
Henry Fiol a quemarropa: “La salsa está casi muerta en Nueva York, donde nació”
En entrevista con CAMBIO, el cantante y compositor de salsa neoyorquino, Henry Fiol, habla de su carrera artística, su vida personal, de cómo ve el género musical en Colombia y en su ciudad natal.
Hijo de la migración, de padre puertorriqueño y madre ítalo-americana, Henry Fiol prometía de niño ser un Henri Matisse de los suburbios de Manhattan por su habilidad con el dibujo y la pintura, pero lo capturó para siempre la melopeya al descubrir el timbre fiestero y el sentimiento de la música campesina cubana.
Con más de cincuenta años de trayectoria como músico compositor e intérprete, Fiol además es novelista y artista plástico. CAMBIO habló largo y tendido con el maestro neoyorkino de la Salsa, en su reciente estadía por Bogotá.
CAMBIO: Qué recuerdos le llegan de su niñez y adolescencia en el Lower East Side, caliente y cinematográfico de aquellos tiempos. ¿No se cruzaría usted alguna vez con Al Pacino o con Robert De Niro?
Henry Fiol: Llevo aproximadamente cincuenta años viviendo en un vecindario de Manhattan que se llama Lower East Side, pero no me crie allí sino en Washington Heights, un barrio de clase trabajadora localizado en el alto Manhattan. Aunque una película donde actuó Robert De Niro (Flawless, 1999) fue filmada a un par de bloques de mi casa, nunca he tenido el placer de cruzarme con De Niro ni con Al Pacino.
CAMBIO: ¿Qué músicas le llegan de la niñez, de la que oía en la radio o en el tocadiscos?¿Y cuál era la que más le endulzaba el oído?
H. F.: En la radio escuchaba la música pop de la época, pero en particular me gustaban los grupos vocales, Doo Wop, por ejemplo. En casa, mi papá sonaba sus discos latinos, pero eran boleros que no me llamaban la atención.
CAMBIO: Y, por el lado de mamá, ¿la canzone popular italiana?
H. F.: Me acuerdo de una canción italiana favorita de ella: Non pensare a me, interpretada por Claudio Villa. Su versión en español, No pienses en mí, es hermosa.
CAMBIO: ¿Cómo llenaba la soledad del niño unigénito mientras don Enrique y doña Celeste, sus padres, cumplían con sus trabajos?
H. F.: Mi mamá no trabajaba, era ama de casa. Yo siempre la pasaba afuera, jugando con mis amigos en la calle, pero cuando hacía mal tiempo y no podía salir, pasaba solito, dibujando y pintando en casa. Yo era loco con los caballos, y lo único que quería dibujar y pintar eran retratos de caballos de carreras.
CAMBIO: ¿Cómo recuerda a don Doménico, su abuelo materno, quien lo ilustraba de niño en el bello canto, el buen vestir y los modales, y en las disquisiciones entre el bien y el mal?
H. F.: Mis abuelos maternos vivían al cruzar la calle y yo pasé la mayor parte de mi niñez en casa de ellos. Mi abuelo fue una gran influencia en el desarrollo de mi personalidad. Mis valores y mi forma de ser como hombre salen de él, porque me enseñaba muchas cosas, especialmente sobre las cualidades que un verdadero hombre debe tener: ser honesto, tener respeto y cumplir la palabra.

CAMBIO: ¿Se graduó en Artes Plásticas y ejerció como profesor. ¿Por qué se desilusionó tan temprano de la paleta de colores, consciente de su talento prometedor?
H. F.: De niño iba a una escuela de arte una vez a la semana, a estudiar pintura, y a los ocho años ya comenzaba a pintar mis primeros cuadros al óleo, pero cuando conocí a fondo el negocio de la pintura, me desilusioné. Me di cuenta que es un mundo elitista y falso, dominado por la aristocracia, un ambiente donde yo no cabía. Me sentía como pez fuera del agua y poco a poco me fui por el camino de la música.
