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Muertos sin sepultura 1
'Muertos sin sepultura', montaje del Teatro Libre.
Cultura

‘Muertos sin sepultura' sacude, incomoda y obliga a pensar

Un texto crudo y provocador de Jean Paul Sartre escrito durante la Segunda Guerra Mundial pone a pensar y reta al público contemporáneo con su puesta en escena y sus diálogos. La presenta viernes y sábados el grupo del Teatro Libre en su sede del Centro, en Bogotá, hasta el próximo 15 de noviembre.

Por: Eduardo Arias

Cinco miembros de la resistencia que fueron capturados por la milicia colaboracionista durante la ocupación de la Alemania nazi a Francia se enfrentan a una serie de dilemas éticos y morales. El colegio en el que están encerrados es el escenario donde capturados y captores es el escenario donde se lleva a cabo un permanente y desgrrador debate sobre la culpa, la responsabilidad y el miedo. Ese es el motor de Muertos sin sepultura, un texto escrito durante la Segunda Guerra Mundial por el filósofo, dramaturgo y escritor existencialista Jean Paul Sartre.

Es una obra que incomoda, sacude y provoca a los espectadores. Esta versión del Teatro Libre de Bogotá la dirige Diego Barragán. CAMBIO habló con él sobre el montaje y el contenido y significado de la obra.

CAMBIO: ¿Qué retos enfrentaron durante el desarrollo del montaje?

Diego Barragán: Yo siempre le insistí a mis compañeros de grupo que el texto hablado no podía darle al público la posibilidad de pensar que estaban viendo teatro. Que eso pase a un segundo plano en la mente del espectador. Lo segundo era ver cómo cada personaje se enfrenta de distintas maneras a una situación que es cambiante. En principio hay un miedo antes de que lo empiecen a torturar, hay un miedo durante la tortura y hay una emoción después de la tortura. Esa es otra reacción. Y si vuelve a haber una nueva tortura hay otro miedo que no es igual al primero porque ya se sabe lo que pasó. Cada uno de los personajes pasa por unos momentos que no pueden ser iguales.

El actor a veces tiende a igualar la emoción porque es mucho más sencillo encontrar una manera de reaccionar. Se insistió mucho en el montaje en que hay distintas maneras de tener miedo, hay distintas maneras de demostrar debilidad, hay distintas maneras de demostrar fortaleza, de demostrar, de llorar, de gritar o de sufrir. Nos centramos en la construcción de personaje, en el trabajo del texto y en la construcción de atmósferas y de situaciones.

CAMBIO: Háblenos de la escenografía, que combina elementos tradicionales como un radio de época con estructuras que dan a entender que se trata de una edificación de dos pisos.

D. B.: Mónica Bastos se encargó de la escenografía. Nos costó un poco llegar. Yo no quería algo muy loco y teatral, pero tampoco quería construir una escuela de la Francia de 1944. Quería algo que estuviera en la mitad y que rompiera las formas y la centralidad que a veces maneja el Teatro Libre en sus montajes. Que tuviera distintas diagonales, distintas aristas.

CAMBIO: Un elemento muy llamativo es el vestuario.

D. B.: Así es. Lo que nos enseñó Luisa Toro con el vestuario tiene que ver con darle vida a una prenda. Uno a veces, como actor, dice: “Ay, me voy al mercado de las pulgas a comprar una prenda de segunda.” Pero aparte de comprar la prenda de segunda, viene un trabajo de maquillaje de esa prenda, lo que llaman la pátina, que le da una vida extra al vestuario. Ya no es solamente encontrar un vestuario, sino hacerle la pátina y convertirlo en ese traje que un personaje usa de una manera determinada. Tiene un desgaste mayor ya sea en los codos, los hombros, las rodillas o los puños de acuerdo con su oficio. Estos personajes acaban de hacer una toma, y entonces hay marcas de pólvora en su vestuario. Es un mundo que no habíamos explorado con esa profundidad.

'Muertos sin sepultura' en escena

CAMBIO: En su concepto, ¿qué papel juega la música que se oye a lo largo de la obra?

