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Diego Amaral y su línea del agua
Diego Amaral
Cultura

Diego Amaral retrata la huella del agua en la geología del Orinoco

En 'Línea de Agua (aguas bajas)', una muestra de nueve fotografías ampliadas en gran formato, el artista combina sus sensibilidades de artista gráfico y naturalista para develar la huella que dejan las aguas del río Orinoco cuando logra su máximo caudal, y que está a la vista cuando se recorre el río en la temporada seca. La exposición puede verse en la Galería Sextante de Bogotá.

Por: Eduardo Arias

En 2019 Diego Amaral navegó durante la temporada seca, las aguas del río Orinoco desde Puerto Carreño, Vichada, hasta Puerto Ayacucho, en Venezuela, y se encontró en las rocas y otros elementos de las riberas del río la línea que demarca la altura que alcanza el agua durante la temporada de lluvias.

Esa línea horizontal que parte en dos el paisaje del río explica el título de su exposición Línea de Agua (aguas bajas) que se exhibe en la Galería Sextante de Bogotá. Hace referencia a la huella horizontal, que señala hasta dónde suben las aguas cuando llegan las llivias. Una diferencia de nivel que puede ser hasta de 15 metros.

La muestra la componen sietepiezas de 100 × 150 centímetros, en papel, y dos de 128 × 260 cm en lienzo que comparten el espacio con un mapa del Nuevo Reino de Granada que realizó Alexander von Humboldt, que hace parte del Atlas del Nuevo Mundo, que está puesto en el piso de la sala que sumerge a los visitantes se sumerjan en la geografía y la memoria histórica de la Orinoquia.

Diego Amaral Ceballos nació en Bogotá en 1958 y le ha dedicado su vida a la fotografía, el diseño gráfico, la edición y la exploración. Estudió Historia del Arte y Literatura Comparada en la Universidad de Brown, y la biología y la geología han sido más que aficiones que lo han acercado a la fotografía y a los escenarios naturales.

Fue pionero en Colombia del diseño gráfico digital. En 1987 fundó Zona Limitada que luego dio paso a Amaral Diseño y en 2011 a Amaral Editores, desde donde ha desarrollado numerosos proyectos editoriales sobre arte, arquitectura y botánica, en los que ha combinado su sensibilidad estética de artista con los resultados de múltiples viajes de exploración en los que ha sacado a relucir su talento innato como naturalista, presentes en el catálogo de su obra como fotógrafo. CAMBIO habló con él acerca de la exposición y de sus aproximaciones a la fotografía.

CAMBIO: ¿Cómo surgió la idea de tomar esas fotografías?

Diego Amaral: Siempre tomo fotografías en los lugares que visito. Línea de Agua es el resultado de un viaje a Puerto Carreño en febrero de 2019, época de aguas bajas. Un lugar extraordinario que siempre quise conocer y al que llegué acompañado de varios amigos, entre ellos María Eugenia Niño, de la Galería Sextante. Hace unos meses ella me llamó y me propuso exponer en la Galería, y yo decidí rendir homenaje a ese viaje y mostrar la grandiosidad del Orinoco.

Al revisar mi archivo fotográfico de ese viaje, veo que la primera foto que tomé de una roca con “línea de agua” fue una hora después de embarcarnos río arriba. Desde ese momento empecé a buscar esas marcas, esa “línea de agua” y la puse al centro de mi radar visual.

CAMBIO: ¿Cómo descubrió usted esas líneas?

D. A.: En el Orinoco, en aguas bajas, las rocas dominan el paisaje casi más que el agua y el cielo. Son enormes, colosales, y es imposible no detener la mirada sobre ellas y sobre cada detalle que las conforma. Todas están marcadas por las líneas de aguas altas. En febrero de 2019 ocurrieron las primeras aguas bajas después de una de las crecientes más altas registradas en la historia reciente del río Orinoco, en agosto de 2018. No las descubrí, era imposible no verlas. Al seleccionarlas y editarlas, tanto mi ojo de fotógrafo, mi ojo de editor y mi línea mental todos siguieron esas líneas de agua. Se volvieron el eje de la serie, porque son vestigios de cada creciente que muestran cómo el río transforma tanto el paisaje como la vida de todos sus habitantes.

CAMBIO: Háblenos un poco de los viajes, las expediciones que lo llevaron a esos lugares.

D. A.: Siempre he tratado de ir a lugares donde el paisaje y la naturaleza en su esplendor original se puedan apreciar plenamente. El asombro ante el Cosmos y la vida que lo habita siempre me ha fascinado, me ha pasmado y me ha llenado de asombro. El misterio de la vida, de la naturaleza, siempre me asombra.