CAMBIO: ¿Si estudió para ser pintor, ¿por qué se negó a estudiar para ser músico, que era, en definitiva, a lo que aspiraba?
H. F.: Intenté aprender a leer música, pero tengo un bloqueo mental. Yo no oigo música de una forma matemática o mecánica. La oigo y la interpreto de una forma más sensible, según mis instintos. Soy músico de oído, y no hay otro remedio.

CAMBIO: Como quiera que sea, su paleta cromática quedó impresa en las carátulas de algunos de sus discos, como el de Fe, Esperanza y Caridad, en la que, me da la impresión, ¿le hace un guiño a Paul Gauguin?
H. F.: Tiene un buen ojo. Sí, Paul Gauguin siempre ha sido uno de mis pintores favoritos. Desilusionado del negocio de las artes plásticas me impuse la tarea de pintar las carátulas de mis elepés: eran como un pequeño lienzo para un artista, y una forma de ofrecer mi arte y mi música a la gente. En ese tiempo las portadas de los discos despertaban interés en el público y tenían mucho que ver con las ventas. De hecho, las cubiertas de los primeros discos de Saoco le dieron identidad al grupo, y seguí pintándolas hasta que llegaron el casete y el CD.
CAMBIO: Llega a sus manos la conga, y despunta el espíritu del joven poeta que planta la semilla: “Al buscar el mañana / entre quemada basura / yo oigo la amargura / que sale de tu ventana”, de su álbum Tiene sabor. Sigue estudiando artes plásticas, pero se inspira en la voz del pueblo, que “tiene valor”, y comienza a pincelar sus primeras melodías como autodidacta. ¿Cómo era ese ejercicio de pintar una melodía?
H. F.: Con respecto al tema Tiene sabor, te lo explico: En los primeros álbumes que grabé con el sello SAR, el productor, Roberto Torres, no quería que yo grabara temas originales o inéditos y quiso que grabara unos temas cubanos. Para colaborarle, decidí hacer una versión del tema Tiene Sabor, que cantaba Abelardo Barroso con La Sensación, porque me gustaba la melodía. Lo que no me gustaba mucho era la letra del tema original: “Chupa la caña negra, tiene sabor, sabor, sabor, y nada más”. Por eso me tomé la libertad de cambiar la letra a “oye la voz del pueblo”, porque la melodía pedía un mensaje más fuerte y menos superficial.
CAMBIO: ¿Cómo componía? ¿Era primero la letra y después la melodía, o ¿viceversa? o ¿letra y música fluían al mismo tiempo?
H. F.: En la mayoría de mis composiciones, la melodía y las letras me llegaban a la vez. Es que hay ritmo y fraseo en el hablar y eso casi siempre sugiere la melodía. Hubo algunas canciones que comenzaron con la melodía primero y después la letra, pero no muchas. La gran mayoría me salían con melodía y letra juntas.
CAMBIO: Su novela, The short end the stick (El extremo corto del palo), de la que se dice tiene un tono autobiográfico, se encuentra solo en Amazon. ¿Cuándo la tendremos en físico y en español?
H. F.: Sí, la novela es algo autobiográfica. Utilicé muchas de las experiencias de mi niñez en las calles en Nueva York, y también mi conocimiento del ambiente del hipódromo, porque mi papá era hípico y terminó siendo entrenador de caballos de carreras, y yo, básicamente, me crie en ese ambiente. Lamentablemente, como la historia está escrita en inglés, en el lenguaje callejero de Nueva York, no creo que funcionaría una traducción en español.
CAMBIO: En síntesis, de qué trata el gran relato.
H. F.: La novela es la crónica de la vida de un niño ítalo-americano que nace con una pierna más corta que la otra. Debido a su problema físico, es rechazado y abusado, y los niños del barrio le ponen como apodo El cojo. Cuando conoce el hipódromo, por su tío, sueña con ser jockey, ya que el niño experimenta que, cuando monta el caballo, su problema de las piernas no tiene importancia, y va a ser igual que los demás. El resto de la narración describe sus luchas por alcanzar su meta, y lo trágico que sucede después: su relación con las drogas y la mafia.

