
Música contemporánea en Colombia: ¿seguirá en el olvido?
Ensamble CG.
Muy poca difusión mediática tiene el trabajo de los compositores e intérpretes de música contemporánea. David Feferbaum, experto en la materia y además pionero de la música electrónica en Colombia, examina el trabajo casi siempre ignorado del Ensable CG y de las Jornadas de Música Contemporánea del Círculo Colombiano de Música Colombiana.
Por: David Feferbaum
Estas líneas pueden ser, en esencia, una continuación de 'El olvido que sí fue', una nota publicada anteriormente en este mismo medio sobre la pérdida de memoria y el abandono de nuestro patrimonio cultural en general, aunque considero mucho más crítico el musical, por desconocimiento o desidia de las organizaciones y medios encargados del tema, más motivados tal vez por las pretensiones de la 'industria cultural' o del free press. Y señalaba la increíble omisión por estas entidades y medios del centenario de Luis Antonio Escobar y el cincuentenario de la muerte de Jacqueline Nova. Excluyo aquí a la Biblioteca Nacional, cuyo Centro de Documentación Musical honró la memoria de la compositora en dos eventos y a las Jornadas de Música Contemporánea del Círculo Colombiano de Música Contemporánea, que la recordarán en una de sus conferencias programadas.
Desde luego, las dos menciones anteriores no conforman una lista exhaustiva. Se podría agregar también el desconocimiento de dos compositores bien importantes en el desarrollo del género musical erudito en Colombia: Guillermo Rendón y Germán Borda, que van celebrando sus 90 años. A nivel más amplio, otros onomásticos desapercibidos podrían incluir los 50 años del fallecimiento de Dmitri Shostacovich. En el caso de Borda —para hacer sincronía con esta nota—, un cuarteto de cuerdas podría interpretar su obra El Olvido, escrita para este género, que por cierto fue grabada y publicada por el Quartetto Dárchi Renano de Essen, Alemania.
No obstante, si miramos, así sea de lejos, entidades o actividades musicales que no aparecen en los medios, nos podemos llevar gratas sorpresas. Cito dos: el Ensamble CG y las Jornadas de Música Contemporánea del Círculo Colombiano de Música Contemporánea, que, al ser básicamente ignoradas, corren el riesgo de también ser olvidadas en un futuro.
Aunque no son muchas y no cuentan con apoyo oficial alguno, en el país no existe ninguna otra entidad musical privada que, como el Ensamble CG, se haya mantenido activa por 30 años, con logros que les auguran muchos más.

