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Mesopotamia
Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)
Cultura

'Ecos, Mesopotamia': la exposición sobre las historias de quienes resistieron al olvido del conflicto armado en Antioquia

En la nueva exposición del Centro de Memoria Histórica, las fotos hablan por sí mismas: revelan historias de miedo, resistencia y esperanza ante la crueldad de la violencia en Mesopotamia. CAMBIO habló con los coordinadores del proyecto y conoció las historias de quienes aún luchan para que sus recuerdos resuenen más fuerte que las balas.

Por: Jonathan Beltrán

Tres tiros marcaron el inicio de una noche que nadie olvidaría en Mesopotamia. La lluvia intensa de ese miércoles 26 de abril del año 2000 marcó el presagio de la tragedia que más de dos décadas después permanece viva en la memoria de sus habitantes: cinco personas, entre ellas dos estudiantes de bachillerato, fueron asesinados por una estructura paramilitar.

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El parque principal del corregimiento fundado en una ladera de las montañas antioqueñas se vació en un par de minutos. La lluvia golpeaba con fuerza los adoquines mientras los gritos y los disparos rompían la calma del pueblo ubicado a 19 kilómetros de la cabecera municipal de La Unión. El estruendo de las puertas y ventanas cerradas de golpe retumbaba entre las casas, pero el sonido de las balas se imponía sobre cualquier ruido.

Javier Bedoya recuerda que esa tarde llegó a su casa media hora después de que el himno nacional y las campanas de la iglesia marcaran las seis. Como solía hacerlo después de cumplir con su labor como jornalero, se acostó en su cama y encendió el televisor que por la lluvia emitía apenas imágenes borrosas. Pero su descanso se interrumpió solo diez minutos después, cuando todo el pueblo escuchó el tiroteo.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

Una estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia ingresó al corregimiento a las 6:45 de la tarde y varios miembros descendieron armados de los dos vehículos en los que se movilizaban. Sin mediar palabra, abrieron fuego contra un grupo de jóvenes que se encontraba en un depósito de papas ubicado en la esquina del parque principal.

Bedoya permaneció escondido junto a su esposa en el sótano en el que se resguardaban ante las amenazas, cada vez más frecuentes. El tiroteo se detuvo, y el antioqueño pensó que habían superado otra toma más sin muertos. Pero minutos después recibió la noticia de que la violencia también había tocado su puerta: su hijo, Óscar, se encontraba entre las víctimas de la masacre que cambió su historia y la del pueblo.

La vida en Mesopotamia antes y después de la violencia

Con su nombre inspirado en la “cuna de la civilización”, Mesopotamia fue, antes de la década de 1980, un rincón tranquilo rodeado de montañas, cafetales fértiles y huertas familiares. Sus habitantes recuerdan hoy esa época en la que las puertas de las casas permanecían abiertas y todos se reunían en la plaza de mercado sin necesidad de cita previa.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

“Las parrandas en diciembre no faltaban”, dice Alicia Cardona al evocar un tiempo en el que la violencia guerrillera o paramilitar todavía no tenía lugar en las conversaciones cotidianas. Para Libardo Valencia, la situación en Mesopotamia cambió por completo a partir de 1995, cuando el pueblo enterró a la que recuerda como la primera víctima del conflicto armado en esa zona.

Desde entonces, para los habitantes del municipio se volvió común encontrarse en las trochas con hombres armados. La vida parecía retornar a la normalidad por momentos, pero hechos como el primer carro bomba activado en el pueblo –un vehículo de rodillos cargado con explosivos y amarrado con un lazo– eran crueles recordatorios de que la guerra había llegado para quedarse.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

La masacre del 26 de abril marcó un punto de quiebre en la historia de Mesopotamia. Luego de recoger y enterrar ellos mismos los cuerpos de sus hijos y hermanos, los habitantes decidieron abandonar el pueblo: 163 familias iniciaron su desplazamiento y solo nueve se quedaron en su tierra. “Me desplacé de aquí porque el miedo no me dejaba tener vida”, cuenta Carlina Grisales.

