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Coliseo romano
Cultura

Un viaje por la historia de Roma en 339 páginas

Coliseo romano.

‘Roma, el imperio infinito’, de Aldo Cazzullo, es una historia de esa ciudad desde su fundación mítica hasta la cristianización del imperio, pasando por la época republicana, Julio César, Augusto y Constantino. También, una demostración de la activa presencia del legado romano en la política y en la religión del mundo contemporáneo.

Por: Luis Fernando Afanador

Si alguien busca leer una historia sobre Roma que sea confiable, breve, apasionante y bien escrita, este es el libro. Aldo Cazzullo, su autor, es un erudito y también un periodista que sabe narrar y escribir bien. Tenemos, entonces, en 339 páginas, la historia completa de Roma desde su fundación mítica, con Eneas, Rómulo y Remo, hasta su final aparente, en 476, cuando Rómulo Augústulo, el último emperador de Occidente, fue depuesto por el bárbaro Odoarco. Desde la monarquía, hasta el imperio pagano de Julio César, Augusto, y el cristiano de Constantino, pasando por las guerras púnicas, las guerras civiles, el triunvirato, Marco Antonio y Cleopatra, las rebeliones de esclavos, y un recuento bastante completo de Roma en la literatura, el cine, las series y los comics.

'Roma, el imperio infinito'

De Roma sabemos mucho sobre sus conquistas violentas, el exceso de algunos de sus emperadores; menos, sobre los ideales con los que fue fundada y refundada. De la idea republicana de un pueblo nacido de una mezcla de sangres, de credos, de etnias, en el que el poder y la riqueza se transmitían de padres a hijos y los esclavos liberados y los soldados oscuros podían convertirse en propietarios, en emperadores, pasaron a adoptar el ideal virgiliano de la Eneida, escrito durante el imperio de Augusto: “Pero tú, romano, recuerda tu misión: gobernar a los pueblos con tu mando. Estas serán tus artes: imponer tus leyes de paz, perdonar a los vencidos, a los débiles, y abatir a los soberbios”. Eneas es un héroe derrotado en Troya, un prófugo, un inmigrante, que ha conocido el sufrimiento y los horrores de la guerra, a quien eligen los romanos por su lealtad, su responsabilidad y su sentido del deber.

No obstante, el preciso recuento de lo que ha sido Roma, no es ese el objetivo de Cazzullo. Lo que busca es mostrar la vigencia de Roma en el mundo actual. Para él Roma nunca cayó y sigue en las mentes, en las palabras y en los símbolos de los imperios que vinieron después: “Todos los emperadores de la historia se han sentido como el nuevo César, y todos los revolucionarios de la historia se han sentido como el nuevo Espartaco. Todos los imperios de la historia se han creído y se han presentado como herederos de los romanos”. El Imperio británico, sojuzgó a la India con un puñado de soldados que eran casi todos indios, igual que Roma mantuvo a raya a los bárbaros con ejércitos compuestos y dirigidos por bárbaros, que preservaban con lealtad su grito de guerra.

Emperador, pueblo, dominio, libertad, dictador, ciudadano, ley, orden, rey, justicia, cliente, patrón, candidato, electo, autoridad, dignidad, patricios, plebeyos, poderosos, proletarios, pretor, príncipe, ira, demencia, infamia, honor, conjura, sedición, colonia, sufragio, socialismo, comunismo, presidente: todas estas palabras y conceptos inventados por Roma aún rigen el horizonte político de Occidente.

La influencia y la fascinación por Roma, también tiene que ver con la cercanía entre el mundo antiguo y el cristianismo, Augusto y Jesús fueron contemporáneos. Como bien lo definió el Adriano de Marguerite Yourcenar: era un mundo en el que “los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún”.

Para Cazzullo, los romanos no solo se la pasaban haciendo libaciones y teniendo sexo. También reían con las obras pesimistas de Plauto –“el hombre es un lobo para el hombre”– y las optimistas de Terencio: “Nada de lo humano me es ajeno”. Fueron crueles, abusadores; crearon una sociedad profundamente injusta, pero escribieron las palabras perdurables de Virgilio, de Horacio y de Ovidio. Adoptaron el cristianismo por conveniencia, pero también lo divulgaron por el ancho mundo. ¿Por qué, cada vez que decimos las palabras de la política, de la religión, de la vida pública, les rendimos tributo? Porque seguimos siendo sociedades violentas, desiguales, atravesadas por grandes tensiones morales, con el ideal de un gobierno global y una paz duradera. “Pero es posible que un día, no tan lejano, ese sueño que era Roma se haga realidad verdaderamente”.

Aldo Cazzullo
Roma, el Imperio infinito
Harper Collins, 2025
339 páginas.

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