
Leer desde el delirio: cartografiar América Latina cuando la razón no alcanza
‘Constelaciones del delirio en la novela latinoamericana contemporánea’ es el resultado de una ardua investigación de Juan Manuel Acevedo Carvajal sobre la novela de los siglos XX y XXI.
Hay escritores que ordenan la literatura como quien levanta un archivo, como quien hace una investigación crucial para aclarar un tema de coyuntura. Juan Manuel Acevedo Carvajal hace lo contrario: desordena, conecta puntos lejanos y deja que la lectura avance y el lector tenga que respirar mirando al cielo nocturno lleno de signos inestables. En Constelaciones del delirio en la novela latinoamericana contemporánea, propone una cartografía crítica donde la locura, el exceso y la ruptura formal no son anomalías, sino formas y tipos de pensamiento. Leer su propuesta textual, es aceptar el riesgo de perder el rumbo para encontrar otras luces en el horizonte.
En un mundo tan dominado por lo material, el alma se convierte en un pasajero omnisciente delirante. Cuando hablamos de novelas, el común denominador en la actualidad es pensar en producciones televisivas. Quizás muchos pensarán que es una exageración, pero si hacemos una consulta en casa, lo podremos comprobar. No obstante, hay esperanza y pronto estaremos hablando del evento cultural más grande de Colombia, la Feria Internacional del Libro de Bogotá, (Filbo).
Es así como nos remitimos a hablar de todo tipo de obras literarias que cautivan e inspiran. Por estos días estaremos hablando de manuscritos y autores de todo el mundo que conspiran entre letras para sumergirnos en sus mundos de ensueño.
Las estrellas de cada constelación
El texto no nació de una ocurrencia aislada. Es el resultado de una continua investigación que Acevedo arrastra desde hace años, Siete locos de la narrativa argentina contemporánea (2010), y la curiosidad de preguntarse qué dicen nuestras literaturas cuando la razón narrativa se quiebra. Antes había trabajado la locura como rasgo de personajes; ahora da un paso más allá y la entiende como “estructura del relato”, como forma discursiva. “No solo me interesaba el delirio de los personajes, sino el delirio como forma de organización del texto, como relato que se interrumpe, se desvía, se disgrega”, explica.
Esta previa le enseñó y le permitió dejarse llevar por la intuición a romper también con la manera tradicional de ordenar la literatura. En lugar de generalidades cronológicas, propone la idea de “constelación”: agrupaciones móviles de obras que dialogan entre sí por afinidades estéticas, políticas y afectivas, aunque pertenezcan a contextos distintos. La inspiración viene tanto de la filosofía como del arte, lo que lleva a pensar la literatura como un atlas donde las conexiones no son lineales ni causales, sino secretas, intermitentes, a veces delirantes.
Detrás de esa apuesta metodológica hay una inquietud más profunda, casi vital. Juan Manuel Acevedo parte de una certeza incómoda: “Las sociedades latinoamericanas no responden del todo a la racionalidad occidental que se nos enseñó como modelo… Aquí todo es más cercano a un realismo delirante”, dice. Misticismos populares, traumas históricos no resueltos, violencias normalizadas, discursos de poder que rozan lo absurdo. La literatura, en ese contexto, no puede sino fracturarse.
Por eso, en las páginas del libro aparecen personajes en villas miseria, exiliados que naufragan en sistemas que prometían salvación, voces paranoicas que intuyen verdades que el discurso oficial niega: “El delirio se vuelve una forma de leer la historia latinoamericana desde lo que quedó roto. El delirio es disruptor, es digresivo, presenta más que un discurso, presenta excursos como narraciones en diferentes planos, y la categoría que me permitió hacer ese juego fue la de la constelación”, destaca Acevedo.
El autor insiste en que estas narrativas no son un capricho estético. Son, más bien, un espejo incómodo y así tiende a ser la literatura de América Latina hoy. En la viva voz de Acevedo: “Estos personajes muestran lo que somos sin hipocresía”, afirma. Frente a una literatura que durante décadas privilegió relatos estables, armónicos, casi decorativos, las novelas delirantes exponen precariedad, exclusión, afectos extremos, cuerpos fuera de norma. No adornan la realidad: la tensan.
“En el delirio está eso, estos delirantes son muy afectuosos unos con otros, también hay ciertas teorías conspiranoides que aparecen en el trasfondo, que son muy interesantes y muy locas, porque son el reflejo de nuestra sociedad, como que a veces el discurso oficial surge efectivamente desde la ficción, y desde esas ficciones se va convirtiendo como en un rumor a voces y todo el mundo termina creyendo que algo va a ocurrir en este pueblo, como lo señalaba García Márquez”, explica Acevedo.
