
Richard Bona, la virtud y el encanto de su bajo
El bajista camerunés se presenta esta semana en Cali, Medellín y Bogotá. Aunque se le cataloga como intérprete de 'jazz', en realidad es un músico muy ecléctico que bebe de muchas fuentes.
Por: Esteban Bernal
Pocos bajistas de hoy gozan del reconocimiento que tiene el camerunés Richard Bona. Su obra es extensa tanto en grabaciones y colaboraciones, así como en el uso de los lenguajes musicales que aborda. Ofrece conciertos en todo el mundo y su vigencia es constante gracias a que estrena música de manera periódica.
A diferencia de los músicos que se casan con un único estilo, Richard Bona parece ser la monedita de oro que le cae bien a todo el mundo. Y aunque viene a Colombia en desarrollo del Circuito de Jazz, con escalas en Ajazzgo (Cali, 11 de septiembre), Medejazz (Medellín, 13 de septiembre) y el Centro Nacional de las Artes (Bogotá, 14 de septiembre), su música es accesible para todos quienes quieran escuchar, en palabras del propio Bona, “buena música”. CAMBIO habló con él acerca de su trayectoria y su relación con la música de América Latina.
CAMBIO: ¿Cómo se siente de volver a Colombia?
Richard Bona: Me siento muy feliz porque han pasado unos cuantos años desde mi última visita y tengo muy buenos recuerdos de otras ocasiones en las que he estado en su país: el entusiasmo de la gente con la que he compartido, dentro y fuera de la escena musical, me hace pensar que los colombianos son excelentes personas.
CAMBIO: Hace poco descubrí la canción que usted grabó junto con una agrupación medio colombiana, Bacilos, llamada No quiero bailar solito. ¿Qué impresiones tiene de haber colaborado con ellos?
R.B.: Fue muy grato compartir con Bacilos en el estudio de grabación debido a su amabilidad y apertura. Trabajamos sobre una melodía muy sencilla que yo aporté y en el proceso creativo de volverla canción me di cuenta del talento musical de este dúo. Además de la buena música, disfruté pasar tiempo con ellos; nos divertimos mucho.
CAMBIO: Además de Bacilos, ¿ha trabajado con otros músicos de acá?
R.B.: Quizás el caso más memorable es el de haber tenido en mi banda, por unos años, al percusionista Samuel Torres. Gracias a él conocí varios aires tradicionales colombianos y me enteré de la fortísima tradición salsera de Cali y de otras ciudades. Además de Cali, he estado en Cartagena, Barranquilla, Manizales y Bogotá. En estas ciudades no solo he compartido con excelentes músicos, también he podido vivir experiencias cotidianas como en el asunto de la gastronomía; no se imagina cuántas bandejas paisas me he comido. ¿Y sabe? Creo que la música no es más que la interpretación de las cosas simples de la vida.
CAMBIO: Muchos latinoamericanos ven en África la raíz de buena parte de la música tradicional de este lado del mundo. ¿Usted cómo describiría a América Latina en términos musicales?
R.B.: La principal característica de la música latinoamericana, y de hecho lo que más me gusta de ella, es la mezcla de muchos elementos, entre los cuales, por supuesto, hay bastante de las tradiciones africanas. Sus ingredientes son diversos y los resultados también. La oferta musical de América Latina es amplia y contrastante.
CAMBIO: ¿Ha descubierto algo musical en particular que compartamos de lado y lado del Atlántico?
R.B.: Por supuesto: la marimba. Vengo de una región entre África Central y Occidental de la que proviene el instrumento que es ancestro de la marimba de chonta, aquí llamado balafón, que, de hecho, es el primer instrumento que aprendí a tocar. Recuerdo haber estado en el Pacífico colombiano y ecuatoriano, y escuchar la música de marimba de chonta y ver su baile me transportó inmediatamente a mi infancia. Es de no creer, y ahora que se lo cuento me acuerdo de mi abuelo cuando me decía que hay dos elementos de la cultura que son muy, muy difíciles de cambiar: la música y la comida. Quizás esto explique por qué, a pesar de la distancia temporal y geográfica, algo de África aún vive en el Pacífico colombiano.
CAMBIO: En sus trabajos recientes encuentro unas cuantas colaboraciones con músicos antillanos, principalmente de Cuba y Puerto Rico. ¿Qué aprecia de su manera de tocar?