CAMBIO: ¿Cómo fue el descubrimiento de Ahora me da pena, de Compay Segundo, letra a la que usted le incluyó “nací en Nueva York, en el condado de Manhattan, donde perro come perro y por un peso te matan”?
H. F.: Roberto Torres, productor del sello, me sugirió este tema y me gustó mucho. El único problema fue que, en los versos originales, Compay Segundo hablaba de cosas de Cuba: “Yo nací en Siboney, en la provincia de Oriente”, y yo creí que iba a sonar ridículo cantando eso. Por eso, me tomé la libertad de cambiar la letra para que reflejaran la realidad mía: “Yo nací en Nueva York, en el condado de Manhattan”.
Siempre tuve el miedo de que Compay Segundo iba objetar el cambio que le hice a la letra de su canción, pero cuando la orquesta Buena Vista fue a Nueva York y me invitaron al ensayo, tuve el placer de conocer a Compay y pedirle disculpas. El señor fue súper chévere conmigo. Parece que le gustó la versión mía, y en vez de regañarme, al contrario, me escribió la letra de su famosa canción Chan Chan, en una servilleta, para que yo hiciera una versión de ese tema. Gran señor, Compay.
CAMBIO: ¿Cómo fue adoptar y adaptar Oriente, esa guajira son, poética y desgarradora, de Cheo Marquetti, a la que usted le incluye el pasaje del pajarito?
H. F.: Yo había conocido el tema antes de grabar el primer disco con el sello SAR. Es que Cheo Marquetti siempre ha sido uno de mis ídolos. Él era un tremendo cantante, creativo, expresivo, y proyectaba mucho sentimiento en el canto. Su versión de Oriente siempre me había gustado, pero creí que la versión con Chappottín fue un poco rápida, y decidí hacerla más lenta, para que se oyera como un lamento. Le agregué la décima: “Un pajarito perdido”, etcétera, porque quise expresar a mi manera toda la pena que el tema proyectaba. Hay muchos artistas que solamente quieren grabar cosas alegres, pero creo que el artista debe reflejar las verdades de la vida.
CAMBIO: ¿Y de Abelardo Barroso?
H. F.: Abelardo Barroso ha sido uno de mis cantantes favoritos. Él, y otros grandes soneros de Cuba como Cheo Marquetti, Benny Moré, Guillermo Portabales, Miguelito Cuní, son mis ídolos y fueron las principales influencias en el desarrollo de mi estilo. Barroso me influyó bastante, especialmente en la economía del canto, pocas palabras y más sentimiento. Aprendí estudiando su estilo, y de los discos que grabó con La Sensación. Hasta el seseo que tenía, me encantaba.
CAMBIO: En su disco Macho Mumba la cubierta es otra obra de arte. ¿En qué solar de la Habana vieja fue capturada esa imagen del grupo de cubanos cimarrones tocando tambores, fumando puros y bajando ron?
H. F.: Nunca he tenido el placer de visitar Cuba, y la creación de la pintura de Macho Mumba fue algo que salió de mi imaginación. Yo participaba en las rumbas que se formaban en Nueva York, en aquel entonces, y tenía conocimiento de lo que es “una rumba”. Por eso pude pintar la escena de una forma auténtica. La pintura me costó mucho trabajo porque fue muy difícil capturar la expresión de los rumberos, las posiciones de sus manos, y todos los demás detallitos.
Lamentablemente, esta pintura fue la causa de mi salida del grupo Saoco. Es que, después de tanto trabajo, y de que la pintura, en el primer elepé de Saoco, había ganado premio como mejor caratula del año, por ella la disquera me dio apenas cien dólares, y eso me ofendió mucho. Por eso me fui.
CAMBIO: Maestro, despeje usted la duda de una vez por todas: ¿quién escribió La juma de ayer? ¿Compay Segundo, Walfrido Guevara o Henry Fiol?
