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Este 19 y 20 de julio 18 agrupaciones formarán parte de este festival.
Cultura

Colombia al Parque: un país que canta su diversidad

En las calles bogotanas conviven acentos, recetas, ritmos y memorias de todo el país. Sin embargo, hay ocasiones en las que esa diversidad deja de ser tácita, y se vuelve celebración, presencia viva y afirmación colectiva.

Colombia al Parque es una de esas ocasiones. En el festival, organizado por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), la ciudad deja de ser solo la capital y se convierte en escenario de muchas ‘Colombias’ posibles. En él, las músicas viajan desde la sabana hasta las orillas del mar, desde la montaña hasta el llano; y los cuerpos –del público y de los artistas– bailan al ritmo de lo que somos y lo que hemos sido.

Nacido en 2003 como parte de una apuesta pública por democratizar el acceso a las expresiones artísticas, Colombia al Parque ha sido, a lo largo de más de dos décadas, un lugar donde lo rural y lo urbano, lo ancestral y lo contemporáneo, lo íntimo y lo colectivo se encuentran. No es un simple festival de música: es una geografía afectiva, un archivo vivo, una escena donde el país canta su complejidad.

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Puerto Candelaria que celebrará 25 años de trayectoria artística con un espectáculo que condensa sus momentos clave en la música nacional. Foto: Idartes

Para Juancho Valencia, compositor y fundador de la agrupación Puerto Candelaria, regresar a Colombia al Parque en la edición 2025 es mucho más que una presentación, es una celebración con quienes han acompañado su travesía.

“Puerto Candelaria le debe su vida al pueblo bogotano. Hicimos parte de la génesis de este festival; fuimos una de las agrupaciones que se preguntó por la identidad musical de Colombia. Esa pregunta –sobre qué es Colombia y cómo suena– sigue viva en los proyectos que hoy vemos en el festival. Puerto Candelaria ha sido parte de esa búsqueda durante 25 años”, afirmó.

De acuerdo con Valencia, “tras la pandemia, el público dejó de tener la posibilidad de escuchar muchas facetas musicales y solamente recibir información de una sola que es la tendencia musical. Por eso, espacios como Colombia al Parque, Rock al Parque, Hip Hop al Parque, Jazz al Parque son espacios reales donde los músicos pueden dialogar con otras tendencias musicales, que pueden hasta dejar de existir para el público, porque el argumento del presente es existes si existes para el algoritmo”.

Por eso, Colombia al Parque es un acto de resistencia sonora. Un lugar donde la diversidad no solo se escucha, sino que se celebra. También es un gesto político. Cada vez que una cantaora sube al escenario, cada vez que una agrupación campesina pisa la tarima, se está reivindicando un lugar en el mapa simbólico de la nación.

El Festival Colombia al Parque no es un ejercicio de folclorización; es un evento donde las culturas populares son protagonistas y la diversidad se celebra con orgullo. Desde sus primeras ediciones, Colombia al Parque ha buscado romper el cerco centralista que reduce la cultura nacional a unas pocas imágenes estereotipadas. La apuesta ha sido clara: abrir el oído de la ciudad a las voces de sus periferias, a las músicas campesinas, a los cantos afrocolombianos, a los ritmos indígenas y a las fusiones urbanas que emergen en la frontera entre tradición e invención.

Al mismo tiempo, el festival genera espacios para las agrupaciones bogotanas que dialogan con las músicas regionales del país, pues esta ciudad también puede leerse como el epicentro de la diversidad creativa: una ‘bogotaneidad’ que se caracteriza por los flujos migratorios de todos los departamentos lo que, a su vez, le otorga una fuerza mágica a la ciudad: la de la presencia cultural de todas las regiones del país.

Así como sucede con los demás Festivales al Parque del Idartes, participar en Colombia al Parque mediante convocatoria pública es, en sí mismo, un ejercicio de democratización cultural. Permite que artistas emergentes accedan a un escenario de alta visibilidad y configura una plataforma de circulación real para propuestas musicales que, de otro modo, podrían quedar por fuera del circuito dominante.

