
“La Tatacoa es un espacio atípico del planeta”: Aurelien Vernhes-Lermusiaux, director de ‘Culebra Negra’
El cineasta francés rodó la película ‘Culebra negra’ en el desierto de La Tatacoa, en Huila. Está en cartelera en salas de cine colombianas desde el pasado 20 de noviembre y se proyectará en Francia en mayo de 2026.
Por: Carolina Niso
Aurélien Vernhes-Lermusiaux no habla español, a pesar de que su compañera sentimental es española y sus dos largometrajes han sido filmados en Colombia, el primero Vers la bataille (Hacia la batalla), historia que sucede en México, se realizó en Boyacá, y Culebra negra, homenaje a uno de los territorios más fascinantes en el Huila. A sus 45 años, este cineasta francés es supremamente espiritual y evoca en cada una de sus cintas la naturaleza como referente principal del escenario que rodean sus historias.
Vernhes-Lermusiaux nació en Figeac, una pequeña ciudad en el sudoeste de Francia, cerca de Toulouse, en la región de la Occitania, pero creció en un pueblo de seiscientos habitantes muy cercano a la zona desértica llamada Causses du Quercy, su primera conexión con las zonas estériles.
No viene de una familia de artistas, pero desde pequeño quiso trabajar en el mundo del cine. Su madre, siendo niño, lo suscribió una revista especializada en el tema. Entonces su vida se llenó de cine y Aurélien, al final de su escolaridad, estudió una formación práctica para ser director de fotografía y luego cine y filosofía en el Instituto Fresnoy, una de las escuelas de arte contemporáneo más prestigiosas de Francia y del mundo, donde tuvo camaradas que venían de América Latina, Asia, del norte de Europa y allí pudo compartir su sensibilidad e interrogarse sobre otros espacios de creación.
Al terminar la carrera en Fresnoy, realizó el taller creativo de la Fémis, también llamada Escuela Nacional Superior de los Oficios de la Imagen y del Sonido, un establecimiento público de enseñanza superior francés muy reconocido en el mundo. Después empezó a hacer cine. Ya van siete cortometrajes y dos películas que no se parecen en nada.
Para Aurélien Vernhes-Lermusiaux, su más grande satisfacción es haber crecido en ese pequeño pueblo de 600 personas y hoy vivir de su profesión como cineasta. En una mañana fría de otoño en París, con un estilo informal, sonriendo y tomando café, Aurelien Vernhes-Lermusiaux, le contó a CAMBIO un poco sobre su recorrido personal, profesional y su película, obra que clausuró el festival de cine francés y que llegó a las salas de cine colombianas el pasado 20 de noviembre y se proyectará en Francia en marzo de 2026.
CAMBIO: ¿Cómo llegó a Colombia a hacer cine?
Aurélien Vernhes-Lermusiaux: Es increíble: mi historia con Colombia comienza cuando buscando el lugar perfecto para filmar mi primer largometraje que es una historia que sucede en México, no encontré la naturaleza que me interesaba para el escenario y alguien me dijo: ¿por qué no vas a Colombia? Y así lo hice. Vers la bataille fue filmada en su totalidad en Boyacá, cerca de Villa de Leyva. Y justo en ese momento mientras grababa, fui al desierto de La Tatacoa y quedé anonadado por la fuerza de la naturaleza, me pareció un lugar muy fuerte a nivel sensorial. Al mismo tiempo descubrí la belleza de la naturaleza colombiana: los páramos que son sublimes, me impactaron, es algo único en el mundo.
CAMBIO: ¿Cuándo decidió que quería hacer una película en el desierto?
A. V. L.: Al terminar la película, yo no dejaba de pensar en La Tatacoa y un día me dije que debía hacer algo allá. También había descubierto la cultura colombiana, su gente y quería conocer más. En mi primer largo metraje no hablo de Colombia: piensan que la hice en México, porque es una historia mexicana. Así que esta vez quería mostrar una parte de este país, contarla no como un francés y su mirada europea sobre la vida de los colombianos, sino al contrario mostrar este lugar que me marcó profundamente y a través de Culebra negra crear un lazo con mi propia historia de vida porque en La Tatacoa, yo me reencontré con sensaciones que viví en la infancia y que volvieron a mi cabeza. Eso me impactó.
CAMBIO: ¿Es decir, escribió el guion de Culebra negra para el desierto de La Tatacoa?