En ese punto, el delirio deja de ser patología para convertirse en “forma de conocimiento”. Cuando la razón se quiebra, emergen otros lenguajes: el ritmo, la cadencia, la entonación; lo sensorial, lo afectivo. El autor recuerda que las vanguardias habían intuido que no todo en el lenguaje es representacional. Hay palabras que no “significan” algo concreto, pero producen sentido desde el cuerpo, desde la emoción. En muchas de las novelas que analiza, el afecto aparece como último refugio de lo humano, sobre todo en contextos de encierro, violencia o exclusión.
Esta mirada también dialoga con el presente de la literatura latinoamericana. Para Acevedo, los relatos del poder contemporáneo son cada vez más delirantes: “Las obras que leemos hoy están más desde ese trauma, desde esa fractura y esos grandes sistemas que se defendían en el siglo XX, como por ejemplo el proyecto de literatura nacional que nació en el XIX y se extendió hasta el XX, que querían una nación, una ciudadanía, ese tipo de proyectos fracasaron y este tipo de literaturas no los tienen en cuenta. Es decir, no les interesa pensar la nación desde ahí, o la idea de progreso, o la idea de país, sino que más bien están reflejando y agonizando los problemas sociales desde estos personajes que son completamente subalternos, que son contrahegemónicos, contraculturales también. Incluso desde la economía del lenguaje ya no se leen grandes novelas como lo fueron, por ejemplo, El señor presidente de Asturias, o la misma Rayuela de Cortázar, o El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, sino que la novela corta prima y desde esa economía del lenguaje trata de contar con menos un poco más esa historia de la fractura o la historia del trauma que vemos en la Latinoamérica del siglo XXI”, explica.

Desde la formalidad, Constelaciones del delirio rehúye el tono acartonado del ensayo académico. Es una apuesta por una escritura híbrida: rigurosa en la investigación, pero abierta al relato, atravesada por la poesía y los afectos. Epígrafes, referencias musicales, cruces con el cine y las artes plásticas acompañan el análisis. El objetivo es claro: que el libro circule, que no se quede en los estantes de los especialistas. “Quiero que dé ganas de ir a leer las novelas”, dice, “que sea una provocación”.
“Mostrar eso también me lleva a pensar que efectivamente somos sociedades en construcción y somos sociedades que están atravesando esa inespecificidad en las artes y esa inespecificidad está marcando también un poco como las condiciones del relato en este momento vital de la sociedad y la literatura latinoamericana”, asegura Juan Manuel.
Después de escribir el libro, confiesa, algo que quedó definitivamente desplazado: la idea de que solo existe una manera “correcta” de leer la literatura latinoamericana. Las constelaciones abren la puerta a otros recorridos posibles, a nuevas metodologías críticas, a lecturas futuras que sigan explorando el delirio en otras geografías. Europa, Estados Unidos, la generación beat, Cervantes. Quedan estelas abiertas.
Juan Manuel Acevedo es un artista que, con los años, entre las aulas estudiando y formando profesionales, ha experimentado un gran cambio sociocultural desde la exploración y su necesidad de redescubrir el mundo lo llevará próximamente a redescubrir la historia de la novela europea, americana, entre otras: “Sí, estamos ahí porque hay que mostrar un poco esa conexión, que ha pasado en esas otras geografías y cómo se ha manejado, y cómo también se vinculan a los relatos de poder. Un ejemplo de ello es Estados Unidos, que tiene un discurso paranoico y un discurso esquizoide muy activo”, finaliza.
Acevedo es una de las voces críticas más singulares de la literatura latinoamericana contemporánea. Su trabajo ensayístico se ha construido desde una insistencia poco común: leer la narrativa del continente a partir de sus zonas oscuras, deformes y delirantes. Lejos de las historias literarias lineales, Acevedo ha hecho del margen un lugar de pensamiento y del exceso una herramienta crítica.
Quizás por eso, la novela no busca cerrar un mapa, sino “invitar a perderse”. No busca domesticar la literatura, sino devolverle su potencia incómoda. Leer desde el delirio, parece decir el autor, no es renunciar a la lucidez: es encontrarla allí donde la razón ya no basta, que en el delirio también hay memoria, historia y una forma radical de lucidez. Como las constelaciones, sus lecturas no existen por sí solas: aparecen cuando alguien se detiene a mirar el cielo con paciencia y se atreve a unir los puntos.
IG: @lextriana01.
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