
“La guerra confronta con lo más profundo del ser humano”: Catalina Gómez Ángel
El lunes 3 de noviembre, Caracol Televisión emite el documental 'Detrás de la guerra', un reportaje sobre los combatientes colombianos que luchan en la guerra de Ucrania.
Por: Eduardo Arias
Detrás de la guerra es un documental de Caracol Televisión que dirigió Catalina Gómez Ángel, una periodista colombiana reconocida por su trabajo en zonas de conflicto y quien acaba de ganar la primera edición del Premio Internacional de Periodismo David Beriain, impulsado por un grupo de personas cercanas al periodista español asesinado en Burkina Faso en 2021. El canal Caracol lo transmitirá este lunes festivo 3 de noviembre después de las noticias de las 7:00 de la noche.
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El documental sigue a un grupo de combatientes colombianos que viajan a Ucrania y terminan inmersos en una guerra ajena. Detrás de la guerra va más allá de los relatos que los soldados comparten en sus redes sociales. Muestra su rutina diaria en medio de los combates. Casi todos ellos añoraban la hermandad y la adrenalina que rodea la guerra y buscaban sentirse útiles después de haberse pensionado del ejército colombiano, siendo aún jóvenes, en algunos casos. Varios se sentían abandonados por el mismo ejército o por un país que no les ofrecía oportunidades. Y buscan recuperar su lugar en el mundo en un ambiente que desconocen casi por completo, la devastadora realidad de una guerra tecnológica, muy diferente a la que conocieron en las selvas y montañas de Colombia.
“Lo importante es abrir el debate y la conversación sobre por qué ellos se van a Ucrania y a otros países del mundo, y también cuál es la diferencia entre ir Ucrania o a otros países, porque en Ucrania no se les considera mercenarios. ¿De qué huyen, que buscan, que encuentran?”, dice Catalina Gómez. “Eso es lo que tratamos de responder a través de casos muy personales y aparecen todo tipo de personajes”. CAMBIO habló con ella acerca de este trabajo documental y sus hallazgos al llevarlo a cabo.
CAMBIO: ¿Cómo una periodista que inició su labor en secciones como Cultura y Deportes terminó tan interesada en cubrir de manera tan profunda y rigurosa conflictos armados en todo el planeta?
Catalina Gómez Ángel: Cuando empezó a gustarme el periodismo desde muy chiquita yo tenía varias pasiones. Me encantaban las noticias internacionales, el fútbol y el ciclismo. Después de haber cerrado esa etapa de deportes me di cuenta de que yo no quería ser periodista deportiva. Hice un máster en Creación Literaria y en Relaciones Internacionales. Mi sueño era ser corresponsal en Oriente Medio. Poco a poco me fui abriendo a la idea de llegar a Irán, que era el país que más me interesaba por su geopolítica e historia, aunque también me interesaban Líbano y Siria.
CAMBIO: ¿Cómo fue su comienzo como periodista en un país tan complicado para las mujeres como Irán?
C. G. A.: Lo primero que cubrí fue demostraciones sociales. Fui a Afganistán a indagar cuestiones básicas y cuando salté a Siria ahí sí empecé a cubrir conflictos y a aprender. Al principio no tenía ni idea. Sí entendía lo que estaba pasando en Siria, pero empecé a hacer televisión y no tenía ni idea, siempre había sido periodista escrita. Me interesaba contar los conflictos en Oriente Medio, pero no solamente desde la parte militar, los enfrentamientos, sino quiénes estaban detrás, de cómo se afectaba la sociedad.
CAMBIO: ¿Qué se necesita, además de coraje y ganas, para cubrir un conflicto armado?
C. G. A.: Cualquiera puede cubrir guerras o conflictos armados. Lo único diferente es que uno aprende la logística. ¿Qué hago aquí? ¿Cómo respondo? Entonces, ¿a quién le pregunto? Se aprende a tomar decisiones rápidas y a ser recursivo para poder contar la historia. Eso lo fui aprendiendo con el tiempo. Trato de contar con profundidad lo que pasa, dar una mirada desde muchos ángulos y no solamente la parte militar.
CAMBIO: ¿Cómo fue su vinculación con la guerra entre Rusia y Ucrania?
