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El maestro de jazz, Óscar Acevedo.
Cultura

Óscar Acevedo y Mompox: un amor en 32 compases

El maestro de jazz, Óscar Acevedo.

Durante la versión número XI de Festijazz de Mompox, el pianista, compositor y una de las voces más relevantes del jazz colombiano habló con CAMBIO sobre su vida, el momento actual del género en el país y, sobre todo, de su relación profunda con esta histórica y mágica población.

Por: Rainiero Patiño M.

Melodías de foxtrot, charlestón y rock, mezcladas con boleros de Agustín Lara y uno que otro tango, son los sonidos que a Óscar Acevedo Gómez le hacen evocar sus años infantiles en la casa familiar de Bucaramanga. Las notas salían de las manos y el piano de su madre.

Y en el otro lado de su memoria musical están la vitrola y una numerosa colección de acetatos que los miembros de la familia Acevedo hacían sonar. Entre todos esos discos había varios de música del Caribe, un buen número de música bailable y solo uno de jazz. Acevedo no recuerda el nombre preciso de aquel disco, pero puede tararear la melodía con perfecta precisión. Dice que era una canción hebrea que cantaban en Alemania antes del nazismo.

Esa canción clásica de la música europea fue su primer acercamiento consciente con el jazz. El inicio de una relación que acumula más de seis décadas, y que lo ha convertido en uno de los referentes del género en el país y un invitado habitual a distintos festivales del mundo. Por esa relación fructífera, también, su nombre y su obra son, prácticamente, uno de los pilares del Festival Internacional de Jazz de Mompox.

El jazz y el Magdalena: 13 años de música

Cuando Mompox era todavía un secreto, más o menos bien guardado, de historiadores e investigadores, a Juan Carlos Gossaín, en ese entonces gobernador del departamento de Bolívar, se le ocurrió crear un espacio cultural permanente en el que convivieran la música, las presentaciones de comparsas, las actividades académicas, los conciertos y otros tipos muestras artísticas. Corría el año 2012 cuando nació el Festijazz de Mompox. 

Acevedo fue invitado por Gossaín a esa primera versión experimental. Desde ahí nació su amor profundo por Mompox. Una relación que se ha ido fortaleciendo y creciendo de manera paralela con el festival. Hoy es normal que la gente lo salude con nombre propio entre los callejones, que alguien lo señale a lo lejos mientras camina desprevenido o que cualquiera que se balancea en una mecedora sobre una terraza, aprovechando la sombra de la tarde, lo invite a pasar a su negocio por un café.

Mompox es una histórica población colombiana, situada en el centro del departamento de Bolívar y que según los historiadores tiene un peso muy grande en el desarrollo del país por su rol protagónico como puerto en la época de la colonia española y durante el proceso de independencia.

Desarrollada a orillas del brazo de Mompox, una bifurcación del gran río Magdalena, la población fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, gracias a la conservación de su arquitectura, sus calles empedradas, sus casas blancas, sus plazas y sus iglesias barrocas. Todos esos elementos le dan un ambiente mágico que hace que quien lo visita sienta que camina por una ciudad estancada en el tiempo o, para repetir una metáfora literaria muy usada, por una callejuela real del Macondo imaginario de Gabriel García Márquez. 

Festijazz de Mompox 2025. Imagen aérea del escenario principal.
Festijazz de Mompox 2025. Imagen aérea del escenario principal.

El río y ese encanto histórico, sumado al aporte del festival, han convertido a Mompox en una especie de Nueva Orleans suramericana cuyos espacios hacen pensar en la potente relación de esa ciudad estadounidense con el río Mississippi y la influencia determinante de sus aguas en la creación del jazz. 

En eso, cree Acevedo, radica uno de los encantos por los que Mompox se ha convertido en un escenario internacional importante dentro del circuito mundial del jazz y de otras músicas que convergen en el evento, que este 2025 fue realizado entre el 17 y el 21 de septiembre, con la organización de la Gobernación del Bolívar y el apoyo importante del Fondo Nacional del Turismo (Fontur), entidad adscrita al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

“Es un honor que me hace a mí la Gobernación de Bolívar al haberme invitado reiteradamente, pero también profeso una fascinación con la gente de Mompox. El aspecto humano aquí es muy especial: los momposinos son muy receptivos, acogedores, hospitalarios y eso siempre ha generado una relación entre el artista y el público”, dice Acevedo para referirse a su relación con el pueblo y a su continúa presencia en el festival.

Y lo dice con conocimiento de causa porque el Festijazz ha sido un motor indiscutible en la transformación de Mompox, pues se le ha dado más valor a la declaración de Patrimonio de la Humanidad y creado una excusa para el progreso, lo que se refleja en nuevas conexiones viales, un nuevo puente y la llegada de vuelos comerciales al aeropuerto local. “Para mí también es muy gratificante haber apoyado esta iniciativa”, confiesa.

