
Un_Fair Tequendama, una feria de arte ecléctica en el Centro Internacional
Hasta el 28 de septiembre está abierta Un_Fair Tequendama, una feria internacional de arte que combina arte abierto al público y espacios pensados en coleccionistas y marchantes de arte. Un evento que, además, permite redescubrir el encanto de los edificios del Centro Internacional de Bogotá.
Por: Eduardo Arias
Quienes caminen en estos días por el Centro Internacional, esa zona de Bogotá de emblemáticos edificios del período moderno de la arquitectura que se encuentran entre las calles 26 y 28 y las carreras 10 y 13, se encontrarán con varios locales comerciales de la 13 y la Décima transformados en galerías de arte. Por sólo citar un par de ejemplos, el local de tres niveles donde funcionaba el banco Popular y que está desocupado desde hace dos años, aloja una muestra más que representativa de la trayectoria de Édgar Negret. Dos locales más al norte comparten el espacio Gustavo Vejarano y Carlos Salas. Otros más han sido intervenidos por artistas. Y en los espacios abiertos del emblemático conjunto de edificios se han instalado esculturas. Y a mitad de camino entre el Museo Nacional y las Torres Bavaria, en el bulevar peatonal de la estación de Transmilenio, descansa un enorme jaguar de metal.

Esto se debe a que desde el 24 de septiembre hasta el domingo 28 se celebra Un_Fair Tequendama, una muestra de arte que utiliza como espacio para galeristas suites de los últimos cuatro pisos y la terraza del edificio de las Suites Tequendama y locales del edificio Bachué y de las Torres Bavaria.
Un-Fair Tequendama está a caballo entre un evento público de entrada gratuita y una feria de arte pensada en compradores y coleccionistas con un área VIP para relaciones públicas. Así, en los pisos altos del edificio Tequendama Suites se presentan alrededor de 30 galerías nacionales e internacionales como Alfredo Ginocchio (México), BeatBop (Japón), Beatriz Gill (Venezuela), Moberg Gallery (Ohio) y Casa Cuadrada (Bogotá); y en el Centro Internacional Tequendama y Torres Bavaria se ha planteado un circuito de instalaciones de acceso gratuito con esculturas de gran formato y locales comerciales intervenidos por artistas. Los organizadores esperan llegar en estos cinco días a más de un millón de transeúntes durante los días de programación, y a cerca de 10.000 visitantes en la sección de galerías.
La programación también ofrece charlas académicas como ‘Una historia de arte colombiano contada en 12 obras’ y el curso ‘19.500 años de arte colombiano’, además de esculturas públicas de Alejandro de Narváez, Germán Botero, Joel Grossman, Mario Vélez y Gustavo Vejarano, entre otros.

“Más que una feria, Un_Fair Tequendama es una experiencia de ciudad: un laboratorio donde el arte contemporáneo se vive en parques, locales y suites, y donde Bogotá se proyecta como capital creativa en América Latina”, afirma Christopher Paschall, director de la feria y gestor cultural, quien ha participado en más de 130 proyectos y ferias nacionales e internacionales de arte; y por su gestión ha logrado vincular artistas a reconocidas colecciones de museos, instituciones y colecciones privadas en el mundo.
Paschall nació en Nueva Orleans, Louisiana, se crio en París y se enamoró de Bogotá. Es galerista desde hace 23 años. Estuvo muchos años vinculado a Arbo y en 2014 fundó Barcú, feria internacional de arte y cultura de Bogotá, donde durante seis años fue el director creativo y logró establecer plataformas de apoyo a la cultura. Además, forma parte de junta de la Asociación de Galerías de Bogotá. CAMBIO habló con él acerca de Un_Fair Tequendama.
CAMBIO: ¿Cómo nació esta idea de montar esta feria?
Christopher Paschall: La idea nació cuando yo hice una feria en La Candelaria que me fascinaba y que se llamaba Barcú, Duró hasta 2019 y vino la pandemia. Después de eso yo evolucioné. Tuve cinco años para pensar y cómo iba a hacer algo parecido, pero diferente. Yo no sabía que venía la Bienal de Bogotá y eso ayudó muchísimo. Y tampoco sabía que iba a celebrar un matrimonio tan fortuito con el Centro Internacional Tequendama. Entonces se juntaron monstruos y yo ya tenía el concepto claro. Quería hacer algo diferente. Entonces se juntaron las estrellas, se juntaron muchas estrellas para que esto fuera posible y estoy muy contento y muy halagado de que lo hicimos porque es un esfuerzo muy grande.

CAMBIO: ¿Qué lo motiva a hacer un esfuerzo tan grande?
C. P.: Yo siempre he querido hacer cosas para la ciudad. Me gusta que el arte transforma, me gusta ver cómo el arte enseña, cómo el arte alimenta. Es un poder antiguo, histórico, de una fuerza inmensa. Y viajando por todas partes del mundo vi cómo las grandes ciudades hacían cosas. Bogotá no tiene nada que envidiarle a Berlín, Londres, París o Nueva York.
CAMBIO: ¿Y cómo fue la vinculación con este lugar, con estos edificios tan emblemáticos de la historia de la arquitectura moderna colombiana?
C. P.: Fueron muchas coincidencias. Uno busca lugares como estos, y este fue hecho para esto. El Tequendama lleva 50 años de mucha historia, pero últimamente esa historia ha estado un poco olvidada. Entonces, qué mejor forma de rescatar, de liberar, de sanar, de redescubrirlo gracias al arte. Y esto no hubiera sido posible hacerlo sin la Sociedad Tequendama. No he calculado los metros cuadrados que tenemos, pero son más de 22 locales, más de 20 esculturas monumentales puestos en todos los lugares, más de cuatro pisos de las suites Tequendama. Entonces es un proyecto muy osado, muy grande. Fuera de eso, la Jaguara en la mitad del corredor de Transmilenio enfrente del Museo Nacional… Estamos haciendo cosas grandes y estamos muy contentos porque el arte tiene ese poder y energía para hacerlas.

CAMBIO: ¿Fue fácil acceder a estos locales?
C. P.: Todos los locales que escogí estaban para alquiler. Había locales que duraron hasta cinco años sin alquilar y estaban en el estado propio de algo que lleva dos o cinco años sin uso. Cierta gente ve en eso un problema y otra gente ve oportunidades. Los artistas transformaron los locales, pusieron su magia. Nosotros les abrimos los locales: ellos no tienen que pagar ni un peso. Y qué mejor forma de alquilar un local y volverlo a utilizar con arte. Lo volvemos bonito y de pronto en un futuro la gente sí ve el potencial que tiene. Algún día voy a perder todos los locales porque van a estar alquilados. Menos este, que estoy tratando de dejarlo como el Museo Tequendama Negret. Este era el Banco Popular, tiene 850 metros cuadrados, se le metió cariño nada más para el evento, pero tiene una infraestructura perfecta para un museo.
CAMBIO: ¿Y qué piensa usted ahora que su sueño se ha hecho realidad?
C. P. : Mi interés es poner a Bogotá en un mapa grande en el mundo. Yo he viajado y he visto cómo lo hacen en las grandes ciudades. Esta es diferente porque es la primera feria paralela a una feria de arte como Arbo y paralela a una bienal. Entonces, tenemos los dos polos opuestos del espectro del arte: la parte comercial y la parte institucional. Y eso es muy lindo porque muchos muchas veces los artistas pintan para vender. Pocas veces tienen la oportunidad para hacer su arte para mostrar. Entonces, aquí lo que estoy vendiendo abajo en el primer piso son carreras, no obras.
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