D. B.: Yo contacté a Santiago Botero porque él había hecho la música de Tres lunas nuevas, una película en la que yo participé y que estrenaron este año durante los ensayos de Muertos sin sepultura. A mí me pareció muy buena porque jugaba más a lo atmosférico que a ilustrar lo que estaba pasando. Yo no quería unos violines como en La lista de Schindler mientras alguien muere. Yo quería algo más atmosférico, que le diera unas sensaciones adicionales al público. No solamente tocarle la nota del miedo, lo mismo de siempre. Yo necesitaba alguien que me ayudara a buscar diferentes sensaciones para el público.

CAMBIO: ¿Cómo asocia usted esta obra escrita durante la Segunda Guerra Mundial con los tiempos en que vivimos en el mundo?

D. B.: Hay cosas que a veces no es necesario ni decirlas. Vivimos en un país que constantemente ha estado polarizado. Centralistas y federalistas, liberales y conservadores, paramilitares y guerrilla, comunistas y capitalistas. Yo creo que en un mundo en el que la derecha quiere retomar el poder a sangre y fuego, en este mundo donde hay un genocidio a la vista de todo el mundo, en un mundo super comunicado donde casi que vimos en vivo un genocidio, no es raro que un país como nuestro vuelva a vivir eh lo que vivió con la UP. La eliminación del contrario, del que piensa diferente. Yo tengo muchas personas cercanas al Teatro Libre de muchos años que me dice: “A mí me torturaron. Yo viví esto. Yo supe lo que era callar por una causa. A pesar del dolor, del hambre, de la sed, del sueño, del frío, yo tomé la decisión de callar”. La Segunda Guerra, como conflicto mundial y como conflicto humano, trajo una cantidad de situaciones como estas, pero estas situaciones en Colombia han pasado en casi toda su historia.

?Muertos sin sepultura', obra de cruda violencia

CAMBIO: ¿Qué opina usted del teatro político? ¿Cómo encara usted ese tipo de obras, esos temas?

D. B.: Hay público al que lo aleja el teatro panfletario, el que dice directamente: “_Aquí hay una denuncia por la masacre de las bananeras_”. Hay gente que se aleja y dice: “_¡Ay, qué jartera, esta gente me está dando cátedra!_” A mí me gusta que la gente se acerque al texto y al teatro de manera desprevenida. Yo no voy a enseñar cómo fue la masacre de El Aro ni lvoy a decir cómo fue el movimiento de José Antonio Galán. No le voy a enseñar nada de historia ni darle moralejas de nada. La gente se acerca de manera muy desprevenida, pero empieza a hacer ella misma las conexiones. Ese es un valor al trabajar con el texto de autor. Aísla a la gente, la pone en otro lugar, pero a la final la pone a hacer un trabajo muy inteligente que es conectar los puntos y decir: “_Esto pasó en Colombia_” o “_esto es lo que está pasando en el mundo_”.

CAMBIO: ¿Por qué montaron una obra de un autor como Sartre, francés, si en Colombia hay temas similares para explorar?

D. B.: Ese es un reclamo que a veces me hacen: “Ustedes montan obras de afuera, ¿por qué no hablan de situaciones que hay aquí en Colombia? En Colombia ha habido guerra, en Colombia ha habido muerte, en Colombia ha habido injusticia. ¿Por qué montan ‘Hamlet’ pudiendo hablar del fenómeno paramilitar en Colombia?”. Si queremos hablar de un tirano, podríamos hablar de Macbeth. Si quisiéramos hablar de cómo se hace una cacería de brujas contra gente que piensa distinto podríamos montar Las brujas de Salem. Si quisiéramos hablar de lo que pasa durante un conflicto montamos Muertos sin sepultura. Me parece interesante poner a la gente a conectar los puntos.

CAMBIO: ¿Cuáles son, en su opinión, los alcances éticos y morales del texto de Muertos sin sepultura?

D. B.: Hay algo que me parece muy inteligente de Sartre en esta obra y es mostrar la libertad de la que él habla mucho como filósofo existencialista. Incluso en el cautiverio tienen la libertad de decidir. En ese momento en que están encerrados en un espacio reducido y sabiendo que van directo hacia la muerte desde el principio de la obra el hombre tiene la posibilidad de enfrentarse a su libertad, a la libertad de elegir ser valiente. Yo les decía a mis actores: “El miedo es una reacción, pero la valentía, es una decisión del hombre consciente y libre. Se tiene el valor de decir “no voy a confesar”, el valor de decir “no voy a gritar.” Esa es de las de las reflexiones que a mí más me llaman la atención.

