
Jesús Abad Colorado, el testigo de un país que no ha sabido reconciliarse
Jesús Abad Colorado.
En la galería El Museo de Bogotá se exhibe ‘Fin y principio’, una retrospectiva compacta del trabajo del fotorreportero Jesús Abad Colorado, quien ganó el año pasado el Premio Simón Bolívar a la Vida y Obra de un Periodista.
Por: Eduardo Arias
Durante más de 30 años, Jesús Abad Colorado ha recorrido el país infinidad de veces para retratar desde la dignidad y el respeto a las víctimas de un conflicto armado que parece no tener fin. Sus fotografías han conmovido tanto a los lectores de las publicaciones donde han aparecido como a quienes han visitado las exposiciones donde se han presentado.
Jesús Abad Colorado nació en Medellín en 1967. Se graduó como comunicador social de la Universidad de Antioquia y fue reportero gráfico del periódico El Colombiano entre 1992 y mayo de 2001. Desde entonces trabaja de manera independiente. Entre 2008 y 2013 formó del equipo de investigadores del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), que luego se llamó Centro Nacional de Memoria Histórica.
Ha sido autor y coautor de varias publicaciones, y exhibido su obra en diversos países. Una de las más importantes fue en el Claustro de San Agustín, de la Universidad Nacional de Colombia, que se tituló El Testigo. Memorias del conflicto armado colombiano en el lente y la voz de Jesús Abad Colorado 1992 - 2020, con la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, de la cual se hizo un libro de cuatro tomos, editado por la Universidad Nacional de Colombia.
Hace pocos días inauguró, en la Galería El Museo, de Bogotá, una muestra retrospectiva denominada Fin y principio, porque él considera que marca un momento muy especial que está viviendo el país. “Por eso se llama 'Fin y principio'. Porque recuerda el poema de la Nobel polaca Wislawa Szymborska, que habla de que después de que cada guerra hay que empezar a reconstruir”, dice.
Como muchas otras personas en Colombia, Jesús Abad Colorado esperaba que la firma del Acuerdo de Paz en 2016 iba a ser la posibilidad de iniciar una etapa distinta en el país. “Lastimosamente, lo que hemos entendido, producto de todas esas economías ilegales, de esa corrupción que vive nuestro país, eso que se está viviendo es un motivo para decir 'Hay que seguir documentando, hay que seguir contando la historia, lo que está sucediendo hoy en el Catatumbo’”.
Dice que la exposición “es una invitación a mirarnos en el espejo”, con la que quiere decirle a la gente: “Por favor, no nos miremos para seguir acusándonos porque tenemos una responsabilidad con las siguientes generaciones. Yo siento que no nos estamos reconciliando, sino que nos estamos dividiendo más. ¿Cuál es la herencia que estamos dejándole a nuestros hijos e hijas? ¿Qué es lo que queremos con la naturaleza?"
Para él la memoria que ha quedado conservada en sus fotos debe ser en clave de futuro la memoria, y no para que no se siga señalando a unos u otros. “Lo dice alguien que no solamente ha visto el dolor producto de la guerra, sino que ha visto también cómo acabamos los bosques, la naturaleza, la minería que destruye los ríos. Estamos acabando nuestro país”, explica. Considera que las nuevas generaciones tienen el compromiso de caminar esos territorios a pie, a lomo de mula, como él lo ha hecho yo durante 30 años: “Tenemos que salir a contar la historia de la gente en los territorios. Hoy nos estamos acabando y destruyendo desde las mismas redes sociales”.
Una vida consagrada a mirar y registrar
Jesús Abad Colorado se aficionó a la fotografía cuando tenía nueve años de edad. “El primer laboratorio de fotografía que conocí fue en la facultad de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, donde mi padre trabajaba como obrero y como vigilante también”, recuerda. Pero en la Universidad de Antioquia, donde estudió periodismo, empezó a ver lo que podía hacerse desde una cámara.
Cuando conoció el trabajo de Leo Matiz y la forma en que retrataba con dignidad a nuestros campesinos, no solamente colombianos, sino ecuatorianos o mexicanos, le dijo a quien a quien en ese momento era mi novia: “Yo quisiera caminar el país para mirar como Leo Matiz”. Admiraba su forma de retratar a la gente sencilla desde abajo, en contrapicado, y los hacía ver más grandes. “Yo quería ser como como Leo Matíz. Para mí fue un maestro sin haberlo conocido”, dice.
Sobre los riesgos que corre como reportero en zonas de conflicto considera que siempre ha salido con la esperanza de regresar y cuando llega a casa queda preocupado con la gente que permanece en esos lugares porque es la que a toda hora está expuesta a todos los riesgos. “Los periodistas estamos para contar la historia de la gente en muchos lugares del país, sea en El Chocó, en el departamento de Magdalena, en La Guajira. Hoy yo hubiera querido estar en el Catatumbo desde el primer día, enero 16 cuando sucedió lo que empezó a suceder”.
Recuerda que había documentado desplazamientos muy graves como el de la operación Génesis, en la zona del río Atrato y en la región de Urabá, entre Antioquia y Chocó, que desplazó a 12 000 campesinos. “Pero en toda la zona del Catatumbo hay reportadas más o menos 56 000 personas desplazadas”, dice. “Me encantaría saber que hay gente que está dejando testimonios porque vi videos hechos por gente de las comunidades huyendo, haciéndoles planteamiento de forma muy brava a la guerrilla del ELN y a la gente del Frente 33, pero también pidiéndole al Estado colombiano, al Gobierno que, por favor, no los dejen solos. Pero no solamente el Gobierno. La sociedad colombiana tendría que actuar de una forma distinta, solidarizándose con la gente, reclamándoles a los actores armados legales, pero también a los ilegales. Es bárbaro lo que está pasando”.