A. V. L.: Si, así es. El punto de partida de Culebra negra es mi encuentro con el desierto de La Tatacoa. Si nunca hubiera estado allí, la película no existiría. Lo que me parece hermoso es que no fue premeditado: no fue que yo quisiera realizar y contar una película en el desierto, para nada. Fue la fuente de mi inspiración para la cinta, guardé la imagen de este lugar en mi mente y no paraba de pensar en él y me decía: este lugar es increíble, casi no lo hemos visto en el cine, es una locura, las personas que viven allí, hay una lazo muy fuerte con la tierra y su cultura.
CAMBIO: ¿Cuál es la historia de Culebra negra?
A. V. L.: Es una coproducción entre Francia, Colombia y Brasil que cuenta la historia de Ciro quien después de años de ausencia, vuelve a casa, a la cabecera de su madre en el desierto de La Tatacoa para reencontrarse con su pasado y enfrentarse a los últimos guardianes de un territorio tan frágil como cautivador.
CAMBIO: ¿Existe alguna historia similar a la película en La Tatacoa?
A. V. L.: La historia de la serpiente y su piel de diamantes no existe, la inventé, pero me inspiré de hechos reales y de diferentes historias de la gente que encontré, algunos viviendo solos en medio del desierto como Alirio, el padre de Ciro o el hecho de que Tatacoa significa culebra negra y que al parecer había muchas antes en el desierto y se extinguieron, por lo que me pareció que era importante mencionarla como símbolo del territorio. La diversidad de serpientes está anclada en Colombia. Hay muchas personas que tienen tatuajes de serpientes o collares. Fue a partir de lo que vi y sentí sumado a mi propia sensibilidad, lo que da origen a esta película de ficción.
CAMBIO: ¿Por qué Culebra negra se acerca tanto a su historia de vida?
A. V. L.: Es algo impresionante. La película no está hecha en mi idioma, se grabó en un país que no es el mío y, sin embargo, Culebra negra es mi película más personal y la más próxima a mi propia vida. Tal vez por el hecho de haber crecido en un pequeño pueblo, donde desde muy pequeño pensé que no había un futuro allí y que tenía que irme. Hoy me doy cuenta de que todas mis posibilidades están ligadas a ese lugar que me nutrió y me construyó antes que todo. Y me siento muy agradecido y privilegiado de haber crecido allí, del cual hui un poco como Ciro en la película, que deja el desierto por la dificultad de la vida. Yo me fui muy joven, pero no por las mismas razones. También la película habla sobre la herencia y la transmisión. Mi abuela tenía un don para sanar, había personas que venían de Francia entera para que los curara y cuando era niño pasaba mucho tiempo con ella. Al ver eso me daba miedo, pero en Colombia esto hace parte de lo cotidiano, es muy natural. Mi abuela nos transmitió esa herencia. Ahora creo que, si esta historia no se transmite, va a desaparecer. Las personas dejan por lo general un legado físico o en dinero, pero tal vez lo más importante que dejan es de forma inmaterial, esa parte sensible al mundo que es la verdadera herencia.

CAMBIO: ¿Cómo fue la selección del casting para la película?
A. V. L.: Todo salió perfecto. Alexis Lozano Tafur que hace de Ciro no es actor: trabaja en la Cinemateca de Bogotá, y sin tener experiencia ni hablar el idioma, lo hizo increíble. Para la selección de casting, conté con la ayuda de Santiago Porras y Ana Nieto, ambos colombianos a quienes expliqué el tipo de perfil que estaba buscando. El casting fue muy largo porque hasta que no tuviera al actor principal no podía encontrar al resto. Llegó Alexis, apuesto, pero también con un lado salvaje, auténtico, con su rostro donde se aprecian los altibajos de la vida. Tenía una melancolía en sus ojos, y llevaba una tristeza natural en él sin tener que hacer esfuerzo. En ese momento supe que era él. Hicimos una larga preparación previa a la película y luego pude elegir a los otros actores, como Miguel Ángel Viera, que hace de su padre y Ángela Rodríguez, la otra actriz profesional que hace de su novia. El resto son actores naturales de La Tatacoa.
CAMBIO: ¿Hubo un propósito explícito de la protección del medio ambiente?