R.B.: Es la sensación de cercanía y de entendimiento del lenguaje musical. Se lo atribuyo principalmente a la clave, usted sabe, el ritmo de cinco golpes que acompaña a casi cualquier canción de salsa. Pero también hay algo más profundo y es una especie de conexión que no le puedo explicar de dónde viene. La paso realmente bien con la gente del gran Caribe, de las islas y de la parte continental.
CAMBIO: Miami hace parte del gran Caribe y allí usted toca, desde hace unos años, con el pianista cubano Jesús Pupo. Cuénteme sobre esa relación.
R.B.: Antes que nada, debo decir que Pupo viene a Colombia conmigo. Lo conocí en La Habana en 2017, en algún evento en el que yo estaba con Quincy Jones y Herbie Hancock. Él era un joven estudiante universitario, pero le aseguro que me cautivó al instante con su manera de tocar. Y ya le dije de mi conexión inexplicable con la región, así que seguimos tocando, seguimos siendo amigos, la pasamos muy bien juntos, y fin de la historia.
CAMBIO: ¿Qué ha aprendido de tocar con músicos considerablemente más jóvenes que usted, como Pupo?
R.B.: Aprendo demasiado de ellos porque los jóvenes tienen un conocimiento más completo de lo que está pasando hoy en los diferentes géneros musicales. Son los jóvenes quienes me mantienen actualizado. Y no solo en lo musical, sino en la manera de mostrar el trabajo.
CAMBIO: ¿Por ello es que usted ha casi abandonado los discos para reemplazarlos por lanzamientos periódicos de sencillos?
R.B.: Exactamente. No veo muchas personas interesadas en la actualidad por escuchar álbumes de inicio a fin. Si tengo 12 canciones sin publicar y sé que la vida útil del material nuevo sea álbum o sencillo, es de apenas unos días o semanas, ¿para qué lanzarlas como álbum? Es más astuto lanzar una canción cada dos meses y estar presente y relevante durante más tiempo entre mis oyentes. No veo nada de malo en estas adaptaciones.
CAMBIO: Usted viene a Colombia con piano y batería. ¿Qué es lo que más le gusta del formato de trío y qué es lo más difícil?
R.B.: Difícil, nada. No me gusta ver la música en esos términos. Y mucho menos en un formato pequeño. ¿Sabe por qué? Porque en estos, todos los músicos tenemos mucho espacio, muchas oportunidades para expresarnos plenamente con nuestros instrumentos y, además, de dialogar. Tal vez las dificultades, si es que las hay, aparecen en los grandes formatos porque el espacio para lo individual es realmente reducido.
CAMBIO: Cambiemos de tema. A mí me cuesta trabajo categorizar su música, a pesar de que los medios suelen hablar de usted como jazzista. ¿Usted se considera jazzista?
R.B.: No.
CAMBIO: Entonces, ¿usted qué hace?
R.B.: Música buena (risas). Mire que yo no suelo contratar jazzistas, sino músicos que, entre otras cosas, puedan tocar jazz. Eso pasa, por ejemplo, con los cubanos que hacen son y salsa, y con los gitanos que hacen flamenco. No todos los jazzistas puros pueden pensar más allá de este lenguaje. Por eso me gusta, más bien, contratar músicos que tengan un conocimiento más amplio y que tengan una buena conexión con lo tradicional.
CAMBIO: Su respuesta me hace pensar en una etiqueta musical que me molesta o que al menos no me convence: “música del mundo”. Y no dudo de que haya algunos críticos y periodistas que digan que usted hace este tipo de música.
R.B.: Pues mire que a mí me gusta porque yo hago música para todo el mundo.
CAMBIO: Y hablando de lo que les llega a las mayorías, ¿qué piensa de lo que es musicalmente más popular?
R.B.: Hay muchos géneros musicales de este tipo. A mí me gusta muchísimo el afrobeat. Está en todos lados y permite el diálogo con otros lenguajes y maneras de hacer música.
CAMBIO: ¿Qué consejo les daría a los jóvenes músicos colombianos que lean esta entrevista?
R.B.: Dos cosas: que aprovechen la tecnología para escuchar mucha música diferente y contrastante. Y, por supuesto, que toquen a diario, pues la excelencia viene de la repetición.
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