
De la arquitectura y la actuación a vender 20.000 prendas de segunda mano: la historia de Bettina's Closet
En menos de cinco años de operación, Bettina´s Closet ha recirculado más de 20.000 piezas y se ha consolidado como un paradigma de la industria de segunda mano en Colombia. Créditos: cortesía Bettina´s Closet.
La tienda de segunda mano que ha vendido más de 20.000 piezas en cinco años tuvo su origen en un episodio psicótico y en una visión. Le contamos su historia.
Su primer acercamiento formal con el mundo de la moda fue en Milán como estudiante de interiorismo en el prestigioso Instituto Marangoni. Las grietas de la soledad y la lejanía la llevaron a interrumpir sus estudios en la capital mundial de la moda y volver a Bogotá para terminar la carrera universitaria que la aventura en Italia había puesto en suspenso. Aunque se graduó como arquitecta por lo alto, ya sabía que no ejercería ortodoxamente y que en su destino estaba montar un negocio propio relacionado con la moda.
Luego de graduarse, decidió volar a Nueva York para formarse como actriz en la Neighborhood Playhouse –alma máter de Diane Keaton y Kevin Spacey–, en donde se enamoraría de las múltiples tiendas de segunda mano de ese otro imperio del fashion.
De Manhattan debió volver obligada, antes de probar suerte como actriz, por el virus que nos presentó el pánico a todos en el 2020. El encierro –bendición para algunos– le permitió concretar la visión de montar su propia tienda de segunda mano en Colombia.
La fundadora de Bettina's Closet, Bettina Dereser, le contó a CAMBIO cómo ha logrado consolidar un modelo que ha vendido más de 20.000 prendas en menos de cinco años y que se ha instaurado como uno de los paradigmas de la moda circular en Colombia.

CAMBIO: Vamos al principio, ¿por qué nació Betinna's Closet?
Bettina Dereser: Aunque la historia es larga me encanta contarla porque Bettina's Closet nació de una visión que tuve cuando volví a Colombia de Milán y no sabía si terminar Arquitectura, que había suspendido por irme a Italia, o meterme a estudiar Administración de Empresas siguiendo la idea de que sirve para todo (risas).
Hablando un día con mi mamá, y como una visión, se me ocurrió que mi camino era hacer algo relacionado con la moda. “¡Pero si nunca te he visto diseñar una camisa en tu vida!”, me dijo ella antes de advertirme sobre la competencia tenaz de esta industria. Mi respuesta, aunque no fue tan estructurada como la digo ahora, es que yo no quería ser diseñadora sino curadora de moda. No sé por qué, pero desde siempre, si me ponía a escoger entre una prenda y otra, yo sabía por qué una era hermosa y la otra no…
CAMBIO: Pero entiendo que sí terminaste Arquitectura…
B.D.: Sí. Y aunque siempre supe que no la iba a ejercer, fui muy feliz estudiando Arquitectura. Eso sí, justo antes de terminar me dio la fiebre de ser actriz y eso hice: apenas recibí el diploma me fui a Nueva York a estudiar actuación en la Neighborhood Playhouse, de donde han salido actores y actrices increíbles como Kevin Spacey, que más allá de las mil denuncias que tiene encima, es un actor que amo. Es que desde chiquita quise ser una estrella. Aparecer en un escenario, cantar, aunque sin el peso de ser famosa. Eso nunca me ha interesado.
CAMBIO: ¿Y entonces cómo fue que esa visión se hizo realidad?
B.D.: Mientras estuve en Nueva York, aunque no soy fan del shopping, empecé a ver, conocer, e incluso a comprar en tiendas de segunda mano. Al dimensionar el tamaño del mercado pensé: “Esto no existe en Bogotá, tengo que montarlo”. Mi plan era consagrarme como actriz y luego, a los 45 años, montar una tienda de segunda mano…
CAMBIO: Y…
B.D.: Pues que apenas me gradué llegó el covid y me tocó devolverme, con lágrimas en los ojos. Mientras mis amigas ya estaban haciendo empresa, trabajando como financieras o en publicidad, yo tenía 27 años y solo había trabajado como mesera en Nueva York. Entonces me decidí a montar Bettina's Closet. ¿Por qué el nombre? Porque al primer almacén de segunda mano que entré en mi vida se llama Vicken´s Closet, y como mi nombre es raro encajaba perfecto: Bettina´s Closet.