El modelo de convocatoria abierta (Beca Festival Colombia al Parque 2025) con audiciones garantiza que el acceso no esté mediado exclusivamente por contactos, renombre o trayectoria previa, sino por la fuerza, pertinencia y calidad artística de cada propuesta. Este enfoque convierte al festival en un mecanismo institucional que impulsa los procesos musicales en construcción, reconociendo la riqueza cultural que habita en los márgenes, en los barrios, en los territorios y en las nuevas generaciones de creadores y creadoras.

Este año se presenta, por primera vez, La Perla, trío vocal-percutivo que mezcla los sonidos del Caribe con ritmos urbanos y líricas de resistencia: “Llevábamos varios años intentando estar dentro del festival, pero siempre estábamos fuera del país en estas temporadas en viajes y conciertos. Entonces, este es el primer año que por fin estuvimos para hacer todo el proceso, de las audiciones y todo, entonces, realmente sí es algo que estamos buscando hace muchos años y estamos muy emocionadas, muy contentas de poder estar en este lugar de encuentro que muestra esa gran diversidad de la música colombiana. Entonces, realmente sí nos hace muy felices y nos tiene muy contentas tocar en nuestra ciudad, en este evento que cada año trae a más personas”, dice Roberta Leono, miembro de la agrupación.

“El valor de participar en un festival como Colombia el Parque es inmenso, un festival que es gratuito en un lugar tan bello como es el Parque de los Novios, un festival que lleva tantas ediciones reuniendo y mostrando toda la diversidad que hay en cuanto a sonidos en Colombia, no solamente la riqueza de músicas tradicionales, sino de nuevas músicas colombianas. Así que para La Perla es todo un orgullo tocar allí en este emblemático festival que tanto le ha mostrado a mucha gente en Bogotá y a mucha gente que visita el festival por el interés que tienen sobre la música colombiana, así que la alegría es enorme, el valor es inmenso”, añade, Diana Sanmiguel.

El mensaje de La Perla siempre ha estado ligado a la lucha social. La agrupación se ha caracterizado por construir una mirada crítica frente a su entorno y a lo que ocurre en el país. Para ellas, no se trata solo de visibilizar las problemáticas, sino también de reconocer la belleza: la de la ciudad, del campo, de la selva, de la amistad, de las relaciones y de la fiesta.

Así mismo, Nicoyembe, referente afrocolombiano que lleva en su propuesta la riqueza sonora de las dos costas del país, llega como artista distrital a esta versión de Colombia al

Parque. Para él, “todos sabemos que Colombia al Parque es un festival que ha crecido año tras año y le da una importancia muy relevante a todos los artistas que logran presentarse y obtener un lugar para poder hacer un show y mostrarse ante el pueblo colombiano o ante los espectadores bogotanos”.

Colombia al Parque también ha ampliado su alcance más allá de las fronteras nacionales. Con el paso de los años, el festival se ha convertido en un referente internacional para los circuitos musicales que valoran la diversidad, la raíz y la creación independiente. Su programación ha logrado conectar con propuestas que, aunque nacen en otros territorios, comparten una sensibilidad profunda por el diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo, lo político y lo poético. Este año, por ejemplo, se presentarán Perotá Chingó, agrupación argentina-uruguaya que ha marcado a una generación con su exploración libre del canto popular latinoamericano, y Buika, cantante ecuato-guineana-española con una propuesta sonora que transita por el flamenco, el jazz, el soul, el reggae y otros géneros de la diáspora africana.

Ambas propuestas encarnan esa idea de la música como territorio compartido donde las luchas, los afectos y las memorias pueden encontrarse. La presencia de estas artistas en Colombia al Parque no solo expande la paleta sonora del festival, sino que reafirma su vocación como escenario de conexión continental y global. Un lugar donde la música colombiana no se encierra en sí misma, sino que dialoga, contagia, inspira y se transforma en compañía de otras músicas del mundo.

Colombia al Parque ha demostrado que un festival puede ser más que una programación de artistas internacionales, nacionales y distritales. Puede ser un acto de cuidado, de escucha y un encuentro musical que propone otra forma de habitar el territorio a través del ritmo compartido, del relato colectivo, del respeto por las raíces.

Cuando suenan sus tarimas, suenan también las preguntas sobre quiénes somos, qué memorias nos constituyen, qué futuro queremos construir. Y quizás ahí reside su mayor fuerza: en recordarnos que aún es posible oírnos entre tantos ruidos.

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