Jazz a la colombiana

Aunque muchos no lo vean de manera muy clara, se puede afirmar que la historia de la música colombiana moderna, sobre todo de mediados del siglo pasado, tiene una relación muy fuerte con el jazz. Acevedo está de acuerdo con esa afirmación.

Basta con citar nombres como Lucho Bermúdez y Pacho Galán, entre otros, y mirar la forma en que incorporaron el formato de las grandes orquestas o big bands a sus composiciones de merecumbé, cumbia y porro. Así transformaron la música colombiana dialogando con el jazz.   

“Esas grandes orquestas o big bands, que prácticamente eran experimentales, supieron fusionar de manera magistral nuestros ritmos tradicionales autóctonos con los nuevos sonidos, como el jazz”, explica Acevedo, con el rostro sonriente y su tono calmado, como buen profesor.

Mompox: imagen del antiguo edificio de la aduana y el mercado.
Mompox: imagen del antiguo edificio de la aduana y el mercado.

Pero, para este músico egresado de Berklee College of Music, especializado en jazz y en composición para cine, teatro y televisión, tampoco se puede pasar por alto el fenómeno musical de la salsa en la década de 1970, ocurrido en Nueva York. Esos días cuando los latinos residentes en esa ciudad ayudaron a convertirla en la capital mundial del jazz. Porque es a través de ese caso como se puede explicar el gran diálogo de ideas y de ritmos entre los colombianos y los norteamericanos.

“En un principio eran solo los afroamericanos, y hoy en día ya es un género que trascendió las fronteras de Estados Unidos y se practica en todo el mundo, con ritmos como el flamenco”, remata Acevedo. 

Para el maestro, la capacidad colonizadora del jazz está probada, y como muestra de ello cita también la década de 1930, cuando los europeos se apropiaron del género. Pero la influencia principal para los latinos y los colombianos en general está en el jazz norteamericano afro.

“Lo que pasa es que al surgir la fusión con los ritmos caribeños, gracias a todos esos cubanos y dominicanos o panameños que estaban radicados en Nueva York y que hicieron parte de la orquesta de Duke Ellington y de Dizzy Gillespie, entró la influencia caribeña a esa música, e inclusive desde antes”, explica otra vez. 

Y cuando se le pregunta cómo ve el escenario actual del jazz colombiano, Acevedo señala que el género ha tenido una evolución exponencial y vertiginosa, porque en la década de 1980 existía en el país un solo festival (el del Teatro Libre de Bogotá) y una serie de conciertos aislados con agrupaciones que traía instituciones, como la embajada de los Estados Unidos.  

“Se empieza a consolidar a partir de Jazz al Parque, en 1995, y después del surgimiento de la red de festivales de jazz a finales del siglo XX se transforma en algo masivo. Hoy tenemos una temporada de dos semanas en septiembre, en la que podemos contabilizar entre 400 y 500 conciertos en distintas partes del país. Desde conciertos estudiantiles a profesionales didácticos. Mucho es el crecimiento que ha habido y eso le ha dado espacio a mucha gente para expresarse con esta manifestación artística que es la música”, detalla el profesor.

Una música para todos

Óscar Acevedo, durante su taller en el Festijazz de Mompox 2025.
Óscar Acevedo, durante su taller en el Festijazz de Mompox 2025.

En resumen, Acevedo plantea que ya podemos hablar de una masificación del jazz en Colombia. Un botón para la muestra es el caso de Mompox, donde hay gente que principalmente tiene otros gustos musicales diferentes al jazz, pero durante el festival y posterior a este, debido a su contacto con conciertos y nuevas bandas, empiezan a entender ese nuevo lenguaje y a incorporarlo a sus vidas. “Comienzan a relacionar esos nuevos sonidos con su tradición musical. Eso, por ejemplo, también es un fenómeno que le abre las puertas a la gente a otra expresión cultural”, dice. 

Como muestra de gratitud con Mompox, Acevedo presentó Amalgama, una nueva pieza musical, durante su presentación de este año en el festival. Se trata de una composición que hizo en la década de 1990 y que nunca había tocado en vivo. Es un trabajo basado en el ritmo de la danza del garabato o ritmo de chandé, que es el principal del Carnaval de Barranquilla. Y con el nombre cree que una imagen perfecta para describir sus años de jazz en Mompox. Como en anteriores ocasiones, el público lo recibió con entusiasmo. 

Horas antes de esa presentación, Acevedo dictó un taller de apreciación e historia del jazz en la Casa Cabildo, cerca de la Albarrada del Río y lugar donde se firmó el acta de la independencia absoluta de la Villa de Mompox de la Corona española el 6 de agosto de 1810. Allí interactuó con los asistentes a quienes les enseñó los 32 compases básicos del género. Con paciencia y mucho amor, en un toma y dame que resume muy bien su relación con Mompox y su gente.

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