Ir al contenido principal
Fotograma de Horizonte, película de Cesar Acevedo.
Cultura

“Tenía la convicción de que el limbo del Acuerdo de Paz era idóneo para perdonarnos”: César Acevedo, director de Horizonte

Paulina García como Inés junto a Claudio Cataño, como su hijo Basilio. Créditos: prensa Horizonte.

El perdón y sus reveses, las almas errantes de los cientos de miles de desaparecidos, la culpa, el milagro de entender al otro, la violencia sempiterna de Colombia y la imagen poética como mecanismo para desmontar la desesperanza y la inercia de la guerra. El premiado director César Acevedo habla con CAMBIO sobre 'Horizonte', su más reciente película.

Por: Juan Francisco García

CAMBIO: Horizonte es una película difícil de ver, de esas que al espectador le implican todos sus sentidos. ¿Cómo la fue armando en su cabeza?

César Acevedo: Siento que es una película difícil porque toca muchos dolores, traumas, heridas de nuestra sociedad; pero es que precisamente hay que empezar a reconocer esas verdades para una transformación en nosotros mismos, para trabajar la salud moral de nuestro pueblo. Horizonte intenta partir desde el punto de vista de los muertos, no pensarlos como estadísticas, sino como seres humanos, como nosotros. Es una película para los que estamos acá y tenemos todavía la oportunidad de transformar nuestra realidad. 

Cesar Acevedo, director de cine
El director de cine Cesar Acevedo y el estreno de Horizonte, se segundo largometraje.

CAMBIO: Inevitablemente, Horizonte remite a Pedro Páramo y su pueblo fantasmagórico. ¿Qué otras referencias tuvo?

C.A.: En efecto está la influencia de Pedro Páramo, también de la Divina Comedia de Dante, pero lo que busqué fue configurar un universo propio; construir el propio mito colombiano acerca de este viaje físico y espiritual que emprenden los personajes por este país devastado por la guerra. 

Fotograma de Horizonte
Fotograma de Horizonte, la película que explora el limbo para preguntarse por el perdón. Créditos: prensa Horizonte.

CAMBIO: Como en La Tierra y la sombra, su primer largometraje, Horizonte deja unos chispazos poéticos muy poderosos. Particularmente me encantó la escena del vaso de agua que le entrega el desaparecido a su verdugo. ¿Cómo es su relación con la poesía? 

C.A.: La verdad es que preferiría ser poeta y no cineasta, pero sigo sin poder escribir un poema mínimamente decente (risas). Me interesa mucho cómo la poesía, más allá de la belleza, permite explorar zonas de la vida que no tienen explicación lógica o racional. Trato que su uso en el cine trascienda la construcción estética visual para ser una forma de relacionarse con la vida; de crear alegorías, metáforas, asociaciones y universos posibles que a veces pueden estar cercanos al absurdo, pero permiten expresar esas ideas, emociones y pensamientos que quizá no se pueden decir de otra manera. 

CAMBIO: Horizonte me hizo pensar en un artículo de Fabio Rubiano en el que afirma que, muchas veces, el perdón, como imperativo moral, termina siendo otra carga para la víctima. ¿Cuál es su postura sobre el perdón en nuestro interminable conflicto interno?

C.A.: Fue una pregunta difícil que me planteó la película, que empecé a hacer después del plebiscito y que me hizo dimensionar lo desconectados que estamos entre nosotros mismos y la brutal insensibilización que hay en Colombia con respecto a la violencia. Más que dar una explicación de lo que debe ser el perdón y la reconciliación, lo que busca Horizonte es invitarnos a todos a que asumamos esos compromisos y esas responsabilidades de una manera personal.  Porque no se trata de que se perdonen por allá, lejos, los otros, que hagan la paz los otros; sino que todos tenemos una relación directa con el pasado, el presente y futuro que vamos a construir.

Fotograma de Horizonte 2
Fotograma de Horizonte, la última película del premiado director caleño Cesar Acevedo. Créditos: Prensa Horizonte.

CAMBIO: En concreto, cuál ha sido su experiencia con la violencia en Colombia 

C.A.: Yo no he sido ni víctima ni victimario, como sí lo han sido los protagonistas de mis películas. Pero creo que en nuestro país no hay una sola persona que haya sido tocada, directa o indirectamente, por la violencia. Donde sea que uno vaya, siempre hay personas e historias. Así fue como empecé a investigar, compartiendo experiencias personales con la gente, y luego escuchando las declaraciones de Justicia y Paz y especialmente de la JEP. Me interesaba hablar del conflicto desde los dos lados, el de las víctimas y los victimarios, porque no se puede hablar de violencia sin reconocer a ambos. Eso se refleja en la película: los personajes no pueden avanzar solos, y cuando alguno desaparece, se pierde una parte importante de la verdad.

CAMBIO: Su premiada película La Tierra y la sombra fue hecha por actores naturales. ¿Cómo fue dar el salto a dirigir a dos actores del calibre y la trayectoria de Paulina García como Inés y Claudio Cataño como Basilio?

C.A.: Esta fue la primera vez que trabajé con actores profesionales y para mí fue un salto muy grande y una experiencia muy enriquecedora. Trabajar con Paulina y Claudio fue maravilloso porque son personas muy sensibles y comprometidas. En el proceso descubrí que, más allá de la formación profesional o la técnica, lo más importante es la honestidad humana y la fragilidad que cada quien aporta desde su experiencia. Tanto los profesionales como los no profesionales traen sus propias verdades y matices, y eso enriquece el trabajo actoral y la película en sí. Me interesaba mucho que los actores pudieran entregarse a la historia y al dolor que se cuenta, y eso lo logramos a través de la confianza y el diálogo durante todo el rodaje. 

Fotograma Horizonte 3
Fotograma Horizonte. Paulina García encarnando a Inés, metáfora de las madres en nuestro conflicto sin fin. Créditos: Prensa Horizonte.

CAMBIO: Por último, ¿cree que la guerra, en sus terribles paradojas, es fuente de sabiduría y autoconocimiento?

C.A.: Las guerras son una de las principales tragedias de la humanidad porque no solo nos destruye física sino también moral y espiritualmente. Pero creo que en esas crisis físicas, morales, espirituales es cuando más sensible se está para transformarse. Al hacer Horizonte sentí que el limbo es un lugar idóneo para curar el sufrimiento –y que es lo que debió haber pasado después de la firma del Acuerdo de Paz–, pero asumir ese compromiso íntimo y social no ha sido fácil. Lo que quise fue poner en escena que a pesar de todas esas cosas terribles que vi en esos personajes al enfrentarse con la materialidad de los horrores de la guerra, así como tenemos la capacidad de destruir, también tenemos la capacidad para crear, sanarnos colectivamente, tener esperanza.

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir artículo en redes sociales