A partir de 2010, cuando la guerra había cesado parcialmente, las familias comenzaron a retornar a su territorio para recorrer los espacios que alguna vez fueron obligadas a dejar atrás. Ahora, su historia de tragedia, esperanza y resistencia será contada en Bogotá por el Centro Nacional de Memoria Histórica, en la exposición Ecos, Mesopotamia: refugio de amor.

Narrar el conflicto: un ejercicio de memoria para no olvidar

La exposición, que se presentará en la plazoleta del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación hasta el próximo 28 de noviembre, es el resultado de cuatro años de trabajo con miembros de la comunidad de Mesopotamia. En el proceso colaborativo, los testimonios de violencia y resistencia quedaron plasmados en un proyecto de curaduría de imágenes inéditas.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

Rodrigo Torrejano, miembro del Museo de Memoria y curador de la exposición, explicó a CAMBIO que el proceso partió de un ejercicio colectivo en el que la comunidad escribió sus relatos, seleccionó fotografías y las organizó a partir de ejes que permitieran contar no solo los hechos violentos, sino también las formas en que cada familia enfrentó el conflicto.

“Narrar historias sobre el conflicto armado tiene mucho que ver con la forma en la que habitamos el dolor. La memoria, sin duda, tiene que ser el espacio donde los distintos procesos de afrontamiento de los daños generados por el conflicto armado se encuentren para hacer eco de las voces y los silencios de las víctimas”, explicó Torrejano.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

Para Yuliana Arango, lideresa social del corregimiento y parte del equipo del Centro de Memoria Histórica, los mayores retos de producción y montaje estuvieron relacionados principalmente con la forma en la que se representan las experiencias individuales y colectivas sin dramatizar o simplificar los hechos que esos jóvenes convertidos hoy en adultos mayores aún recuerdan.

Imágenes de casas en ruinas, fragmentos de armas oxidadas y cruces en las trochas, son presentados en la exposición como elementos de transformación, más que como cicatrices de la guerra en el oriente antioqueño. “El propósito es comprender la paz no como un acto del pasado, sino como una siembra que florece con dignidad”, explica la lideresa.

Dónde y cuándo ver la exposición Ecos, Mesopotamia: refugio de amor

El pasado martes se inauguró la exposición en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, ubicado en la carrera 19B # 24-86. Hasta el próximo 28 de noviembre, los visitantes podrán participar de forma interactiva en el espacio en el que se plantea un diálogo intergeneracional sobre las disputas entre actores armados entre 1990 y 2010.

La exposición corresponde a una nueva fase de trabajo con la comunidad, que complementará un registro documental inicial en el que los miembros de la comunidad relatan a detalle sus experiencias durante el conflicto armado, las formas en que enfrentaron la violencia en su territorio y su compromiso actual con la consolidación de la paz.

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Crédito: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

Con un montaje fotográfico inmersivo, la muestra presentará las historias de quienes no han tenido acceso a procesos de esclarecimiento de la verdad o medidas de reparación 25 años después de su desplazamiento masivo. El acceso será libre y contará con el apoyo de especialistas del Museo de Memoria, quienes guiarán a los visitantes para facilitar el diálogo sobre los elementos expuestos.

La masacre en la que murieron Diego Arango, Óscar Bedoya, Diego Campo, Juan Jiménez y José Luis Cardona es solo uno de los complejos hechos narrados en la exposición. La muestra también presentará detalles sobre el proceso en el que se ha negado a la comunidad de Mesopotamia ser reconocida como sujeto de reparación colectiva por “falta de documentación de hechos victimizantes”.

La exposición es concebida como un susurro del campo que viaja al corazón de Bogotá. Busca ser un vehículo para el diálogo y la sanación. Los impactos del conflicto armado en el oriente antioqueño no se han contado por completo y es una oportunidad para que nuevas generaciones conozcan las historias que han marcado el territorio”, explicó Adriana González, directora del Museo de la Memoria, en su invitación a participar en el proyecto.

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