CAMBIO: ¿Cómo afecta esto a los espectadores?

D. B.: Yo creo que ética y moralmente de alguna manera ponen al público contra la pared. La pregunta que le planteamos al público en nuestro despliegue de redes y en la publicidad de la obra es: “¿Usted qué haría?”. Es algo a lo que el público se ve enfrentado. ¿En qué lugar estoy? Yo estoy del lado de los milicianos, yo estoy del lado de los de arriba que luchan por un ideal, yo estoy de acuerdo con la muerte de tal o cual personaje, yo sería valiente o yo me enfrentaría a una confesión y a un posterior juicio de parte de mis compañeros.

Hay algo que ahí se mantiene desde los griegos que tiene que ver con esa educación del espíritu. Yo creo que ese es un alcance muy grande que tiene la obra. Yo siento compasión por lo que le pasó a Edipo, pero me horroriza casarme con mi madre y matar a mi padre. Ese fue el valor del teatro para los griegos, que llevaba una purificación del sentimiento o del espíritu o de la vivencia humana. Se purifica algo dentro de nosotros cuando vemos estos ejemplos, logramos esta catarsis y sentir esta compasión y horror. Yo creo que ese es el alcance mayor.

En el ejercicio de ver la obra el público se ve enfrentado a tantas preguntas, a tantos momentos, que se cuestiona también de alguna manera su ética y su moral. ¿Yo sería capaz de matar a mi hermano para beneficiar una causa? No más con esa pregunta mucha gente queda en jaque. Pero yo creo que hay que preguntárselo y como seres humanos deberíamos llegar en estos momentos donde hay que hacerse grandes preguntas porque eso es lo que educa nuestro espíritu, nos prepara, así nunca nos pase. Yo cómo me enfrento a una situación extrema. Yo creo que ese es el alcance moral.

'Muertos sin sepultura' cautivos

CAMBIO: ¿Qué retroalimentación han recibido del público que asiste a esta obra tan cruda e implacable?

D. B.: Se escucha un aplauso extraño después de que termina la obra. En principio pensaba que estábamos terminando mal la obra, que no tenía un final concreto. Hicimos unos arreglos del estreno hacia acá y se aclaró un poco el final, pero igual es como si la gente no quisiera aplaudír, como si no pudiera aplaudir, como si se sintiera mal aplaudiendo. Es algo que me ha dicho la gente, “yo no quisiera aplaudir lo que acaba de pasar, yo siento muchas cosas horribles”. Después salir del teatro muchos amigos y varias personas con las que he hablado me decían que uno sale con una sensación por dentro y después empieza a pensar en esas sensaciones y en lo que pasó en la obra o a hablar con la persona con la otra persona con la que vino y a construir a partir de lo que fueron las vivencias alrededor de la obra y se generan conversaciones. Mucha gente se siente golpeada por la crudeza y la violencia de la obra. Esa era mi búsqueda también como director y también de mis compañeros. Queríamos que se creyera el cuento, que la gente estuviera aterrada y que viviéramos una experiencia llena de momentos que generalmente no se viven últimamente en el teatro.

Hay muchas obras que si bien juegan con la violencia lo hacen de una manera más poética, más teatral, más narrativa. Aquí el encuentro con la violencia es directo, es de frente. Tengo que decir como director que hay muchas cosas que se pueden arreglar a ese respecto, pero hay mucha gente que le gusta y que lo recibe con agradecimiento.

A mí lo que más me gusta es que la gente al salir de la sala no sabe qué pensar. Mucha gente me dijo: “Oiga, yo me di cuenta de que vi una gran obra pero fue después, cuando llegué a mi casa o cuando estaba en el café de ustedes tomándome una cerveza”.

Muertos sin sepultura
Teatro Libre sede Centro
Calle 12D No. 2-44
Viernes 8:00 p.m., sábados a las 5:00 y 8:00 p.m.
Temporada hasta el 15 de noviembre.

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