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Cultura

Explorar el sonido: Felipe Téllez y la escritura tímbrica en 'Estimados Señores'

El periodista musical Ignacio Mayorga analiza el profundo y original trabajo del músico Felipe Téllez para exacerbar y matizar las emociones de la valiente película 'Estimados Señores'.

Por: Ignacio Mayorga Alzate

Para Felipe Téllez, la música para cine es un espacio íntimo donde la emoción toma forma sin necesidad de palabras. Según el músico, orquestador y compositor colombiano, enfrentarse a la música para cine es una forma de escucha. Sus creaciones no gritan, ni encierran al espectador en una emoción evidente. En cambio, invitan a habitar un espacio sensible.

En su rol como compositor de Estimados Señores, el largometraje colombiano de 2024 sobre el sufragio femenino, el sonido no busca ser protagónico: acompaña, matiza, crea zonas de resonancia emocional. “Esta música provee un espacio para que la audiencia llegue a las emociones que queremos evocar por su cuenta, o que al menos, eso sea lo que siente el oyente. Como compositores, manipulamos emociones con sonido, pero siempre es mejor si la audiencia siente que llegó a esas emociones de manera orgánica.”. Así las cosas, para Téllez, la composición para cine no busca el protagonismo épico, sino el acompañamiento a la acción de la película.

Este enfoque no apareció de la noche a la mañana. Su formación académica comenzó en la Universidad de los Andes y continuó en Berklee College of Music, espacio en el que desarrolló proyectos propios o junto a compositores consagrados. En Colombia, uno de sus primeros trabajos fue una pieza orquestal sincronizada para un ejercicio de clase, que acabó siendo interpretada por músicos de la Filarmónica de Bogotá. Desde entonces, Téllez ha combinado composición, orquestación y docencia. Pero el giro llegó cuando se mudó a Canadá y conoció al compositor búlgaro-canadiense Todor Kobakov. “Entré a su estudio recién llegado al país, sin saber qué esperar, y escuché sonidos que no podía nombrar. No tenía el vocabulario para describirlos. Fue una revelación”. Kobakov lo invitó a colaborar como orquestador en Backstabbing for Beginners, película protagonizada por Ben Kingsley y Theo James, y esa experiencia marcó su transición hacia un enfoque en el que el timbre —el color del sonido—.

Más que un descubrimiento aislado, se trata de una sensibilidad compartida por muchos compositores contemporáneos, un aporte a una historia de sonidos desde su esquina creativa personal. Téllez lo reconoce: “Esto no es controversial. Compositores del siglo XX ya venían explorando el timbre como una alternativa a la melodía y la armonía. Lo que sí ha cambiado es el acceso. Hoy, gracias a la tecnología, tenemos herramientas más asequibles para diseñar sonido desde cero. Lo que hace cincuenta años exigía un laboratorio millonario, ahora puede hacerse en un estudio doméstico”, añade desde su apartamento lleno de sintetizadores, máquinas, e instrumentos tradicionales.

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Felipe Téllez, músico, orquestador y compositor colombiano.

La melodía —una sucesión reconocible de notas— y la armonía —la combinación de varias notas al mismo tiempo— han sido históricamente las estructuras centrales de la música. Pero en el cine contemporáneo, cada vez más películas construyen identidad desde el timbre. Un sonido puede volverse símbolo. Un color sonoro puede ser más memorable que una frase melódica. “Hay películas que la gente recuerda por su timbre. En Dune o Inception, lo que muchas veces queda no es una melodía cantable, es un sonido. Una sola nota que se vuelve firma”.

En Estimados Señores esta lógica se refleja en la forma como Téllez trabaja con instrumentos tradicionales colombianos. El tiple, la gaita y el charango no aparecen como referencia folclórica. Se convierten en materia sonora maleable. Grabados, procesados, estirados, sus timbres se transforman en texturas. “Grabé el tiple y lo usé de distintas formas. Tocarlo y luego reproducirlo una octava más abajo genera un sonido que no es reconocible a primera escucha, pero que guarda una memoria tímbrica”. Así mismo, la banda sonora buscaba dar forma a una colección evocativa de la idea de lo colombiano, sin tornarse deliberadamente folclorista. “Quise que esta música sonara a Colombia, pero no a la Colombia de postal: a una Colombia viva, compleja y moderna”.