CAMBIO: 2020, pandemia, no se podía salir… ¿cómo empezaste?
B.D.: Justo antes de que nos encerraran por completo, creé una cuenta de Instagram para vender ropa mía, de mi mamá y de mi abuela. Cuando todavía se podía ir a fiestas, pero saludándose de lejitos, la gente empezó a hablar maravillas de la idea y de la ropa que había montado. Y la cosa empezó a crecer de forma increíble. Al comienzo, la tienda funcionó en un apartamento chiquitico al que me mudé y que llené de racks para mostrar prendas. Las clientas iban a conversar, a tomar café y a comprar tesoros.
Fue inspirada en Leonora Morales, una de las grandes del second hand en Colombia, que empecé a hacer videos para mostrar y vender las prendas de Bettina´s closet. Sin trípode, poniendo el celular en una montaña de libros, haciendo todo sola, fue que hice mi primer millón en una venta en vivo en Instagram (risas). ¡Vendí 95 piezas en una hora y cuarenta minutos!
CAMBIO: ¿Cómo pasaste de vender por Instagram en tu apartamento a ser una marca seguida por 30.000 personas y que es protagonista en la industria de la moda circular en Colombia?
B.D.: Una historia muy chistosa que me hizo empezar a refinar los procesos fue que vendí una cartera Burberry de mi mamá en 180.000 pesos, cuando en el mercado de segunda mano la encuentras, si tienes suerte, en un millón de pesos. ¡La regalé! Eso me hizo ajustar la manera para tasar el valor de la ropa y las piezas que me llegan, así como empezar a formalizar la compra y la venta con un contrato, la contabilidad, el inventario… no podía seguir mandándole a las clientas un documento de Excel en el que les escribía “tú me entregaste una chaqueta de tal marca y tal color con estos materiales”...
CAMBIO: ¿Cómo le pones precio a lo que te llega?
B.D.: Quisiera sonar más profesional de lo que voy a hacerlo, pero gran parte del avalúo lo hacemos a ojo. Eso sí, con una investigación previa sobre la marca y los materiales. Como sabemos, por ejemplo, que las piezas de Pepa Pombo oscilan entre el millón trescientos y los dos millones, nosotros las vendemos a 800.000 o 900.000 pesos. Sabemos que una pieza en poliéster de Silvia Tcherassi, que es la diseñadora más exquisita de Colombia, tiene un valor mayor a una en poliéster de otra marca con menos relevancia.

CAMBIO: ¿Solo recibes ropa de diseñadoras consagradas?
B.D.: ¡No! Yo no quería una tienda solo de marca. De hecho, nos encantan las piezas artesanales. Si nos traen un abrigo hecho cien por ciento en lana comprado en un mercado de las pulgas a 100.000 pesos, y nos gusta, lo vendemos en 300.000 pesos. ¿Por qué? Porque valoramos la pieza. Y al lado de ese abrigo artesanal puede perfectamente estar un abrigo Gucci de 2 o 3 millones de pesos. En Bettina's Closet, como en ningún otro almacén, te encuentras con una propuesta ecléctica, llena de colores, texturas, marcas, épocas. Es un lugar para jugar con los múltiples personajes que llevamos dentro.
CAMBIO: ¿Le dan un valor especial a la producción colombiana?
B.D.: Claro. Además de recircular piezas de marcas y diseñadoras colombianas que no se vendieron en sus últimas colecciones, tenemos alianzas para descuentos especiales y un capítulo de Bettina's para emprendedores colombianos. En este momento estamos trabajando con Baobab, Aguabendita, tres joyerías colombianas y un emprendimiento de carteras en cuero de vaca divinas de unos pelados que empezaron hace cinco meses y que son una belleza.
CAMBIO: ¿Cómo es eso que por acá pasó Amparo Grisales a vender su clóset?
B.D.: (Risas) Es que en Bettina's también vendemos los clósets de los famosos. Con Amparo –que es la más mamacita y la más querida– fue increíble. Se venía a la tienda a tomar café y entonces cuando las clientas llegaban a comprar su ropa terminaban hablando con ella y enterándose cuál fue el vestido que usó para la portada de tal revista, o para Yo me llamo y demás eventos. Vendimos 200 piezas de Amparo, fue una locura. Aunque también hicimos curaduría y nos tocó verla furiosa por no recibirle ciertas prendas (risas). Hemos vendido los clósets de Catalina García -de Monsieur Periné-, Esperanza Gómez, Camila Esguerra, Pilar Castaño y, ahora, el de la influencer de moda Ana Galán de Brigard, entre otros varios.

