
La ardua labor de proteger el patrimonio arqueológico en las obras públicas de Bogotá
Piezas de barro, restos óseos, restos animales y metales son solo algunos de los elementos que se encuentran en las obras públicas en Bogotá. CAMBIO le cuenta cómo se protege el patrimonio arqueológico.
Por: Santiago Luque Pérez
Los grandes cráteres, las excavadoras y los obreros son tan comunes en Bogotá que se han vuelto en parte del paisaje de la ciudad. A comienzo de este 2025, las distintivas polisombras verdes cubrían los alrededor de 1.100 frentes de obra activos. Con ello, han aumentado los trancones, las denuncias de inseguridad y los retrasos en las obras. Cavar el suelo supone también toparse con hallazgos arqueológicos, que son a la vez un feliz encuentro y también una de las razones por las que las obras se paralizan.

Las piezas de barro, cerámicas y metales, entre otros, son algunos de los elementos que se encuentran en las obras públicas. Estas piezas, que pertenecieron a los antiguos habitantes de este territorio, tienen un proceso para garantizar su conservación.
Algunos contratistas suelen culpar a los rescates arqueológicos de los retrasos en las obras. Sin embargo, no hay posibilidad de no hacerlos porque estos bienes tienen un régimen especial de protección y cualquier afectación contra estos genera sanciones. CAMBIO le cuenta cómo se hace para preservar los elementos arqueológicos en las obras públicas de la ciudad.
¿Cómo se protegen los elementos arqueológicos?
El Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) afirmó que todas las obras de infraestructura vial que se hacen en la ciudad tienen que tener un programa de arqueología preventiva. Con ello se busca garantizar que, en caso de encontrar algún elemento arqueológico, se garantice su protección.
La entidad encargada de dar la autorización de estos programas de arqueología preventiva es el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). El IDU le explicó a este medio que el programa está compuesto por cinco fases.

La primera fase es la de registro y la segunda, la de prospección o diagnóstico arqueológico, en la que según detalla en ICANH se hace “la exploración del área de impacto directo del proyecto, toma de muestras en campo y análisis de las mismas en laboratorio, para establecer las características arqueológicas del área”. La tercera fase es la solicitud de implementación del plan de manejo: el documento que se elabora, por lo general desde el IDU, para obtener el permiso de obra.
La cuarta fase es la implementación del plan de manejo, que contempla la ejecución de las medidas aprobadas por el ICANH y en la que se hace el rescate y monitoreo de los elementos. La última etapa es la de arqueología pública, en la cual, por medio de herramientas didácticas y charlas, se socializa el proyecto y se expone en qué consiste el programa de arqueología a la comunidad.

Además, el IDU detalló que tras un hallazgo arqueológico las medidas aprobadas por el ICANH de rescate del material se desarrollan. Después empieza la fase de laboratorio, que consiste en lavar, clasificar y hacer los análisis para recopilar toda la información del contexto arqueológico. Tras este paso, inicia el de la búsqueda de un tenedor final, que puede ser una persona pública o privada que garantice la adecuada protección y salvaguarda del patrimonio arqueológico.
Juan Pablo Ospina, coordinador del área de arqueología del ICANH, le explicó a CAMBIO que en muy pocas ocasiones esta entidad hace los trabajos. “Las empresas son las que tienen que hacerlo, ellos contratan a sus arqueólogos. Nosotros solo autorizamos y hacemos seguimientos”, explicó. El experto añadió que de esta manera los titulares de las obras se convierten en aliados estratégicos para el estudio de lo encontrado.
Un ejemplo de lo anterior ocurrió luego de que la empresa Crepes and Waffles encontrara 14 tumbas prehispánicas en el predio La Leona, en Cajamarca, en donde la empresa construía un colegio. Ospina también explicó que el programa de arqueología preventiva es obligatorio para todas las obras que necesitan licencia ambiental en el país y que, a pesar de que en este caso no se necesitaba, la cadena de restaurantes sí debió hacerse cargo.

Lo que se ha encontrado en las obras de Bogotá
En las obras de la ciudad han aparecido diferentes hallazgos arqueológicos. De acuerdo con el área y de la temporalidad del hallazgo, el IDU informó que, en términos generales, se han encontrado restos óseos humanos, restos óseos de fauna, metales, cerámica, vasijas completas, una mina colonial, cuentas de collar, vidrio, artículos religiosos, medallas militares, entre otros.
La obra que más hallazgos arqueológicos ha tenido en Bogotá ha sido la ampliación de la Avenida Caracas hacia el sur. En ella se encontraron más de 200.000 piezas. La siguiente fue en el centro fundacional de Usaquén. Allí descubrieron más de 92.000 piezas.
El coordinador del área de arqueología del ICANH, Juan Pablo Ospina, explica que: “tenemos hallazgos arqueológicos en programas de arqueología preventiva de sociedades de cazadores recolectores con cronologías de hasta 10.000 años antes del presente, pero también tenemos reportes de sitios asociados a los grupos conocidos como herreras que son sociedades que ocuparon el territorio del altiplano antes que los muiscas”.

Comentar este artículo
Aún no hay comentarios













