
‘Señal literaria’, un viaje al corazón de los libros y sus autores
Erick Duncan.
Cumple un año al aire ‘Señal literaria’, un programa de Señal Colombia que indaga en la vida de los escritores y el significado de su obra. CAMBIO conversó con Erick Duncan, el periodista y escritor que lo dirige y presenta.
Por: Eduardo Arias
Señal literaria es un programa de Señal Colombia que desde hace un año lleva a los espectadores al corazón de la literatura colombiana. Dirigido y presentado por el periodista y escritor Erick Duncan, revela miedos, los amores y pasiones de los narradores, y su impacto en sus lectores. Además de presentar la conversación de Duncan con su invitado, en el programa se presentan cápsulas de conversaciones de escritores del pasado restauradas por Señal Memoria, el archivo audiovisual y sonoro de RTVC.
CAMBIO conversó con Erick Duncan acerca de su pasión por los libros, del programa y de su impacto en el mundo de hoy, que parece no darle espacio a la lectura sosegada y la reflexión.

CAMBIO: Háblenos un poco de su trayectoria y de cómo se interesó usted por los libros, por la palabra escrita.
Erick Duncan: Mi interés por los libros viene desde la infancia. Recuerdo perfectamente, y esto puede sonar a historia repetida, pero no menos cierta, que incluso en el colegio aprovechaba los recreos para sentarme a leer los cuentos de la colección La Torre de Papel. La lectura fue un tipo de idioma materno, tengo esa imagen grabada: mi madre leyéndonos en casa los cuentos de los Hermanos Grimm; era una de sus formas de demostrarnos su amor. Creo que, con los años, ese placer que deja la lectura va mutando y hace, a veces, que el que antes leía ahora quiera escribir. Mis primeros textos publicados en prensa fueron crónicas de largo alimento, publicadas en El Espectador de la mano de Jorge Cardona. Eso fue en 2013 y desde ahí no paré de escribir y de buscar historias.
CAMBIO: ¿Cómo surgió este espacio de Señal Literaria?
E. D.: Este espacio es una apuesta de RTVC por volver a llevar la literatura a la intimidad de los hogares, conversaciones sobre libros, sobre historias, con nuestros autores más importantes. Fue un proyecto pensado por Hollman Morris y María Paula Fonseca, gerente y subgerente, respectivamente, cuya finalidad era aprovechar el vacío literario en televisión para devolverle el protagonismo y poner a la gente a pensar en otras cosas, a ver otras cosas.
CAMBIO: ¿Cuál es, a grandes rasgos, el balance que le deja este proyecto?
E. D.: Muy positivo. Ha sido bonito corroborar que se podía, felizmente, a impactar a las audiencias con este tipo de contenido, literario. Añado también que el medio literario ha estado desde el principio muy atento, las editoriales, los libreros y los mismos autores, compartiendo el contenido del programa. Y también, ver que autores renuentes a las cámaras se han animado a participar, porque les parece un espacio tranquilo, donde se puede hablar a fondo de las obras.
CAMBIO: ¿De qué manera ha recibido el público este espacio?
E. D.: Me he sorprendido al ver los comentarios y la manera en que la gente nos saluda cuando vamos a ferias del libro. Hay gente que ha hecho listas con cada uno de los autores y libros que han pasado por el programa. Otros han intentado explicar sus propios dolores, como una televidente que hizo un mapa conceptual del duelo después de ver el capítulo con Piedad Bonnet. Hay personas que han llegado a escribirme para decirme que ya son adictas a esas conversaciones.
CAMBIO: ¿Y cómo lo ha recibido la comunidad literaria, la que gira en torno al libro?
E. D.: Los autores han estado dispuestos a participar desde el principio. Recuerdo el caso de Evelio Rosero, uno de nuestros grandes autores y que, dicho sea de paso, le huye a las entrevistas. En la primera temporada lo invité al programa y entendí su negativa. Para la segunda temporada, me dijo que le gustaba que se notaba la lectura de los libros y que la conversación era muy amena, así que se animó y grabamos con él, hablamos sobre tres de sus novelas más conocidas. Los editores, grandes y pequeños, siempre han estado atentos a colaborarnos. Y también llegamos a mostrar a algunos libreros y gente que va a los clubes de lectura. Creo que el medio literario siente que era un espacio necesario, porque además han llegado autores que están empezando su camino y ya están dando de qué hablar.

CAMBIO: ¿Tiene alguna anécdota o historia curiosa relacionada con este espacio?
E. D.: Cuando grabamos con Piedad Bonnet el primer capítulo, hablamos sobre Lo que no tiene nombre, el libro donde cuenta lo que fue la pérdida de su hijo. Era la primera vez que hablaba con Piedad, y no sabía cómo abordar de entrada ese tema tan delicado, pero ella fue una madre, llena de empatía, y contestaba cada pregunta con mucha apertura y sinceridad. El impacto de esa conversación fue tal que, luego de grabar, salió del máster una de las colaboradoras, empapada en lágrimas. Se dirigió directamente a Piedad para contarle que hacía poco había recibido la noticia del asesinato de su hijo. Recuerdo que Piedad la escuchó todo el tiempo, sostuvieron un diálogo entre las dos, íntimo, que fue muy bonito. Y cuando le hicimos el homenaje a Alfredo Molano, recuerdo a su nieta, Antonia, leyendo la carta que le escribió de despedida. Esa lectura puso a llorar a más de un televidente, como supimos.
CAMBIO: ¿Cuál otra le llega a la mente?
E. D.: Recuerdo también cuando hablamos con Ricardo Silva Romero sobre El libro del duelo, y el momento en que le pregunté por la valentía que tuvo Raúl Carvajal (padre de un soldado asesinado por no sumarse a la comisión de falsos positivos) cuando fue a buscar a dos expresidentes para confrontarlos; y su respuesta tan aguda y firme: “Don Raúl entró al Ubérrimo a hablar con Uribe, don Raúl esperó al presidente Santos afuera para decirle lo que había pasado”. Me parece bonito que los autores más veteranos que hemos tenido, como Juan Manuel Roca, Luis Fayad y Pedro Manuel Rincón, se hayan sentido tan cómodos en el espacio, recordando tantas cosas que les llegaban ahí, en el instante.

CAMBIO: En su opinión, ¿qué papel juega la literatura y el libro en general en una época que parece tan marcada por lo audiovisual y por contenidos efímeros?
E. D.: Creo que el libro es una invitación a la pausa, a la vida lenta, en este tiempo de velocidad inclemente en el que todo el mundo alega, justamente, la falta de tiempo. Ya hay estudios sobre las horas que destina la gente, por ejemplo, a las redes sociales, saturadas de contenidos efímeros. Y también hay aplicaciones que los usuarios pagan para que el celular les bloquee el acceso a las mismas redes. En ese sentido, creo que los libros y la literatura también son un escape y un refugio, una posibilidad de fugarse a otros mundos, otros tiempos, y vivir otras vidas, llenas de miradas profundas, como decía Umberto Eco. El libro y la literatura seguirán siendo placeres solitarios para toparnos con nosotros mismos en cualquier esquina.
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