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La semilla de la repatriación germinó en 2013, cuando la comunidad de San Agustín envió un derecho de petición para exigir el retorno de las piezas.
Cultura

Usurpación y repatriación: la invaluable colección de piedra de San Agustín que el Museo Etnológico de Berlín se niega a devolver

Desde hace más de un siglo, cuando fueron usurpadas por el etnólogo alemán Konrad Preuss, hay 35 estatuas del Macizo Colombiano apiladas con desdén y sin exhibirse en el Museo Etnológico de Berlín. La comunidad de San Agustín, de donde fueron desenterradas 25, se organizó y logró una sentencia que le exige al Gobierno repatriar la colección invaluable. Les contamos la historia.

Por: Juan Francisco García

El etnólogo alemán Konrad Preuss llegó a San Agustín, en el Macizo Colombiano, en condición de curador del Museo Etnológico de Berlín para hacer excavaciones y estudios arqueológicos en diciembre de 1913. Los registros históricos dan cuenta de que estuvo en el territorio hasta abril de 1914 y que, como se consigna en el libro Bitácora de la repatriación, voces y visiones de las estatuas del Pueblo Escultor en Berlín: “Ignorando los términos de su limitado permiso para investigar practicó excavaciones apresuradas, desenterró y compró una gran colección de material arqueológico, incluyendo 21 esculturas en piedra”. Se las robó.

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Catálogo de las 35 estatuas usurpadas por Preuss a cargo de David Dellenback. Créditos: Bitácora de la Repatriación, voces y visiones del Pueblo Escultor en Berlín.

Como su llegada al país coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial, su estancia se extendió hasta finales de 1919 cuando regresó a Berlín –'enguacado'– con 21 piedras esculpidas provenientes de diferentes sitios del valle de San Agustín e Isnos, y con 14 estatuas del departamento de Nariño. Esto a pesar de la férrea oposición que ejerció el entonces corregidor del pueblo de San Agustín, José María Burbano, quien fuera la primera autoridad en denunciar la usurpación que con el beneplácito del museo extranjero y la pusilanimidad del gobierno nacional estaba por consumarse.

“[...] no tengo conocimiento con permiso de quién sacaría (Preuss) estas estatuas. Aquí en este corregimiento los dueños del territorio dicen ser dueños de las estatuas que se encuentran en sus predios y convendría que el gobierno declarara ser dueño de ellas”, se lee en la carta emitida por el funcionario en 1915.

La plena conciencia de su mutación de investigador a huaquero y usurpador, fiel al canon colonial de las potencias europeas en América, se lee en la carta que escribió el propio Preuss, desde Berlín en julio de 1922, para asegurar el transporte por barco de las estatuas faltantes. “Como hemos acordado antes (para defraudar a las autoridades), las esculturas de piedra deberán ser declaradas como minerales para el embarque posterior”. escribió.

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Carta de Preuss, desde Berlín en 1992. Créditos: Bitácora de La Repatriación, voces y visiones del Pueblo Escultor en Berlín.

Hoy sabemos que para ahorrarse costos en el transporte partió, a punta de serrucho, algunas de las estatuas por la mitad y que de las 35 que se llevó de forma ilegal, solo tres han sido expuestas. Las demás, por más de un siglo, han permanecido en la desangelada bodega del Museo Etnológico de Berlín, apiladas a su suerte.

Las piedras como textos sagrados y la semilla de la repatriación

En 1992, después de 30 años de vivir en San Agustín, hipnotizado y enamorado de su riqueza cultural e histórica, el colombo americano y arqueólogo empírico David Dellenback fue por sus propios medios hasta Berlín para averiguar sobre el destino y el estado de la invaluable colección de piedras.

Durante un mes y medio deambuló por la bodega destinada a guardar las reliquias de las Américas del museo con la misión de encontrarlas y registrarlas, una por una. Su misión lo enteró de que en los ochenta años que llevaban las piedras en el museo, ni un solo colombiano se había interesado por ellas. En cuanto a las autoridades alemanas al cargo, nos dijo, “la curadora no tenía ni la más remota idea de la colección, su estado ni su contexto”.

