
“Entendería que Petro se quede en el mundo de lo conceptual si fuera escritor o poeta, pero es presidente”: Andrés Mejía, autor de 'La ruta del pragmatismo'
Para el filósofo Andrés Mejía Vergnaud, la perspectiva de vida antipragmática en la que lo abstracto eclipsa lo concreto y lo funcional, es una enfermedad del pensamiento. En contraste, de la mano de pensadores fundamentales para la corriente filosófica del pragmatismo, presenta una alternativa en su libro 'La ruta del pragmatismo'. Conversó con CAMBIO.
En contravía de lo obvio y con mucha más frecuencia de lo que podría pensarse, los seres humanos optamos por perseguir abstracciones antes que objetivos concretos. Ninguno de nosotros escapa, en mayor o menor medida, a la fantasía y el reclamo de un mundo sin las durezas, el dolor, la injusticia y la escasez del planeta Tierra. La ilusión de seguir haciendo parte del Jardín del Edén sigue enquistada en las profundidades de nuestra psique y entonces nos cuesta negociar, aceptar que todo tiene un costo, hacer las paces con la creación imperfecta, caótica e impredecible que nos contiene.
Y esto, como lo expone con agudeza y claridad el filósofo y analista político colombiano Andrés Mejía Vergnaud en su libro La ruta del pragmatismo, tiene un precio mucho más alto de lo que pudiéramos imaginar. Lo bueno, la noticia pragmática, es que en su obra, de la mano de los pensadores más relevantes del pragmatismo como corriente filosófica, nos invita, con ejemplos concretos, a probar otro camino. El de lo posible, concreto y específico. Ese que hermana, en vez de condenarlos a un antagonismo mortal, al pensamiento y la acción.

CAMBIO: ¿Por qué escribió este libro, Andrés?
Andrés Mejía Vergnaud: El libro es el resultado de temas que vengo pensando desde hace mucho tiempo de manera imperfecta, discontinua y problemática, pero que han estado allá adentro del corazón desde hace 20 años. Esto, más el azar que cubre a todas las decisiones humanas y la buena asesoría que recibí permitieron darle forma a esas ideas en el libro.
CAMBIO: En pocas palabras: ¿qué es el pragmatismo?
Andrés Mejía Vergnaud: Es una perspectiva de vida en la que tratamos de unificar lo que pensamos y lo que hacemos, el pensamiento y la acción, el intelecto con las acciones y decisiones en nuestra cotidianidad.
Es una perspectiva de vida en la que tratamos de unificar lo que pensamos y lo que hacemos
Creo que en la modernidad en occidente –aunque esto no se cumple de forma absoluta– por alguna razón nos gusta preservar esa idea de que más allá del mundo de imperfección y contingencia en el que vivimos, existe un mundo compuesto por ideas, conceptos y fundamentaciones firmes de las cosas. Nos movemos apegados mucho a esta concepción, que por supuesto tiene un precio.
CAMBIO: Su libro empieza apelando a la fábula del Jardín del Edén. ¿Por qué?
Andrés Mejía Vergnaud: El Jardín del Edén es una especie de ejercicio de imaginación sobre un mundo en donde de alguna manera tuvimos absolutamente todo. Un mundo en el que no existe ningún tipo de dolor, carencia y conflicto y en donde la abundancia es infinita y perfecta.
En ese mundo no se requiere absolutamente nada del pragmatismo porque ahí no hay dilema, carencia o conflicto; no hay asignación de recursos escasos y por ende no tiene sentido ni la ética, ni la política, ni la economía.
Entonces, empecé el libro con la alusión al Edén para mostrar lo que significa vivir en el mundo contrario, no edénico: el mundo real. Un mundo en el que existe la escasez, el conflicto, el esfuerzo y la imperfección; y eso hace absolutamente necesario mirar la realidad con una perspectiva pragmática, porque en el mundo real es donde debemos tomar decisiones, gestionar recursos escasos y enfrentar dilemas.
CAMBIO: ¿Cuáles son los grandes rasgos de una persona antipragmática?
Andrés Mejía Vergnaud: Digamos que el rasgo principal de una persona antipragmática es que se niega y no acepta en lo absoluto que toda decisión humana comporta un costo, que todo lo que uno hace, decide, actúa, elige, siempre supone dejar algo a cambio, perder algo, sacrificarse. Uno de los grandes problemas de nuestra cultura en muchísimos ámbitos es que nos gustaría pensar que podemos obtener todo de manera gratuita, sin ningún costo, sin ningún sacrificio, sin ningún esfuerzo.
Digamos que el rasgo principal de una persona antipragmática es que se niega y no acepta en lo absoluto que toda decisión humana comporta un costo, que todo lo que uno hace, decide, actúa, elige, siempre supone dejar algo a cambio, perder algo, sacrificarse.
El segundo rasgo es que la antipragmaticidad implica un apego excesivo a lo conceptual y a lo ideológico, pero sin capacidad de acción práctica, es decir, alguien que se queda mucho en lo simbólico, mucho en lo retórico, mucho en lo discursivo, pero no logra aterrizarlo ni materializarlo en una acción concreta.
CAMBIO: ¿Y en el ámbito político?