A. V. L.: Si, la naturaleza es la protectora, la culebra es la guardiana del desierto y no es mala. La película habla de la herencia familiar, pero también cuento el estado del mundo en el que estamos. La Tierra está enferma. La Tatacoa es un espacio atípico del planeta, un lugar muy hermoso, pero muy frágil a la vez y puede desaparecer muy rápido. Yo hablaba de historias que me inspiraron de La Tatacoa. Antes de ser un desierto era una selva que se transformó en un desierto y que sigue cambiando por el recalentamiento climático, por la expansión e instalación del mundo moderno que se acerca al desierto como los observatorios astronómicos, los hoteles que han construido allí y que no se ven en la película. Hay personas que viven allá y necesitan vivir de algo pero hay que encontrar proyectos adaptados. Es complejo. La película interroga, pero no tengo la respuesta.
CAMBIO: ¿Cómo esta película fue seleccionada para el Festival de Cannes?
A. V. L.: La enviamos a un seleccionador quien nos contactó cuando estaba en Brasil, haciendo el montaje de sonido para darnos la noticia. Culebra negra, se presentó en el 78° Festival de Cannes en la selección ACID, una selección paralela, pero en la que no competíamos por la Palma de Oro. En Cannes tuvimos seis proyecciones, y las salas de cine estaban llenas. Le dio mucha visibilidad a la película. Así mismo, Arnaud Miquel, agregado audiovisual para los países andinos en Bogotá, siguió el proyecto, le encantó y eligió la película para la clausura del Festival de cine francés en Colombia.
CAMBIO: ¿Cómo logró dirigir actores que solo hablan español sin hablar el idioma?
A. V. L.: Yo he hecho películas en Japón y no hablo japonés, en Polonia y no hablo polaco, en Alemania y no hablo alemán, así que nunca he tenido miedo de ir al extranjero, porque estoy convencido que siempre encontramos la manera de dialogar. En Culebra negra tuve un intérprete para ayudarme. Por ejemplo, cuando no hablamos el idioma del país donde grabamos, podemos dirigir sin entender: es cuestión de ritmo y de tiempo. Si no hablo español, no te miro, te escucho y, al escucharte, sé si es correcto o no. Hay algo en el tiempo que transmite una sensación de que está bien o no. Sin embargo, el actor puede hacer un contrasentido en la frase, que puede ser grave en la historia y eso yo no podría comprenderlo sin la ayuda de mis asistentes.
CAMBIO: ¿Qué puede aportarle el cine francés al latinoamericano y viceversa?
A. V. L.: Deben aportarse en ambos sentidos, debe ser un puente permanente entre las historias, entre los territorios, encuentros humanos y profesionales. Desde mi punto de vista, Colombia es un país que me ha hecho crecer mucho, me ha permitido madurar como ser humano y como artista también. Yo nunca paré de sorprenderme con tantos encuentros que hice allá y espero que haya colaboración más frecuente entre Colombia y Francia para quienes trabajamos en el mundo del cine.
CAMBIO: Hablando de cine, ¿tuvo la oportunidad de ver la película colombiana El poeta?
A. V. L.: No, pero ya está en Francia y tengo muchas ganas de verla. Y a propósito de esta película, tengo una anécdota con el director Simón Mesa. Es muy gracioso, eso es la relación internacional entre cineastas. Me tocó recuperar en Colombia el pasaporte de Simón para dárselo en Francia. Yo debía verlo, pero me tocó cancelar la cita y él por su lado debía seguir promocionando su película. No lo logramos, pero le hice llegar su pasaporte. Espero conocerlo la próxima vez.

CAMBIO: ¿Cuál es su próxima película?
A. V. L.: Mi próxima película se llama Le garçon chancelant, algo así como alguien que camina sin equilibrio, no es estable. Será una historia entre Marsella y Etiopía con una mujer que tiene 45 años, como personaje principal, profesora en un colegio popular de Marsella y quien va tener una amistad con una mujer que viven un drama común. La co-escribí con un guionista francés. En este momento están haciendo el casting y es Melanie Thierry quien será la protagonista con el papel de Andrea.
CAMBIO: ¿Cuándo regresa usted a Colombia?
A. V. L.: Espero que sea muy pronto. Colombia es para mí casi que un país de adopción y quisiera guardar este lazo y poder volver regularmente y hacer otra película allá. Es una historia diferente y aunque es muy pronto, quiero continuar trabajando con Colombia y más aún: ¿por qué no tener un proyecto común con un cineasta colombiano? Algo así como una historia con un mismo protagonista que pueda estar aquí y allá. Pienso en el personaje Antoine Doinel, de François Truffaut. Voy a reflexionar sobre esta idea…
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