
FILBo 2026: Fredy Chikangana, el poeta indígena que siembra a través de sus versos la memoria del pueblo andino
Los versos del poeta indígena Fredy Chikangana trascienden el habla de la naturaleza y la vida cotidiana: buscan habitar y transmitir las memorias de sus antepasados en el sur de Colombia. A través de la personificación de elementos naturales, logra confrontar al ser humano con su origen. En conversación con CAMBIO, el escritor habla de su último libro ‘Simi Teksimanta’ o ‘Palabra de origen’, publicado por el Fondo de Cultura Económica.
Por: Natalia Rico Medina
Entre montañas y memorias, una voz busca sembrar verdad; pero no grita: emerge. Desde lo profundo de la Tierra, un canto se eleva para enseñar a través de algunos versos lo que es la vida y cuál es su sentido en el suroriente del Cauca. Así es la poesía del líder indígena Wiñay Mallki (su nombre en lengua quechua), también conocido como Fredy Chikangana.
De la nación Yanakuna Mitmak, el nombre del autor en lengua indígena se traduce como ‘raíz que permanece en el tiempo’, lo cual ha tomado como centro y objetivo de vida: dejar algo que perdure.
(...) Dijo un hermano,
“Si los ríos pudieran hablar,
cuánta historia contarían”
Y alguien habló desde lo profundo
de esa selva misteriosa:
“La historia es tan miserable
que los ríos prefieren callarla... “
-De los ríos, Fredy Chikangana
Sus versos son territorio y resistencia. Chikangana siempre escribe y recita en dos idiomas: español y lengua quechua. Esta última principalmente con el objetivo de cultivarla en nuevas generaciones, pues actualmente está en riesgo de extinción: pocos jóvenes del pueblo Yanakuna la usan y, de los adultos, solo un 40 por ciento la habla.

Palabra de origen: ‘oralitura’ y memoria ancestral
Con sombreros de paja, tejidos con serpientes y aves, ponchos, y la whipala (emblema de los siete colores, propia del pueblo quechua), Chikangana extiende su ‘oralitura’ y resistencia cultural. “La ‘oralitura’ ha contribuido desde el pensar y repensar el hilo de la memoria”, dice el autor, explicando cómo la ‘oralitura’ se puede entender como un puente: poniendo en escrito lo que nace de la palabra. Aquí no se habla de relatos que nacen de la imaginación, sino que parten de la memoria colectiva, de las historias que los ancestros contaron alguna vez.

Para Chikangana, la poesía es entonces el medio ideal para tratar de entender consigo mismo nuestro paso por el mundo y, a su vez, comunicar este mensaje a otros. “La palabra no es mía, viene de mayores”, ha expresado en distintos espacios, reafirmando su tradición oral. Esta concepción transforma su escritura en un acto colectivo, en donde su voz se convierte entonces en memoria: a través de la combinación de la oralidad y la literatura (‘oralitura’) y, con un puñado de tierra... empezó esta historia.
Me entregaron un puñado de tierra
para que ahí viviera
toma lombriz de tierra, me dijeron
(...), me quede nuevamente solo
con el cuenco de mi mano vacío.
Cerré entonces la mano, la hice puño
y decidí pelear por aquello que otros nos arrebataron.
-Puñado de tierra, Fredy Chikangana
En un país marcado por el conflicto y la invisibilización de los pueblos originarios, la palabra es aquí una fuerza que, más que transmitir un ‘esto siento’, expresa ‘aquí estoy. Todavía estoy….’ A partir de elementos como el fuego, el agua o el sol, el autor resignifica la cotidianidad del pueblo andino y la cosmovisión indígena.
El poemario nace entonces de la necesidad de transmitir lo que estaba pasando: los miedos y peligros de vivir donde vive, pero también de transportar al lector a lo que hay detrás de su cultura: mitos, tradiciones, esperanzas… “La poesía ha cumplido la labor de hacer más bello el mundo, en el cual no dejan de haber dificultades, pero salta la belleza a partir de la poesía: está en el territorio y aquella memoria que ha viajado como chaski, como mensajera del tiempo”, afirma el escritor.

El nuevo libro del autor, Simi Teksimanta o Palabra de origen (FCE, 2026), se presentará en la Feria del Libro de Bogotá (FILBo) el jueves 30 de abril a las 2:30 de la tarde en la Sala Madre Josefa de Castillo. “Espero que sea un motivo para continuar un diálogo amplio sobre la palabra y el sentir Quechua Yanakuna Mitmak. Siento que esta poesía va a volar porque el gran espíritu creador así lo anuncia”, señala Chikangana.
Sus versos no buscan belleza, sino permanencia: sostener la identidad, cuidar la memoria y recordar, además, que hay muchas maneras de entender el mundo. “A partir de la palabra se hace renacer los elementos fundantes, lo que debe permanecer en la ley de origen: el agua, la montaña, el viento, el sol, el compromiso de saber caminar y la reconstrucción de sueños para permanecer en el tiempo”, concluye Chikangana.
La voz no viene de un hombre, sino de la Tierra.
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