
Luciano Gómez le saca música hasta a un serrucho
Radicado en Francia, donde perfeccionó sus estudios musicales y ahora trabaja, Luciano Gómez es un músico muy particular. Educado en la música académica y compositor de obras contemporáneas, también se destaca por su habilidad para sacarle melodías a un serrucho que frota con un arco de violín.
Por: Eduardo Arias
Sacarle un sonido musical a un serrucho no es tarea sencilla. Sin embargo, hay quienes saben hacerlo. Uno de ellos es Luciano Gómez, un músico y compositor que nació en Medellín y está radicado en Francia, donde ha desarrollado una carrera destacada como compositor de música académica contemporánea.
Las obras de Luciano Gómez se han interpretado en Francia y otros países europeos por músicos dedicados al repertorio contemporáneo. Entre estas colaboraciones destaca el Ensemble Dynamique, dirigido por Oussama Mhanna, que presentó su obra Hystérie en 2022. En 2024 Gómez fue compositor residente en el Festival de Música de Cámara de Hamar, en Noruega, donde trabajó con los músicos del festival en la preparación de sus obras.
Entre sus proyectos recientes se cuenta una obra encargada con motivo del aniversario del nacimiento de Maurice Ravel por el director Fabrice Bligoud-Vestad, cuyo estreno está previsto en Rouen en noviembre de este año. CAMBIO habló con él acerca de su trayectoria como músico y su habilidad para interpretar el serrucho.
CAMBIO: ¿Cómo llegó usted a la música?
Luciano Gómez: Llegué a la música muy temprano, en un ambiente familiar muy ligado a la cultura. Crecí en una familia de académicos: mi padre es arquitecto y músico aficionado, y mi madre es periodista y profesora de historia del arte y estética. En casa siempre hubo música muy diversa: desde clásica y zarzuela hasta rock, jazz, tango y música latinoamericana. Mi padre tocaba acordeón y guitarra, y algunos familiares eran grandes melómanos; gracias a ellos desarrollé desde niño una curiosidad musical muy amplia. Había también un piano en casa, y desde pequeño pasaba mucho tiempo explorándolo. Empecé estudios formales a los 4 años con el pianista Félix Córdoba, en paralelo con la formación musical en el Instituto Musical Diego Echavarría, donde nació realmente mi vocación. Allí tuve maestros muy importantes para mi formación pianística como Lise Frank y Javier Franco Posada. Durante muchos años quise ser pianista y mi formación inicial fue esencialmente pianística. El giro hacia la composición se dio más tarde, durante mis estudios en Interlochen Arts Academy en Estados Unidos, donde estudié piano con el doctor Michael Coonrod y composición con la doctora Cynthia van Maanen. Fue allí donde entendí que mi verdadero interés no era la carrera de pianista solista, sino la creación musical, y desde entonces la composición se convirtió en el centro de mi trabajo.
CAMBIO: ¿Cómo aprendió a sacarle melodías a un serrucho?
L.G.: Aprendí gracias a mi tío Gabriel Jaime Gómez, que tocaba el serrucho y fue un melómano extraordinario. Es una tradición familiar que se remonta incluso a una generación anterior: el tío de mi tío, Rodrigo Vélez, padre de tres pianistas, aprendió el instrumento a partir de las tradiciones de los circos europeos. Más tarde mi tío Gabriel se destacó como serruchista y llegó a tener cierta fama en Medellín por su manera de tocar. Desde niño me impresionaba verlo interpretar ese instrumento tan inusual, y con el tiempo él mismo me enseñó los principios básicos. Después de su muerte, el serrucho se convirtió también en una forma de recordarlo, porque fuimos muy cercanos. Empecé a explorarlo más seriamente años después, de manera bastante intuitiva. En cierto sentido fue como volver a una forma muy directa de hacer música: escuchar, imitar y experimentar con el sonido hasta que empiezan a aparecer las melodías.
CAMBIO: ¿Qué es necesario para que esta herramienta produzca melodías?
L G.: Para que un serrucho produzca melodías es necesario controlar varios elementos al mismo tiempo. El sonido se obtiene con un arco, como en los instrumentos de cuerda, pero la afinación depende de la flexión del metal: al curvar la hoja se determina la altura de la nota. Por eso es un instrumento que exige sobre todo oído fino y control corporal, porque cualquier pequeño cambio en la presión o en la curvatura modifica inmediatamente el sonido. También he hecho algunos ajustes personales al instrumento. En el orificio del extremo de la hoja suelo colocar unas tijeras para ayudar a controlar el timbre y la resonancia; en los serruchos profesionales normalmente se utiliza una pieza de madera, pero preferí las tijeras por un pequeño giro humorístico: si ya es raro ver un serrucho en un escenario, un serrucho con tijeras lo es todavía más.
CAMBIO: ¿Lo ha incorporado en sus obras o es una faceta paralela de su carrera como músico?