CAMBIO: ¿Tienes marcas vetadas?
B.D.: En Bettina 's Closet no entran Mango, Zara, H&M ni ninguna marca de fast fashion. Aunque no me gusta definir nuestra filosofía con una negación, creo que ese es nuestro gran diferencial. De hecho, el 25 de agosto –que es el día de la Moda Circular–, hicimos una protesta para seguir llamando la atención sobre el consumismo desbordado de nuestro tiempo. Fue un performance callejero que quiso visibilizar que, aunque es demasiado evidente el daño ambiental y social del consumo y la inmediatez, sigue imperando el deseo por comprar y sentirnos bellas y bien vestidas. Las camisetas que usamos en la propuesta se pueden comprar en nuestra página web y así apoyar a una ONG chilena que es increíble y que rescata ropa que las grandes marcas de fast fashion desechan, sin estrenar y por toneladas, en el desierto de Atacama.
CAMBIO: ¿Cuántas piezas recircula Bettina's Closet al mes?
B.D.: Cada semana recibimos 80 piezas de segunda mano. Así que al mes estamos recirculando 320 piezas, de las cuales vendemos entre el 80 y el 90 por ciento. Las piezas que entran a nuestro inventario tienen dos meses para venderse, devolverse o donarse. Desde que abrimos hemos vendido 20.000 piezas. Es un éxito. Literalmente ya no tenemos espacio para recibir ni una sola prenda más. Vamos a tener que inventarnos algo porque damos abasto con la oferta de vendedoras y compradoras y odio tener que decirle que no a la gente.
CAMBIO: ¿Cuál ha sido el gran tesoro que pasó y se vendió en Bettina´s Closet?
B.D.: Tuvimos una chaqueta 100 por ciento en lana de Alado, que es una marca de dos diseñadores colombianos que trabajan con técnica y una materia prima muy especial con la que logran que la lana se sienta como papel maché, sin peso, una cosa increíble. Cuando una clienta la compró, grabamos un video que a la gente le gustó mucho y en el que yo, aunque ya ella la había pagado, me negaba a soltarla. Me encanta que la industria circular está atravesada por la filosofía de vaciarse y dejar ir. La que vende y la que compra.
CAMBIO: ¿Qué no te gusta de este negocio?
B.D.: Me gusta todo, pero también es cierto que la presión de liderar es muy fuerte. Soy una privilegiada porque tengo un equipo de cuatro peladas ‘superpilas’ que saben hacer todo y que se han hecho mis amigas; pero al final la marca tiene mi nombre y eso me obliga a aparecer en todo, en Instagram, TikTok, en la tienda… y de tomar las decisiones de inversión con las consecuencias que eso tiene. Hace poco tuve mi primera gran funa, pero eso es otra historia (risas).

CAMBIO: ¿Cuál es tu diagnóstico de la industria de la moda circular en Colombia?
B.D.: Hay tiendas increíbles. Look Twice, Garage Sale, E-social, Closet Up y miles más que no te estoy diciendo. Incluso hay una feria enorme con puestos y puestos de ropa de segunda mano. Es un mercado enorme que sigue creciendo.
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