H. F.: Aunque Compay Segundo hizo una versión, creo que el compositor del tema fue Walfrido Guevara.
CAMBIO: ¿Por qué usted no quería grabar La juma de ayer que, Roberto Torres, su productor, anticipaba como éxito? Tal y como a la fecha trascendió.
H. F.: Cuando Roberto Torres me mostró el tema y sugirió que yo hiciera una versión, no me gustó por el mensaje de la borrachera, y la nota. Pero él insistía que era algo muy comercial, y para colaborarle, me junté con mi arreglista Russell ‘Skee’ Farnsworth, y le agregamos los vientos, los coros adicionales, y otros elementos a la versión campesina de cuerdas de Compay Segundo, para convertirlo en un tema de Salsa. Tuvimos mucha suerte con La juma, y después de tantos años, sigue siendo el tema número uno del repertorio.
CAMBIO: La letra de Mala suerte, ¿nació en las carreras de caballos o en las ruletas de los casinos?
H. F.: Cuando era niño y mi papá sonaba sus discos del 78, en casa, no me interesaban mucho porque eran mayormente boleros. Pero, entre ellos, hubo una guaracha Mala suerte, de los años 40, en la voz de Bobby Capó. Años después, cuando llegué a ser cantante, me acordé del tema y decidí hacer una versión. Cambié la letra un poco, agregándole cosas del hipódromo, y así salió el tema Mala suerte, que sigue siendo uno de los principales del repertorio.

CAMBIO: La carátula de Siempre seré guajiro, con el grupo Saoco ilustra un campesino a caball, y ahí es donde usted expresa su fervor por la espiritualidad y originalidad del son cubano, inspiración y motivación en su trayectoria musical. ¿Cómo fue su descubrimiento de Guillermo Portabales?
H. F.: Fue de puro accidente. Por ese tiempo, ya había investigado las raíces de la Salsa, y sabía algo sobre la música cubana en general, pero no sabía absolutamente nada sobre la música campesina de Cuba, hasta que un día, almorzando en un local de cubanos, oí su voz saliendo de la rockola, cantando El carretero. ¡Se me pararon los pelos!, y me arrimé a la rockola para anotar el nombre del cantante.
Al día siguiente, salí a comprar discos de Portabales, y después de haberlos estudiado, traté de incorporar elementos de su estilo en mi orientación de la Salsa. Lo que más me llamaba la atención, aparte de su voz suave, lírica y melodiosa, era el sentimiento y la sinceridad que Portabales proyectaba en el canto. De él, aprendí que hay que sentir lo que uno canta, y hay que cantar lo que uno siente.

CAMBIO: En una entrevista que usted me concedió hace muchos años, recuerdo que mencionó a Celina González y a su hijo Reutilio como otros de los grandes pilares de su inspiración. ¿Esa revelación también fue en una rockola?
H. F.: Después de haber descubierto a Portabales, comencé a investigar otros intérpretes de la música campesina cubana. No me acuerdo cuándo y dónde escuché a Celina y Reutilio por primera vez, pero su música me impresionó bastante, especialmente el tremendo solo de laúd de Reutilio, en el tema Yo soy el punto cubano. Me gustó tanto ese sonido limpio y afinado del laúd, que años después decidí cambiar el tres de mi conjunto por un laúd o un cuatro.
CAMBIO: Por sus composiciones, usted dio en el blanco del sentir popular y de las necesidades y durezas de las clases menos favorecidas, como lo expone en De la mano a la boca, del álbum La juma de hoy, de Discos Fuentes (2006). ¿Se acuerda maestro si el vídeo clip de esa canción fue rodado en Corabastos, la Central Mayorista de Abastecimiento, de Bogotá?
H. F.: Creo que el artista, con su don poético, tiene el deber de expresar los sentimientos del pueblo. Por eso he compuesto varias canciones como De la mano a la boca, Picoteando por ahí, entre otras. El video fue filmado en la Central Mayorista de Medellín.