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David Dellenback registrando las estatuas en las bodegas del Museo Etnológico de Berlín en el año 1992. Créditos: Archivo Daniel Dellenback

Para él, que sí las conoce y las ha estudiado a fondo –es autor de un catálogo que consigna, describe y compara más de 500 piezas del Macizo Colombiano– , la colección que está en Berlín es un eslabón muy preciado de la Biblioteca de Piedra más grande de América. Y cada una de ellas es un texto sagrado que esconde los pagamentos, la idiosincrasia, la sabiduría, el legado de la tradición de los pueblos escultores. “Que fueron los grandes guardianes del agua, o sea de la vida, en esta zona que es absolutamente central para entender la tradición ancestral de Colombia”. Martha Gil, guía de la zona arqueológica de San Agustín, suscribe la visión de Dellenback y añade que el perjuicio de las piedras usurpadas trasciende lo material. “Las piedras, en el mundo antiguo, eran los huesos mismos de la Tierra, así que los mensajes en ellas esculpidos, además de la belleza material, tienen un carácter espiritual muy profundo”.

Del viaje a Berlín Dellenback trajo en su haber el registro detallado de 17 de las 21 piedras robadas por Preuss en San Agustín y de las 14 en el departamento de Nariño (que el alemán defraudador nunca publicó ni registró); y la idea, la convicción, la urgencia, de devolverlas a la tierra en donde fueron esculpidas y enterradas hace más de 1.000 años.

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Una de las estatuas, partida en la mitad por Preuss para abaratar costos en su transporte. Créditos: Diego Pinilla

La pugna sin descanso por la repatriación

En 2013, la semilla de la repatriación germinó y la comunidad de San Agustín envió un derecho de petición, firmado por más de 2000 personas, a las autoridades competentes para exigir la repatriación. Ese mismo año, la comunidad se movilizó para impedir el vulgar homenaje que propuso el entonces director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), Fabián Sanabria, con motivo de los cien años desde la llegada del fraudulento Konrad Preuss a Colombia –que implicaba transportar 20 estatuas más de San Agustín hacia el Museo Nacional en Bogotá–.

Como el derecho de petición no surtió ningún efecto, en 2016 el abogado Diego Márquez instauró ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca una acción popular para la repatriación, que fue fallada positivamente por el mismo tribunal en 2017. Desde entonces, la comunidad entera ha estado a la espera de que el Gobierno cumpla con las obligaciones fijadas en la sentencia y haga efectiva la repatriación, hasta San Agustín, de la colección de piedra milenaria. Como paradigma de pertenencia y obstinación, la Veeduría por la Repatriación del Patrimonio Arqueológico del Macizo Colombiano, que es la figura colectiva que representa el anhelo de la comunidad, ha bregado sin descanso para hacerse oír por absolutamente todos los ministerios y actores implicados.

Su insistencia llevó a Stephanie Shien, curadora actual de la colección de piedra en el Museo Etnológico de Berlín, hasta la región para un encuentro con la comunidad de San Agustín en la Maloka Wasi de Yanakuna, y otro con la comunidad indígena en Territorio Huacakayo. Se han dirigido directamente al presidente Gustavo Petro y a las embajadas de ambos países, han involucrado a la comunidad internacional, políticos, académicos y activistas. Con regularidad organizan actividades para fomentar la apropiación cultural y simbólica del patrimonio que sigue en el exilio y en un trabajo comunitario diseñaron la propuesta de Casa Pagamento, el centro arqueológico decolonial que albergaría la colección una vez sea devuelta.

