
‘Las tres hermanas’, una exploración del universo femenino sobre las tablas
El Teatro Libre presenta en su sede Centro ''Las tres hermanas', del dramaturgo ruso Anton Chejov. Es considerada como una de las obras maestras del autor y del teatro universal. Este montaje estará en cartelera hasta el 21 de marzo.
Por: Eduardo Arias
Bajo la dirección de Ricardo Camacho, el Teatro Libre presenta Las tres hermanas, de Ánton Chéjov, una obra maestra del teatro universal y que ratifica el interés de esta compañía por los clásicos del teatro ruso. Centrada en la frustración de la familia Prózorov (Olga, Masha, Irina y su hermano Andréi) y ambientada en una ciudad de provincias rusa, L_as tres hermanas_ de Ánton Chéjov retrata la decadencia de la clase privilegiada y el anhelo inútil de regresar a Moscú. Viven entre recuerdos, conversaciones y deseos de una vida distinta mientras el tiempo pasa sin que las cosas cambien.
Han pasado 125 años desde que Chéjov escribió Las tres hermanas. Pero sus personajes son un vivo retrato del hombre contemporáneo. Son personas insatisfechas con lo que tienen, sueñan con una vida mejor, sienten que el tiempo pasa cada vez más rápido y esperan que las cosas cambien, pero poco o nada hacen (o pueden hacer) para que eso ocurra.
Uno de los grandes aportes de Chéjov al teatro fue mostrar que los grandes conflictos de la vida no siempre ocurren en acontecimientos extraordinarios como batallas, revoluciones o desastres naturales, sino en los detalles a veces ínfimos del día a día de una persona, de una familia, de un grupo de trabajadores que comparten una oficina. CAMBIO habló con Alejandra Guarín, Katheryn Martínez y Laura Urrego, quienes representan a Olga, Masha e Irina.
CAMBIO: ¿Cuáles retos afrontaron en este montaje?
Katheryn Martínez: Creo que el mayor reto fue el no hacer. Chéjov no da acciones grandes: da silencios, pausas, palabras repetidas. Como actriz siempre quiero hacer y Masha observa, escucha, de hecho es la hermana que menos habla, muchas de sus escenas ella está ahí simplemente para apreciar en silencio qué pasa en su entorno y la desdicha de su vida. Y por supuesto sostener esa contradicción de su vida aburrida y melancólica a pesar de tener un hombre que la ama y encontrar el amor pero tener que dejarlo ir.
Alejandra Guarín: Voy a hablar desde el reto de encarnar el personaje de Olga. Con Chejov hay que llenar esos espacios y ese significado que no están en el texto. Llenar de sentido y de interioridad eso que no se dice. Olga puede ser la mujer que se hace responsable de sus hermanas como si fuera una madre. Es esa abnegación de lo que es una madre para con sus hijos. Ella se responsabiliza por sus hermanas, pero es una mujer que ya está cansada, que no está satisfecha con lo que está haciendo, eso pasa a su cuerpo, lo somatiza y le duele la cabeza. Lo retador de ella y en general de este montaje es que no pasan sucesos muy intensos. Olga es una mujer que no explota emocionalmente, todo lo lleva por dentro. Lo digiere y se lo come. Entonces para mí el reto es sostener esa vida interior de Olga.
Laura Urrego: Chejov siempre tiene muchos retos y eso es justamente lo que hace que sea tan fascinante. Es un autor que nunca deja de exigirte, todo el tiempo uno está en estado de alerta, todo el tiempo es un desafío. Su forma de escribir es tan precisa y tan quirúrgica que uno de los retos más grandes es que la actriz o el actor tiene que convertirse en un puente entre ese universo tan complejo que está en el texto y lo que finalmente llega al público porque se puede llegar a caer en el peligro de los arquetipos, en el personaje bueno o el personaje malo. Y no funciona desde esos lugares tan simples o tan moralizantes. La magia es poder transmitir eso que Chejov escribe de forma tan perfecta de estos personajes tan profundamente humanos, tan contradictorios, tan llenos de deseos y de frustraciones. Mi reto como actriz ha consistido en poder sostener todos esos matices sin simplificarlos, sin reducirlos a una sola emoción, a una sola lectura y eso requiere estar ahí presente todo el tiempo. Chejov es un deporte de alto riesgo: un mal movimiento significa la muerte por el nivel de presencia, de precisión. Cualquier pequeño desbalance puede hacer que algo se vuelva muy plano o superficial y si eso ocurre la obra pierde toda la profundidad y se convierte en algo ligero y Chejov no es algo ligero. El objetivo del grupo es justamente lo contrario, que estas obras funcionen como espejos de nuestra humanidad, con todas esas contradicciones que no nos hacen ni buenos ni malos sino simplemente seres humanos. Otro reto es intentar que el público pueda ver todo lo que el texto no dice explícitamente pero que está pasando dentro de esta red psicológica de los personajes y encontrar que esta forma de vida interior sea tan orgánica y genuina que pueda conmover al público y que el público pueda sentirse identificado.

CAMBIO: Como actrices, lectoras y mujeres ¿cuál es su mirada de Las tres hermanas? ¿Cómo sienten ustedes la obra, qué les dice?