CAMBIO: Una pieza icónica del pop art es la cubierta de su disco Colorao y negro. ¿Aún conserva ese autorretrato donde usted se vislumbra de sombrero y camisa roja, apuntada hasta la manzana, y un corazón rojo en el pecho de su chaqueta negra?
H. F.: No sé dónde tengo ese dibujo. Pero la razón por la cual decidí usar solamente dos colores, rojo y negro, en la portada del LP, fue simplemente para economizar dinero. Escogí los colores rojo y negro porque simbolizan vida y muerte. También son los colores de la ruleta, y como yo la jugaba a todo lo que da, eran muy apropiados. Encima de esto, los colores rojo y negro son los colores de Ponce, Puerto Rico, el pueblo de mi familia, y los usé a ver si me daban un poco de suerte.
CAMBIO: En ese disco, 'Colorao y Negro', repunta con otro de sus sonados éxitos: 'Picoteando por ahí'. Cómo se le ocurrió la letra.
H. F.: Tiene que ver con mis propias vivencias, y con mis observaciones sobre lo que es la lucha para ganarse la vida en las calles duras de Nueva York. Pero, con respecto a la historia específica del tema, un día, conversando con el bongosero de mi grupo, le pregunté, “¿qué tal, cómo estás”, y su respuesta fue, “pues, picoteando por ahí”, e inmediatamente pensé que servía para una canción.

CAMBIO: Su autorretrato del álbum Corazón, donde aparece exhibiendo un as de la baraja, aviva mi curiosidad por esa mística de los arcanos que a usted lo envuelve. Cuánto hace que descubrió el Tarot y si lo sigue consultando.
H. F.: Soy una persona más visual que auditiva, y por eso, al conocer el Tarot, me atrajo mucho. En los tiempos antiguos, cuando casi nadie sabía leer, los conceptos más profundos de la vida los sabían solo los sabios, documentados en una forma gráfica. Aprendí a leer el Tarot, pero no me interesaba mucho su uso para interpretar el presente o el futuro; lo que me interesaba era el simbolismo y el uso de las cartas para ilustrar las verdades profundas de la vida.
CAMBIO: Maestro, cuántas producciones musicales en su haber, y cuántas letras ha escrito.
H. F.: He compuesto unas 95 canciones, más o menos, y he grabado alrededor de veinte producciones discográficas.
CAMBIO: ¿Cuál de todas es la que más le ha generado dividendos?
H. F.: No hay nada de “dividendos”, como dices. Las regalías, especialmente las de derechos de autor, siempre se pierden en el camino. Las liquidaciones de regalías siempre han sido totalmente “chimbas”, como dicen ustedes. Pero hay que tragarlas. La realidad es que, para uno avanzar en una investigación de los libros contables de una casa disquera, uno va a gastar mucho más en los servicios de abogado, comparado con lo que uno va a recuperar. No se puede sacar sangre de una piedra. El artista se defiende con las presentaciones en vivo.
CAMBIO: ¿Cómo le ha ido con las plataformas musicales?
H. F.: Como persona mayor, no soy muy adepto al uso de la tecnología. No comprendo mucho sobre las ‘plataformas musicales’, ni el ‘streaming’, ni nada de esas cosas, y lamentablemente, tengo que decir, que la tecnología me ha dejado atrás.
CAMBIO: Después de una época copiosa de bares y clubes de salsa en Manhattan, entre ellos el Village Gate, el Corso, el Palladium, el Spanish Harlem, el Ypacaraí, y el remoto pero legendario Cheetah, ¿hoy en dónde se mueve la Salsa?
H. F.: Lamentablemente, creo que la salsa está casi muerta en Nueva York, en la ciudad donde nació. El circuito de clubes latinos que había antes, ha desaparecido.
CAMBIO: En Colombia ha cultivado una gran fanaticada, desde cuando llegó por primera vez a Cali, en los albores de los 80. ¿Lleva la cuenta de las ferias de Cali en las que se ha presentado?