Este medio pudo ver el avance del documental ¿Qué será de nosotras?, en el que el director Diego Pinilla Manrique, uno de los miembros de la veeduría, denuncia narrativamente los hechos de usurpación y el esfuerzo –poético, histórico, arqueológico, artístico– por la repatriación. Al igual que Dellenback, Pinilla fue por su cuenta hasta Berlín en 2024 para corroborar y registrar que las piezas, como hace un siglo, siguen en la fría y anodina bodega.

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Las piedras, un siglo después, bajo llave en Museo Etnológico de Berlín. Créditos: Diego Pinilla

Nadie puede dudar, pues, del grito y el puño arriba de la comunidad para completar su Biblioteca de Piedra.

Encuentros y desencuentros con ICANH y la colonial respuesta desde Alemania

La percepción de la Veeduría por la Repatriación del Patrimonio del Macizo Colombiano es que, históricamente, el ICANH y las autoridades competentes han tenido un desempeño muy mediocre a la hora de enfrentar estos casos. Una de las causas estructurales ha sido, según Martha Gil y David Dellenback, la exclusión sistemática de la participación de las comunidades implicadas. “Si la comunidad de San Agustín, incluyendo a la indígena, hubieran sido verdaderamente incidentes en el proceso, la exigencia de repatriación habría sido mucho más contundente”, reclaman. Eso sí, reconocen que este Gobierno, a diferencia del anterior, sí ha tenido un interés decolonial por reclamar lo que nos pertenece.

Alhena Caicedo, directora del ICANH, le dijo a CAMBIO tener la claridad de haber hecho, como institución, en sintonía con la Cancillería y demás actores implicados, “todo lo posible que ha estado a nuestro alcance para hacer cumplir la sentencia y hacer que la repatriación suceda”. Sobre el reclamo de incidencia por parte de la veeduría dijo que no responde de ninguna manera a un interés por apartar a la comunidad, sino a los protocolos, lenguajes y particularidades de la negociación diplomática. “Que no es tan fácil como por momentos creen y que, por protocolo, se debe dar entre pares: el ICANH con el Museo Etnológico de Berlín, la Cancillería, con su par en Alemania”.

La directora le confirmó a CAMBIO haber sentido indignación, como la comunidad y la veeduría, ante la respuesta que le dio a la Fundación de Patrimonio Cultural Prusiano a la petición formal y jurídica del ICANH exigiendo la repatriación de las 25 estatuas el 9 de octubre de 2024, que adjuntamos a continuación.

“[...] No hay indicios de actos específicos de violencia u otros actos ilícitos en relación directa o indirecta con su excavación y transporte a Alemania. Así, las autoridades estatales colombianas conocían las actividades de excavación de Preuss y sus planes de exportar los objetos y no tomaron ninguna medida para ponerlos bajo custodia del Estado durante varios años. Además, Preuss recibió la bienvenida por el entonces presidente de la República, Carlos Eugenio Restrepo, y fue respaldado en sus acciones por el alcalde de San Agustín. Asimismo, según documentos históricos, Preuss recibió dos objetos arqueológicos procedentes de San Agustín como obsequio de la colección del Museo Nacional de Bogotá en 1913/14”, se lee en la respuesta de la entidad alemana.

La directora Caicedo afirma que ya se hizo la apelación a la respuesta y que seguirá el esfuerzo para que la repatriación se haga pronto “y no en cinco o diez años”. Sin embargo, el reciente cambio de gobierno en Alemania pone la exigencia en entredicho, pues diplomacia es sinónimo de voluntad política. Lo cierto es que la postura colonial de la potencia europea, esta vez con la Fundación de Patrimonio Cultural Prusiano como portavoz, sigue imperando. Y que como no cabe duda de que la comunidad del Macizo no claudicará hasta traer las estatuas devuelta, la incógnita radica en la real capacidad del gobierno del cambio para fisurar la vulgar práctica colonial de apropiación cultural y saqueo.

*El trabajo comunitario por la repatriación, así como la historia de los Pueblos Escultores en el Macizo Colombiano ha sido consignado con rigor y devoción en la página web www.puebloescultor.org

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