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Imagen de algunas de las piezas entregadas a las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta. Foto Cortesía.
Cultura

La vuelta a la montaña: el regreso a casa de las piezas arqueológicas de la colección Shairama

Imagen de algunas de las piezas entregadas a las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta. Foto Cortesía.

La Universidad del Magdalena devolvió a la Sierra Nevada de Santa Marta el patrimonio arqueológico preseleccionado por los ‘mamos’ de acuerdo con la importancia que tiene para mantener el equilibrio del ecosistema.

Por: Rainiero Patiño M.

El recorrido fue largo. Primero un par de horas en carro subiendo por el sector de Calabazo en el que, poco a poco, el ruido de la gran ciudad quedaba atrás para darle paso al silencio profundo de la montaña y el sonido de un ecosistema imponente, hasta llegar a Pueblito y al resguardo Teykú Bunkwanezhaka donde late un corazón espiritual de este territorio sagrado.

Las piezas -un bastón ceremonial, tumas, metates, manos de moler y otros elementos cargados de significado- habían sido resguardadas por la Universidad del Magdalena desde 2008, cuando la concesión del Parque Tayrona determinó su salida del territorio. 

Pero el camino empezó mucho antes de que la universidad llegara a la Sierra Nevada de Santa Marta. Empezó en la memoria, en el reconocimiento de una deuda histórica con el territorio y con los pueblos que lo custodian desde el origen de los tiempos. 

Los Gaiteros de San Jacinto, más vivos que nunca

Todos los objetos hacen parte de la colección Shairama, producto de excavaciones arqueológicas que se hicieron en Pueblito en la década de 1940 a cargo del antropólogo y arqueólogo, Gerardo Reichel-Dolmatoff, quien falleció en 1994.

Ahora, gracias a un proceso cuidadoso, respetuoso y articulado, regresaron a su lugar de origen con el acompañamiento del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), Parques Nacionales Naturales Territorial Caribe y las autoridades tradicionales del Resguardo Kogui-Malayo-Arhuaco.

“Un momento histórico”

En medio del verde inmenso y el susurro del viento ancestral, el rector de la Universidad del Magdalena, Pablo Vera Salazar, acompañado por un equipo interdisciplinar, lideró la reintegración de las piezas líticas al territorio de donde nunca debieron salir.

Por eso, Vera y las diferentes autoridades tradicionales e institucionales coincidieron en que se trataba de “un momento histórico”. Es que, más allá de la entrega de los objetos arqueológicos, fue del retorno de una parte viva del patrimonio cultural y espiritual del macizo montañoso, un gesto que busca reequilibrar el orden, el Corazón del Mundo, como lo llaman los hermanos mayores o comunidades indígenas que la habitan. “Este no fue un acto administrativo más. Fue un acto de memoria. De justicia cultural. De retorno”, expresó Vera.

Cada pieza fue reconocida no solo como una huella del pasado, sino como el inicio del equilibrio que vuelve a su casa, guiado por la Ley de Origen y por el ejercicio de gobierno propio de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Un proceso profundamente humano, espiritual y ancestral, en el que la academia se despojó de la altivez para escuchar, aprender y honrar.

En este escenario, las diferentes autoridades firmaron un acuerdo que va mucho más allá de un documento. Es una promesa viva, un pacto ético y espiritual de preservar, acompañar, escuchar y aprender. Un acuerdo que reconoce que el conocimiento no habita solo en los libros, sino en la tierra y sus piedras, en el río y en la palabra de los Mayores.

Un llamado contundente: “devuelvan los objetos sagrados”

Las palabras de quienes atesoran estas piezas fueron el inicio de un nuevo despertar, pero el fin de un secuestro. Luis Nuvita, líder de la comunidad Kogui explicó que, “los elementos sagrados son los que hacen respirar al corazón del mundo. Esto no es solo para los pueblos de la Sierra sino para la humanidad”.

El llamado de las autoridades indígenas fue contundente. “A todas las instituciones que tengan objetos sagrados devuélvanlos. Eso no es solo entregar, sino devolver la vida de las culturas milenarias, dar la vida de la naturaleza. Porque la naturaleza y el territorio está enfermo y con estos elementos sagrados, se hace la reparación espiritual y física”.

Frente a la petición, Vera no dudó en expresar su satisfacción y agradecimiento por iniciar el proceso de devolución del patrimonio al territorio. “Empezamos con estas primeras entregas, con el apoyo de Parques Nacionales y gracias a todo el trabajo del equipo de Arqueología, a los profesores y estudiantes de antropología que participaron en la clasificación, quienes conservaron estas colecciones durante este tiempo”.

Para el rector la visión tradicional de extraer del territorio para convertir en objeto museográfico se debe transformar y devolver precisamente mucho de este patrimonio a las comunidades vivas, a las comunidades ancestrales que hacen parte de ese legado vivo. 

Estos elementos tienen un profundo significado porque, según los mamos, tienen la función de reequilibrar el mundo para combatir el cambio climático y darle otra vez la fuerza a la Sierra Nevada. 

La jefa del Parque Nacional Natural Tayrona, territorial Caribe, Patricia Saldaña Pérez, indicó que el trabajo conjunto con la Universidad fue clave para que esta devolución se hiciera efectiva, luego de cumplir con varios aspectos.

Después de la jornada, llegó el descenso de los visitantes, detrás de las montañas, las nubes grises y el cielo que parecía gritar a truenos, mientras el silencio volvía a abrazar a Pueblito, para acoger las piezas que ya no estaban en manos ajenas. Habían vuelto a casa.

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