H. F.: Visité Cali por primera vez en el año 80, y después he participado en un sinnúmero de Ferias de Cali, pero no he llevado la cuenta.
CAMBIO: A propósito de Cali: ¿Le queda una huellita de la cicatriz en la ceja, donde le cosieron diez puntos cuando se resbaló en el baño de la habitación del Hotel Aristi, y se estrelló con el borde del inodoro? ¿Esa fue su primera vez en Cali?
H. F.: Sí, ese accidente ocurrió en mi primera visita a Cali, en el Hotel Aristi. Tuve la suerte de no perder el conocimiento; agarré una toalla para parar la sangre, y me llevaron a una clínica. El personal de la clínica hizo un buen trabajo poniéndome los puntos, porque la cicatriz no se nota mucho.
CAMBIO: ¿Se presentó alguna vez en el Museo de la Salsa, del barrio obrero de Cali, donde albañiles, camajanes y lustrabotas saben más de Salsa que aquellos presumidos de cigarrerías que posan de eruditos?
H. F.: No estoy seguro, pero creo que no. No me suena.
CAMBIO: ¿En La Topa Tolondra sí se ha presentado?
H. F.: Sí, tuve una presentación en ‘La Topa’ el año pasado, y también una breve aparición con un par de canciones este año, cuando estuve en Cali, para el lanzamiento del documental La Salsa vive.
CAMBIO: Cómo le pareció La Salsa vive.
H. F.: Es un excelente documental. Es algo que todos los colombianos deben ver, especialmente los caleños. El director, Juan Carvajal, me invitó a participar en el proyecto, y para mí fue un placer y un gran honor ser incluido.
CAMBIO: En Bogotá, también se goza la salsa, y la temperatura la suben artistas de su talla. Qué sabor le ha dejado la rumba bogotana.
H. F.: Recientemente estoy realizando presentaciones en Bogotá con más frecuencia, y han sido unas experiencias bonitas. Los fans me han recibido con mucho cariño y entusiasmo.

CAMBIO: Qué le gusta de la salsa hecha en Colombia.
H. F.: Seguro que yes. La salsa colombiana, hoy en día, está en un nivel bien alto. Mi favorito siempre ha sido Joe Arroyo.
CAMBIO: ¿Y qué le llama la atención de la Salsa que se ha hecho en Puerto Rico, empezando por El Gran Combo, La Sonora Ponceña y la Puerto Rican Power?
H. F.: Yo soy de Nueva York, y aunque he trabajado junto con El Gran Combo varias veces en Colombia, no he tenido mucho contacto con los otros salseros puertorriqueños. He escuchado sus grabaciones, y es obvio que los artistas de la isla son excelentes y han contribuido mucho a nuestra música.
CAMBIO: ¿Cuando viene a Colombia trae sus músicos de planta o aquí tiene hace tiempo su combo de confianza?
H. F.: Ya no hay necesidad de llevar a nadie conmigo cuando viajo a Colombia. Los músicos colombianos son excelentes, y hay varios “combos de confianza” que siempre me acompañan en las ciudades principales del país.
CAMBIO: Con cuál melodía conquistó a su señora esposa y madre de sus hijos.
H. F.: No fue ninguna melodía específica, sino varias. Ya llevamos 50 años juntos.
CAMBIO: Su vida, como su sonada letra, ¿también ha sido una montaña rusa?
H. F.: Yo diría que sí. He pasado por unas épocas muy bonitas, pero he sufrido varias desilusiones también.
CAMBIO: Con 78 años y más de 50 años de carrera musical, usted se conserva firme y en su salsa. ¿Cuál es la fórmula de su vitalidad?
H. F.: Bueno, soy vegetariano, de muchos años, y creo que eso me ha ayudado bastante. Pero también soy muy activo. Hago mi rutina de ejercicios cinco días a la semana, y el fin de semana descanso.
CAMBIO: Maestro, ya en el cierre, pregunta a quemarropa de juzgado: ¿Tiene el interrogado algo más que agregar?
H. F.: ¡Ay, bendito!
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