Ir al contenido principal
Poster Hamnet
Cultura

‘Hamnet’: cuando la mirada femenina reescribe la forma de hacer cine

Este año, diez historias diferentes nominadas compiten en la categoría de Mejor Película de los Premios Oscar. En su mayoría son relatos dirigidos y escritos por hombres. Pero entre los renombrados competidores figura ‘Hamnet’, dirigida por Chloé Zhao, la única mujer de la lista y quien se atreve a apuntar el lente hacia otro lugar. ¿Qué pasa cuando el cine lo hacen las mujeres y cómo cambia la forma de ver y narrar el mundo?

Por: Ana María Cañon

Cierra los ojos e imagina que puedes intercambiar tu último respiro para salvar una vida: ¿a quién salvas? ¿Podrías sobrellevar el dolor y la agonía de entregar todo de ti y sentir que no fue suficiente? ¿Quién te sostiene cuando la muerte te visita? ¿A quién sostienes tú? ¿Puede el arte doler y sanar al mismo tiempo?

Esas son las preguntas que, con temor a equivocarme, quería hacer la directora Chloé Zhao en esta entrega, la única mujer nominada en la categoría de mejor dirección en los Oscar este año.

La propuesta cinematográfica de Chloé Zhao trae a la pantalla grande una historia que, en los aspectos técnico y narrativo, logra romper los cánones y arquetipos que Hollywood que la mayoría de las películas nominadas replica esta temporada. Donde la mirada se centra en las historias de los “grandes hombres” o “los héroes” y se niega a construir personajes femeninos con otra sensibilidad. En ese escenario, aparece Hamnet, una historia dirigida por una mujer con otro tono, otras preguntas, otros personajes y otras formas. Un largometraje en el que el cine se convierte en un espacio sensible; un lugar donde se puede vivir el duelo y sanarlo al mismo tiempo; un arte que permite explorar lo que no se cuenta y narrar lo que nunca se ha dicho.

Las historias pueden tener otros rostros

Hamnet es el detrás del telón de la obra emblemática de William Shakespeare: Hamlet. Una historia que lo convirtió en uno de esos “grandes hombres” que cambió el mundo con su arte, su talento y su visión. Y esta película pudo ser sobre eso; sobre él como protagonista, su ego, su legado y su obra. La historia de todos los hombres escrita por otros hombres.

Pero en lugar de eso, Zhao decide apuntar la cámara hacia otro lugar y pone el foco en otra historia: la de lo humano, lo doloroso, lo familiar, lo maternal y lo natural.

De eso se trata esta película: de los rostros de ellas. Es sobre cómo ser madre puede ser el sufrimiento y la alegría de la vida de una mujer; de unas hermanas que encuentran en su hogar un refugio emocional; de cómo las mujeres podemos tejer redes comunitarias para resistir a la soledad, y de una madre naturaleza que se manifiesta de forma intrépida y mágica.

Pero también se trata de ellos: de un padre que vive entre el sacrificio y el dolor de abandonar; de un hijo que no teme ser sensible y de un hermano que está dispuesto a dar su vida por amar profundamente. Esos son los rostros de los personajes que construyen las mujeres en el cine. 

Un cine que habla de los dolores y sentires de ellas, y de ellos aceptando su vulnerabilidad, su empatía y su dolor: ellos y ellas como humanos, no como héroes.

La estética y la mirada de las historias femeninas

Por eso, la directora se esfuerza en hacer que los espacios, la ambientación y las actuaciones tengan una mirada sincera y latente. 

Planos de ángulos distintos, una fotografía interesada en resaltar la presencia y la ausencia en un lugar, y un sonido ambiente que narra desde lo cotidiano: la brisa, la lluvia y el silencio. Todo está milimétricamente pensado para que se sienta familiar, acogedor, sincero y humano. La mirada no responde a las lógicas de producción masiva ni ritmos desenfrenados, sino a una contemplación detallada y silenciosa.

No son ellos en sus ángulos contrapicados que los hacen verse más poderosos, ni ellas relegadas con su dolor silencioso, ni son los hijos como excusa narrativa. Al contrario, son ellos y ellas compartiendo el espacio en pantalla en ángulos picados (para hacernos ver nuestra frágil y minúscula existencia en este enorme mundo); son ellas gritando su dolor y desgarrándose en frustración; son los hijos como sujetos individuales, que sueñan, hablan y sienten en la misma magnitud que sus padres.

No es una película para entretener, es un ejercicio de observación sensible y comprometido en el cual los sentidos se someten a empatizar con ellas y ellos por igual.

El cine como lugar colectivo

Con esto no quiero decir que las mujeres y sus historias solo deben estar relegadas al dolor, al drama, a la tragedia, a lo familiar y lo maternal. De hecho, creo que hay grandes historias de diferentes géneros que hablan de otros temas. Barbie (Greta Gerwig), American psycho (Mary Harron), The Babadook (Jennifer Kent), Matrix (Lana Wachowski y Lilly Wachowski), Persépolis (Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud) y muchas más, son el repertorio de la filmografía que nos han dejado las mujeres a lo largo de las décadas. Pero creo que hay algo que todas ellas tienen en común: la sensibilidad para hacer del cine un lugar colectivo, un lugar en el que cada persona tenga voz y espacio para sentir.

En Hamnet, como en muchas de esas historias escritas por mujeres, los diálogos y las relaciones son más horizontales: ellas y ellos importan por igual; los niños y las niñas, los ancianos, las mujeres y los hombres ocupan un lugar en la trama y no son solo una excusa narrativa que gira alrededor de los protagonistas masculinos.

Y claro que eso también sucede en algunas historias escritas por hombres. Mi anhelo es ese, que más hombres y mujeres escriban con esa sensibilidad y ese interés por retratar personajes desde su condición humana.

Sueño con ir a una sala de cine y encontrar más historias en las que no solo ellos nos digan cómo debemos sentirnos o qué debemos decir, sino donde los personajes se miran en silencio para intentar comprender cómo se siente el otro; donde la experiencia de ver cine es igual de colectiva que la experiencia de hacerlo.

El cine de mujeres y nuestro lugar en el mundo

Es bello, enriquecedor y profundamente reconfortante saber que hay mujeres haciendo cine para ellas y para otras. Pero también es triste y una desilusión que, en una lista de diez nominadas a Mejor Película, solo una de ellas sea dirigida por una mujer. ¿Qué dice eso del lugar que ocupamos en la industria y en el mundo? ¿Qué dice eso de nuestra representación en la gran pantalla?

Quizás dice que hemos avanzado y tenemos cada más vez más lugares que explorar, pero también dice que falta resistir más, crear más, cuestionar más y, sobre todo, abrazar y abogar más por nuestra sensibilidad. De pronto algún día podamos ver ese esfuerzo colectivo por contarnos desde esa mirada y narrar el mundo desde un lugar más empático, comprensivo y sensible.

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales