos del patrimonio cultural son los que Pierre Losson, como politólogo, investiga en su libro ‘The Return of Cultural Heritage to Latin America’ (Editorial Routledge, 2022) y los que han cautivado su atención en los últimos diez años.

Desde su oficina en Nueva York y con un acento mexicano que evidencia en las ‘r’ su origen francés, Losson responde esta entrevista, luego de que el 9 de mayo el Gobierno colombiano le reclamara a España las 122 piezas en oro y otros metales de la Colección Quimbaya. Él será uno de los invitados al Simposio Rescatando nuestro origen Quimbaya, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, los próximos 30 y 31 de mayo en Armenia, Quindío.

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Poporo. Crédito: Cortesía.

CAMBIO: Usted ha investigado casos particulares en México, Perú y Colombia sobre restitución cultural. ¿Por qué considera que desde los años 80 hay un mayor interés en reclamar esos objetos que alguien se llevó hace más de un siglo?

Pierre Losson: Creo que hay varios factores que lo pueden explicar. No podemos hablar de América Latina sin hablar de lo que está pasando en el resto del mundo. A partir de los años 80, es un tema que cobra más interés y algunos países, como Grecia, Egipto, Italia, se ponen más activos. A eso se suman fenómenos vinculados con la restitución, como la lucha contra el tráfico de bienes culturales. Los países se preocupan porque no salgan más cosas, pero también por lo que ya salió y en qué condiciones. Una cosa es reclamar algo que salió la semana pasada y en contradicción con las leyes corrientes del país, otra es reclamar objetos que salieron hace un siglo cuando sí había leyes, pero no había normas y tratados internacionales, como el de la Unesco de 1970, lo que hace más difícil exigir el retorno.

CAMBIO: ¿Por qué?

P. L.: Porque, aunque había leyes, un Estado no puede imponer sus propias leyes a otro Estado. Si un museo europeo tiene una pieza en contradicción con una ley colombiana, el juez colombiano no tiene autoridad sobre el museo ahí, ¿no? De ahí surge mi interés: si no podemos entender ese proceso de pedir esas cosas desplazadas desde hace mucho tiempo a raíz de leyes o de normas legales, se vuelve un tema político y tenemos que entender por qué queremos esas cosas. Si no tenemos ‘estrictamente hablando’ un derecho a tenerlas, por qué las queremos y por qué nos interesa. Por eso, también, hay un tema en la narrativa de nación, la nación es una entidad abstracta, no es una narrativa en sí. La narrativa ha cambiado. Lo prehispánico está cobrando una importancia mayor a la que tuvo en las primeras décadas.

CAMBIO: Uno de esos casos, en Colombia, es la Colección Quimbaya, que reposa en el Museo de América en España al haber sido un regalo, hoy considerado ilegítimo. A partir de la sentencia de la Corte Constitucional del 2017, ¿cuál ha sido su lectura crítica de los últimos años?

P. L.: Lo primero que hay que reconocer es que durante por lo menos tres administraciones, desde el 2017 hasta hace año y medio, no se apoyaron los esfuerzos de la sociedad civil por tener esa devolución. Y más que eso: yo creo que hubo un freno, una especie de silencio que, a pesar de la sentencia de la Corte Constitucional, realmente no pasó nada. Si vamos a hablar el 30 y 31 de mayo de la Colección Quimbaya es porque finalmente la administración de turno sí está mostrando interés. Yo no quiero poner un juicio moral, solo observo. A mí me impactó un poco que la sentencia creó ese comité de verificación, atrajo mucho la atención mediática y escogió una estrategia de secreto de lo que estaba pasando, que conflictuó el espíritu de la sentencia. Yo lo veo más hacia cómo funciona la democracia en un país como Colombia, cómo el gobierno se obliga o no a rendir cuentas a la sociedad civil y cuál es el diálogo que mantiene.

CAMBIO: ¿Y cómo ve el diálogo ahora?

P. L.: Con un cambio muy importante porque hasta ahora no había un interés públicamente asumido por parte del Ejecutivo colombiano en recuperar esas piezas. Sabemos que esas negociaciones no se hacen un día para otro y habrá casos diferentes. Las Estatuas de San Agustín se están negociando en un terreno más favorable con Alemania porque tienen interés en reconsiderar la historia de sus colecciones y en devolver las piezas cuando se demuestra que han sido tomadas de forma éticamente cuestionable. El caso de la Colección Quimbaya lo veo un poco más difícil porque España es un país en el que, de lo que he podido ver, no hay una conversación en los medios sobre la descolonización del museo como institución del saber. Está un poco de lado en ese aspecto al decir que fue un regalo del Estado colombiano. Una lectura crítica de lo que es el patrimonio nos debería llevar a entender que la concepción misma del patrimonio va cambiando, que nos debe hacer cuestionar la naturaleza del regalo que se hizo en 1893.

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Sahumador y casco de oro. Crédito: Cortesía.