Por eso también me ha fascinado toda la literatura de exploración y de expediciones: La Condamine, Darwin, Spruce, Stanley y otros recuentos menores de descubrimiento por el planeta Tierra. Estas expediciones curiosamente siempre tienen un componente botánico, que es también un interés que me ha acompañado desde la adolescencia, cuando nos íbamos de aventuras con amigos a explorar los Cerros Orientales de Bogotá. Ir al Orinoco fue una gran oportunidad de sentir el pulso geológico de la naturaleza en uno de los lugares más antiguos de la tierra.

CAMBIO: ¿Qué detalles llamaron su atención mientras adelantaba el proyecto?

D. A.: Mientras desarrollaba este proyecto, esta Línea de Agua, me sumergí en publicaciones que los habitantes de los Llanos y pueblos del río Orinoco hacían en distintas redes sociales. Encontré que la creciente, las aguas altas, de este 2025 casi sobrepasan las de 2018. En Puerto Carreño el agua inundó hasta los primeros pisos de las casas cerca al centro. A pesar de la tragedia y las dificultades, la vida sigue y los habitantes se adaptan a los caprichos del “río padre”, de su “río loco”. Hay videos de peces, entre ellos caribes, nadando entre las mesas y sillas de los comedores; hay imágenes de subiendas en las calles y de caimanes descansando en los andenes. Como lo hizo Humboldt hace más de 200 años, se puede hablar indefinidamente sobre este “_río loco_”.

CAMBIO: ¿Cómo ese material cobró la forma de la exposición?

D. A.: Las mejores fotos de esa travesía las tenía escogidas y reveladas desde muy poco después de retornar de Puerto Carreño. Estaban en hibernación esperando unas aguas altas, un momento oportuno para exponerlas. Cuando María Eugenia me invitó a exponer y decidí mostrar Línea de agua, quise acompañar las imágenes con un mapa que ayudara al espectador a ubicar el territorio del Orinoco, ese río que además es frontera entre Colombia y Venezuela.

Los mapas siempre me han fascinado. Desde niño me detenía en ellos, y en primaria, al leer The Hobbit, descubrí que el mapa era esencial para la épica de los hobbits. Desde entonces he coleccionado mapas y, con la llegada de la georreferenciación, empecé a registrar mis rutas con precisión. Eso me permitió ubicar las fotografías en su contexto exacto.

Sabía que Humboldt había recorrido el Orinoco y lo había cartografiado con el máximo rigor científico de su época. Investigando encontré un mapa del río Meta y del Orinoco, levantado en 1813 y publicado 18 años después; ¡hace más de 212 años!. Logré escalarlo digitalmente a 9 x 4 metros manteniendo su tono original, tono que además me ayuda a establecer el tono final de las fotos, un tono que le da un toque de antigüedad, de documento encontrado y que espero haga reflexionar un poco sobre el transcurso del tiempo. Ese mapa me sigue impresionando: fue creado sin GPS, satélites ni drones, solo con sextantes, teodolitos, compases y las estrellas.

CAMBIO: ¿Qué retos o desafíos plantea la impresión en un formato tan grande?

D. A.: Imprimir en gran formato siempre es un reto, sobre todo en tamaños mayores a 40 × 60 centímetros. El proceso comienza conmigo: hago pruebas de impresión y de revelado digital hasta lograr la visión que busco. Luego escalo el archivo para mantener la mayor nitidez posible y a partir de ese momento pasa a manos expertas. En este caso trabajé con Juanita Carrasco y su equipo en Fan Lab, quienes ajustaron los perfiles de impresión y seleccionaron los papeles adecuados. El resultado final, en piezas de 100 × 150 centímetros, fue un logro técnico que les agradezco profundamente.

La enmarcación es otro desafío. Allí intervino Edwar Domínguez, de Nam, con un trabajo minucioso y apasionado. Gracias a ese equipo, una imagen que nació como una alucinación mental pudo convertirse en una experiencia visual compartida.

CAMBIO: ¿Cómo llegarle con trabajos como el suyo al público en estos tiempos de miríadas de imágenes efímeras que se reciben a cada rato?

D. A.: Ese dilema es unos de los temas de nuestro mundo moderno. Me parece que la miniaturización de las imágenes, su uso como un lenguaje casi jeroglífico, trae como consecuencia la necesidad de crear imágenes y arte cada vez más grande, más monumental, que inviten a detenerse y a contemplar, en un esfuerzo de sobresalir de la verbalidad de las imágenes, de escaparse de los confines cotidianos del celular.

Línea de agua (aguas bajas)
Diego Amaral
Galería Sextante
Carrera 14 No. 75 – 35, Bogotá.
Abierta al público del 13 de septiembre al 29 de noviembre
Lunes a viernes 10:00 a.m. a 6:00 p.m., sábado 10:00 a.m. a 2:00 p.m.

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