Este tipo de escritura exige también una forma distinta de colaborar con los directores. En muchas ocasiones, no hay un lenguaje musical compartido. Hay emociones por traducir. “El trabajo del compositor es casi el de un traductor y terapeuta. Estás escuchando el viaje emocional de los personajes y del propio director. A veces están descubriendo a los personajes contigo. No siempre saben qué necesitan. Entonces tú propones, ajustas, vuelves a escuchar. Es una conversación constante”, añade Téllez sobre el proceso usual de composición para cine.

Además, contar esta historia, basada en la convulsa historia cultural y social colombiana exigía un compromiso ético: “Mi reto fue darle voz a emociones que la historia no registró. Y para eso, la música era el único lenguaje posible”.

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Afiche de Estimados Señores

Téllez suele trabajar una vez la película está en etapas avanzadas de montaje. Pero su música evita la sincronización obvia. Prefiere crear ambientes que respiran. En lugar de subrayar acciones, busca sugerir estados emocionales. “Puedes ser muy evidente con un acorde mayor o menor, pero si quieres dejar espacio para que el espectador complete la emoción, puedes usar quintas abiertas, sin tercera, sin indicar tonalidad. Desde una sola nota, manipulando su timbre, puedes evocar calma, ansiedad o miedo”. La razón es más psicológica que musical, más cultural que melódica.

Por ello, esa evocación tiene también un componente físico. Algunos de los recursos que emplea, como los “drones” (sonidos graves sostenidos), actúan directamente sobre la percepción corporal. “Cuando pones un drone grave y gordo, tu cerebro ancestral reacciona: ‘Algo grande, algo me va a atacar’. No estás procesando notas, estás sintiendo una amenaza. Son herramientas que te permiten acceder a lo primitivo de la experiencia humana”. Así mismo, recuerda Téllez, el rugido de un animal de casa no es armónico, es ruidoso, por lo que la sensación está asociada al instinto de supervivencia de los animales primitivos que reconocen en este sonido la amenaza inminente del depredador al acecho.

La estructura misma de la banda sonora está pensada como un arco. La dosificación del tiple es un ejemplo claro. Este nivel de precisión y sensibilidad también está presente en su forma de construir el espacio narrativo. Téllez lo resuelve desde el lenguaje de las texturas. El tiple, la gaita y el charango aparecen no como marcadores folclóricos, sino como materia sonora dislocada. Grabados, manipulados, ralentizados, sus timbres se estiran hasta volverse irreconocibles. El cierre de la película ofrece una pista sobre su ética de composición. Durante todo el filme, el tiple se comporta como textura de fondo. Pero en la escena final, aparece por fin como melodía. El instrumento se convierte entonces en voz. “Es el acto de dosificación. Uno no quiere revelar todas las cartas al principio del partido. Solo al final dices: aquí está”.

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Equipo de producción de Felipe Téllez. Crédito: prensa Felipe Téllez.

Más que una técnica, esa contención expresa una ética del sonido. La música no busca imponer una lectura emocional, sino abrir una posibilidad de percepción. No pretende resolver lo que la imagen ya muestra, sino ampliar su campo afectivo. En Estimados Señores, donde el conflicto político y social es denso, pero no maniqueo, la música de Téllez sostiene la complejidad, acompaña la duda, propone un lugar desde dónde escuchar.

En Estimados Señores, la aproximación del compositor no responde a un repertorio de emociones universales, sino al carácter específico de una película profundamente política. La historia del sufragio femenino en Colombia, marcada por tensiones sociales, decisiones institucionales y fracturas afectivas, pedía una música que no tomara partido, pero sí contuviera la pugna entre dos frentes. Así, como concluye Téllez, “la historia del voto femenino en Colombia no solo se cuenta con imágenes. Se siente, se recuerda y se transforma a través del sonido”.

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