CAMBIO: ¿Por qué es clave dar esta conversación, muchas veces difícil por todo lo que implica, entre países y comunidades?

P. L.: Porque queremos vivir en un mundo más justo, en el que a nivel de relaciones internacionales haya menos desigualdad entre las grandes potencias de hoy, las grandes potencias de ayer y los países emergentes, todas esas categorías que se pueden discutir. Yo como ciudadano de un país de Europa Occidental quiero ir a un museo y sentir que mi visita toma lugar en un marco ético. A mí no me interesa ir a ver los tesoros del mundo si llego a pensar que han sido robados a otras personas y creo que eso es un sentimiento que pueden compartir muchos. Si nos vamos al grupo muy reducido de expertos de museos, creo que para ellos también debe ser importante sentir que están haciendo su trabajo en un marco ético y que pueda corresponder a los estándares y las conversaciones que están teniendo lugar hoy.

CAMBIO: ¿Por qué es importante el papel de los individuos en ese proceso diplomático?

P. L.: A mí eso es algo que me fascina. Yo no sé si Colombia hoy estaría pidiendo la Colección Quimbaya si no fuera por esos dos abogados que lo solicitaron a la Corte, si no fuera por la gente de la Academia de Historia del Quindío. Quién sabe si estaríamos hoy a punto de hacer un evento sobre el tema. No lo sé, la verdad. Una vez que el Estado agarra el tema tiende a dejar de lado a los individuos porque se vuelve institucional. Es importante que el individuo pueda demostrar su conexión y no dejar solamente que exista un discurso oficial. A mí me interesa que, en el marco de un régimen democrático y la Constitución colombiana que dice que el Estado cuida el patrimonio cultural de la nación, un individuo le exija a su propio Estado que cumpla con sus propias normas, que haga lo que se supone que debe de hacer. Que un individuo pueda decirle al Estado: “tú mismo dijiste que ibas a cuidar de este patrimonio en nombre de todos nosotros colombianos. Ahora, ¡hazlo!”.

CAMBIO: Uno de los argumentos que se repiten en contra de la restitución cultural es que en Latinoamérica no tenemos la capacidad de cuidar esos objetos. ¿Usted qué piensa?

P. L.: Ese argumento se ha usado mucho por parte de los museos europeos o norteamericanos. Decir que no se podían devolver esas cosas porque esos países no saben cómo cuidarlo. A partir de los años 20 y 30, hay una institucionalización de cuidar el patrimonio de los países: zonas arqueológicas protegidas, museos, formación de expertos, arqueólogos, historiadores conservadores…Obtienen esa capacidad de poder cuidar esos objetos de la misma forma que hacen esos otros países. Y eso es importante. Colombia ha invalidado ese argumento.

CAMBIO: ¿Podría considerarse la repatriación como un proceso también de sanación de la herida colonial que atraviesa a Colombia y España?

P. L.: Yo no creo porque esas relaciones no son fijas, como cualquier relación. Ciertamente Colombia hoy tiene más poder económico, político, de poder hablar como un igual con un país como España. Todo eso siempre en una relación enmarcada en la poscolonialidad. Una relación diferente de la que pueden tener países como Francia e Inglaterra con sus antiguas colonias africanas. Cuando yo estaba haciendo mi investigación se sentía todavía ese cierto rencor a esa metrópoli ahí lejana. Yo creo que sí hay un poder simbólico de poder decir, 200 años después, el porvenir de objetos que son del patrimonio nacional colombiano y también son parte de la historia nacional española porque Colombia no existe como es hoy sin España. No sé si es sanar porque no sé qué tan abiertas están las heridas todavía. Reparar injusticias tal vez sí.

CAMBIO: ¿Cuál debería ser la ruta de los objetos restituidos? ¿De museo a museo?

P. L.: Para mí, es una dimensión del diálogo del Estado con la sociedad civil. Saber por lo menos, a qué ciudad debería de ir la Colección Quimbaya. No veo bajo qué circunstancias se fuera a una institución que no sea un museo. Porque si no, ¿a dónde? Esas son las preguntas. ¿Por qué queremos esa colección ¿Qué es lo que queremos hacer con esto? ¿Abrir una sala más en el Museo del Oro en Bogotá o producir algún tipo de impacto en el Quindío? Todo esto se hace con tiempo y porque hay una política pública voluntarista de hacerlo. Cuando yo hablo de tener una lectura crítica de lo que es el patrimonio cultural a esto me refiero. Patrimonio cultural no es algo que naturalmente me preocupe o que le preocupe a usted o a nadie. Es algo que se tiene que construir porque si yo no sé nada sobre esto para qué me voy a preocupar por unos objetos por más que sean de oro. Esto a nivel simbólico es extremadamente importante. Es un diálogo que debe tener lugar de manera abierta: a nivel internacional entre dos Estados, a nivel local entre las administraciones y entre el Estado y la sociedad.

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