L.G.: He incorporado el serrucho ocasionalmente en mi trabajo como compositor, aunque sigue siendo más bien una faceta paralela dentro de mi actividad musical. Para mi examen final de grado escribí una pieza titulada Vocalise , para ensamble vocal, serrucho y piano, donde el instrumento tiene un papel expresivo muy cercano a la voz humana. También ha aparecido en algunos proyectos y borradores no concluidos (por el momento), como un ballet inspirado en El aquelarre de Goya que incluye un ensamble de cuatro serruchos con sexteto de cuerdas, y un primer movimiento de concertino para serrucho y orquesta. Me interesa especialmente el color sonoro del instrumento y su carácter místico y casi vocal Sin embargo, el serrucho sigue siendo un instrumento poco frecuente y es difícil encontrar intérpretes que lo toquen de manera profesional. Yo mismo lo interpreto con soltura, pero más bien dentro de un ámbito amater, lo que también influye en que no lo haya incorporado con mayor frecuencia a mi catálogo.

CAMBIO: Usted es un compositor de música contemporánea. ¿Cómo llegó a la llamada música académica?
L.G.: Mi acercamiento a la música académica comenzó con mi formación pianística y se definió más claramente cuando decidí dedicarme a la composición durante mis estudios en Estados Unidos. Sin embargo, fue en París donde mi perfil como compositor empezó a consolidarse de manera más clara. Allí continué mis estudios en la École Normale de Musique de París, donde trabajé con maestros como Michel Merlet, Narcis Bonet y Éric Tanguy, quienes marcaron profundamente mi desarrollo musical. Ese periodo fue decisivo porque me permitió estructurar mi lenguaje como compositor y entrar en contacto con el medio musical europeo. Con el tiempo comenzaron a surgir oportunidades de interpretación, colaboraciones con músicos y ensambles como Ensemble Dynamique, y la participación en proyectos y festivales que me permitieron desarrollar una actividad más estable. Ese proceso, gradual y exigente, fue el que terminó de definir mi camino dentro de la composición contemporánea.
CAMBIO: ¿Cómo ha sido su trabajo en Francia, en Europa? ¿Qué se necesita para abrirse camino y mantenerse en un medio tan exigente?
L.G.: Trabajar como compositor en Francia y en Europa ha sido un proceso de constancia y adaptación. El medio es muy exigente y competitivo: no basta con tener talento, hay que construir un perfil sólido, generar redes de contacto y demostrar seriedad en cada proyecto. Para abrirse camino y mantenerse, es fundamental participar en festivales, colaborar con intérpretes y ensambles de confianza, y desarrollar vínculos estrechos con otros compositores y colegas. Muchas oportunidades surgen de estas colaboraciones, donde nos apoyamos mutuamente y construimos proyectos e ideas nuevas, en un entorno que busca excelencia, profesionalismo y amor por la música. Igualmente importante es el apoyo de las personas cercanas, tanto en lo emocional como en lo profesional. Mi padre y mi madre, que siempre han acompañado mi carrera desde la infancia, han sido una guía y sostén constante, así como mi madrina, Patricia Gómez, una gran amante del arte y la cultura, cuya dedicación y acompañamiento han sido fundamentales para llevar adelante proyectos y abrir nuevas puertas en París. Este tipo de respaldo cercano es invaluable para consolidar una carrera artística. Al mismo tiempo, es esencial desarrollar una voz propia y coherente como compositor, pero manteniéndose flexible y receptivo a las oportunidades que surgen. El lenguaje musical contemporáneo en Francia sigue muy marcado por la influencia de la tradición “bouleziana” y el trasfondo del avant-garde, aunque positivamente se perciben aires de cambio. En los últimos 10 o 15 años se ha producido una especie de “contrarrevolución” al statu quo conceptualista: la diversidad de lenguajes musicales es ahora más visible y aceptada, lo que abre un espacio estimulante para nuevas propuestas y exploraciones sonoras.
CAMBIO: Háblenos del concierto para piano y el homenaje a Ravel.
L.G.: El concierto para piano que presentaré nace como una idea muy personal y un resurgir después de un periodo de depresión y pausa que tuve hace dos años. Uno de los temas que más exploro en mis composiciones es la salud mental, y este concierto es un homenaje a esa reflexión. Rachmaninoff, uno de mis compositores favoritos, también atravesó un proceso similar, y me pareció natural establecer un paralelismo con su segundo concierto para piano. La obra está dividida en tres movimientos, cuyos títulos en latín reflejan estados emocionales: I. Anxieta (Ansiedad), II. Depressio (Depresión), III. Impetus Pavoris (Ataque de pánico) . Cada movimiento incluye detalles de humor musical sutil: en el tercer movimiento aparece una referencia al jingle de Caladryl transformado en forma de rondó-galope, mientras que en el primero el sonido de un reloj marca el tiempo y se transforma en un 4/4 de tango. Son pequeñas intervenciones que buscan contrastar con la intensidad emocional de la obra y aportar un toque de ironía musical. El solista será Fabrice Bligoud-Vestad, pianista franco-noruego, quien ya ha colaborado conmigo en otros proyectos recientes. Actualmente estamos avanzando en la planificación de su interpretación en lugares como Francia o Noruega, dependiendo de las temporadas venideras. Para mí, el concierto es una forma de jugar con el sonido, la forma, la seriedad y la ironía, explorando experiencias personales y traduciéndose en música.
CAMBIO: ¿Tiene previsto que algunas de sus obras se interpreten en Colombia?
L.G.: Sí, me gustaría que varias de mis obras puedan interpretarse en Colombia. Mantengo un vínculo muy cercano con mi país, y creo que es importante que mi música también se escuche allí. Espero que en el futuro se den oportunidades de presentaciones, tanto de obras recientes como de proyectos en los que he trabajado en Europa, para compartirlas con intérpretes y público colombiano.
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