L. U.: Chejov tiene una sensibilidad extraordinaria hacia lo femenino. Además, súperhipermega adelantada a su tiempo. Son mujeres increíbles, no son personajes secundarios, las figuritas decorativas dentro de una historia masculina. Las mujeres chejovianas son profundas, pensantes, llenas de contradicciones, de inteligencia, pero también erráticas, lo que somos nosotras como mujeres. Además, lo que hace a nivel político y social es hermoso, cuestiona ese papel que se le asigna a la mujer y más en la época de Chejov: el matrimonio es un destino obligatorio, ser solterona es una cruz. Las mujeres en cada una de sus obras son capaces de amar, pero también de odiar, de equivocarse, de soñar con otra vida o de asumir una vida que no les parece, pero mostrando que están completamente inconformes. Chejov no está dando un discurso ideológico feminista ni un ejemplo lo moral, sino que muestra esa frustración, ese anhelo, esas contradicciones que trae consigo ser mujer. Ahí es donde el espectador, tanto mujer como hombre, se hace preguntas sobre lo femenino. La pasión y el deseo porque históricamente esto ha sido una represión hacia lo femenino. Las mujeres no desean, no aman, solamente obedecen y en este autor hay exceso de pasión, exceso de deseo, exceso de ganas y se vuelven a veces el centro de la escena. Que esto no se pueda realizar ya sea por el contexto social o porque la vida no lo permite hace que esta tragedia sea tan rica. Difícil no decir que uno no se siente identificada con estas cosas tan dolorosas que atraviesan los personajes.
K.M.: A mí la obra me habla del dolor de ver cómo la vida pasa y nunca encuentras la felicidad o algo cercano. ¿Pero además preguntarse esa felicidad realmente existe? ¿Se puede llegar allí? Yo creo que es algo que sentimos en algún momento la mayoría de personas, pero aparecen las deudas, los recibos, o cumplir las expectativas sociales. Masha tiene claro lo que piensa y siente con respecto al amor y a Moscú, como lugar de vida plena. Pero esa claridad no le alcanza para cambiar su vida. Lo más trágico y bello es que Chéjov no las rescata, a ninguna de su espera. Como la vida misma. Es muy emocionante poder hacer el viaje de Masha. La vida cobra sentido por un instante y luego se va.
A. G.: Se podría decir que el mensaje de la obra es el deseo de otra vida. Esa vida se siente limitada porque se aspira volver a ese Moscú que conocen donde tenían una vida. Una vida intelectual, una vida social. Ellas conocen parte de eso y ya llevan 11 años en una realidad en la que no se sienten satisfechas, de la de la que están inconformes. Entonces, lo que cuenta la obra constantemente es esa inconformidad, esa insatisfacción por la vida que se lleva y el deseo de aspirar a algo mejor, a otra vida, guardar siempre la esperanza.
CAMBIO: ¿Cómo interpretan ustedes la mirada de Chéjov acerca de las mujeres?
A.G.: En todas sus obras, Chejov mira la complejidad femenina desde todos sus ángulos, y la observa y la plasma en el papel, en sus textos, de una manera totalmente sincera. Talla, modela cada personaje de una forma muy fina, con muchos matices y muchas capas que convierten a cada personaje en un ser universal lleno de complejidades y que no se comporta de una manera obvia ni previsible. Por eso son tan maravillosos los personajes de Chejov.
K.M.: Les da profundidad, desde la mirada de la vida de cada una. Por ejemplo, Masha cita a Pushkin, reflexiona sobre el sentido de la existencia. En definitiva, no son personajes de apoyo.
CAMBIO: ¿Por qué ver y leer a Chéjov en el siglo XXI?
K. M.: Seguimos construyendo nuestros propios Moscú, ese lugar o esa vida donde finalmente seremos felices, cuando hagamos todo lo que tenemos que hacer. Y, bueno, Chéjov pone en escena unos personajes que permiten que el espectador pueda entrar en ese pedacito de vida y preguntarse ¿cuál es el lugar que lo espera?
L. U.: Los clásicos atraviesan el tiempo y siguen dialogando con nosotros, por eso son clásicos. Las tres hermanas… es como si se hubiera escrito ayer. Olga sostiene el hogar y sacrifica sus sueños para cumplir con lo que la gente espera de ella. Representa a mujeres que cargan con la responsabilidad familiar y coartan sus deseos, sus propias ganas de vivir y ponen el automático porque es la única forma de vivir la vida. Masha representa otra ruptura; es una mujer que está atrapada en un matrimonio que le conviene pero que no la hace feliz, entonces decide amar a otro hombre. Además, me parece fascinante que Chejov ponga a la mujer en ese lugar de deseo y, como pasa con Fedor, pone al hombre en una posición de vulnerabilidad tan hermosa en una situación de vulnerabilidad extrema y de una extrema fragilidad que rompe con el estándar masculino de cómo se comportan los hombres. Por eso, Chejov es precioso, porque no existen arquetipos ni esquemas tradicionales. Una mujer que traiciona y un hombre que está ahí fiel y en pie de lucha. Irina es la juventud y la esperanza, cree que la vida va a ser extraordinaria pero luego se da cuenta que la vida es más compleja y que la felicidad probablemente no existe. Son personajes súperhipermegaactuales y más bien me pregunto, por ejemplo, con las guerras que están pasando en este momento… mañana nos cae una bomba, mañana hay una pandemia… uno se pregunta si lo mejor es hacer lo que se espera o si mejor seguimos nuestros deseos.
Las tres Hermanas de Ánton Chéjov
Teatro Libre Centro
Calle 12B N° 2-44
Jueves y viernes, 8:00 p.m.
Sábados, 5:00 p.m. y 8:00 p.m.
Hasta el 21 de marzo.
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