C. G. A.: Coincidencias de la vida. En ese momento había un bajón muy fuerte de trabajo en France 24, la empresa en la que hago parte gran parte de mi trabajo. Cuando surgió esa guerra veníamos de una pandemia y al principio dije: “No, esta no es mi guerra”. Yo no conocía el este de Europa. Había leído muchos libros sobre el espacio postsoviético y todo lo que ha pasado, pero no hablaba la lengua, no era mi tema. Pero la guerra de Ucrania empezó a tomar una gran dimensión y le pregunté a France 24 y a La W si necesitaban apoyo. Llamé a un amigo que es un gran camarógrafo y le pregunté: “¿Usted quiere ir?” y dijo, “vámonos”. Otra colega de Radio Televisión Española que quiero mucho también iba. Poco a poco fui quedando como la colaboradora que France 24 enviaba a cubrir Ucrania y ya han pasado tres años y medio.
CAMBIO: ¿Cuál es su mirada de la guerra de Ucrania como reportera?
C. G. A.: Es una guerra con unas consecuencias, un contexto y unas repercusiones muchísimo más internacionales. También es una guerra convencional. Se enfrentan dos ejércitos con todos los juguetes, como diríamos en Colombia. Para mí ha sido muy interesante entenderlo y ya es un compromiso seguir cubriéndola. Como parte de mi educación ha sido muy importante cubrirla.
CAMBIO: ¿Cómo encontró usted las historias de los colombianos que allí combaten?
C. G. A.: Al pasar los primeros meses de la guerra empezaron a oírse historias de colombianos que llegaban. Exprofesionales del ejército que se unían a la Legión Internacional. A veces venían del frente y me decían: “Vimos colombianos”. Pero a mí me molestaba mucho ir por el mundo haciendo noticias internacionales solamente de colombianos, porque yo sé que mucha gente viaja a hacer noticias internacionales relacionadas con Colombia y ese no es el periodismo internacional que quiero hacer.
CAMBIO: Y sin embargo lo hizo. ¿Qué la llevó a cambiar de parecer?
C. G. A.: Empecé a ver que el número de colombianos subía, conocí a algunos y me dije: bueno, tal vez sí es el momento de contar la historia de quiénes son, por qué vienen, qué encuentran de bueno y malo, qué esperan, con qué realidad se chocan, qué es el ejército ucraniano. Entonces le propuse a France 24 hacer un reportaje de 12 minutos y me dijeron que no podían por razones de presupuesto.
CAMBIO: ¿Cómo se hizo entonces realidad el documental que veremos este lunes festivo?
C. G. A.: Yo había conocido a Gonzalo Córdoba (presidente de Caracol Televisión) y le propuse una historia de 20 minutos para televisión. Esto fue creciendo y quedamos en un documental. Yo nunca había hecho un documental y me lancé a ser la productora. Esto ha sido una gran lección. Y luego me empecé a chocar. Yo conocí a colombianos, pero una cosa es conocerlos y otra cosa es tener el permiso para poder estar con ellos en el frente de batalla. Muchos me decían: “Aquí la espero en mi posición, yo la llevo donde sea”. Pero ellos no deciden. Deciden los comandantes de sus brigadas. Los colombianos están en los puntos más difíciles, en el frente, en la línea cero, donde no se podía llegar, especialmente por los drones. Entonces me empecé a confrontar. Una cosa es conocer la historia y otra contarla visualmente. Yo había conocido a uno de los protagonistas del documental en un vuelo a Colombia, lo llamé y él estaba en una brigada que es amigable con la prensa. Acababan de abrir un batallón para latinoamericanos y él estaba ahí. Encontré otras historias muy bonitas que no cupieron en el documental porque no había respaldo visual. Pero varios contaron sus historias.
CAMBIO: ¿Qué le llamó la atención de estos individuos que deciden pelear por un país muy lejano al suyo?
