
Juan Pablo Socarrás, maestro en la moda con sentido social
Con una mirada de respeto y reconocimiento por las prácticas culturales de las comunidades de artesanos, el diseñador Juan Pablo Socarrás integra la tradición ancestral con el diseño de la moda contemporánea.
Por: Maria Clara Salive
Desde que Juan Pablo Socarrás, un diseñador industrial y de moda colombiano, incursionó en el mundo de las pasarelas, supo que este gremio debía tener una función social y preguntarse por la identidad de esta nación para combatir la violencia y desde la estética generar lazos con la vida de las comunidades.
Su trabajo en Artesanías de Colombia lo llevó a reconocer el valor de cada pieza y su relación con el origen del trabajo manual, el cual va desde los materiales hasta los procesos de creación que se transmiten de boca a oreja y en cada comunidad. Un tema que desde el año 2000 llevó al diseño colombiano a inaugurar la pasarela de Identidad Colombia, e ir mostrando en cada desfile la colaboración entre tejedoras y diseñadores.
Desde esta visión de la que fue pionero, inició su recorrido por Colombia y Latinoamérica buscando relaciones horizontales con las comunidades de artesanos en un aprendizaje bilateral que todavía caracteriza sus colecciones.
Es cierto que el diseño de modas es un arte que le permite a quien manipula la tela y el tejido la libertad de decir lo que quiera. Por ejemplo, cuando Juan Pablo retoma la memoria de su abuela Antonia representa la dulzura y la laboriosidad de las abejas a las que les rinde tributo.
Sin embargo, cuando se trata de un tejido, que trabaja con una comunidad, el respeto por su nombre y lo que se llama denominación de origen debe reconocer los procesos del hacer y el resultado, rindiéndole tributo a cada cultura.

La artesanía es un lenguaje y eso lo transmite Socarrás en cada proceso de co-creación que realiza con las comunidades, nombrando tanto con quién realiza el tejido y —este es el caso— del uso de telares horizontales en ruanas de hombre o los bordados con que enriquece los pantalones.
A su vez, un diseñador puede inspirarse de forma general en patrones, colores o paisajes de una región, pero no puede utilizar literalmente un tejido o bordado sin citar a la comunidad que lo realiza, sin darle el crédito correspondiente. Por ello, como se hace en literatura, Socarrás reflexiona sobre estos procesos y llamar cada cosa por su nombre.
La moda es un arte y también un palimpsesto. Esto implica que debe mirarse desde las relaciones azarosas con la inspiración en paisajes, colores o memorias, pero también en la posibilidad de crear sobre lo ya creado. En estos recorridos de telas, texturas, tejidos y formas de hacer, es necesario modificarlos y ser conscientes de que en ciertas culturas no sólo se pone en peligro un orden económico sino también un acervo simbólico que remite a la tierra, a la fertilidad y al cosmos.
Está poética es un aprendizaje que deben aceptar los diseñadores y este es el legado que Juan Pablo Socarras transmite no sólo en la pasarela, sino en los talleres que lleva años realizando en zonas apartadas del país donde, como los buenos maestros, siempre ha visto la oportunidad de aprender.
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