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Diego Samper
Diego Samper.
Cultura

“Es urgente retornar a una relación armónica con el mundo que nos alimenta y sostiene”: Diego Samper

Como tributo a la Amazonía, elementos ancestrales y contemporáneos se unen este domingo a las 4 de la tarde, en el Auditorio León De Greiff, en una ceremonia-concierto que combina danza, música contemporánea, voces ancestrales y sonidos de la selva y proyecciones audiovisuales.

Por: Eduardo Arias

Voces y sonidos ancestrales, imágenes envolventes y música contemporánea son los ingredientes de La Amazonía como sujeto vivo, un concierto que también es ceremonia que se llevará a cabo el domingo 29 de marzo a las 4 de la tarde en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. En esa tarde se oirán las obras La creación de la Tierra, de Jacqueline Nova (figura pionera de la experimentación electroacústica en América Latina), y El ojo del jaguar: Sinfonía salvaje III, de Diego Samper y Marlene Escobar.

En el León de Greiff estarán presentes creadores y músicos, los cantos en vivo de los líderes espirituales Reynel Ortega, Paye Makuna y Angélica Flórez y los bailarines del Teatro Danza Pies del Sol. CAMBIO habló con Diego Samper acerca de El ojo del jaguar y de su trabajo en la Amazonía como antropólogo y artista.

CAMBIO: ¿Que lo atrajo a usted de la Amazonía?

Diego Samper: Desde niño quería ser explorador y vivir permanentemente en la selva. Por eso estudié antropología y biología, hice los primeros viajes al Vaupés y al Pira Paraná, y al salir de la universidad me fui a vivir en el bajo Apaporis, en lo que es ahora el Parque Natural Yaigojé Apaporis. Ahí estuve solo, por dos años, sin libros y sin radio, aprendiendo a estar presente, abriendo los sentidos y silenciando la mente, viviendo la selva hasta que ella empezó a habitar en mí. De esta experiencia profunda de contemplación pausada y de escucha profunda nace mi interés por explorar y registrar los paisajes sonoros. Hace 26 años publicamos con mi esposa Marlene un disco y libro, Voces de la Tierra, pionero en su tiempo, sobre la poética de los paisajes sonoros en los lugares salvajes del norte de Suramérica. Fue el preludio a la Sinfonía salvaje.

CAMBIO: ¿Cómo se gestó esta obra? ¿En qué momento decidió agregarle un componente musical o desde un inicio estuvo pensada así?

D. S.: Hace ya 15 años que regresamos con Marlene a vivir en el Amazonas, esta vez al pie del Parque Amacayacu, cerca de Leticia, después de una ausencia de dos décadas. Retomé la escucha de paisajes sonoros, y como estábamos construyendo la infraestructura para alojar visitantes, concebimos la idea de invitar a músicos profesionales a escuchar la selva y a compartir con ella nuestro canto. La gran orquesta sinfónica es la selva viva y los humanos somos solistas invitados. Por siete días nos reunimos a escuchar y a crear música, respondiendo a los ritmos, texturas y voces que propone el bosque, y escuchando las propuestas sonoras que cada músico va aportando. Así se va gestando, en un proceso pausado, cada sinfonía: una conversación amable entre especies, entre seres que cantan por el placer mismo de cantar, por el placer de estar vivos.

CAMBIO: ¿Cómo dialogan la música y el audiovisual en esta propuesta?

D. S.: Soy artista visual y músico de facto. Mi obra gráfica, girando entre la fotografía, el dibujo y la pintura, ha ido confluyendo en la producción de obras de animación. El medio del video me ha dado finalmente la posibilidad de reunir los tres medios en una misma obra, con el elemento adicional y fundamental del tiempo, del movimiento. Y por supuesto ese otro medio cargado de emociones que es el sonido. Ahora, toda mi obra ha girado alrededor de la exploración de la poética natural, en una expresión abstracta, orgánica. Los videos son poemas visuales desprovistos de una narrativa evidente y abiertos a multitud de lecturas. En realidad, cada espectador está completando la obra al contemplarla.

CAMBIO: ¿De qué manera usted traslada lo ancestral y lo mítico lo muy antiguo por llamarlo de alguna manera a estas técnicas contemporáneas?

D. S.: La Sinfonía Salvaje es una invitación a explorar la esencia del sonido mismo, de buscar los orígenes de la música en este encuentro con los sonidos antiguos y eternos de los elementos y la vida, y a partir de ahí crear una nueva música. En el proceso nos acompañamos de la presencia de los herederos y custodios de los cantos e historias ancestrales de pueblos amazónicos. Las voces de los yukunas, murui, tikunas, makunas, yaguas y ocainas nos han abierto un portal a esos tiempos antiguos, cantos e historias de origen que son invocaciones a los espíritus del bosque y del río. Estas secuencias visuales, en una metamorfosis continua análoga a la vida misma, la presento a los músicos como una partitura visual. Los colores, las texturas, los ritmos y movimientos proponen su contraparte en los sonidos. Insistimos en el uso de instrumentos acústicos con un mínimo de intervención. La intensión última de la Sinfonía Salvaje es recordar los orígenes de la música en esos tiempos en que palpitábamos como uno solo con el mundo natural, en que el río, la montaña, la selva era reverenciada como madre. Es urgente retornar a una relación armónica con el mundo que nos alimenta y sostiene, antes de que sea demasiado tarde para nuestra especie.

Auditorio León de Greiff, Universidad Nacional de Colombiam sede Bogotá.
Domingo 29 de marzo, 4:00 p.m. Entrada Libre.

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