C. G. A.: Empezaron a llegar excombatientes, soldados retirados o que se habían pensionado que se sienten jóvenes, con capacidad de pelear, que no saben hacer otra cosa y que les gusta la guerra. Adicionalmente les pagan un buen salario. Al principio llegaron voluntarios. Les fue llegando la voz. El problema es que en TikTok, que es muy popular entre los colombianos, no se contaba toda la realidad la guerra y cómo esta se iba transformando. Empezaron a llegar jóvenes de servicio militar, escoltas, gente que había participado en la guerrilla, se empezaron a unir y es muy interesante verlo. Es una guerra de otra generación. Muchas veces a soldados veteranos los dirigen jóvenes que ni siquiera han sido profesionales pero que entienden de drones y de tecnología, entienden cómo va variando la guerra. Además hay gente que nunca habría ido a otra guerra pero fueron a Ucrania porque es legal hacerlo. Pueden firmar un contrato, tienen un respaldo. Hay gente que no pelearía sino en Ucrania y hay otros dispuestos a pelear donde sea. Conozco colombianos que se fueron a Sudán, a México y que en Ucrania tenían un contrato legal.
CAMBIO: ¿Cuál es su percepción de Ucrania?
C. G. A.: Ucrania es un país con una gran herencia de la antigua Unión Soviética, con grandes problemas de corrupción. Es un país muy joven que está lejos de tener una estructura logística militar capaz de soportar esta guerra. Se crearon nuevas brigadas, aparecieron nuevos comandantes, personas como usted o como yo o como el carpintero de la esquina muchas veces terminaron siendo comandantse y eso trae grandes problemas de sueldos, de valoración, de cadenas de mando. Si alguien muere en el campo de batalla y sus compañeros lo reportan Ucrania sólo lo declara muerto en el momento en que puede comprobarlo. Los ucranianos conocen su país, tienen su pueblo, su gente que en algún momento los ayuda, pero los colombianos están solos.
CAMBIO: ¿Cuáles retos enfrentó usted para llevar a cabo este trabajo?
C. G. A.: Los retos fueron enormes. Este no es un documental que tenga un guion. Se fue dando la posibilidad de hacerlo en la medida que iban pasando las cosas. Viajamos a grabar a lugares con acceso a soldados colombianos. Viajábamos nueve horas hacia el Donbass con camarógrafo, jefe y asistente de fotografía, con lo que significa moverlo todo en costos, en logística… Faltando una hora para llegar nos llamaban y nos decían: “Hubo un problema y no se puede filmar”. Eso es la guerra. Uno nunca sabe realmente si va a poder filmar o no, cuándo entra y cuándo sale. Además, algunos de nuestros soldados murieron, algunos salieron heridos. Muchas veces uno tenía concretado entrevistar.

CAMBIO: ¿Qué lecciones le ha dejado usted cubrir esta guerra?
C. G. A.: A mí este documental me deja una gran lección de país. Lanzamos la palabra mercenarios como quien dice la palabra zapato. Tenemos una gran comunidad de mercenarios, pero ¿por qué los tenemos? ¿Alguna vez los colombianos nos paramos a preguntarnos por qué algunos hacen parte de un ejército nacional para defender su soberanía pero otros se van a pelear a Rusia, a Sudán, a Yemen? Este documental se pudo hacer porque se puede hablar legalmente con ellos. Un documental como este no se puede hacer ni en Yemen, ni en Sudán. Es muy importante contar que en el documental ponemos su apodo, porque muchos de ellos todavía están combatiendo y tienen que proteger su identidad. n el campo de batalla los rusos, cuando enfrentan colombianos y latinos, lanzan de todo con la intención de desmoralizarlos e intentar de que no vengan más porque los colombianos son muy buenos peleadores en el frente.
CAMBIO: ¿Y los conflictos armados en general?
C. G. A.: La guerra me ha enseñado a ver cómo las cosas cambian rápidamente, cómo se deterioran, cómo se transforma la realidad de la guerra, cómo nos transformamos como personas, cómo nos afecta física y mentalmente. Pero también nos enseña a ver la complejidad del ser humano. Mi labor no es juzgar. Mi labor es verlos y contar. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. Yo no estoy diciendo que todos sean buenos, yo no estoy diciendo que todos sean malos. No estoy diciendo que todos los comandantes ucranianos son malos o que todos son buenos. Eso es la humanidad y la guerra te confronta con lo más profundo del ser humano.
Especiales Caracol
Detrás de la guerra
Canal Caracol
Lunes 3 de noviembre, después de Noticias Caracol de las 7:00 p.m.
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