No ha podido ir porque una dolencia en la rodilla le ha impedido viajar, y también por motivos económicos. “Yo me muevo con mis propios recursos y así he ido a muchos lugares. Pero no solamente se necesitan los recursos, sino también agallas”. Y agrega que también hace falta ser solidario, sentir amor por el prójimo. “Muchas veces nos falta ponernos en los zapatos de la gente. No solamente el Catatumbo sino también en Arauca, en todo el Pacífico, en el Bajo Cauca, en el sur de Córdoba”.
En las fotografías de Jesús Abad Colorado el blanco y negro es muy recurrente, pero también ha impreso fotografías a color. Esto tiene una explicación. “En muchos momentos yo decido. He tomado fotografías en color y las he pasado a blanco y negro, sobre todo cuando ofenden la humanidad y la dignidad de la gente. Cuando veo, por ejemplo, ese camino de flores amarillas que recorre un campesino obviamente escojo el color. Pero cuando estoy frente a la memoria y la vida o frente a las lágrimas de la gente y el dolor, yo trato de que esas imágenes permanezcan en el tiempo, que sean un documento contra el olvido, y siempre trato de que sean en blanco y negro. Hoy trabajo con cámara digital y todo lo tomo a color por la cantidad de información que debe recibir la placa. Pero luego decido si va en blanco y negro o a color. Tiene que ver con la estética y con la ética, con la humanidad y con la dignidad de la gente. Porque para mí la fotografía es un acto político”.

Una vida dedicada a una obra
El año pasado ganó el Premio Simón Bolívar a la Vida y Obra de un Periodista, que se suma al Premio a la Excelencia Periodística que le otorgó la Fundación Gabriel García Márquez. Él considera que el homenaje no es solo para él sino también para todos sus colegas. “Los reporteros gráficos, los fotógrafos y los camarógrafos también hemos sido notarios de la historia. Muchas veces colegas que han escrito la historia lo han hecho a partir del relato del camarógrafo o el fotógrafo, pero no han sido tan tenidos en cuenta en la historia del país”, afirma. También considera que es un homenaje a las personas que él ha retratado. “¿Por qué me tengo que aprender el nombre de una mujer campesina, de un hombre en la guerrilla o de niños y de personas adultas? Yo digo nombrar y nombrar para nunca olvidar, para darle rostro y nombre a las historias de los que siempre fueron estadística. Porque siempre la damos con cifras del gobierno, de las ONGs… “.
Señala una de sus fotografías y dice: “Mostrar la historia de una mujer que entrega las armas y que sale de un lugar en el nudo de Paramillo y poder decir que ella hoy tiene dos hijos. Ahí está Estefanía con Emanuel. Venían en esos botes saliendo el 1° de febrero de 2017 al lugar de concentración o de la zona de transición y poder decir que con el paso de los años yo vuelvo y busco a la gente para saber qué ha pasado con ellos. Para mí lo importante no es hacer fotografía sensacionalista o fotos espectaculares. Las mías son sencillas, dignas, dignas y cuentan la historia de una persona”.

Y aunque el premio no signifique para él una especie de jubilación, no piensa colgar su cámara y quiere seguir en la reportería gráfica. Pero reconoce que, a medida que pasan los años, le resulta más difícil salir por distintas razones. Una de ellas, es que cada vez es más sensible. Suele pensarse que estar cerca a muchas situaciones de dolor vuelve insensible a la gente. Pero para él ha resultado ser todo lo contrario: “Uno cada vez se conmueve y se sacude más porque además me pregunto hasta cuándo nuestra gente va a seguir siendo humillada y ofendida. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo nuestros campesinos van a seguir siendo humillados por actores armados de todo tipo? ¿Sus hijos reclutados, sus sueños truncados? La felicidad de un campesino es poder dormir tranquilo escuchando en la mañana el canto de las aves, sentir la lluvia, sentir los cielos estrellados”.
Otra razón es que ya no tiene la misma fuerza por las caídas que ha sufrido: “Me he reventado los hombros en dos caídas distintas, el mango rotador derecho, el mango rotador izquierdo, en las rodillas”. En la última intervención que le hicieron los médicos le dijeron: "Lo vamos a dejar para que siga caminando otros años y que no le tengan que hacer una prótesis de rodilla porque usted está muy joven”.
Hoy le dedica más tiempo a escuchar el canto de las aves y a contemplar la lluvia, el sol o las noches. “Trato de hacerlo porque si no me enloquecería”, reconoce. Pero insiste en que debe seguir caminando el país para seguir contando la historia, para seguir narrándola. “Quiero irme a trabajar al Catatumbo, a varios municipios para contar lo que está pasando en 2025, pero quisiera mucho más ver a esos hombres y mujeres que, a pesar de todos los dolores, así como mis padres y muchos de los protagonistas de estas fotos, continúan sembrando la tierra, continúan amando porque si este país nuestro no se ha desbaratado con tantos años de conflicto es por la belleza, la tenacidad y la dignidad de su gente”, concluye.
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