Andrés Mejía Vergnaud: El político antipragmático es ese que está demasiado atado a las narrativas del pasado o a símbolos de lo que fue, más que a las necesidades reales del presente y del futuro; es decir, alguien que permanece en debates y retóricas simbólicas sin poner a trabajar esos símbolos y narrativas en favor de las urgencias del momento.
“El pragmatismo emerge como una forma de pensamiento que ofrece valiosas meditaciones para navegar un mundo de altas expectativas”
— Mariaposada1 (@MaclaPosada) October 25, 2025
Ya quiero estar en el avión. Gracias al queridísimo @AndresMejiaV. Buena lectura para el sábado. pic.twitter.com/SMxrsD29xz
CAMBIO: ¿Gustavo Petro, por ejemplo?
Andrés Mejía Vergnaud: Yo le reconozco a Petro su genuina preocupación por los más desfavorecidos. Y sobre esto he tenido varios debates con personas que me dicen que para enfrentar estas preocupaciones lo primero que debe hacerse es llamar la atención, pero yo sigo discrepando. La labor de gobierno es una labor ejecutiva. Es decir, si el presidente Petro fuera un poeta, si el presidente Petro fuera un escritor, yo hasta entendería que se quede en el mundo de lo conceptual, pero su función es ejecutar y en ese sentido hay una brecha enorme entre pensamiento y acción, entre lo ideal y lo posible.
si el presidente Petro fuera un poeta, si el presidente Petro fuera un escritor, yo hasta entendería que se quede en el mundo de lo conceptual, pero su función es ejecutar y en ese sentido hay una brecha enorme entre pensamiento y acción, entre lo ideal y lo posible.
CAMBIO: Me obliga a preguntarle por el concepto de la ética hipertrofiada que aparece en su libro…
Andrés Mejía Vergnaud: Una de mis tesis en el libro es que la ética, como todo, como el sistema inmunológico mismo de los seres humanos, es susceptible de hipertrofiarse. De ninguna manera desconozco que el sentido moral y ético es algo sumamente valioso para las sociedades humanas y que no deberíamos tomar decisiones que vayan en su detrimento; pero mi reflexión señala que el marco de lo ético no debería ser ni el único ni el criterio fundamental a la hora de tomar decisiones. Creo que la mayoría de problemas humanos se resuelven con criterios prácticos: dentro de un marco ético pero con criterios prácticos. Creer que la ética por sí misma resuelve problemas prácticos agudiza esa brecha entre pensamiento y acción y alimenta una forma de operar contraria a lo viable y funcional, a la negociación y a los resultados concretos.
La postura que elaboro en el libro es que el criterio principal de un sistema político debería ser la funcionalidad y la eficacia probable de lo que busca lograr. Hay que encontrar un equilibrio para avanzar en la toma de decisiones; evaluar las decisiones de los demás dentro de un marco ético, pero sin que el juicio moral sea el principal ni el único elemento de valoración de esas decisiones.
CAMBIO: ¿Será que la ética hipertrofiada, ese apego exacerbado a lo simbólico y lo abstracto, puede devenir en una patología, una suerte de delirio? ¿Se comprometen los procesos cognitivos?
Andrés Mejía Vergnaud: Yo a veces pienso que tanto la ética como los sistemas de justicia en ocasiones se asemejan a cascabeles o joyas muy brillantes que nos hipnotizan y captan nuestra atención hasta el punto de hacernos olvidar lo que tenemos en nuestros pies. Metafóricamente, esa hipertrofia tanto de la ética como de la teoría de la justicia son respectivamente una especie de enfermedad del pensamiento y de la capacidad de acción a nivel individual y a nivel de las sociedades.
Metafóricamente esa hipertrofia tanto de la ética como de la teoría de la justicia son respectivamente una especie de enfermedad del pensamiento y de la capacidad de acción a nivel individual y a nivel de las sociedades.
CAMBIO: Es preciso hablar también de un pragmatismo hipertrofiado. Lo digo por sistemas políticos paradigmáticamente pragmáticos como el de Estados Unidos, en el que el uno por ciento más rico acapara más del 90 por ciento de la riqueza…
Andrés Mejía Vergnaud: El ejemplo de Estados Unidos es definitiva y claramente una expresión hipertrofiada, deformada, muy peligrosa y probablemente decadente del capitalismo contemporáneo, por muchas razones que serían materia de otra conversación. Así que es innegable que, como la ética, el pragmatismo puede hipertrofiarse. Sobre esto, Jacob Viner es muy acertado al afirmar que las injusticias sociales y las desigualdades extremas, independientemente de si desde el punto de vista conceptual se consideran aceptables o no, en la práctica conducen al colapso de las sociedades.

CAMBIO: Quiero cerrar preguntándole sobre la tensión entre pragmatismo y transformación social, pues las conquistas sociales más importantes han tenido un alto grado de reivindicación simbólica y discursiva.
Andrés Mejía Vergnaud: Richard Rorty, que es un filósofo pragmatista contemporáneo muy controversial, tiene la idea de que el valor de la democracia es que le permite a la gente soñar con futuros mejores y poner esos sueños en discusión para eventualmente consumarlos. Creo que la cosa va por ahí y que no hay un conflicto insalvable entre bienestar social y pragmatismo.
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