En 1995, Rodolfo Acosta (1970) fundó en Bogotá el Ensamble CG con el propósito de interpretar música de cámara contemporánea, priorizando el repertorio colombiano y latinoamericano. A lo largo de esos años —mediante novedosas combinaciones sonoras, con o sin medios electrónicos o electroacústicos—, el grupo ha presentado consistentemente obras de vanguardia y experimentales de numerosos y nuevos compositores, un aporte valioso e incomparable a nuestro desarrollo musical.
Partimos aquí de la consideración personal de que el género de cámara —por su capacidad de profundizar en y con el sonido, y por ser la máxima expresión del lenguaje musical— es el cimiento sobre el que se construye el edificio de la música, un concepto básico para entender el significado e impacto del Ensamble CG en el desarrollo de la música de cámara en el país y en el de muchos compositores jóvenes.
Dos hitos de la difusión de la música de cámara en Colombia
Posiblemente, en el panorama de la evolución de la música de cámara en Colombia quepa destacar dos hechos fundamentales: la labor de la Radiodifusora Nacional de Colombia (luego Inravisión) y la monumental actividad solitaria de Carlos Barreiro Ortiz.
En 1940 se creó la Radiodifusora Nacional de Colombia, que impactó de lleno la cultura musical del país y auspició tanto una agrupación coral como una orquesta de cámara y un cuarteto de cuerdas. Su programa El recital de la semana presentaba no solo estos grupos sino incontables artistas de la música clásica y creaciones de músicos nacionales, impulsando así su divulgación. Esta labor, que conllevaba responsabilidad por la difusión cultural, continuó luego con la Televisora Nacional, establecida en 1954.
Aunque se desconoce el número de obras y artistas presentados por estas entidades, se sabe sí que esos años de divulgación musical por radio y televisión fomentaron la composición de cuartetos de cuerda, de obras para piano y para diferentes asociaciones instrumentales, como dúos, tríos, etc., y fueron un empuje definitivo para consolidar muchos de los músicos más reconocidos del país en el pasado siglo. Más adelante, la actividad de cámara continuó gracias a las presentaciones ocasionales de intérpretes en auditorios como la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República. Pero, la desaparición de El recital de la semana, a comienzos de los años 70, afectó las oportunidades de intérpretes y compositores colombianos.
El compositor necesita siempre escuchar sus obras, y por ello las acciones que favorezcan su desarrollo deberían ser masivas. No ha sido nuestro caso. Exceptuando los maravillosos años de la era Roots (1952-1974) con la Orquesta Sinfónica de Colombia (OSC), cuando se estrenaron más de 135 obras sinfónicas de compositores colombianos, la música de cámara, en particular de vanguardia, no tuvo igual suerte hasta finales de los 70, aunque solo se dio en acciones puntuales sin continuidad significativa.
En 1978 fundamos el Conjunto Colombiano de Música Contemporánea, con Zizi Mueller y otros miembros de la Orquesta Sinfónica de Colombia, entre ellos Fred Hood y Matthew Hazelwood, que luego tuvieron gran vinculación con la actividad musical del país. En sus cortos años de vida, esta agrupación presentó numerosas obras de vanguardia, incluyendo novedades colombianas.
Quizás la tarea más sustancial en cuanto a compositores colombianos y la vanguardia musical sea la de Carlos Barreiro Ortiz (1944–2013) desde los años 80, muchas veces en asocio con el Centro Colombo Americano y la Alianza Francesa de Bogotá y, en ocasiones, con la Biblioteca Nacional, todo ello sin el aporte de entidades culturales oficiales.
Una aventura que ya lleva 30 años
Además de valiosa, la creación del Ensamble CG es una aventura sin igual, empezando por los repertorios abordados y como respuesta a una necesidad critica para el desarrollo de los jóvenes compositores.
Como señala Acosta, “aprovechando la naturaleza maleable de su concepción, ha presentado más de 300 obras vocales, instrumentales y electroacústicas de compositores de todas las latitudes, buena parte de ellas como estrenos absolutos o locales”. En efecto, las cifras del aporte del ECG al desarrollo de la música en Colombia —que obedecen a un conteo particular y que seguramente al cotejarse en un inventario más riguroso pueden ser más— no pueden ser más elocuentes: presentar música de unos 140 compositores —de los cuales por lo menos 39 compositoras— de 30 países de América, Europa, Asia y Oceanía, es un logro incomparable.
Nada fácil de cuantificar es la calidad y variedad de estos repertorios y sus interpretaciones. Tal vez la mayoría de la música programada surge de la reciente creación nacional. De hecho, el Ensamble CG ha presentado obras de más de 50 compositores colombianos, entre ellas el estreno de más de 60 piezas posteriores a 2010.
Lo más significativo es cómo este pensamiento de colectivo abierto ha permitido a buen número de intérpretes encontrarse con la música contemporánea y experimental, sus técnicas y sus estéticas. Varios de quienes conforman este pool de intérpretes han alcanzado un alto nivel de especialización en música contemporánea, supliendo el vacío existente al respecto en la educación musical formal del país. Algunos de ellos han dirigido luego talleres nacionales e internacionales de interpretación, multiplicando tal conocimiento entre las nuevas generaciones.
Admirable es también que el Ensamble CG se haya mantenido durante estos 30 años de trabajo ininterrumpido sin recibir ningún tipo de apoyo oficial sistemático, logro que se magnifica ante la precaria gestión del Ministerio de Cultura frente a objetivos como los que este grupo propende.
El Ensamble CG ha sido convidado a festivales y ciclos especializados locales e internacionales que no listaré en detalle, exceptuando la invitación de la Sala Luis Ángel Arango para numerosas presentaciones y conciertos monográficos y la de 2021 para participar en el del centenario del Donaueschinger Musiktage (Alemania), considerado el más antiguo y prestigioso festival mundial de música clásica contemporánea.
Resulta imposible cubrir todos los aspectos y alcances de la labor del Ensamble CG. Por ahora, en este 2025 ha estado celebrando sus 30 años en presentaciones que comenzaron con la del Teatro Mayor el 20 de marzo y otras, entre ellas la del pasado 14 de agosto en la sala de la Universidad Jorge Tadeo Lozano con el concierto monográfico de Melissa Vargas, que dio inicio a las Jornadas de Música Contemporánea del año.
Las jornadas de música contemporánea
Las Jornadas de Música Contemporánea del Círculo Colombiano de Música Contemporánea este año 2025 son la edición 15 de un evento difícil de calificar en cuanto, según mi manera de verlo, es una realización que si acaso podría compararse con eventos que se llevan a cabo en países de muy alto desarrollo musical. Uno de sus libretos señala que “las Jornadas de Música Contemporánea son un espacio de encuentro, formación, divulgación y discusión, alrededor de la música culta actual, con un especial interés en los procesos que se vienen dando en Colombia y América Latina”.

A lo largo de sus 15 ediciones, ha contado con destacados intérpretes, investigadores y compositores tanto de Colombia como de Argentina, Bolivia, Canadá, Estados Unidos, México, Uruguay y Venezuela, que las han enriquecido desde distintas perspectivas y énfasis.
Las Jornadas de Música Contemporánea incluyen talleres de Composición, de Experimentación, de Interpretación y Análisis, además de conciertos, conferencias y conversatorios públicos, que se consolidan con la presencia de un músico o un grupo residente. La lista de invitados que participan en las actividades mencionadas incluye destacados solistas o compositores de música contemporánea nacional o del exterior.

Es imposible ofrecer en este espacio un listado detallado de los artistas participantes o de las obras estrenadas, tanto de los conciertos programados como de las escritas durante los talleres de composición e interpretación. Si bien la lista es extensa, cabe destacar —refiriéndome exclusivamente a los invitados a los talleres de composición— que se han hecho presentes figuras como Marcos Franciosi (Argentina), Carlos Mastropietro (Argentina), Coriún Aharonian (Uruguay), Víctor Rasgado (México), Gabriela Ortiz (México), Cergio Prudencio (Bolivia), Adina Izarra (Venezuela) y de Colombia, Rodolfo Acosta, Daniel Áñez, Daniel Leguizamón, Ricardo Arias y Melissa Vargas. Y no incluyo la relación de artistas invitados a dictar cursos de interpretación o conferencias especiales, ni la mención de las muchas composiciones que fueron estrenos mundiales.
En resumen, en lo que atañe a la música contemporánea, los 30 años del Ensamble CG, así como las 15 versiones de las Jornadas de Música Contemporánea del Círculo Colombiano de Música Contemporánea, son un aporte tan importante e incomparable para el desarrollo de la cultura musical colombiana que su reconocimiento debe impedir su desconocimiento en un futuro, como ocurrió este año con Luis Antonio Escobar y Jacqueline Nova.
(*) David Feferbaum es un pionero de la música electrónica en Colombia, además de compositor y gestor cultural. En 2026, el Círculo Colombiano de Música Contemporánea lo nombró miembro honorario.
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